martes, 12 de diciembre de 2017

Un caravel vermello.


Como xa non teño folgos,  
gosto do cantar de vello
aloumiñando as estrofas
e, aforrando no alento.  

Levo un carabel vermello,
latexando no meu peito,  
dolor en todo-los hosos
e unha cántiga nos beizos.  
                     
O pensamento ateigado
de ilusións e de debezos
por trocar o mundo en outro     
mais igual e mais parexo.

A forza da natureza 
dime que hei morrer sen velo.
¡¡Ai, quen tivese cen anos
por vivir para ver eso...!!   
              
Que ninguen me saque a arela
do pensamento que teño,
que ninguen ouse trocalo,
non preciso ese consello.

Quero morrer con el posto,
quero soñar co debezo,
quero que ninguen me chate
o que soño e o que penso.

¡Desperta vello!, me din, 
i eu soñando non desperto.
Porque soñando estou vivo,           
e pra morrer, queda tempo...

Autor: Manuel Patiño Ares.

Otro golpe de estado

Ernesto S. Pombro
Últimamente no ganamos para disgustos. Cada vez que uno abre un periódico, ve un informativo o entra en las redes sociales se tropieza con un golpe de estado. Por lo visto, hay un golpe cada cinco minutos y, por lo tanto, hay golpes de estado a todas horas. No hay más que ver lo que dicen Puchi y los miembros de su comparsa Marta Rovira, Joan Tardá y Gabriel Rufián para saber que ayer se perpetró otro golpe, este en el Museo de Lérida, cuando se trasladaron algunas piezas que allí se guardaban.


Pero dejando a un lado lo de los golpes de estado, que son propios de un estado franquista y fascista como el nuestro, y dejando en la misma orilla a las plañideras, hay que reconocer que no les falta razón a los ciudadanos de Lérida que ayer se pusieron como búfalos cuando vieron salir hacia Sijena las 44 obras que guardaban en su museo y que forman parte de una partida de 97 bienes. No les falta razón porque después de que la Generalitat las adquiriese el 21 de abril de 1983 por el módico precio de apenas diez millones de pesetas, formaban ya parte de su patrimonio desde 1999.


Cierto es que Cataluña tiene un don especial para originar conflictos a cuenta de archivos y obras de arte que, casualmente, siempre le corresponden en propiedad. Además de originarlos por otros asuntos que no es preciso mencionar. Pero en esta ocasión, si se analizan fríamente los hechos, parece que la razón les asiste, aunque sea en parte, y que, además, no se han guardado las formas como fuese de desear al utilizarse una situación excepcional, originada por la aplicación del desdichado artículo 155, que le concede al Méndez de Vigo la responsabilidad de la cuita catalana, para salir escopeteados hacia la pequeña localidad oscense.


Las piezas que regresan ahora a su emplazamiento original en Sijena fueron vendidas, mejor dicho, fueron malvendidas, por monjas de la congregación San Juan de Jerusalén de esta localidad por 10 millones de pesetas. Según parece con todas las bendiciones, nunca mejor dicho, incluidas la del Vaticano y la del obispo de Lérida y con fondos de la Generalitat. Pero hace ya dos décadas que se han roto las hostilidades, sin capacidad alguna de negociación y menos de alcanzar un acuerdo.
Lo que se ha producido ayer es un traslado cautelar, porque todavía quedan instancias judiciales que han de resolver el conflicto. Y si no es definitivo y teniendo en cuenta la sensibilidad extrema con la que vive la mayoría de los catalanes cualquier decisión que les llegue de más allá de Camprodón y Alfarrás, conviene preguntarse si este es el momento idóneo para arramblar con los fondos museísticos. O si hubiese sido más procedente aguardar a una decisión judicial definitiva. No porque suponga un golpe de estado, uno más, a decir del fugitivo líder carismático, sino porque demuestra escasa sensibilidad en unos momentos en los que lo mejor que se puede hacer es no agitar las aguas más de lo que ya lo están. Que es lo que harían los inteligentes y prudentes.


lunes, 11 de diciembre de 2017

¿Qué se trae Trump entre manos con Cuba.?

Por Esteban Morales.- Este Presidente, como dice el viejo refrán, no acaba de poner “todos los huevos en la canasta” de Cuba.
¿Qué puede estar ocurriendo con Trump?
Es como si estuviera atravesando una encrucijada. Sus declaraciones de Miami parecían decirnos que desmontaría toda la política de Obama hacia Cuba.
Pero más bien parece estar en un forcejeo consigo mismo, de lo que desmonta y lo que no.
Sin dudas está haciendo cosas que desmejoran mucho la política hacia Cuba. Pero la idea de que volvería a la guerra fría con Cuba, no parece desplegarla completamente. Le ha entrado con suma agresividad a la cuestión de las visitas y la emigración de cubanos, pero no impide los vuelos, no afecta las remesas ni los paquetes y los viajes en cruceros parecen estar viviendo un proceso de reanimación. Creo que no es casual el entusiasmo de la reciente reunión al respecto.  Cruceros llegan casi todos los días.
El turismo hacia Cuba continúa creciendo y el coqueteo del capital con la Isla se mantiene activo. Más bien, parecen estarse abriendo espacios para los negocios con Cuba, aunque siempre amenazados por los obstáculos del bloqueo que no cesa, la imposibilidad del uso del dólar y la amenaza continua de sancionar a quienes se atrevan a entrar en negocios con la Isla.
Una señal interesante es que la extrema derecha con lo único que se sintió conforme fue con el discurso del Presidente en Miami, que fue muy agresivo. Respecto a las acciones posteriores contra Cuba, siempre han expresado su inconformidad con lo que el Presidente está haciendo, por considerarlo insuficiente.
Creo que el Presidente les hizo un regalo para que lo dejaran tranquilo. Pues el acoso de Marco Rubio fue brutal. Pero es muy difícil creer que “Trump haya comprado el paquete de Cuba a la extrema derecha de Miami.” Pues esa extrema derecha ya no tiene nada que darle a ningún presidente norteamericano.
No creo que Trump piense que estos les pueden devolver a Cuba. Él puede parecer loco, pero no es estúpido. Esa época ya pasó. Y once presidentes no lo lograron, cuando lo tuvieron casi todo para hacerlo. Mientras hoy, el mundo ha girado a favor de Cuba y en contra de Estados Unidos. Y la extrema derecha de Miami, no exhibe la fortaleza política que tuvo antes, ni el público que la seguía tampoco.
Más bien Trump parece estar viviendo algunas encrucijadas que tienden a molestarle bastante.
No creo que su probada mentalidad de hombre de negocios le esté permitiendo romper todas las potenciales ataduras con Cuba. Es suficientemente inteligente para saber que no ganaría nada y que podría estarse perdiendo muy buenas oportunidades.
Trump recurre a la acusación del llamado ataque sónico contra el personal diplomático de la embajada en La Habana, más bien moviéndolo como una justificación para mantener en suspenso la política hacia Cuba. Pues nadie ha podido demostrar que Cuba esté implicada en el hecho y no se presentan pruebas porque no existen. Si se viesen obligados a presentar las pruebas todo terminaría, porque se trata de una gran farsa. Y eso tiene que ver con que Trump no posee reales razones para volver a aplicar una política agresiva hacia Cuba, más que aquella que proviene de la necesidad de mantener de su lado a Marco Rubio, quien lo debe defender en la Comisión Senatorial que analiza si hubo colusión o no con los rusos dentro de la campaña presidencial del 2016. Más bien Trump le está pagando por adelantado el favor a Marco Rubio y su séquito.
Su interés es también romper con todos los compromisos internacionales de Estados Unidos: la UNESCO, el cambio climático, los compromisos migratorios; no aceptar el acuerdo nuclear con Irán y, por último, lo más reciente, situar la Embajada norteamericana en Jerusalén Este, lo cual ha levantado una ola de protestas entre sus propios aliados y la amenaza de una nueva intifada por parte de los palestinos. Trump parece estar irremediablemente solo con esa última medida. ¿Que pretende con ello, no se sabe todavía?
Internamente, Trump, con su nuevo modelo de presupuesto, ha provocado las críticas de los más destacados economistas premios nobeles, que lo acusan de promover una política impositiva que solo beneficia a los ricos. Lo cual es totalmente lógico en su caso.
Continúa con su idea de hacer pagar el muro a los mejicanos, que les repiten continuamente que eso no es posible.
Pretende manipular el TLC, lo que no ha conseguido aún.
Se ha involucrado peligrosamente en una actitud, racista y anti musulmana, promovida por los grupos de odio, poniendo en manos de lo peor de la sociedad estadounidense la tranquilidad del ciudadano común.
Pero las aguas más turbias en las que cada día parece estar nadando más profundamente, son las que se refieren a la posible colusión con los rusos, durante su campaña presidencial en el 2016. Lo cual lo tiene al borde del juicio político. Se trata de un asunto que cada día avanza más contra el Presidente. Las recientes declaraciones de su exconsejero de seguridad nacional, sitúan a Trump al borde del impeachment.
Todo ello transcurre dentro de un ambiente político marcado por la realidad, de que casi a un año de su administración, no ha logrado estabilizar su equipo de gobierno. Lo cual hace de su administración algo bastante incoherente y peligrosa.
La historia norteamericana no registra una situación similar en el siglo XX y lo que va del XXI, para un presidente estadounidense en casi un año de gobierno, Pero los intentos de Trump al asumir la administración en el 2017, no han sido simples movimientos políticos, se ha propuesto destruir el establishment político anterior y cambiar la forma de gobernar. No se trata para el Presidente de un simple cambio de administración, sino de un cambio de época para Estados Unidos, caracterizado por los parámetros siguientes:
-Trump parece estar diciendo que los poderosos hombres de negocios no quieren que los políticos los representen, se quieren representar ellos mismos. Y nadie mejor que él, para ser líder de esa posición.
-Que América, dígase Estados Unidos, quiere no solo ser el uno sino el único. Para sí y más nadie. Incluyendo la exclusión de sus históricos aliados.
¿Estará renunciando Trump a lo que hizo de Estados Unidos lo que ha sido? Un imperio global y transnacional dentro del cual los aliados obedecían sus políticas como si fueran las propias.
Hay fuerzas políticas poderosas que defienden ese sentido imperial que el presidente ahora quiere desmontar, lo cual es muy peligroso para Trump.
-Trump quiere manejar Estados Unidos como una gran corporación, que garantizará sus ganancias por encima de las de todos los demás.
-No le interesa solidarizarse con el mundo para solucionar problemas globales, porque para ello Estados Unidos tiene que aportar recursos, sacrificar espacios para su expansión o apoyar acuerdos que lo amarraran a vivir en un mundo compartido y de paz.
-La paz no es su principal objetivo político. No la menciona. Solo la aceptaría si supiera que Estados Unidos está en peligro de pagar un alto precio. De lo contrario, siempre escogería la guerra como solución. Miremos el caso de Corea.
-Menosprecia el modelo de Estados Unidos como un sistema del cual ese país sea líder lo que tiene un alto costo. Solo le interesa ganar siempre para sí, aunque para ello tenga que sacrificar las relaciones con sus históricos aliados. Se ve a sí mismo como una fortaleza sitiada por la envidia hacia su sistema y modo de vida, sus recursos de todo tipo, su poderío militar, su economía, las potencialidades que piensa tienen para resistir, mientras se apodera del mundo.
Confía en su única y propia fuerza, con la mentalidad típica del avaro y criminal empresario, al que solo le interesa incrementar sus ganancias continuamente, aunque para ello tenga que arrebatárselas a los demás; amigos potenciales o enemigos. En eso consiste realmente su locura. Por eso es tan peligroso. Por ser alguien que se guía solo por una lógica imperial de la que no se aparta, aunque tenga que sacrificar la tranquilidad del mundo, confiando en que todo sería, menos la tranquilidad propia.
-Así hizo Trump su fortuna y confía plenamente, que gobernar a Estados Unidos, funcionará como un regalo, para la extensión de los propósitos que siempre le han guiado. Confía, además, en que cuenta con la simpatía de los que son como él y que eso es lo que quieren para Estados Unidos. Cuenta con la simpatía de sectores, grupos y personas que piensan igual, por lo que no sería sorprendente que lo sometieran a un juicio político, pero también que lo volvieran a elegir como presidente. Porque su elección no fue el resultado de su genialidad propia, sino de una sociedad profundamente dividida, corrupta, egocéntrica, racista, explotadora, mesiánica, tecnoaristocratica, tecnoburocrática. La elección presidencial no es en realidad un acto democrático, sino una negociación entre el candidato y la masa de votantes potenciales a que se tiene que enfrentar.
Pero, además, la política de Trump hacia Cuba se presenta ahora como ahistórica e ilegítima. Porque no tiene en cuenta los más de cincuenta años de una política fallida que llevaron a su cambio y a reconocer su inefectividad y el aislamiento en que había sumido a Estados Unidos y que al mismo tiempo, Cuba no había podido ser aislada del mundo y tampoco de la propia sociedad norteamericana.
Por su parte, Cuba es importante, para los cubanos, pero no es más que una mínima expresión de lo que Trump quiere hacer con el mundo. Léanse sus discursos, sobre todo el de Naciones Unidas. Tanto Trump como su representante en la ONU, hablaron como si estuvieran dentro de un teatro de títeres, manejando los hilos de los que allí estaban sentados. Como si los que allí estaban, estuvieran obligados a bailar al son de la música que ellos ejecutaban.
Por ello, la batalla que libra hoy Cuba, es más que nunca, no solo una batalla propia. La actual política de Trump la hace girar dentro de una órbita en la cual, la Isla puede brindar solidaridad, recibirla más que nunca e incrementar sus alianzas, para evitar que Estados Unidos logre ahogarla.
Por eso, el núcleo fundamental de la estrategia política de Cuba hoy, no es simplemente defenderse de Trump, sino aliarse con todas aquellas fuerzas que desean liberar al mundo de la a actual política de Estados Unidos.
La Habana, diciembre 9 del 2017
Fuente:  La pupila insomne

jueves, 7 de diciembre de 2017

La cruzada de Trump

Por Joan Cañete Bayle.
Hay que agradecerle a Donald Trump que con su desacomplejada mezcla de ignorancia, arrogancia, vanidad y egoísmo haya dado el paso de formalizar lo que desde hace años son unas cuantas verdades en el llamado conflicto palestino-israelí. Por ejemplo: que EEUU no es un mediador de buena fe e imparcial entre las dos partes. Que lo que digan, sienten o piensen los palestinos no tiene el mínimo peso en el devenir de los acontecimientos (y mucho menos sus derechos). Que el liderazgo palestino no es más que una fachada, y que da igual lo que haga, cuántos deberes intente cumplir, que nunca será tratado en pie de igualdad en un conflicto con una correlación de fuerzas profundamente desequilibrada. Que lo que opine el resto de la comunidad internacional no tiene ninguna influencia sobre el binomio Washington-Tel-Aviv. Que la solidaridad de los «hermanos árabes» con los palestinos es algo peor que retórica vacía: una falsedad que se cobra en sangre lo que se vende en petróleo. Que la legalidad internacional y las resoluciones de la ONU no tienen la más mínima importancia cuando de Israel y EEUU se trata. Que los palestinos están solos, a su suerte, y son débiles. Que el proceso de paz es una cortina de humo, que la solución de los dos Estados está muerta y enterrada. Que ser fuerte y tomar decisiones sustentadas por la fuerza da réditos. De Teherán a Pyongyang, de Riad a Pekín, de Moscú a Estambul, se toma buena nota de este hecho: primero construye asentamientos, y después niégate a responder preguntas. Funciona.
Trump certifica con su decisión de reconocer a Jerusalén como capital de Israel y trasladar allí la embajada de EEUU lo que es la realidad: Jerusalén no es una ciudad en disputa, es una ciudad conquistada y ocupada militarmente, primero en 1948, después en 1967. ¿Capital de Israel a ojos de Washington? Nada cambiará en el día a día de los jerusamelitas palestinos por el hecho de que la embajada se traslade de Tel-Aviv a su ciudad. Su vida continuará siendo tan miserable como hasta ahora, atrapada en esa basta y vasta red de violencia que, para resumir, se llama ocupación. Es muy probable que corra la sangre, –mucha o poca, está por ver, siempre demasiada en cualquier caso–, en las calles de Jerusalén y de otras ciudades árabes y musulmanes. Pero eso ya lo saben Trump y el ala extrema del extremo Partido Republicano que gobierna EEUU.

Islamofobia

Binyamin Netanyahu aplaude la decisión, pero hubiera podido vivir perfectamente con el statu quo actual, no es esta una decisión que beneficie al Estado de Israel. La sangre palestina que pueda derramarse se le atribuirá a él, cuando en realidad manchará las manos de Trump. Esta no es una decisión política en el marco del conflicto palestino-israelí. Esta es una decisión religiosa en el marco de la guerra racista e islamófoba impulsada por Trump y que cuenta con muchos seguidores en EEUU. Cierto, Trump busca apoyos internos erigiéndose en el mejor amigo de Israel. Pero eso es un además. Lo que Trump tiene entre manos es una cruzada. 

Fuente: El Periódico.

jueves, 30 de noviembre de 2017

Peligro, rusos

Pascual Serrano
 Periodista

El conflicto catalán ha vuelto a poner en la palestra la recurrente tesis de la presencia de hackers rusos, omnipresentes siempre en toda coyuntura geopolítica convulsa. Las redes se hicieron eco de forma masiva y con tono bastante irónico del titular de El País del 11 de noviembre La trama rusa empleó redes chavistas para agravar la crisis catalana. Toda una carambola rusovenezolana digna del diario de Juan Luis Cebrián. En realidad el discurso no era nuevo, solo en septiembre desde El País publicaron La maquinaria de injerencias rusa penetra la crisis catalana, La red de injerencia rusa sitúa Cataluña entre sus prioridades para debilitar Europa, ‘Hackers’ rusos ayudan a tener activa la web del referéndum, Las redes prorrusas aumentan un 2.000% su actividad a favor del referéndum en Cataluña. Desde el gobierno, tanto Mariano Rajoy como María Dolores de Cospedal e Íñigo Méndez de Vigo se unieron a un discurso de acusaciones rusas más que anodino. Afirmaban una injerencia de internautas con sede en Rusia mediante “muchos” mensajes que circulan a través de las redes sociales con el objetivo de desestabilizar Europa. O sea, que unos tipos se ponen con unos ordenadores a enviar mensajes en las redes sociales y desestabilizan un continente. En EEUU no manejan un discurso muy diferente. Allí cuentan, más o menos, que los hackers rusos crearon perfiles falsos y lograron que ganara Trump las elecciones.
La tesis de la conspiración rusa es difundida igualmente por las autoridades de la Unión Europea y los medios sin mayor explicación técnica ni pruebas: “La actividad de centros de intoxicación de las redes sociales desde Rusia o Venezuela ha sido probada fehacientemente en los principales acontecimientos políticos en Europa, ya sea el debate y del referéndum sobre el Brexit, las elecciones presidenciales francesas o la situación en Cataluña, siempre con la intención de desestabilizar al conjunto de Europa” (ABC, 21 de noviembre). Por supuesto, la OTAN también alerta: El Centro de Comunicación Estratégica de la OTAN pide a España que se proteja ante la injerencia rusa. Pero la realidad es que la unidad de la UE que analiza la propaganda rusa no ha detectado ni un solo caso de injerencia en el tema catalán.
La tesis antirusa comenzó denunciando a los medios rusos como agentes de propaganda y desinformación para pasar ahora a la acusación de ciberguerra. Ya en 2015, tras la crisis de Ucrania, la UE aprobó un millonario presupuesto para contrarrestar los medios rusos, a los que acusaba de desinformar y manipular. Se trataba de un equipo denominado East Stratcom, que difundiría información para neutralizar a los rusos. La tesis, claro está, es que ellos “desinforman” con sus medios de comunicación y ahora nosotros tenemos que destinar dinero para neutralizarles e “informar”. El pasado enero se volvió a aprobar un nuevo presupuesto para el East Stratcom.
Lo curioso es que mientras la información que recibíamos se limitaba a los medios occidentales, nuestros gobiernos se presentaban como unos defensores absolutos de la libertad de expresión de los medios privados. Eran siempre “los otros”, rusos, chinos, árabes, etc… los que atentaban contra la libertad de expresión, impedían la libre circulación de nuestros medios y engañaban a sus pueblos con mentiras oficiales. Desde hace varios años, las potencias no occidentales como Rusia, China o Irán, conscientes de la batalla de la información en el tablero global, han puesto en marcha televisiones y agencias en castellano cuyos contenidos circulan por todo el mundo. La respuesta occidental ha supuesto romper totalmente con su anterior discurso. Ahora es Europa quien intenta a toda cosa que esos medios no lleguen a los ciudadanos europeos: las sanciones económicas a Irán fue la excusa perfecta para impedir que HispanTV use los satélites que permitan que su señal llegue a Europa, a la latinoamericana Telesur se le pusieron todo tipo de trabas burocráticas y económicas para poder ser vista en abierto en nuestro continente.
Lo curioso es que hasta el año 2016 una de las vías para la propaganda rusa en España era… el diario El País puesto que en el periódico de Prisa se incorporaba el suplemento Russia Beyond The Headlines (RBTH), propiedad de la compañía rusa de medios de comunicación públicos, o sea, financiado por el Kremlin, al igual que todos los medios rusos que ahora el propio periódico español está acusando de propaganda. Cuando El País cobraba importantes sumas por incluir esa “propaganda” el asunto no era tan importante, una vez que los rusos dejaron de pagar la cantidad requerida por Prisa se pasaron al lado oscuro.
Ahora a Rusia no dejan de acusársela de difundir propaganda, intoxicar o directamente de piratear elecciones con sus hackers, junto con la televisión Rusia Today y con la agencia Sputnik. Y también ahora es Europa, siempre defensora de un sistema de medios privados, la que destina dinero público a contrarrestar la información rusa. Ojo, no a poner en marcha medios de comunicación públicos, participativos, plurales y con control democrático de sus representantes. Incluso han convencido a Google para que penalice a Rusia Today y a Sputnik en los resultados del buscador. Todo un ejemplo de respeto a la libertad de expresión.
Y es que con la libertad de expresión sucede como con la democracia y las elecciones. Solo vale si es para que la utilicen y triunfen los míos (o los que me pagan). Por eso si ganan las elecciones los malos en la República Española, en Chile, en Honduras o en Venezuela se acaba la democracia y les damos un golpe de Estado y si usan la libertad de expresión los rusos, los iraníes o los latinoamericanos les bloqueo las televisiones y les acuso de propaga
 
Fuente: Público

lunes, 27 de noviembre de 2017

Ojalá me equivoque, pero la reforma constitucional es casi imposible

Un país no se puede considerar que está constitucionalmente estabilizado hasta que no hace uso con normalidad del o de los procedimientos de reforma de la Constitución
La composición del Congreso y del Senado no la hicieron las Cortes Constituyentes, sino las Cortes de Franco
El sistema está pensado para garantizar la Restauración de la Monarquía y no para que el pueblo español pueda hacer una síntesis política de sí mismo adecuada a su complejidad
JAVIER PÉREZ ROYO
Los procedimientos de reforma (art. 167 CE) y de revisión (art. 168 CE) no figuran en la Constitución para que ésta pueda ser reformada, sino para que sea reformada. La reforma de la Constitución no es una opción, sino una necesidad. Una sociedad democráticamente constituida no puede no hacer uso de la reforma de la Constitución. Es una exigencia de la democracia como forma política. Si así no se entiende, es su propia supervivencia como sociedad democrática la que se pone en cuestión. La evidencia empírica es concluyente.
Es un lugar común en la teoría política considerar que un régimen político se entiende que se ha estabilizado cuando sobrevive a la alternancia en el ejercicio del poder. Una vez que el partido que ocupa inicialmente el poder es sustituido por otro con el que ha competido electoralmente, se considera que el régimen ha pasado la prueba definitiva que acredita su consolidación.
No se suele decir de las constituciones, pero debería decirse. Un país no se puede considerar que está constitucionalmente estabilizado hasta que no hace uso con normalidad del o de los procedimientos de reforma de la Constitución. La renovación de la voluntad constituyente originaria mediante el o los procedimientos de reforma constitucional es la prueba del  nueve de la consolidación constitucional de un país. 
España no ha sido capaz a lo largo de su historia de reformar la Constitución. Los españoles hemos sido capaces de ponernos de acuerdo para hacer una Constitución cuando no hemos tenido más remedio. Pero una vez que nos hemos puesto de acuerdo, no hemos sido capaces de volver a hacerlo. 
Que nos haya ocurrido esto en el pasado resulta explicable. El debate constitucional ha estado presidido por la opción entre dos principios de legitimidad contradictorios, el principio de soberanía nacional/popular, por un lado, y  el principio monárquico-constitucional, por el otro. O se estaba en el uno (1812, 1837, 1869 y 1931) o se estaba en el otro (1845 y 1876). O se estaba en la negación pura y simple del Estado Constitucional: Fernando VII y general Franco.
La monarquía y el principio de legitimidad propio del Estado Constitucional han sido incompatibles a lo largo de toda nuestra historia constitucional. Con la Constitución de 1978 es con la primera con la que están conviviendo. Es la primera vez que hay un art. 1.2: “la soberanía nacional reside en el pueblo español del que emanan los poderes del Estado”, seguido de un art. 1.3: “la forma política del Estado español es la Monarquía parlamentaria”. Y la primera vez que una Constitución que inicia un ciclo constitucional tiene una duración prolongada en el tiempo sin ver suspendida su vigencia en ningún momento. 
La constitucionalización de la Monarquía a partir del principio de legitimidad democrática del Estado y la convivencia de ambos prolongada en el tiempo debería haber conducido a que hubiéramos podido aprobar la asignatura pendiente de la reforma de la Constitución, de la que todavía ni siquiera nos habíamos examinado. 
Y sin embargo, no ha sido así. Si exceptuamos las dos reformas que nos han venido impuestas desde la Unión Europea,  no ha habido ninguna otra que haya llegado siquiera a las Cortes Generales para su tramitación parlamentaria. 
España es de todos los países europeos y, posiblemente, de todos los países del mundo, el país en el que más se habla y más se escribe sobre la reforma de la Constitución. La recopilación que hizo el profesor Luis Gordillo para la revista Teoría y Realidad Constitucional en 2014 ocupaba más de veinte páginas de letra apretada. Desde entonces se han publicado más de cien artículos o monografías más. 
A la última dada a conocer ayer en la Academia de Ciencias Morales y Políticas por diez catedráticos de Derecho Constitucional y Administrativo quiero hacer referencia. 
Se trata, sin duda, de una aportación digna de ser estudiada con toda consideración por los partidos políticos, que son los primeros destinatarios de la misma, según los propios autores, pero también por los ciudadanos, porque la formación de una opinión pública constitucional es de suma importancia en este terreno. Y el trabajo de estos profesores es muy apropiado para la formación de dicha opinión pública. 
Me temo, sin embargo, que no va a haber ningún proyecto de reforma o de revisión constitucional que vaya a llegar a tramitarse parlamentariamente. Mientras la composición de las Cortes Generales sea la que es, es decir, con el Congreso de los Diputados y el Senado que tenemos, no es posible la reforma de la Constitución. La composición del Congreso y del Senado no la hicieron las Cortes Constituyentes, sino las Cortes de Franco que aprobaron la Ley para la Reforma Política, la última de las Leyes Fundamentales del Régimen. Las Cortes Constituyentes se limitaron a hacer suya la composición de la Ley para la Reforma Política, que estaba pensada para dejar “atado y bien atado” todo lo que se pudiera, es decir, para “enjaular” el ejercicio del principio de legitimidad democrática, que era lo que inevitablemente venía. 
Y el principio de legitimidad democrática, cuya máxima expresión es justamente la reforma de la Constitución, no se reproduce en cautividad. Tal como se expresa en la composición del Congreso y del Senado está pensado para garantizar la Restauración de la Monarquía y no para que el pueblo español pueda hacer una síntesis política de sí mismo adecuada a su complejidad. De esta manera no hay reforma constitucional que pueda abrirse camino.
Ojalá me equivoque.