jueves, 3 de octubre de 2019

Venezuela se respeta

Lidia Falcón.- En Venezuela todo huele a petróleo. Los coches, las calles, los edificios, el aire y el suelo. Con las mayores reservas de petróleo del mundo y una economía dependiente de ese oro negro imprescindible en las sociedades actuales, Venezuela podría ser ejemplo de cómo se puede construir el socialismo en la prosperidad. Pero el Capital no puede consentirlo. Para el Departamento de Estado de EEUU, constituye otro país que se escapa de su férula, como Cuba, pero inmensamente más grande y más rico. Consentirlo sería el mayor fracaso para el imperio y el peor ejemplo para los pueblos que siguen luchando por su libertad y su independencia.
El pueblo resiste sin embargo. Resiste a la devaluación de la moneda que impone precios estratosféricos a la vez que los bolívares no valen nada. Pero de los pasados años en que los anaqueles estaban vacíos se ha pasado a conseguir casi de todo, aunque las cifras sean estratosféricas. Y ese pueblo resiste porque en el camino de construir un socialismo real que reparta la riqueza y acabe con las infames desigualdades que rigen el mundo capitalista, los gobiernos bolivarianos han conseguido mantener las conquistas fundamentales de la revolución. Invito a la ciudadanía española a imaginarse una vida en la que la vivienda, la electricidad, el gas, el agua, los gastos de mantenimiento, la sanidad, la educación, los servicios sociales, fueran gratis total.
Ciertamente las clases trabajadoras están constreñidas a consumir lo más elemental, las más desfavorecidas cuentan además con los suministros de los alimentos fundamentales,  pero el país no se encuentra hundido en la miseria de que la hacen propaganda tanto la oposición de allí como los políticos de aquí. Las calles están llenas de coches, bastantes de alta gama y de reciente compra, y los atascos a las horas punta no tienen nada que envidiarle a los de las ciudades españolas.
Como no se ha incautado a las grandes empresas que dominan monopolísticamente los grandes sectores de producción: la comida, el calzado, el vestido, la farmacéutica y los productos de limpieza y cosmética, la telefonía, así como los procesos de extracción, refinado y transporte del petróleo, el mercado capitalista sigue haciendo el sabotaje al régimen. Esconde los productos, incluso causa cortes de electricidad mediante métodos terroristas, impide que lleguen los insumos necesarios para reparar las averías y causa la más incontrolable inflación. La guerra del Capital contra el gobierno bolivariano utiliza todas las estrategias que hundieron el régimen de Allende. Excepto, para su suerte, la complicidad del Ejército que en Venezuela no pertenece a la gran burguesía que formaba el de Chile y que es uno de los puntales del régimen.
Es inaceptable la campaña anti Venezuela bolivariana que están haciendo la mayoría de los medios de comunicación españoles. Aquellos que se rindieron aduladoramente a la autoridad de Juan Guaidó, que era presidente  interino porque él mismo se lo atribuyó y que una serie de países, incluso europeos –esos que tanto defienden la democracia y las instituciones que de ella derivan- , reconocieron, conculcando todos los principios constitucionales venezolanos, que ellos no consentirían en sus propias naciones. Pero hoy en las calles Caracas no aparece publicidad alguna de ese presidente desaparecido, mientras en la prensa se han publicado las fotos de Guaidó  con los mafiosos de los cárteles de la droga.
Lo cierto es que la “dictadura” de Maduro, como se complacen en repetir los politólogos defensores de la oligarquía venezolana, permite la publicación de toda clase de periódicos, revistas y panfletos contra el gobierno, entrevistas en televisión con los líderes de la oposición, en las que no se ahorran críticas a los dirigentes bolivarianos. Y las manifestaciones y convocatorias de los críticos con el régimen chavista, como hemos visto cuando el supuesto “presidente interino” reunía a miles de seguidores en las calles de las ciudades.
Para quien hemos vivido, en nuestro propio cuerpo y sufrimiento, el franquismo, resulta un insulto que se difunda que en Venezuela existe una dictadura. Naturalmente esa calumnia se construye para desprestigiar un sistema que está intentando sacar de la pobreza a varios millones de la ciudadanía, a la que la “democracia” anterior tenía absolutamente abandonada. En 1977 Venezuela, que disfrutaba de la renta petrolera más alta de Latinoamérica y que aquel año solo tenía 12 millones de habitantes, mantenía al 70% de sus habitantes en la pobreza. Unas escuálida clase media y pequeña burguesía, reaccionarias, ignorantes y bobaliconamente admiradoras del imperio del norte, que se beneficiaban de las migajas que dejaban en el país las grandes petroleras, estaban egoístamente contentas con poder comprarse enormes carros norteamericanos que consumían petróleo como si fuese aire, enormes frigoríficos y enormes chalets en las urbanizaciones que rodeaban Caracas. Enviaban a sus hijos a estudiar a Estados Unidos, se operaban allí de cualquier enfermedad y se cambiaban la cara periódicamente, deslumbradas por la técnica, el avance y la riqueza de su imperio.  Y votaban alternativamente a uno de los dos grandes partidos que se repartían el exiguo poder que les dejaba el Departamento de Estado de EEUU: Copei y Adeco.
Mientras, los trabajadores vivían en la pobreza, en la miseria y en la extrema miseria. Alrededor de Caracas, trepando en los cerros del Monte Ávila, se hacinaban inmundas chabolas que llamaban ranchitos, sin agua ni letrinas, que enchufaban la corriente directamente de los postes de alta tensión de la carretera. En los “ranchitos de cartón” que cantaba Soledad Bravo, con techos de palmas, anidaban insectos que transmitían el mal de Chagas, no tenían más equipamiento que unos chinchorros para dormir y un hornillo de queroseno. Los niños estaban descalzos y desnudos, con los vientres abultados, y tenía uno de los índices más altos de mortalidad infantil de Latinoamérica.
La primera causa de mortalidad femenina era el parto en el campo y el aborto provocado en las ciudades. Enormes extensiones en poblaciones rurales y pequeñas ciudades no tenían médicos ni ambulatorios, la mitad de la población era analfabeta, mientras las antenas de televisión eran un bosque en los tejados de los ranchitos. El alcoholismo y el juego sustituían en los hombres a la escuela, la cultura y el deporte. Eso escribí en este periódico en junio y mayo de 2016, y repito para que no se olvide.
Y es lo mismo que pretende hoy esa oligarquía: seguir usurpando los bienes del pueblo, esa inmensa fortuna que constituye el caudal de petróleo sobre el que nada el país, y seguir explotando inicuamente a los trabajadores y a las mujeres, sobre las que siempre recaen los mayores sufrimientos.
Nunca, hasta que el comandante Chávez hizo un llamamiento a las mujeres y requirió el empuje del feminismo para construir el socialismo en Venezuela, el Movimiento Feminista había tenido el protagonismo que hoy ha conseguido, y que está trabajando con entusiasmo por alcanzar el poder que se merece. Y nunca se habían llevado a cabo unos programas de alfabetización y educación, sanidad, vivienda, protección social, como he visto en mis visitas. Nadie, ni siquiera esa clase media egoísta que únicamente quiere  tener divisas para comprar en Estados Unidos, niega que en los diecisiete años de gobierno bolivariano se han construido cientos de miles de viviendas sociales, cientos de miles de escuelas, de hospitales, de ambulatorios, de supermercados de precio controlado. Se ha levantado la Universidad Simón Bolívar para dar acceso a las carreras superiores a los trabajadores que nunca ingresaban en ellas. Se consiguió mantener en el país una parte de los ingresos del petróleo, esquilmados hasta aquel momento por las grandes compañías. A la vez, y eso es lo que más emocionaba cuando lo decían, había devuelto la dignidad a su pueblo, con la participación directa de los vecinos de los barrios, de las parroquias y de los pueblos, en las Comunas y los Consejos Comunales.
En mis artículos de mayo y junio de 2016 en Público.es explico con detalle esta gesta del pueblo, del ejército y del gobierno bolivariano, que todos los socialistas y feministas del mundo tenemos que apoyar. Porque en su triunfo apoyaremos el nuestro, porque en la dura guerra que están librando hoy las fuerzas progresistas y feministas venezolanas tenemos el ejemplo de cómo se comportan las fuerzas de la derecha al servicio del Departamento de Estado de Estados Unidos, que han hecho a los gobiernos europeos lacayos de sus designios.
Con su heroica resistencia el pueblo venezolano demuestra que es cierto el dicho popular de que “Venezuela se respeta”.

Fuente:  PUBLICO

sábado, 28 de septiembre de 2019

El preso del Sur global

Rafael Poch, 25 sept 2019

Por qué y cómo Lula ha llegado a ser el prisionero político más importante del mundo

 Julian Assange es el más importante disidente occidental preso. Eduard Snowden, el principal exiliado. Luiz Inácio Lula da Silva es el prisionero del Sur global por excelencia. Noam Chomsky se ha referido a Lula como “el prisionero político más importante del mundo” y “una figura extraordinaria del siglo XXI”, y ha comparado su encarcelamiento con el del fundador del Partido Comunista Italiano, Antonio Gramsci (1891-1937). ¿Por qué esos títulos?
Bajo el mandato de Lula, Brasil pasó de la inexistencia en la esfera internacional a ser seguramente el país más respetado del mundo. Lula dignificó a la mayoría social de su país que no contaba para nada. En 2010, el programa alimentario mundial de la ONU le ortorgó el título de “campeón del mundo en la lucha contra el hambre”. Tras ocho años en la presidencia sacó de la pobreza a millones de brasileños y dejó el poder con un grado de aprobación sin precedentes.
Lula fue capital en la prometedora y en gran parte malograda integración independiente de América Latina, que implicó a Chávez, Morales, los Kirchner y demás, y entre todos ellos era el más respetado no solo por el peso específico de su enorme país. Con Lula nacieron los BRIC´s (Brasil, Rusia, India, China y otros) como concepto en el que Brasil ponía la primera letra. Pues bien, este personaje está en la cárcel desde hace año y medio, tras haber sido condenado a una pena total de doce años y once meses en un caso manifiestamente fabricado y seis meses antes de unas elecciones a las que acudía como favorito. ¿Por qué?
Sobre el motivo hay varias explicaciones. Según el profesor Elias Jabbour de la Universidad de Río de Janeiro, Lula fue víctima de una acción de guerra híbrida orquestada desde Estados Unidos después de que en Brasil se anunciara el descubrimiento de unas importantes reservas de petróleo, lo que dio fuerza a una agresiva campaña mediática contra la izquierda y la política en general. El propio Lula sugiere el motivo principal en otro aspecto: su protagonismo general en el establecimiento de los BRIC´s, y en los movimientos para crear una moneda alternativa al dólar en las relaciones comerciales de ese enorme conglomerado de países que incluye a la mayoría del planeta, tanto en población como en volumen de transacciones.

“Estados Unidos tenía mucho miedo de nuestros debates sobre la creación de una nueva divisa. Obama me llamó y preguntó, “¿estás intentando crear una nueva moneda, un nuevo euro?” y yo le dije, “No, estoy intentando deshacerme del dólar americano simplemente para no ser dependiente”. Según el periodista Pepe Escobar que recogió esta declaración en una entrevista con Lula mantenida este verano en la cárcel, “Obama pudo haber intentado advertir a Lula de que el Estado profundo (Deep State) americano nunca permitiría a los BRIC´s invertir en una moneda o una cesta de monedas para eludir al dólar. Más tarde, Putin y Erdogan advirtieron a (su sucesora en la presidencia) Dilma Roussef, antes de que fuera depuesta, de que Brasil sería atacada sin piedad. Al final, la dirección del Partido de los Trabajadores fue pillada completamente desprevenida por una conjunción de sofisticadas técnicas de guerra híbrida”, explica Escobar. “El resultado fue que una de las mayores economías del mundo fue tomada por asalto por duros neoliberales sin lucha alguna”.

Detrás de todo esto se advertía algo más que un revés para el hegemonismo occidental: la idea de que el consenso y la acción concertada entre BRIC´s y grandes países del Sur global, es capaz de elaborar un programa para el mundo, alternativo al caos del hegemonismo de Euroatlántida con sus recetas belicistas. El caso de Irán ofrecía una pista concreta.

Fue el Brasil de Lula quien en 2010 alcanzó en Teherán, de común acuerdo con Turquía e Irán un acuerdo nuclear con el régimen de los ayatollahs. Eso fue cinco años antes del famoso acuerdo de Viena de 2015, que Bolton y Trump han hundido con el apoyo de Israel y Arabia Saudita al retirarse de él y reabrir el escenario bélico. En la mencionada entrevista carcelaria, Lula recuerda que tras aquel acuerdo Obama y Merkel se mostraron nerviosos: “fui como el chaval que ha sacado un diez en la escuela, se lo dice a su madre y esta da a entender que eso está mal”.

En el mundo de hoy, un tipo con carisma que dirige un gran país y que va de por libre es algo que produce enorme recelo imperial. Empiezan a ponerse de acuerdo y a resolver problemas globales sin nosotros y sin nuestra moneda, ¿y dónde iremos a parar? Esas son las coordenadas del encarcelamiento de Lula.
El método fue la combinación de la guerra judicial con la manipulación informativa de los grandes medios en manos de magnates, dirigida a la destrucción del adversario político concreto mediante la judicialización de la política. Lo que se conoce bajo el término “Lawfare”.

“Comienza con denuncias sin pruebas, continua con campañas de denigramiento mediático y obliga a los señalados a interminables justificaciones, luego viene la cárcel y las multas, el Lawfare encierra los debates políticos en los tribunales de justicia”, señala un manifiesto firmado este mes por varios centenares de personalidades de todo el mundo. El resultado final de la operación -un cambio de régimen-  es el mismo que el de los golpes militares latinoamericanos de antaño auspiciados o  directamente dirigidos desde Estados Unidos.

Gracias al trabajo publicado este verano por el periodista Glenn Greenwald en The Intercept, se conocen los pormenores de esta corrupta guerra judicial contra Lula, pero el asunto trasciende a Brasil. Los expresidentes de Ecuador y Argentina, Rafael Correa y Cristina Kirchner son perseguidos por esta combinación bastarda. En África están los casos del mauritano Biram Dah Abeid, el candidato a la presidencia de Camerun Maurice Kamto, el ex diputado de Gabón Bertrand Zibi, el líder de la oposición camboyana Kem Sokha, el dirigente del Frente de Izquierdas de Rusia, Sergei Udaltsov, la senadora filipina Leila de Lima e incluso el líder de la izquierda francesa, Jean-Luc Mélenchon, objeto de acoso mediático y acusado de rebelión. De todo este muestrario, Lula es el más importante desde todos los puntos de vista.

(Publicado en Ctxt)



sábado, 21 de septiembre de 2019

Maidán para China


La crisis de lo que queda de Hong Kong está siendo instrumentalizada hacia un callejón sin salida que desprestigie a Pekín

RAFAEL POCH, 18 septiembre 2019

Históricamente el ascenso, riqueza y bienestar de Hong Kong se derivó de su particular estatus de puerto franco para el capital, centro financiero internacional, emporio productivo y puerta comercial para la enorme y cerrada China maoísta. Todo eso encarriló una estable y continua prosperidad para sus habitantes entre 1949 y el año 2000, pero se está acabando. Como emporio tecnológico Shenzhen, aquel villorrio de pescadores de los años setenta convertido hoy en ciudad millonaria, la supera como hub de la alta tecnología. Guangzhou (Cantón) superará pronto en PNB a Hong Kong. Shanghai se consolida como centro financiero y Singapur que ya acogió en 1997 muchos miedos del dinero hongkonés cuando la ex colonia se integró en China sin perder su autonomía, es el puerto franco del capital global en Asia por excelencia. Respecto a la puerta comercial ¿Quién la necesita cuando toda China lleva décadas abierta de par en par?.

Lo que queda de Hong Kong
Por primera vez en dos generaciones los jóvenes de Hong Kong no vislumbran un porvenir prometedor. Al revés, constatan incertidumbre y decadencia mesurables en salarios, costos de vivienda y perspectivas de futuro. Todo eso lo achacan a China con toda la razón, porque el ascenso de China ha disuelto el particular estatuto de Hong Kong que fue la base de su prosperidad. Pese a los mimos que los oligarcas locales han recibido de Pekín desde 1997, el PIB de la región autónoma especial que a mediados de los noventa representaba el 27% del chino, hoy solo pesa un 2,7%. Así que salen a la calle desde hace meses pidiendo una solución a algo que no la tiene: lo que queda de Hong Kong no volverá a ser lo que fue.
Por razones objetivas el vector del crecimiento económico chino, que es a la vez general y enormemente desigual, empuja en este caso hacia la nivelación territorial. El enclave se está convirtiendo “en otra ciudad China”, como explica Carl Zha en una clarificadora entrevista. Para un enclave con una renta per cápita de 48.517 dólares formar parte de una China con una renta de 9.608 dólares no es un buen negocio. Así que, “¿Por qué un hongkonés tendría que querer ser chino?”, se pregunta el economista tailandés Chartchai Parasuk.  Todo esto no tiene gran cosa que ver con una lucha política por la libertad y la democracia que nos acostumbran a presentar nuestros medios de comunicación. Es un claro asunto económico.

Callejón sin salida
Visto desde Pekín es imposible ceder a las confusas demandas “soberanistas” que se formulan desde las calles de Hong Kong, incluso si estas no fueran siempre ampliables y en continua evolución como para impedir todo acuerdo. Por si acaso, una minoría violenta y bien organizada cuyos métodos (bloqueo de aeropuerto, destrozos) serían inmediatamente criminalizados y ferozmente reprimidos en cualquier ciudad occidental,  se encarga de radicalizar la situación. Si China cede en Hong Kong, detrás vendrá Xinjiang, el Tibet y Taiwán. Y una vez abierta la caja de Pandora podrían apuntarse también diversas provincias de la China continental y étnicamente han. Al fin y al cabo, la desmembración territorial es un escenario que China conoce desde varios siglos antes de Cristo… Es obvio que Pekín no va a admitirlo, pero ¿Cuál es el papel en todo esto de los gobiernos de Estados Unidos y Alemania, los que mandan en Euroatlántida?.

El sueño de la desmembración territorial
La desmembración de China es el escenario con el que sueña Occidente para su rival estratégico, naturalmente en nombre de la “democracia y los derechos humanos”. Al respecto no hay el menor disimulo. En Munich se encuentra la sede de los separatistas uigures de Xinjiang, cuya ideología oscila entre un supremacismo racista túrquico y el integrismo islámico. Políticos alemanes, especialmente verdes y liberales, apoyan abiertamente al irredentismo tibetano, cuyos vínculos con la CIA se remontan a los años cincuenta. Escritores como Liao Yiwu, un excitado opositor que describe a China como “un montón de basura en expansión” y clama por su “desmembración en bien de la humanidad”, han recibido el “premio de la paz” del gremio de los libreros alemanes (2012). La plana mayor de la oposición hongkonesa más radical, que ahora pide a Donald Trump que les libere, ha sido recibida en los salones de Washington por personajes como el vicepresidente Mike Pence, el Secretario de Estado Mike Pompeo o el demente y recién cesado consejero de seguridad nacional, John Bolton. En Berlín, el ministro de exteriores ha recibido al joven Joshua Wong, otro dirigente de las protestas con quien, según sus declaraciones, se habló de preparar una base para futuros exiliados de Hong Kong en Alemania. Wong se hizo un nombre ya en las protestas de los paraguas de 2014, cuando tenía 17 años, y ya mantenía contactos regulares con el consulado de Estados Unidos allá. Desde entonces ha sido recibido por dinosaurios belicistas como el senador Marco Rubio, uno de los promotores de la fallida intentona golpista en Venezuela, y apadrinado por las ong´s del entorno de la CIA entusiasmadas por su reivindicación desmembracionista de un referéndum para que Hong Kong salga de China. Rubio presentó la candidatura de Wong al Premio Nóbel de la Paz. Desde la época de Obama el Congreso de Estados Unidos prepara una “Hong Kong Human Rights and Democracy Act” para dar ambiente al actual conflicto con las correspondientes sanciones. En Berlín, el diario ultra-atlantista Bild reunió hace unos días a una muestra de sus héroes para una foto de grupo: el ucranianoVitali Klichkó, el sirio Raed al-Saleh, jefe de los “cascos blancos”, y el millonario ruso exiliado Mijail Jodorkovski. ¿Cuál es la lógica de fondo de estos inequívocos mensajes?.

Hegemónicos y emergentes
Hoy en día en este mundo incierto solo hay dos planes generales de ordenamiento: el belicista de Occidente liderado por Washington basado en el intervencionismo, los cambios de régimen y el control de recursos por la vía militar, es decir un escenario de caos hegemónico, y el integrador que representa el plan chino de “nuevas rutas de la seda” conocido como “Belt and Road Initiative” que por muchas y legítimas dudas que suscite no parece incompatible con un orden multipolar basado en el consenso entre los diversos centros de poder y actores del mundo. Este esquema general puede sonar simple, pero es lo que tenemos encima de la mesa. No hay otra cosa.
Las protestas de Hong Kong representan una oportunidad dorada para que el proyecto del caos aseste un golpe en el bajo vientre al proyecto integrador. Naturalmente en nombre de la “democracia y los derechos humanos”, como en Siria, Irak, Libia, Afganistán y demás. En 2014 la combinación de la bajada de los precios del petróleo movilizando a los amigos del Golfo y de las sanciones que siguieron a la operación de cambio de régimen en Ucrania, intentaron frenar la recuperación de Rusia. Vistas desde esa perspectiva general, las concretas ansias democráticas y anticorrupción del movimiento nacional ucraniano en la Plaza Maidán de Kiev fueron una insignificante nota a pie de página de gran valor instrumental. Hoy pasa algo parecido con la calle de Hong Kong: de lo que se trata es de forzar a Pekín a escenificar un Tiananmen.2, una represión que permita incrementar la demonización de China, explica el periodista brasileño Pepe Escobar. “La inevitable consecuencia sería que Occidente y amplios sectores del Sur Global boicoteasen las Nuevas Rutas de la Seda –Belt and Road Initiative – una compleja estrategia con diversos estratos de integración económica que se está ampliando mucho más allá de Eurasia”, dice.
En 2014, las autoridades rusas respondieron apoyando la oposición del Este de Ucrania y anexionándose Crimea, medidas que amortiguaron su derrota y les permitieron salvar la cara y una consolidación por lo menos temporal del delicado prestigio interno de su orden autocrático. Por aquello Moscú aún está pagando el precio de dolorosas sanciones económicas y más militarización junto a sus fronteras. En Pekín ahora deberán ir con mucho tiento para no propiciar una derrota propagandística que les persiga otros 30 años como ocurrió con Tiananmen lastrando su proyección mundial y justificando nuevas sanciones.
El movimiento de Hong Kong es un Maidán contra China. Al igual que en Kiev hace cinco años, por más que el motor sea local, los padrinos y promotores de este movimiento de la “sociedad civil” están en Washington y Berlín. Allí no quieren diálogo. Ni les interesa lo más mínimo la problemática social de Hong Kong. Buscan escenas violentas para su aparato de propaganda y muertos para llevar la situación a un extremo que arroje el resultado buscado: el desprestigio y ulterior demonización de China y de su proyección mundial en beneficio del proyecto del caos hegemónico.
Estamos ante un típico pulso de la dialéctica de los imperios combatientes. La crisis de lo que queda de Hong Kong está siendo instrumentalizada hacia un callejón sin salida. Los chinos van a tener que aplicarse a fondo para no perder esta batalla que por otro lado revela bien a las claras su vulnerabilidad ante la guerra híbrida del adversario.

(Publicado en Ctxt)


jueves, 19 de septiembre de 2019

Uribe, Guaidó y el narcoterrorismo.

Ángel Guerra Cabrera.- La revelación por el gobierno de Venezuela de fotos del autoproclamado Juan Guaidó en pose amistosa con líderes de Los Rastrojos, grupo notoriamente multihomicida de los narcoparamilitares colombianos, colmó la copa. El asunto trascendió rápidamente a los medios colombianos, donde ha causado doble revuelo debido a la evidente complicidad con el hecho al más alto nivel de ese país, y se agravó cuando los servicios de inteligencia de Venezuela divulgaron un video donde se podían apreciar aun mayores muestras de afecto del “presidente encargado” hacia los criminales. Ya no podía seguir alegando que esas fotos formaban parte de las muchas que se había tomado el 23 de febrero, durante el fracasado concierto celebrado en Cúcuta previo al frustrado intento de paso ilegal a Venezuela de la “ayuda humanitaria”.
Pero en medio de las dudas y cuestionamientos por las fotos cayó una verdadera bomba. Wilfredo Cañizares, director de la reconocida ONG colombiana Progresa, con 30 años de trabajo en defensa de los derechos humanos en la zona de la frontera común por dónde presuntamente Guaidó entró a Colombia, hizo a numerosos medios una denuncia demoledora. A riesgo de su vida, afirmó: del ingreso del señor Guaidó, obviamente tenemos las pruebas y los testimonios de que fue facilitado y coordinado por Los Rastrojos.  Asegura que 24 horas, antes del ingreso del autoproclamado, Los Rastrojos decretaron un toque de queda en la zona para protegerlo y para que nadie se percatara de su paso. "Nada se mueve en la frontera, sin que lo controlen "Los Rastrojos"… venimos años advirtiéndolo (...) lo que estamos haciendo evidente es que hubo una coordinación porque no permitieron (los paramilitares) que nadie saliera, ni se movilizaran carros o motocicletas hasta cuando el señor Guaidó pasó por el territorio". Añadió que el político debe haber sido entregado a autoridades colombianas por los paramilitares.  Enviamos un escrito al canciller Carlos Holmes Trujillo, “para que nos diga cuál fue la participación de la cancillería que estaba coordinando todo el tema del 23 de febrero, cuál fue la participación de la policía metropolitana de Cúcuta en esto, porque es un acto realmente grave". 
El presidente Iván Duque y no se diga su patrón Álvaro Uribe, creador y promotor del narcoparamilitarismo, odian ferozmente a Venezuela y junto a sectores de la oligarquía santanderiana se empeñan en ahogar en sangre al chavismo. No hay prácticamente una actividad terrorista contra la Revolución Bolivariana donde no aparezca la mano de Bogotá. El atentado con drones contra Maduro y otras muchas acciones subversivas antivenezolanas desde la presidencia de Chávez, se organizaron en Colombia. De hecho, es Colombia la carta principal que juega Estados Unidos contra el chavismo habida cuenta del fracaso monumental del títere Guaidó.  Acompañado del gobierno de Uribe-Duque, Estados Unidos invocó ilegal y canallescamente en la OEA la activación contra Venezuela del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca(TIAR). Al parecer una medida desesperada al ver que el Grupo de Lima se desmorona, como se veía venir desde que el nuevo gobierno de México rescató la digna postura de no intervención, favorable a la paz y a la solución pacífica de los conflictos; confirmado al abandonar Costa Rica, Panamá, Perú y Trinidad-Tobago  el barco de la guerra. Diez países que votaron a favor del TIAR no constituyen ni la tercera parte de los 35 gobiernos de las dos Américas. Además, es una gravísima violación trumpiana del derecho internacional y un chiste de mal gusto contar como gobierno a los payasos de Guaidó.
El autoproclamado depende totalmente del apoyo de Washington pues no tiene ningún otro. Existen pruebas de que sus colaboradores gastaron a manos llenas fondos de la “ayuda humanitaria” en cantinas, prostíbulos y hoteles de Colombia. La entrega de Citgo la filial de PDVSA en Estados Unidos al gobierno de ese país, fue pactada desde antes de autoproclamarse, no se sabe dónde está el dinero del concierto de febrero, ni están claras las cuentas de los fondos venezolanos transferidos por Washington a su “gobierno”. Con la mayor desvergüenza, el títere aprueba la entrega del territorio en disputa de la Guyana Esequiba a Guyana, apoyando así un antiguo despojo imperialista a Venezuela.
Para colmo, al dar a conocer Maduro y partidos opositores venezolanos no guerreristas los acuerdos parciales pero muy importantes a que llegaron con Caracas bajo el patrocinio de Noruega, el sector ultraderechista, proyanqui y guerrerista de la oposición y sus bases han tronado contra Guaidó. Maduro tiene la iniciativa política y ese sector corre el riesgo de quedar en la orilla si no se sienta a dialogar con el gobierno. Fuera del poco factible camino de la guerra y el bloqueo genocida, Washington no tiene nada que ofrecer a Venezuela. Sin embargo, conversa con Caracas aunque dice no reconocer a Maduro. ¿No que el presidente era Guaidó?
Twitter:@aguerraguerra

jueves, 12 de septiembre de 2019

La caridad de los “brazos abiertos” en el mundo que viene

Si fuéramos serios, el énfasis se pondría  en la exigencia de una política antiimperialista y anti crematística coherente desde los gobiernos nacionales.


RAFAEL POCH, 11 Septiembre 2019

La gestión europea de la crisis de los emigrantes ya ha entrado de pleno derecho en la colección de los sucesos infames de la historia continental. Con el telón de fondo de los miles de ahogados en la travesía del Mediterráneo, los centros de internamiento en Europa y los campos de concentración en Libia, la Europa bastión de los derechos humanos se convierte en chiste macabro. La crisis de migrantes de 2015 convirtió todo el perímetro exterior de la Unión Europea en territorio cerrado. Desde entonces se han restablecido, además, los controles en muchas fronteras nacionales del interior de la UE: todas las de Francia y algunas de Austria, Eslovenia, Dinamarca, Suecia, Alemania y Noruega, entre otras.
Al más corto plazo, la inestabilidad en Libia es un acicate para que los migrantes de Oriente Medio y  África allá concentrados -entre 700.000 y un millón- así como los propios libios, protagonicen una nueva ola masiva hacia la UE. Hasta ahora la indignación de la opinión pública liberal, o de parte de ella, no ha impedido el avance del discurso anti emigración, ni el desplazamiento de las fuerzas políticas de centro hacia posiciones más o menos confesas de derecha radical y no parece que eso vaya a cambiar.
Todo esto no es más que un anticipo de lo que se nos viene encima. Tendremos 140 millones de nuevos desplazados en América Latina, Asia y África entre hoy y mediados de siglo, estima el Banco Mundial, según el cual cada año ya se contabilizan 25 millones de emigrantes climáticos, una categoría ahora difusa y estrechamente imbricada con los fenómenos de éxodo rural. El Alto Comisionado para los Refugiados de la ONU eleva la cifra de desplazados a 250 millones en 2050 y el Internal Displacement Monitoring Centre calcula que la cifra puede oscilar entre los 150 millones y los 350 millones para ese año. El New York Times mencionaba el año pasado un informe según el cual la cifra sería mucho más elevada, hasta 700 millones de desplazados en 2050. El 10% de los mexicanos de entre 15 y 65 años, decía, podrían dirigirse al norte empujados por el incremento de temperaturas, sequías e inundaciones. “Aunque el número exacto de personas en movimiento a mediados de siglo sea incierto, la escala y alcance superará ampliamente todo lo visto hasta ahora”, resumían los autores de otro informe.  Así que el más que previsible agravamiento del problema, convertirá en anecdótico lo que hemos visto hasta ahora.
En ese contexto la caridad de los “brazos abiertos”, por meritoria y necesaria que sea la labor de esas organizaciones, no es una base firme. Si somos serios, el énfasis debería ponerse en la exigencia de una política antiimperialista y anticrematística coherente desde los gobiernos nacionales. Y eso por la misma razón por la que la respuesta al avance de la desigualdad y de la pobreza en nuestros países no es la creación de comedores para indigentes, sino una política social y fiscal determinada menos favorable a los ricos. Estados Unidos y los países de la UE son los mayores emisores-contaminadores históricos y los primeros responsables de intervenciones miliares desastrosas. La ola de violencia y emigración hacia Estados Unidos que se conoce en Centroamérica es resultado directo de las violencias de los años ochenta en aquella región bajo la batuta de Washington. ¿Quién se acuerda hoy al hablar de las maras y de los éxodos hacia el Norte?
Humanamente encomiable y obligada, la acción en el Mediterráneo es pura caridad si no va acompañada de la denuncia de las acciones y políticas de la UE que degradan la vida en los países de origen de los emigrantes: las intervenciones militares, los tratados comerciales, el apoyo a los regimenes poscoloniales complacientes y la pasividad medioambiental. Limitarse a la posición de “brazos abiertos” es perder la batalla de antemano, enajenándose a los sectores populares que son los que lidian con la competencia laboral y la convivencia intercultural de los recién llegados en una batalla de pobreza contra miseria en nuestros países que raramente se juega en los barrios y medios sociales de la izquierda política profesional y que abre una cómoda autopista a los populistas de las derechas.
La misión de toda fuerza política de izquierda que no tenga vocación de marginal y estéril gesticulación es alcanzar el poder. Entregar su base social y electoral, que objetivamente es mayoría social, al adversario, es todo lo contrario de ese propósito sin el cual no hay cambio posible. Hay que prepararse para los embates del mundo que viene. El de una emigración masiva producto del imperialismo belicista y de la catástrofe climática es uno de ellos. Y quedarse en los brazos abiertos, al vaivén de la puntual emoción mediática y del oportunismo coyuntural como hemos visto este verano, es perder definitivamente.

(Publicado en Ctxt)

lunes, 9 de septiembre de 2019

“Porque odiamos al comunismo y los comunistas”.

Por Marcos Roitman Rosenmann.- Nuestro mundo gira en torno a los valores culturales del capitalismo. Nada es neutral ni equidistante. Se nos inculca la competitividad, tener éxito y acumular riquezas, no importa la manera de lograrlo. La propiedad privada cala hasta los huesos. Deseamos ser Rico McPato, el personaje de Walt Disney nadando en un mar de oro, monedas y brillantes.
¿Ficción? Nuestro mundo es caricatura del cómic. Nos moldean individualistas, avaros, calculadores, mentirosos. Es adoctrinamiento y socialización cultural. Despreciamos al pobre, lo degradamos, lo deshumanizamos. Tienen lo que se merecen. La pobreza siempre ha existido, se afirma. Luchar contra ella es ir contra natura. Por eso reivindicar la democracia es un asunto de pobres. Mejor ser socios de ONG y apoyar causas humanitarias, ser solidarios, practicar la piedad. Las avenidas, edificios, toman el nombre de mecenas, filántropos y héroes. Prohombres que donan millones de dólares para investigaciones científicas, otorgan becas, financian maquinaria para diagnósticos médicos y sus obras de arte se exhiben en museos. La lista es interminable, pero logran su objetivo: el reconocimiento de las mayorías sociales. No nos preguntamos sobre el origen de sus fortunas. Lo remitimos a la suerte. Son personas visionarias, han comenzado de cero y aprovechado sus oportunidades. Todos podemos ser Rockefeller, Amancio Ortega, Slim o Bill Gates. Es cuestión de ser emprendedores, luego vendrá el éxito. ¿Alguien menciona las relaciones sociales de explotación? La respuesta es simple, la explotación no existe. Dicha afirmación se graba a fuego en nuestras mentes. Con trabajar duro, ahorrar y estar en el sitio adecuado en el momento oportuno es suficiente. Cómo no desear coches de lujo, yates, un avión privado, servicio doméstico, casas principescas, en fin, todo lo que ofrece el mundo de las mercancías. Sean cosas o personas. Vivir a cuerpo de rey es lícito, rechazarlo es hipocresía. Tener y no exponerlo es de tontos, hay que ostentar. Pasar a la historia con el nombre escrito en oro no menos que construir un panteón donde nuestros huesos sean venerados y visitados en procesión es comprar la eternidad.
Pensamos que la pobreza y el fracaso es una inadecuación al mercado. Incluso la sociología y la biología se han unido en un matrimonio de conveniencia para crear la sociobiología. Genes egoístas capaces de someter a sus alelos altruistas en un mundo donde el más listo se lleva el gato al agua. Está en los genes y no hay posibilidad de alterar el ADN. El mundo al revés. Se impone la visión hobbesiana predadora, donde el hombre es un lobo para el otro hombre. Pero las manadas de lobos, como especie social cooperan, no se explotan, mantienen una división social del trabajo, de lo contrario se extinguirían. No hay especie social competitiva inter pares. Es la mayor mentira atribuida a Darwin.
Nada está exento de significado político. Arte, literatura, cine, lenguaje, moda, estética, sexo, familia, el hambre, los gustos, las emociones, las maneras de amar y odiar. Pero es la producción del miedo la base para fomentar el anticomunismo. Desde que nacemos se inculca y adoctrina para reconocer al enemigo: el comunismo, que se presenta con diferentes caretas. Demócratas, socialistas, marxistas, en definitiva comunistas. Se cuelan en la escuela, el trabajo, incluso se presentan como amigos. Pero tienen un objetivo: convertirnos en autómatas, quitarnos nuestras propiedades y esclavizarnos. Ideología disolvente de la familia, la propiedad privada y la moral católica. Para los comunistas somos un número, de allí su identificación con el nazismo y la solución final. Todos los miedos se engloban en el comunismo.
Ser anticomunista no es problema, es lo propio de un sistema educativo para aborrecerlo. En los medios de comunicación social, en la literatura, el cine, los dibujos animados podemos preguntarnos: ¿Quiénes salvan la civilización? ¿Qué espías tienen licencia para matar? La raíz del mal, el comunismo camuflado en los deseos de justicia social, igualdad y dignidad. Incluso los extraterrestres, cuando atacan la tierra siempre eligen la Casa Blanca y Estados Unidos como objetivo. El resto del planeta no existe, Su GPS está conectado a Google Maps.
Los comunistas son despiadados, manipuladores, no sienten ni padecen. Ser anticomunista no requiere pensar, sólo practicar lo aprendido machaconamente durante años. Por el contrario, ser demócrata, comunista, socialista o marxista requiere pensar, nadar contracorriente. Es un acto de conciencia y reflexión crítica. Justamente lo que esta sociedad persigue y criminaliza. Vivir en la ignorancia es conseguir el nirvana. Sea positivo. Mañana será millonario. No cuestione el orden natural de las cosas. La tierra es plana y el capitalismo justo y equitativo. No se deje seducir por falsos ídolos. Trump, Bolsonaro, Macri, Piñera, Pinochet, Thatcher, Videla y Somoza, entre otros, son buena gente, tienen en común ser anticomunistas. ¡Entregue su alma y si le piden el voto, también!