martes, 21 de mayo de 2019

Amenazan en Radio Televisión Argentina a locutor por llamar “autoproclamado” a Guaidó.

La larga mano del poder imperial ejerce en la estatal Radio y Televisión Argentina. Un trabajador de esa entidad está en problemas por decir una verdad evidente.
Amigos argentinos me han hecho llegar esta carta dirigida al conductor del Noticiero de la Tv Pública Argentina, Néstor José Sclauzero, por la Directora de Recursos Humanos de esa institución, Marisa Piñeiro. Así se amenaza en un medio de comunicación estatal por llamar “autoproclamado” a Juan Guaidó. ¿Qué dirán quienes defienden el neoliberalismo en nombre de la libertad?  ¿Qué diría la máquina de fango pagada por Washington para la guerra de cuarta generación si se filtrara una carta así de amenazante firmada por la Dirección de Recursos Humanos de la Tv estatal de Cuba o Venezuela

sábado, 18 de mayo de 2019

La justicia poética de la Revolución Bolivariana


El 30 de abril de 2019 la Revolución Bolivariana derrotó el último de una serie de intentos de golpes de Estado orquestados por Estados Unidos desde el inaugural, que tuvo lugar el pasado 23 de enero cuando Juan Guaidó fue reconocido por Washington como “presidente”.
Uno de los principales pretextos utilizados para la intervención de Estados Unidos es el de las elecciones presidenciales de mayo del 2018, supuestamente “impregnadas” de irregularidades electorales y, por lo tanto, deficientes. Según esta narrativa, Maduro no fue elegido democráticamente.
Sin embargo, con un toque de ironía, las continuas actividades intervencionistas de Estados Unidos, apoyadas por el Grupo de Lima, son las que precisamente han ratificado a Maduro como Presidente.
Desde el pasado 23 de enero, millones de venezolanos han marchado en todo el país y manifestado en innumerables ocasiones su apoyo a Maduro como Presidente y a la Revolución Bolivariana que él encarna. Sus detractores se burlan de esta expresión política, como si no fuese conforme a las normas aceptables de democracia, por no hablar de los procedimientos electorales.
Sin embargo, —durante cerca de tres meses— millones de venezolanos han votado continuamente con sus pies y sus voces. ¿Puede esta experiencia reemplazar una urna de votación? Obviamente que esto no puede sustituir a la formalidad. No obstante, el permanente “votar en las calles y en los lugares de trabajo” es aún más importante que un simple depósito en una urna de votación. De hecho, el 4 de mayo, los militares venezolanos “acudieron a las urnas” para ratificar una vez más la votación de mayo de 2018.
Esta justicia poética ha fortalecido la posición de Maduro como Presidente legítimo. Maduro y el gobierno lo saben. Sin embargo, Estados Unidos no puede permitirse admitir esto, dado que constituye un desafío a su pensamiento único, en el sentido de que la gente no quiere ni socialismo ni revolución, opciones que supuestamente doblegan la voluntad de la gente.
Además del procedimiento electoral que sirve como excusa a la intervención de Estados Unidos, la acusación por la cual se señala que Maduro y el gobierno son “autoritarios” en el mejor de los casos, o que se trata de una “dictadura”, independientemente de cómo haya sido elegido, también sirve de pretexto.
¿Por qué Estados Unidos no ha sido capaz de derrocar al gobierno de Maduro? ¿Es acaso porque se trata de una dictadura? No, si se tratase realmente de una dictadura, sería relativamente fácil para Estados Unidos convencer a la gente, con una dosis de ingenuidad, a liberarse de sus “opresores”.
Estados Unidos no tendría éxito a causa de la unión cívico-militar. A pesar de todos los intentos, incluido este último del 30 de abril, no sólo permanece intacto, sino que se ha fortalecido su conciencia, su patriotismo y la fuerza militar.
El hecho de que la ya amplia alianza armada hunde continuamente, más y más, sus raíces en las comunidades que se arman (a petición propia), hace que, lo que normalmente sería aplaudido como democratización, sea visto como otra prueba de la “dictadura.”
Estados Unidos se opone a esta fuerza. ¿Pueden Estados Unidos y sus títeres ofrecer la democracia? Su objetivo declarado es convertir a Venezuela en un satélite económico y político de ellos. En vista de esto, la alianza cívico-militar y el gobierno de Maduro son garantía de democracia para la mayoría de los venezolanos.
Así, en otro toque de ironía, el mismo gobierno que ha venido señalando una dictadura, como resultado de la política estadounidense, está actuando a diario —y más importante aún, está siendo visto por millones de venezolanos— como un instrumento de democracia para Venezuela y no la antítesis de ella.
Esta consciencia vale su peso en oro y se encuentra omnipresente en la sociedad, incluyendo a los militares.
Estados Unidos afirma que quiere democracia para Venezuela, pero la mayoría de venezolanos está cada vez más aferrada a su propio gobierno como instrumento para mantener —y al parecer fortalecer— la democracia. La virtud es recompensada mientras que la infamia es castigada. Más aún, la situación está evolucionando, y Estados Unidos está destinado a ser castigado una y otra vez, dada su ceguera y sus propios intereses, así como sus opiniones preconcebidas acerca de la democracia.
La resistencia de la Revolución Bolivariana a la actual guerra económica y política liderada por Estados Unidos va a ser uno de los capítulos más heroicos posteriores a la Segunda Guerra Mundial en la historia de América Latina. Hoy, millones de venezolanos están escribiendo la historia.
Este es el resultado que temen los críticos a la política de Trump. Su única diferencia con Trump es su afirmación de que su intervención económica, política (y potencialmente) militar es “contraproducente”. ¿Qué significa eso? Temen a lo que llaman la “polarización”, una palabra liberal en clave para designar el fortalecimiento del Chavismo, que produce temor en los corazones y las mentes de la oposición de la “izquierda” en EE.UU. y Canadá.
La Revolución Bolivariana imparte justicia poética a todas las acusaciones que se levantan en contra de ella. Es cambiar la historia y a sus acusadores, y al mismo tiempo conseguir un mayor apoyo en todo el mundo. Esto incluye el pueblo, tanto en Estados Unidos como en Canadá, uno de sus principales aliados.
Por otra parte, el gobierno de Estados Unidos está cada vez más aislado. Está arremetiendo y lanzándose cual perro enfermo de rabia, como lo hace contra Cuba, proceso en el que se está aislando más a escala internacional.

Fuente: Blog/Telesur

martes, 14 de mayo de 2019

El “ejército de los europeos”

Soldados del Bundeswehr (ejército alemán) pasando instrucción.
włodi
Alemania está tejiendo su nuevo liderazgo militar en el continente

RAFAEL POCH de FELIU

Estados Unidos lleva años presionando a los miembros europeos de la OTAN para que incrementen su gasto militar hasta el 2% de su PIB. La presión aumentó con Obama pero Donald Trump la ha multiplicado con su característico estilo. “Es injusto que nosotros tengamos que pagar casi todo el presupuesto de la OTAN para proteger a Europa”, ha dicho Trump. Es falso, porque Estados Unidos solo aporta el 22% del presupuesto, pero sobre todo porque ese dinero no es para “proteger a Europa”, sino para mantener la dominante influencia de Estados Unidos en el continente.
Desde 1949 la OTAN ha sido la institución que organizaba la sumisión, el vasallaje y la tutela de Estados Unidos sobre Europa occidental. La seguridad europea ha estado desde entonces bajo mando del comandante de las fuerzas armadas de Estados Unidos en Europa. Sus secretarios generales eran y son europeos, pero siempre fueron títeres del Pentágono sometidos a una vigilancia absoluta por parte de sus mentores (Javier Solana tenía micrófono hasta en el retrete). La presión del 2% del PIB está dirigida, precisamente, a apuntalar esa influencia en un momento de relativo declive del poder americano.
Washington reconoce abiertamente ese factor desde que en 1966 el senador Michael Mansfield introdujo una enmienda en el Senado por la que se amenazaba con retirar las tropas americanas de Europa si los europeos no incrementaban su gasto militar, igual que hace hoy Trump. Como ha recordado Pascal Boniface, el gobierno derrotó cada año aquella enmienda alegando la realidad: “que la presencia militar americana en Europa no era un regalo a los europeos, sino que respondía al interés nacional de Estados Unidos”. El Pentágono nunca permitirá que esa amenaza de retirada se realice, dice Boniface.
Si todo esto es conocido, ¿por qué acceden los estados europeos a aumentar su gasto militar? Una respuesta es que muchos de esos estados, geopolíticamente hablando, son tontos. Es decir, han perdido toda capacidad de pensar el mundo, si alguna vez la tuvieron. Otra es que están tan acostumbrados a su papel de vasallo que actúa la inercia. Eso es perfectamente aplicable a España, por ejemplo. Pero, ¿qué decir de Alemania, la nación que con Friedrich Ratzel, el creador del concepto Lebensraum, “inventó” la geopolítica?

Hacia el ejército más potente de Europa

También Alemania está aumentando su gasto militar. Su previsión es pasar del actual 1,2% del PIB al 1,5% en 2025. La explicación es que Alemania sí que tiene un proyecto militar para Europa y pretende utilizar el farolero acicate de Trump para adelantar su ambición de nuevo liderazgo militar en el continente.
En vísperas de las elecciones de 2017 el candidato socialdemócrata Martin Schulz ya anunciaba que con el objetivo del 2% “vamos a hacer del Bundeswehr (ejército alemán) el mayor ejército de Europa”. “Si en el futuro nos tomamos en serio el reparto de tareas en Europa, el Bundeswehr debe convertirse en la fuerza armada convencional más fuerte de Europa”, declaró el pasado febrero el ex ministro de defensa alemán Volker Rühe. “Vamos por el buen camino” y en cualquier caso, “habrá más dinero”.
Obviamente, la perspectiva de que Alemania vuelva a ser la potencia militar preponderante en el continente es algo que resulta inquietante en la memoria de muchos europeos. Algo de ello le suena a la actual generación de políticos y pensadores alemanes, que, a diferencia de sus padres, ya ha perdido todo complejo nacionalista. Por ejemplo el profesor Gunther Hellmann, un especialista en política exterior y de defensa de la Universidad de Frankfurt, pronostica que el Bundeswehr será el ejército más fuerte de Europa dentro de “seis a ocho años” y al mismo tiempo dice que el dilema estratégico de Alemania es que “tiene que mandar y al mismo tiempo no debe parecer dominante”.
“Debemos tener un poco de cuidado de que la progresión hacia el (gasto del) 2% no vaya a ser interpretada, en la medida de lo posible, como una militarización de Alemania”, dijo Angela Merkel en su discurso sobre temas militares del año pasado (Bundeswehrtagung, 2018).

Que no se note

Como ocurriera con el mítico concepto de “potencia hegemónica a su pesar” (Hegemon wieder Willen) aplicado a la realidad de la Europa alemana moldeada por el nacionalismo exportador en la UE, defensores de un incremento sin complejos del actual intervencionismo militar internacional de Alemania (ya presente en: Somalia, Yugoslavia, Afganistán y Mali) como el politólogo Stephan Bierling, acuñan ahora para Alemania el inocente concepto de “potencia dominadora a su pesar” (Vormacht wider Willen).
Esta ambición necesariamente cubierta de nieblas y piruetas conceptuales, está tejiendo algo que se parece a una estrategia militar concreta en Europa a partir del concepto “Framework Nation” (Naciones-marco, Rahmennnationenkonzept, en alemán) adoptado por la OTAN en su cumbre de Newport de septiembre de 2014. Este concepto es una fórmula para que fuerzas militares de pequeños estados de la OTAN puedan acoplarse con las fuerzas más grandes de una “nación marco”, como medio para “fortalecer el pilar europeo de la OTAN”. El gobierno alemán está haciendo un uso astuto de este título de “nación marco” con miras a un ejército europeo autónomo e independiente, sin Estados Unidos, bajo preponderancia alemana. El objetivo del concepto, explica el ministerio de exteriores alemán, es “un mayor reparto transatlántico de las cargas” pero también, añade “el gradual crecimiento conjunto del ámbito de la política militar y de seguridad europea”. Este vector supera el marco de la Unión Europea, por eso en la jerga berlinesa no se habla de “ejército de la UE”, sino del “ejército de los europeos”, explica el periodista Jörg Kronauer del diario Junge Welt.

Más que un concepto teórico

La “nación marco” alemana es algo más que teoría. Ya ha efectuado maniobras militares -el lunes comenzaron las más recientes en Baja Sajonia- en las que un contingente holandés de 2500 hombres está supeditado a las fuerzas de intervención de élite alemanas (DSK) de 10.000 hombres y el año pasado una brigada mecanizada rumana participó también en manbiobras (“White Griffin”) bajo mando alemán. De esta forma “se están creando divisiones multinacionales con capacidad militar alrededor de Alemania”, explica el Teniente General Rainer Glatz, ex comandante del mando de intervención del Bundeswehr. “Para la mayoría de los socios vinculados, Alemania es la nación indispensable”, dice.
Todo esto puede ser valorado como algo incipiente, pero el vector que marca es claro. La “patria europea” es una vieja ideología alemana. En Alemania el concepto “Europa” funciona como algo parecido a una identidad de recambio y a veces como sinónimo, o seudónimo, de “Alemania”. Hay que recordar que mientras otros socios europeos se dedicaban a cazar moscas en el aula, el aplicado alumno de la Alemania posterior a la reunificación elaboró una Unión Europea a la medida de su nacionalismo exportador con el resultado bien conocido. Ahora está ocurriendo algo parecido con la “Europa de la defensa”, y aunque la desconfianza y la prevención de socios como Francia e Inglaterra sean considerables, y aunque aún sea pronto para ver en qué quedará, es obvio que hay una jugada alemana en marcha sin que se vislumbren otras que la discutan.
Si el dominio, político y económico, alemán de la UE no ha traído nada bueno, puede adelantarse lo que sería si se le sumara una preponderancia militar, cuyo balance histórico es inequívoco, tal como juzga la inmensa mayoría de la población alemana que a diferencia de sus políticos y mandamases mantiene su antimilitarismo, según confirman las encuestas.
Este “ejército de los europeos” tiene todos los números para ser un nuevo despropósito imperialista en la competición por recursos globales escasos. Por lo menos mientras no se reforma un marco mundial en el que el poder y la fuerza de las potencias que intervienen importa más que las normas internacionales de convivencia y la sostenibilidad del planeta. La gran pregunta es si esa reforma es posible sin que medie otra gran catástrofe bélica como la que propició la creación de la ONU tras la Segunda Guerra Mundial.

Fuente: CTXT, 9 Mayo 2019


miércoles, 8 de mayo de 2019

España al servicio del imperialismo estadounidense

Lidia Falcón

Nuestro Gobierno es el más fiel servidor del Departamento de Estado de EEUU. Reconocer al golpista venezolano Guaidó como el legítimo presidente de Venezuela, aceptar a un enviado de éste como su representante diplomático y ahora alojar a Leopoldo López y a su familia en la embajada española en Caracas, supera con mucho de lo que yo creía capaz a Pedro Sánchez y su Gobierno para cumplir las órdenes de Donald Trump. 

Nunca en la historia de nuestras relaciones internacionales, especialmente con América Latina, los gobiernos españoles, ni siquiera los de la dictadura, mostraron un servilismo, una entrega tan absoluta a los deseos y los mandatos del imperio norteamericano.
Y no solamente Sánchez ha aceptado a ese fantoche de Guaidó que se autoproclama presidente de Venezuela, para lo que nadie le ha elegido ni existe legislación ni nacional ni internacional que lo avale, sino que la propaganda oficial, expresada en declaraciones repetidas del presidente del Gobierno español y de su ínclito ministro de Exteriores, Josep Borrell –el que nos explicaba que los misiles que enviamos a Arabia Saudí son tan inteligentes que sólo matan a quien tienen que matar-, se dedica a engañar al pueblo español. 

A Nicolás Maduro lo ha elegido el pueblo venezolano en elecciones libres, absolutamente legales y legítimas. El Gobierno bolivariano ha ganado las elecciones 19! veces de 20. Los observadores internacionales que han asistido a los numerosos comicios celebrados en el país, han explicado que el sistema de votaciones, reparto de colegios y recuento de votos tiene todas las garantías, con una seguridad muy por encima de la que existe en EEUU, cuyas sospechas de pucherazos varios se han hecho famosas. 

La afirmación repetida de que el régimen venezolano es una dictadura quedará escrita para la historia como una de las grandes infamias de la propaganda política española . En Venezuela existen toda clase de partidos políticos, desde el Partido Comunista a los de extrema derecha como el que alberga a Guaidó y Leopoldo López, que tienen locales abiertos y hacen su propaganda cotidianamente, se presentan a elecciones que se convocan cumpliendo los plazos de la Constitución, y realizan las campañas sin obstáculo alguno. En el país se publican decenas de periódicos, revistas, panfletos y libros, se emiten programas de radio y de televisión, se celebran conferencias, coloquios, debates, de la oposición –fragmentada en varios partidos-, en los que se critica acerbamente el régimen bolivariano sin que nadie se lo impida. Cuando en el día de hoy, 3 de mayo, Día Internacional de la Libertad de Prensa las asociaciones de periodistas nos explican que en México han sido asesinados cien profesionales desde 2006, cuatro este año, ayer el último. Que incluso en Europa: Eslovaquia y Malta, han sido víctimas de tiroteos dos, un hombre y una mujer, sin que se hayan aclarado los crímenes, en España los grandes medios de comunicación al servicio del Capital, únicamente balbucean que en Venezuela se persigue la libre información, sin que ninguno ofrezca datos ni cifras concretas de tal persecución.
Para los españoles debería resultar insultante que se afirme que el régimen de Maduro es una dictadura, cuando todos los días la Televisión Española nos obsequia con las imágenes de los mítines, las manifestaciones, las ruedas de prensa, pública y multitudinariamente en las calles, que monta la oposición, que se ha alzado en sublevación pretendiendo usurpar la presidencia a Maduro. Para un país como España que ha sufrido una de las más crueles dictaduras del mundo durante cuarenta años, debería ser motivo de indignación oír declarar a su presidente del Gobierno, elegido democráticamente, y a sus ministros, que en Venezuela se vive una dictadura. 

El Gobierno venezolano muestra una permisividad impensable en Francia o en Alemania ante las proclamas de los políticos de la oposición que exhortan a sublevarse a la población civil y, lo más peligroso de todo, al Ejército. En esos países, como en tantos otros democráticos, tales llamamientos serían reprimidos inmediatamente y encarcelados quienes lo hicieran. 

Leopoldo López fue condenado a quince años de prisión por incitar, ordenar y organizar, con otros secuaces de los partidos de derecha, las “guarimbas”, disturbios, que desencadenaron turbas de delincuentes y mercenarios en 2014, durante varios meses, y que ocasionaron decenas de muertos, destrozos de mobiliario público, incendios de colegios y hospitales, asaltos y lesiones a la población civil y a las fuerzas de orden público.
La oligarquía venezolana, con la complicidad de la burguesía y la clase media reaccionarias, ha estado saboteando el régimen socialista bolivariano desde que se implantó. Ninguna de ellas quiere abandonar los privilegios de ser los lacayos de EEUU y dejar de recibir los beneficios de las coimas y comisiones que perciben por la entrega del petróleo a las grandes corporaciones norteamericanas, mientras el pueblo venezolano vivía en los ranchitos de cartón de las colinas, sin agua, descalzo, hambriento e infestado de parásitos. 

El Gobierno bolivariano ha montado la sanidad y la educación públicas, que no existían; ha creado una decena de Universidades populares; ha construido miles de viviendas, con los servicios de electricidad y agua corriente, para los trabajadores, y ha facilitado a las mujeres la posibilidad de organizar un Movimiento Feminista que se extiende a lo largo y lo ancho de todo el país. Y todo eso no puede consentirlo la burguesía que ha reinado en Venezuela durante doscientos años, apropiándose de los recursos naturales del país y hundiendo al pueblo en la miseria. 

Para colofón de la tolerancia que está mostrando el Presidente Maduro y sus ministros, el Fiscal General del Estado y la policía encargada de reprimir los disturbios, el criminal Leopoldo López, que ha quebrantado su arresto domiciliario en el que cómodamente cumplía su condena, se presenta ante la prensa en la entrada de la embajada española y se dedica durante más de media hora a hacer declaraciones subversivas que pretenden exaltar los ánimos de la población y lograr que el Ejército se subleve contra el Presidente legítimo, sin que fuera detenido inmediatamente. Sería bueno recordar el encierro que Julian Assange ha soportado durante siete años por no poder salir ni a la puerta de la embajada ecuatoriana en Londres, y cómo ha sido detenido y encarcelado recientemente por actuaciones muchísimo menos peligrosas de las que están cometiendo desde hace años los políticos de la derecha venezolana.

El embargo de los recursos financieros y de los productos de primera necesidad, así como la bajada de los precios del petróleo, organizados por EEUU, han llevado al país a la situación de carestía económica que ahora denuncian Guaidó y sus conmilitones, cuando son los principales instigadores y cómplices de semejante situación. Porque la derecha venezolana, como la de todo el mundo, antes hundirá en la miseria a su pueblo y lo llevará a una confrontación armada en la que será masacrado, que aceptar que en su país se construya el socialismo. 

Y no solo la conducta de EEUU en Venezuela debería ser motivo de una condena internacional, en vez de las miserables genuflexiones que los gobiernos europeos realizan para ponerse al servicio del imperio, sino que la actuación del Gobierno de ese país durante casi doscientos años tendría que servir de repudio de cualquier político decente.
Desde 1846 el Ejército estadounidense ha invadido casi todos los países al sur de Río de Grande, comenzando por una infame guerra arrebató a México el norte de su territorio, incluidos los Estados de California y Texas . En 1898 el Gobierno de EEUU provocó la guerra contra España en Cuba y a su derrota nuestro país tuvo que ceder Puerto Rico, Hawai, Guam y Filipinas. A partir de ese momento Panamá, República Dominicana, Honduras, Granada, El Salvador, Cuba , Guatemala, Brasil, Chile, Uruguay, Argentina, Colombia, Venezuela, han sido ocupadas militarmente, bombardeadas, saqueadas, intervenidas económicamente, impuestos sus gobernantes y falsificadas sus elecciones por el Departamento de Estado de EEUU y la CIA. 

Estos acontecimientos forman parte de la historia de Latinoamérica, no será nuestro Gobierno quien pueda fingir desconocimiento. Los recursos naturales de las naciones al sur de Río Grande han sido y son víctimas del ansia depredadora e imperialista de su vecino del Norte, que todos temen. Solamente unos lacayos al servicio de la industria militar estadounidense y del Capital pueden posicionarse de acuerdo con los dictados de Trump, como están haciendo los gobiernos europeos y el nuestro, que están obedeciendo las órdenes recibidas de Washington. 

Ciertamente las genuflexiones que el Gobierno español realiza ante Marruecos y Arabia Saudí, aliados fervientes de EEUU, para apoyar sus desmanes, no permitían esperar de este PSOE, tan socialista, una postura de dignidad e independencia frente al imperio norteamericano, pero lo que está realizando con Venezuela supera con mucho lo que el pueblo español se merece y debe aguantar. Porque el régimen bolivariano ha intentado durante veinte años construir una sociedad más justa y solidaria en paz, sin que las fuerzas de la oligarquía lo hayan consentido. Para eso tienen el enorme apoyo del Gobierno de EEUU. 

Si de esta operación se deriva una intervención militar estadounidense en Venezuela, que todos los días reclama el golpista Guaidó y que Trump parece encantado de llevar a cabo, y se producen miles de víctimas y la derrota del pueblo, el Gobierno de Pedro Sánchez será tan culpable como Trump, y España escribirá una de las más vergonzosas páginas de su historia.

Lidia Falcón O'Neill es licenciada en Derecho, en Arte Dramático y Periodismo y Doctora en Filosofía. Nombrada Doctora Honoris Causa por la Universidad de Wooster, Ohio. Es fundadora de las revistas Vindicación Feminista , y Poder y Libertad , que actualmente dirige. Creadora del Partido Feminista de España y de la Confederación de Organizaciones Feministas del Estado Español. Ha participado en el Tribunal Internacional de Crímenes contra la Mujer de Bruselas, en el congreso Sisterhood Is Global de Nueva York, en todas las Ferias Internacionales del Libro Feminista y en los Foros Internacionales de la Mujer de Nairobi y de Beijín. Es colaboradora de numerosos periódicos y revistas de España y de Estados Unidos. Ha publicado 42 libros. En el terreno del ensayo destacan: Mujer y Sociedad , La Razón Feminista , Violencia contra la mujer , Mujer y Poder Político y Los Nuevos Mitos del Feminismo que han sido traducidas a varios idiomas. Asimismo, tiene una extensa obra narrativa Cartas a una idiota española , Es largo esperar callado , Los hijos de los vencidos , En el Infierno , El juego de la piel , Rupturas , Camino sin retorno , Postmodernos , Clara , Asesinando el Pasado , Memorias Políticas , Al Fin estaba Sola , Una Mujer de nuestro Tiempo , Ejecución Sumaria y el libro de poesías Mirar Ardiente y Desgarrado.

Fuente: Público



Resistir a la tiranía mundial


El mundo entero está presenciando la decadencia del imperio más brutal de la historia de la humanidad: el de los Estados Unidos. La Casa Blanca siente por dentro el temor de estar perdiendo el control del mundo, y por eso intenta desesperadamente imponer una dictadura fascista mundial que le permita vivir más allá del ocaso.
Metido en el ojo del huracán de su angustia, Estados Unidos se cree con patente de corso para aplicar las arbitrariedades que le venga en gana contra los países del hemisferio, mientras lanza tarascazos contra Rusia, China, Korea del Norte, Siria e Irán -que tienen cómo defenderse. La ira impotente del imperio que se marchita, radica en que éstos no son países subordinados ni satélites de nadie. De ahí su agresividad.
Cuba y Venezuela son blancos, sin duda, menos poderosos materialmente que los capitalistas de Estados Unidos, pero son mucho, mucho más poderosos en decoro, en dignidad. Y esa es la fuerza que puede. No necesitan que nadie les perdone la vida. Saben resistir. Sus pueblos tienen la estirpe de Bolívar y de Martí, de Chávez y de Fidel, que no se doblegan ni se humillan. Y los pueblos latinoamericanos nunca han tenido afecto por la Doctrina Monroe del terrible monstruo del norte.
Es hora de desencadenar la solidaridad del mundo hacia Cuba bloqueada y agredida desde 1959. Nada justifica la destrucción de la soberanía de ese país ni la obra socialista de su revolución. La razón obliga a condenar la aplicación del título III de la Ley Helms-Burton, la transgresión al derecho internacional y a las leyes del comercio, que afectan no solo a Cuba sino a terceros Estados.
¡Fuera manos de Venezuela! Washington está cobrando al bravo pueblo su sueño de socialismo bolivariano que se erige como muro de contención al saqueo del petróleo, el oro, los diamantes y los minerales que generan nuevas energías; por eso conspira para derrocar al gobierno legítimo del presidente Maduro, agudizando la crisis humanitaria con sus inhumanas medidas de bloqueo, expropiación de empresas como Citgo y la congelación de fondos que impide la compra de alimentos y medicinas.
Si no le dan lo que quiere, Estados Unidos lo toma de todas maneras. Con mentiras descaradas edifica la manipulación mediática. Amenaza con guerras de invasión. Suelta sus halcones locos para que justifiquen el atropello. No le importa las resoluciones de la ONU. No le importa destruir el planeta, y menosprecia los esfuerzos que buscan frenar el cambio climático.
Debemos hacer conciencia -leyendo en las páginas de la historia- que los imperios no son inmortales ni eternos. Que la respuesta a los desafueros es la movilización de los pueblos en rebeldía mundial. Se deben crear confederaciones de repúblicas hermanas en todos los continentes para resistir por encima de creencias religiosas, tonalidades de la piel, y todo prejuicio social, si se quiere preservar la vida, la dignidad humana.
Una alianza de Estados y pueblos soberanos por la dignidad y el respeto. La construcción de un mundo mejor exije hoy la movilización de la resistencia contra la tiranía mundial. De nada sirve la inacción. La estupefacción y la parálisis de nada sirven. Hay que reaccionar, pasar a la respuesta unida del mundo contra el atropello. Necesitamos la unidad para derrotar siglos de injusticia, con la certeza de que tendremos de nuestra parte a la inmensa mayoría del pueblo norteamericano.
La estrategia de dominación que conjuga en una poderosa batería de fuego, tecnología, manipulación de la mente, guerra cultural, pedagogía del miedo, ciencia aplicada, diplomacia, desestabilización, azuzamiento de conflictos, no logrará disuadir la lucha por la dignidad humana.

martes, 7 de mayo de 2019

Aparatoso ridículo del golpismo yanqui




Más que un intento fallido de golpe de Estado contra el legítimo gobierno de Venezuela, lo ocurrido en ese país suramericano el fin de semana anterior ha sido un aparatoso ridículo para la derecha fascista estadounidense y específicamente para algunos de los más grotescos personajes del imperialismo estadounidense y varios de sus parásitos mas desprestigiados.

Ha sido lastimoso observar cómo el gobierno del país que ha representado el papel de gran potencia única global desde el fin de la Guerra Fría y pudo haber sido líder del mundo en una ruta de recíproco respeto y armonía dentro de las diferencias, ha ido cayendo en lo más hondo de la escala de valores políticos universales. Es cierto que Washington nunca ha mostrado mucho respeto por la verdad y la honestidad en los momentos más críticos de la historia de las relaciones internacionales, pero sorprende que entes políticos tan probadamente carentes de prestigio fueran convocados a conducir la diplomacia de esa nación a un lugar tan inmerecido por su noble pueblo trabajador.

Es difícil hacerse a la idea de que Donald Trump, quien se considera a sí mismo un “ganador permanente” en virtud de su mal habida fortuna y su picardía para los negocios, pueda vencer en cualquier tarea con asesores políticos corruptos de la calaña de Elliott Abrams, Mike Pompeo, Elliott Abrams, Marco Rubio, Rick Scott, Peter Navarro, Juan Guaidó, y el prófugo permanente de la justicia Leopoldo López, que integran, entre otros, la tropa que le fuera asignada por la siempre perdedora mafia miamense para esta batalla para tragarse a Venezuela. Ninguna de las falacias que el equipo de asesores le fabricó se podía sostener, lo que prueba que quienes las idearon pretendían lanzar a Trump al suicidio político.

Los medios de comunicación dispuestos para la farsa dieron inicio a ésta con la difusión de una declaración de Secretario de Estado, Mike Pompeo, asegurando que Guaidó había sido elegido “debidamente”, para ajustar la narrativa de la intromisión de Estados Unidos en Venezuela a ese nuevo curso mentiroso del golpe. Las autoridades, y buena parte de los medios estadounidenses de comunicación comenzaron a referirse al farsante Juan Guaidó como el “presidente debidamente elegido de Venezuela”.

En realidad, Guaido no había sido debidamente elegido como presidente, ni tampoco participó en la elección venezolana alguna para ese máximo cargo. Fue apenas elegido a un escaño en el parlamento en 2015, y desde ahí ascendido a una posición de poder sustancial dentro del parlamento en virtud del apoyo de los Estados Unidos. Luego, en enero, los asesores de Trump comenzaron a presionar a Guaidó para que intentara apoderarse del país. El falso pretexto legal era que la constitución permitía que el jefe del parlamento sea nombrado “presidente interino” en caso de no presentarse el electo a su toma de posesión.

Lo cierto y conocido por la totalidad de los ciudadanos de Venezuela es que el Presidente Maduro tomó posesión el 10 de enero, después de haber sido electo en limpias elecciones. La toma de posesión tuvo lugar ante la Corte Suprema en vez del edificio de la Asamblea donde la oposición obtuvo una reducida mayoría, lo que fue pretexto para que los que preparaban el golpe afirmaran posteriormente que ello no era lo legal. El reconocimiento por Estados Unidos de la legitimidad de la toma de poder por Guaidó fue un movimiento cínico y llamarle “presidente debidamente elegido” una absoluta mentira.

“Conociendo lo que aprendí cuando el intento de destituir al presidente venezolano Hugo Chávez en 2002, no me sorprendió cuando el esfuerzo fue renovado por la administración Trump, particularmente cuando personajes como Elliott Abrams, Marco Rubio y Rick Scott -por no mencionar a John Bolton- comenzaron a aparecer en la nómina de la Casa Blanca”. Así lo ha declarado Larry Wilkerson coronel retirado del Ejército de Estados Unidos (retirado) y ex Jefe de Estado Mayor del Secretario de Estado Colin Powell. “Pero el derramamiento de sangre en Venezuela -militar y civil- y los soldados y marines estadounidenses muertos y heridos no le darán ningún consuelo a este viejo soldado”, afirmó. “Conozco a los militares venezolanos, he entrenado a algunos de ellos. La mayoría de ellos, si el ejército estadounidense llegara a Venezuela, se adentrará en las muy formidables colinas con telones de fondo selváticos. Acosarán, matarán, harán prisioneros de vez en cuando y, en general, aguantarán para siempre o hasta que se vayan los gringos. Podríamos recordar cómo lo lograron los norvietnamitas y los talibanes; Así también lo harán los venezolanos”. 

Fuente: REBELIÓN