miércoles, 26 de mayo de 2010

Los trucos de Feijóo

Anxo Guerreiro/El País/26.05.2010.-El pasado día 17, Día das Letras Galegas, coincidiendo con la masiva manifestación contra el llamado decreto de plurilingüismo de la Xunta, Núñez Feijóo sacó de la chistera otro de sus trucos baratos, propio de un aprendiz de brujo, proponiendo un pacto para alcanzar un consenso en materia lingüística. Claro que inmediatamente, tanto el propio presidente de la Xunta como el secretario general de Política Lingüística, Anxo Lorenzo, y el portavoz parlamentario del PP, Manuel Ruíz Rivas, aclararon que de dicho pacto quedaría excluido el decreto de marras, dejando así al descubierto la trampa antes de terminar la función ¡Pero, hombres de Dios, tengan ustedes un poco de seriedad y un mínimo respeto a la ciudadanía! Porque Feijóo reconocerá que proponer un pacto lingüístico y excluir del mismo la medida (decreto) que ha generado la mayor contestación social y política de la reciente historia de Galicia es como mínimo una tomadura de pelo que no se le puede consentir a un gobernante democrático.
¿Cómo se puede restablecer el consenso en esta materia dejando de lado la posición de la Real Academia Galega, la del Consello da Cultura, la del conjunto de la oposición, que obtuvo más votos que el PP, la de la totalidad de los sindicatos y la del propio Consello Consultivo, a lo que hay que añadir la movilización social expresada masiva y reiteradamente en las calles del país? Primero dinamitan los acuerdos políticos y sociales existentes, dividen a la ciudadanía, generan una fractura social de consecuencias imprevisibles y después les piden a los demás que asuman sus despropósitos. Curiosa forma tienen estos señores de entender los pactos y los consensos.

Por eso parece razonable e inteligente la iniciativa de Partido Socialista emplazando a la Xunta a congelar el decreto de la discordia y crear una comisión parlamentaria en la que se intente construir de nuevo un consenso lingüístico que el Gobierno ha roto unilateralmente. Si Feijóo quiere dotar de credibilidad su oferta de pacto, debe aceptar la propuesta socialista. De lo contrario, no podrá evitar que cada vez sean mas los ciudadanos que lo perciban como un charlatán o un simple trilero político en el que no se puede confiar. Y puede estar seguro que con simples malabarismos dialécticos ni se gobierna ni se solucionan los problemas.

La propuesta socialista puede servir para encauzar la situación actual y abrir el camino para una solución definitiva a este contencioso. Solución que solo puede abordarse finalmente con la reforma del Estatuto de Autonomía. En efecto, el artículo 3 de la Constitución en su apartado primero dice: "El castellano es la lengua española oficial del Estado. Todos los españoles tienen el deber de conocerla y el derecho a usarla". Y en su apartado segundo añade: "Las otras lenguas españolas serán también oficiales en sus respectivas comunidades autónomas de acuerdo con sus Estatutos". Así pues, la Constitución no impide la igualdad jurídica de ambas lenguas (deber de conocerlas y derecho a usarlas), sino que nos remite a los respectivos Estatutos, tal como reconoce la sentencia del Tribunal Constitucional de 1986 sobre nuestra Ley de Normalización Lingüística.

Se me objetará, no sin razón, que la reforma estatutaria no es hoy una prioridad política, y que hay que concentrar todos los esfuerzos en la lucha contra la crisis y su principal lacra social, el paro. Pero es evidente que estas no son las razones del PP para postergar la reforma del Estatuto. Si se tiene en cuenta la intervención del conselleiro de Presidencia, Alfonso Rueda, en el Senado afirmando que no se abordará esta cuestión de la reforma hasta conocer la sentencia sobre el Estatut; si se considera, además, la ofensiva de Rajoy contra el Estado de las Autonomías aprovechando la crisis económica, no hace falta ser muy perspicaz para concluir que el Partido Popular solo espera el momento adecuado para abordar una reforma a la baja de nuestro autogobierno. Por eso no hay que equivocarse: mientras el PP tenga la mayoría política suficiente, no habrá ni consenso lingüístico ni se realizará la reforma adecuada del Estatuto de Autonomía.

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