miércoles, 26 de mayo de 2010

Un fantasma recorre Europa

Manuel Lago /La Voz de Galicia/ 26.05.2010.-Un fantasma recorre Europa: el de los planes para debilitar el Estado de bienestar. Bajo el dictado de los mercados y con la coartada de la reducción de los déficits públicos, los programas de recortes en los derechos sociales se extiende del sur al norte europeo. Lo que empezó como ajustes en un país con irresponsabilidad presupuestaria como Grecia, se extendió después a otros países débiles como Portugal, Irlanda y España, que, con problemas diferentes y, desde luego, menores que los griegos, también tuvieron que aplicar recortes similares.
Esta primera fase de la enfermedad, que se denominó contagio, derivó en una fase superior de transmisión y ya estamos en una auténtica epidemia que afecta a todos los países de la Unión Europea, incluyendo a los más ricos como Francia, Gran Bretaña y Alemania.
Las viejas recetas que fueron aplicadas en otras épocas a países de América Latina y Asia por el mismo doctor, el Fondo Monetario Internacional, hoy amenazan al modelo social europeo. Recortar derechos sociales, reducir los salarios y las pensiones, disminuir el gasto público, adelgazar al Estado para corregir los desequilibrios macroeconómicos. Esta es la triste situación que nos amenaza a los europeos.
En un extraño tránsito, hemos pasado de una crisis financiera originada en el sistema bancario estadounidense por las prácticas de especuladores sin escrúpulos a asistir a la puesta en cuestión del euro, de la Unión Europea e incluso el modelo de las sociedades del bienestar.
No es creíble que el origen y las consecuencias de esta crisis sean exclusivamente económicos. No es aceptable que después del enorme crecimiento de la productividad logrado por la revolución tecnológica, nuestras sociedades tengan que ser más pobres.
En el trasfondo de los que esta pasando hay un profundo cambio ideológico, un cambio en las relaciones sociales. Durante décadas, detrás del Estado de bienestar europeo y del New Deal norteamericano estaba el pacto social, un reparto más equilibrado del progreso económico entre el capital y el trabajo. Este pacto social histórico permitió construir sociedades no solo más justas socialmente sino también más eficientes económicamente.
La revolución conservadora de los años 80, con el triunfo del neoliberalismo encabezado por Reagan y Thatcher, supuso el inicio de un ataque brutal a este modelo que ahora, a caballo de la crisis financiera, se enfrenta a un incierto futuro si no se produce una reacción decidida por parte de la ciudadanía europea.

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