miércoles, 28 de julio de 2010

Nuevos republicanos

Carlos Etcheverría.-Alrededor de Javier Ruipérez Alamillo, catedrático de Derecho Constitucional de la UDC y militante del Ateneo Republicano de Galicia, se ha formado una corriente de opinión al estilo de los clubes políticos situados en la izquierda republicana y socialista de tanto arraigo en Francia. Es cierto que suelen vincularse a partidos políticos, pero no veo razón para prescindir de tal participación en el seno de una organización cultural fundada en los principios democráticos.

Nuevos Republicanos nace públicamente el pasado 14 de abril en ocasión de presentar el profesor Ruipérez su nuevo libro Entre el federalismo y el confederalitismo. Surge como necesidad de participar activamente en la vida interna del Ateneo Republicano de Galicia, contribuyendo ideológicamente a la renovación del pensamiento connatural al movimiento republicano. Debe ser considerado como una aportación crítica dentro de los fines de la asociación en que se inscribe, y por ello acorde con los postulados del manifiesto fundacional de Arga, pues contribuye a la agitación intelectual de reflexión y análisis, con una clara voluntad de transformación política. Sin pretensión alguna de asumir la representación de Arga ni sustituir sus órganos internos, este grupo de opinión tratará de revitalizar el debate político proponiendo alternativas nuevas, aunque no se conformen a las reglas establecidas en los pactos de la transición. La exigencia de cambio reclama su presencia en una sociedad perturbada por la inadaptación al proceso democratizador iniciado en 1978, preso aún del modelo franquista.

El republicanismo considera el concepto de libertad como opuesto a la no dominación. Y justamente vivimos un período histórico en el que se han superado los límites extremos de la dependencia, haciéndonos descuidadamente sumisos y complacientes.

Para empezar, lo público desaparece ante el empuje de lo privado en todos los ámbitos, y sometido a poderes no democráticos. La educación, cautiva del fanatismo religioso. La economía y el empleo sometidos a los valores de la libre empresa, donde banqueros y empresarios dictan sus criterios atendiendo desmedidamente a su propio interés.

El desenfreno y desvergüenza del comportamiento de algunos representantes de las instituciones democráticas, en el orden político o judicial, tienen su origen en el desinterés ciudadano ante lo que consideran inevitable. Es así como la ideología fascista se adueña poco a poco de una sociedad inerte y sin dirección que carece de referentes éticos. Y cuando surge un movimiento ciudadano que denuncia los excesos y el mal ejemplo de personas que ni siquiera ocultan su vinculación al antiguo régimen, lo intentan desacreditar con mentiras y tergiversaciones, cuando no amenazas. Incluso desde posiciones en apariencia progresistas, se colabora en el intento de acallar esas voces bajo pretexto de alteración de un orden demostradamente corrupto. Detrás de todo anida el miedo a romper con un pasado execrable e indigno, incapaz de revisar el franquismo, por si acaso algún responsable de la dictadura, aún vivo, quede atrapado en sus responsabilidades. Incluso algún complaciente republicano ha defendido a Fraga.

1 comentario:

  1. De acuerdo en todo, sólo un apunte: "proponiendo alternativas nuevas, aunque no se conformen a las reglas establecidas en los pactos de la transición", yo sustituiría el "aunque" por un "que", pues ninguna alternativa, si es nueva, puede conformarse con los llamados "pactos de la transición".

    Alternativa significa lo opuesto a la mera alternancia, implica una ruptura con el orden establecido.

    Hay que seguir avanzando en la consolidación de una alternativa republicana a la actual monarquía parlamentaria, y eso sólo puede hacerse desde la radicalidad democrática, una radicalidad que los pactos de la transición ponen en peligro.

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