domingo, 26 de septiembre de 2010

La importancia de los impuestos

Xaquín Álvarez Corbacho*.-Los impuestos son instrumentos financieros odiados por unos, tolerados por otros y mal entendidos por muchos. Pero los impuestos son el cimiento del Estado democrático y este encierra siempre principios cívicos, ya tenga expresión mínima o extensiva. Por eso, algunos califican los impuestos como el precio que debemos pagar por la civilización. En el Estado mínimo que defiende el pensamiento clásico o liberal, se protege la vida, la propiedad y el comercio. En el Estado extensivo o de bienestar, los derechos anteriores se amplían a la educación, la sanidad, la vivienda, la cultura, etcétera. Por eso, los impuestos son distintos en uno y otro caso. Por eso, el espacio europeo sigue siendo, a este respecto, una bendición.
Pero además de ser instrumento para obtener ingresos, los impuestos también se utilizan para lograr otros objetivos de política económica. Por ejemplo, para redistribuir rentas (mediante impuestos progresivos), para incentivar proyectos solventes (mediante beneficios fiscales) o para mejorar la eficiencia y el bienestar social (penalizando consumos dañinos como el tabaco y el alcohol, o gravando la contaminación). Pero conseguir estos objetivos a través del impuesto no es tarea fácil. El impuesto progresivo que redistribuye rentas, puede penalizar también el esfuerzo, el trabajo o la asunción de riesgos. La teoría dominante insiste en sacrificar la equidad, primando la eficiencia, pero eso es conflictivo. Abofeteados por un fraude fiscal elevado, de corte estructural, es difícil lograr equilibrios entre eficiencia y equidad. La quiebra profunda que nuestros impuestos introducen en la equidad, dificultan los comportamientos eficientes. Y ambas cosas son demoledoras.
Y así seguimos. Impregnados en la cultura del pícaro y en la insolidaridad. Utilizando recetas de jubilados para adquirir fármacos gratuitos; obteniendo bajas laborales por laxitud médica, más que por incapacidad temporal; negociando el IVA con empresas y profesionales, defraudando allí donde existe la menor oportunidad. La justificación de estos comportamientos incívicos se entienden como una rebelión tributaria marginal, pero existen y refuerzan a su vez a los fraudes verdaderos, que son aquellos que protagonizan los poderosos, que requieren la ayuda del paraíso fiscal y que precisan la tolerancia cínica de los Gobiernos. Y es que cuando un sistema económico propicia la desigualdad excesiva, los Gobiernos deberían responder a preguntas que son inevitables: ¿qué redistribución de rentas defiende y a través de qué instrumentos la hará operativa?, ¿que límites tiene esa redistribución en un mundo globalizado?, ¿dimitiría usted si tiene que convivir con fraudes fiscales escandalosos? Las respuestas a estas preguntas serían clarificadoras.

* Xaquín Álvarez Corbacho es Economista y Catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Santiago de Compostela.

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