martes, 12 de octubre de 2010

Reflexiones sobre una huelga general

 Roberto Mejuto Valcárcel*.-Conviene aclarar, antes de nada, que cualquier trabajador, ya no con un mínimo de conciencia sino por instinto de supervivencia o egoísmo personal, una vez leyese el texto de la reforma laboral estaría de acuerdo con cualquier señal de protesta ante semejante cúmulo de ataques contra derechos históricos legítimamente obtenidos desde el siglo XVIII. Ahora bien, para ello, lo primero si carece de ese compromiso social, es necesario que esté bien informado, y aquí radica el principal error de la actual acción sindical.

Vivimos en la era de la comunicación y el movimiento obrero se ha quedado anquilosado en el pasado incapaz de adoptar las medidas necesarias a los continuos cambios estructurales que se vienen sucediendo en el devenir de estos años. Hoy por hoy la afirmación "información es poder" cobra mayor relevancia observando como el poder económico fagocita el modelo educativo y los mecanismos de información. Dejando a un lado el lamentable panorama que se vislumbra en el sesgo mercantilista del modelo educativo imperante, responsabilidad de un espectro más amplio, me centraré en la labor de concienciación de las organizaciones sindicales.

Personalmente, veo en ello un factor prioritario por el grado de proximidad que al menos debería existir con el trabajador. Sin embargo no constato que se ejerza con fuerza necesaria  y por ello cuando me pregunto si esta huelga general se puede considerar un éxito mi conciencia dictamina que no. Al menos el mínimamente exigible. Entraré por tanto en materia y sirva también esta reflexión para analizar las causas y posibles soluciones de esta crisis que algunos pretenden zanjar con una serie de medidas que son un mero parche pero que no permiten atisbar efectos positivos a largo plazo.

En primer lugar no ha sido un éxito porque la estrategia no ha sido la adecuada y no se ha sabido trasmitir las implicaciones de la reforma. Con una convocatoria a meses vista y sin canalizar las suficientes acciones informativas sobre su alcance, en vez de aprovechar ese período lo que se ha conseguido es provocar la desconfianza en la opinión pública y facilitar la desinformación interesada de los medios de comunicación, más pendientes de los ingresos de publicidad que de hacer un análisis objetivo de los motivos de la huelga. El resultado es que la mayor parte de la población desconoce,por ejemplo, lo fácil que va a resultar ser despedido por absentismo o que se deja la potestad de dictaminar si la empresa puede entrar en pérdidas al empresario y achacarlo únicamente a los costes laborales.

Tampoco ha sido un éxito porque no se ha argumentado el rechazo a las medidas adoptadas en la reforma por la ineficiencia en si de la misma. La crisis que vivimos en España no es una crisis coyuntural ligada a la rigidez del mercado laboral, es una crisis estructural del sistema productivo y hasta que se ataque este problema de raíz seguiremos postergando la agonía sin curar al enfermo definitivamente. El objeto de esta reforma no es otro que el acallar la desconfianza de los mercados, porque nada mejor para ello que demostrar la más absoluta pleitesía a la vieja receta de los organismos financieros. Por otro lado el mercado laboral español no es equiparable al estadounidense o al holandés, donde una posición de liderazgo y una productividad elevada les ha permitido tener un mercado flexible al carecer de tasas de paro elevadas; es decir, nos están recetando una medicina que nos va a acabar matando. Con un sistema totalmente improductivo sustentado en el sector financiero y de la construcción, intentar dar salida a este crisis entregando un cheque en blanco a los consejos de administración para que sigan basando su competitividad en reducción de costes laborales es un suicidio. Por un lado generará, como ya estamos viendo, una disminución del consumo al minorar la renta neta disponible de la población y por otro la desaparición de cualquier ventaja competitiva al desincentivar políticas de I+D agudizando la brecha tecnológica, no ya con las potencias clásicas sino con las más recientes como Brasil, China o India. Unos cuantos años después no hemos escarmentando de lo vivido con la reconversión industrial, producto de la entrada de productores asiáticos compitiendo vía precios mediante dumping social y que llevaron al sector naval al abismo.

Y no ha sido un éxito porque no se han aportado soluciones ni se ha generado debate.Las diversas actuaciones se han limitado a rechazar que la salida de la crisis se cargue una vez más sobre los hombros de los trabajadores pero no se han aportado alternativas para dejar en evidencia a un gobierno preocupado únicamente en maximizar su rédito electoral. El movimiento sindical tiene que aprovechar el espacio que ocupa en la sociedad para dar réplica a medidas desafortunadas como ésta haciendo ver a la sociedad que otras soluciones son posibles. Podríamos hacer una lista extensa pero alejadas de su ámbito de actuación, desde combatir el fraude fiscal, incentivar políticas de I+D o buscar una verdadera cooperación internacional para eliminar los paraísos fiscales. Yo me voy a quedar con un ejemplo que está más vinculado a lo que estamos tratando y además bien planteado deja contra las cuerdas a cualquier teórico del neoliberalismo.

Ahora que el paradigma económico parece ser la necesidad de desregular como única vía para impulsar el crecimiento económico, esta crisis tiene que servir como ejemplo para derrumbar la falsa creencia de que mercado lo corrige todo. A cualquier empresario le preguntaría si en su empresa no adopta ningún mecanismo de control, si sus comerciales utilizan la tarjeta de empresa sin necesidad de justificar gastos, si no lleva una contabilidad para saber cual es el estado de sus cuentas o si su jefe de producción no cuantifica las mermas del proceso productivo para intentar minimizarlas. Seguramente si la empresa funciona bien, mucha culpa de ello se deba precisamente a lo contrario. El mercado no es más que un conjunto de empresas y una empresa un conjunto de trabajadores así  que nada mejor que la presión de los mismos para impulsar a un gobierno a tomar las medidas correctas aunque para ello primeramente será necesario educarlos y concienciarlos.

Espero estar equivocado y que realmente la huelga haya sido un éxito. Que gracias a ella el gobierno se replantee la reforma y a cambio adopte medidas que realmente sean eficaces para mejorar la competitividad del país y que resumiría en tres: mayor control del mercado y en especial del financiero por su carácter especulativo (tasa Tobin, control  de las SIMCAV); potenciar la educación (priorizar la pública, eliminar el sistema de conciertos) y crear mecanismos que incentiven el compromiso en I+D por parte de las empresas (incentivos fiscales, incrementar la asignación presupuestaria del 1,4% actual a la media europea) porque no es racional que cualquier país de Centroeuropa, ya no digo del Norte de Europa, tenga políticas sociales más progresistas o que adopten puntualmente medidas económicas en esta dirección aún a pesar de la ideología conservadora del partido en el poder.

 Roberto Mejuto Valcárcel es Economista.



5 comentarios:

  1. ¿Puede ser que haya surgido algún problema al editar el texto?

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  2. Perdona que te moleste. ¿Has repasado el post? Quizá se han mezclado varios textos distintos. Espero que no te parezca mal mi comentario

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  3. Estimado/a? Jara, muchas gracias por el aviso, la verdad no lo había leido una vez publicado.
    Ya está subsanado el error.

    Gracias una vez mas, pues fuiste el único que me avisó.

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  4. Roberto Mejuto Valcárcel14 de octubre de 2010, 22:25

    Post scriptum: Aprovecho este foro para mostrar mi mayor repulsa a las declaraciones realizadas hoy por Dña. Esperanza Aguirre y el Sr. Díaz Ferrán en los medios de comunicación.

    A colación de este artículo, a la primera le diría que sus tres coincidencias con el Tea Party demuestran que la alternativa a la política económica del gobierno no está a la derecha.

    1. Los impuestos, siempre que sean progresivos y graven en mayor proporción las rentas de capital son la mejor alternativa para reducir el déficit público sin deprimir el consumo interno. Más si como se demuestran lo hacen a rentas no productivas y especulativas que no generan crecimiento.
    2. La reducción de la presencia del Estado que preconiza es el gran causante de la crisis actual. Va siendo hora que se regulen y limiten las situaciones de oligopolio presentes en los mercados financieros (fondos de inversión) y en la economía real (alianzas estratégicas sectoriales de multinacionales)
    3. En cuanto a su defensa de la identidad nacional mejor no hablar. Sigamos por ese camino, abandonemos el internacionalismo y acabemos de una vez por todas en el medievo y en los reinos de taifa.

    El segundo se descalifica por si mismo difundiendo datos tan poco creibles como que el tiempo efectivo de trabajo en España es de 38 horas y esa es la razón de la falta de productividad. Sr. Ferrán, sólo un dato, invierno de 2009 toda una comunidad sin electricidad porque la compañía eléctrica encargada del servicio desde su fundación no se ha gastado un euro en soterrar sus líneas a pesar de los ingentes beneficios. Todo muy creible.

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