viernes, 15 de octubre de 2010

Una salida en falso

Manuel Lago Peña*.-En la situación de enorme incertidumbre sobre la economía a veces hay noticias que no se sabe si son buenas o malas. Por ejemplo el incremento del 30% en la venta de viviendas ha sido recibido con un enorme optimismo. Pero en realidad no está claro que eso en sí mismo sea positivo.

Uno de los factores diferenciales de la crisis en España ha sido la especulación inmobiliaria. Durante más de una década se generó una inmensa burbuja tanto por el número de viviendas construidas como por el precio de las mismas. No es exagerado decir que se construían el doble de lo que se necesitaba y que se vendían al doble de su precio normal. En este brutal proceso especulativo ganaron, y mucho, unos pocos. Y perdimos, muchísimo, la gran mayoría de los ciudadanos.
Ganaron los especuladores inmobiliarios, en especial las grandes empresas, pero también las medianas y pequeñas que se hacían ricas con dos o tres promociones de tamaño medio. Perdimos las familias que teníamos, y tenemos, graves dificultades para acceder a una vivienda y, cuando lo logramos, es a costa de un enorme endeudamiento casi de por vida. Perdió la economía productiva, ya que la construcción absorbió ingentes cantidades de recursos dejando un escaso margen de financiación al resto de actividades empresariales.

Perdimos como país, ya que ante la falta de suficiente ahorro interno para financiar tal despilfarro nos endeudamos con prestamistas de otros países y hoy pagamos el exceso de endeudamiento con la falta de credibilidad de España en los mercados financieros. Por último, las entidades financieras, bancos y cajas, ganaron mucho hinchando la burbuja, pero ahora sufren las consecuencias con índices de morosidad que afectan a su solvencia.

Por eso no es bueno que se recuperen las ventas sin resolver antes los problemas de fondo. La enorme rigidez del mercado inmobiliario, que a pesar de su aparente dispersión en realidad está en manos de un número limitado de agentes, explica que la variable de ajuste en la crisis haya sido la cantidad y no el precio. Esto es, que se haya desplomado la venta y la construcción de viviendas, de 800.000 iniciadas en el 2006 a menos de 100.000 en el 2009, y no el precio, que solo ha bajado en el entorno del 15%.

Esta decisión, de la que son responsables las entidades financieras y los promotores inmobiliarios, tiene graves consecuencias sobre la economía del país. Porque tiene semiparalizado a un sector tan generador de empleo como es la construcción. Pero sobre todo porque tiene contaminados los balances de muchas entidades financieras, lo que se traduce en restricciones crediticias para familias y empresas.

Por ello la forma más rápida y sobre todo más sólida de salir de la crisis es dejar atrás los efectos de la especulación inmobiliaria. Y eso tiene hoy un nombre: una reducción del precio de la vivienda de no menos del 25%.


*Manuel Lago Peña es economista del S.N. das CC.OO. de Galicia.

Fuente:  La Voz de Galicia.

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