sábado, 6 de noviembre de 2010

De la Guinealogía

Acababa de volver al país cuando empecé a buscar trabajo. Como es natural, redacté lo mejor que pude mi currículum, acto seguido recopilé toda la documentación que entendía podría influir para que las empresas estuvieran interesadas en mí: la copia de mi expediente universitario, copias de los certificados de las prácticas que realicé en empresas de construcción en España y mi currículum. Luego pregunté a amigos, colegas y familiares por las direcciones (físicas y de internet) de las constructoras que operan en Guinea Ecuatorial. Después, pasé dos o tres días irrumpiendo en las oficinas de dichas empresas y enviando correos electrónicos.
Cuando andaba en estas labores, varios conocidos se acercaron (preocupados por mi futuro laboral) y me aconsejaron recurrir a no sé quién, llamar a tal otro, etc. arguyendo que, a pesar de mi formación y del buen dossier que había preparado, me convenía tener presente que aquí lo que prevalece es la guinealogía. Una semana más tarde, estaba trabajando (y sin haber hecho uso de sus sugerencias).
Una vez, con una compañera de trabajo, estaba hablando de trabajo (valga la redundancia) y le exigía unos gramos más de rigor y profesionalidad en los documentos que me presentaba y, también en su relación con los empleados que estaban por debajo de nosotros en el organigrama de la empresa, al igual que con la gente que venía a interesarse por diversos asuntos en nuestras oficinas. Mi compañera me replicó diciendo que debía de relajarme, porque aquí lo que importa es la guinealogía.
Hace un tiempo conseguí que se me confiara la ejecución de una pequeña obra. Por lo que procedí a la subcontratación de un equipo de técnicos para la realización de la misma. Los subcontratistas y yo teníamos un acuerdo verbal que luego plasmamos en un contrato y lo firmamos libremente. En una conversación con un colega, le comenté que el personal de la obra parecía descontento; lo cual me extrañaba, ya que la firma de nuestro contrato era reciente y yo no había incumplido ninguna de las obligaciones a las que me sometían las cláusulas del mismo. Mi colega me respondió que lo que ocurría es que esa gente esperaba que cuando yo pasaba por la obra, les dejara dinero para almuerzos, unas cervezas, etc. A lo que repliqué asegurando que eso no constaba en nuestro acuerdo. Y mi colega sentenció: aunque tengáis un documento firmado, aquí siempre hay que aplicar un poco de guinealogía para que las cosas funcionen.
Yo estudié aquí en Guinea Ecuatorial hasta preu (el último curso antes de la universidad). Después me fui a España, donde hice formación profesional (un ciclo superior) y luego cursé Arquitectura Técnica y les confieso que en todos estos años de estudio (de los 3 a los 26 años) no me impartieron nunca la asignatura de guinealogía: ni aquí en Guinea, ni en España. Entonces pensé que como se había hecho una reforma del sistema educativo mientras me hallaba fuera del suelo patrio, igual es una asignatura que apareció con el nuevo sistema (yo estudié con el de bachillerato elemental, superior y preu. Ahora tenemos ESBA, bachillerato y COU, o algo por el estilo). Por lo que pregunté a mis amigos que son profesores de instituto y a otros que lo son de la UNGE (Universidad Nacional de Guinea Ecuatorial) si esa asignatura se integraba en nuestro sistema educativo. La respuesta fue un escueto NO. Entonces, hice el esfuerzo (no se maginan cuánto) de recurrir a los que me remitían a la guinealogía para que me explicaran en qué consistía, pues, reconozco que no estoy iniciado en ella. Con suma tristeza, aunque ya me lo temía, comprobé como no eran capaces de transmitirme algo con sentido susceptible de considerase una disciplina o una rama del saber.
Como ven, no me quedan más alternativas que realizar mis especulaciones con el fin de poder definir la guinealogía. Para ello, voy a hacer hincapié en los casos arriba planteados donde se me aconsejaba servirme de ella para salir adelante por estas latitudes. Y, empiezo a sospechar que la guinealogía se podría homologar con aquello que se decía en otros tiempos: “España es diferente”; o el son “cosas de España” (de los artículos de Lara).
En el primer caso, podemos deducir que la guinealogía consiste en ausencia de criterio objetivo (arbitrariedad), pues, se me hace saber que aquí para ganar un puesto de trabajo, prevalece más una llamada o una recomendación de tal o cual persona (no por su perfil profesional, sino por llamarse, por ejemplo, como se llama) y no en que se tenga una determinada formación o profesión.
En el segundo caso, la guinealogía se presta a la interpretación de que es ausencia de competitividad o de profesionalidad, puesto que en virtud de ella mi compañera no se ve en la necesidad de hacer las cosas bien (no necesita ser competitiva).
En el tercer caso, de guinealogía podemos entender, la ausencia del sentido del compromiso o del sentido de la responsabilidad, o el firmar acuerdos sin ninguna intención de cumplirlos; o incluso, quién sabe, sin ni siquiera concebir a qué se compromete. Dicho de otra forma, una falta de seriedad generalizada e indiscriminada. De ahí que mis subcontratistas firmaran unas cosas conmigo y esperasen otras.
En definitiva, como acabamos de observar, la guinealogía se podría definir, desde una perspectiva académica (al menos esa es mi intención), como el conjunto de desconocimientos necesarios para capear la arbitrariedad, la falta de competitividad, la irresponsabilidad, etc. en un entorno determinado. Lo de desconocimientos es porque considero que aquellos “conocimientos” son en realidad no-conocimientos, en tanto que siempre representan un déficit de otro. De modo que, por ejemplo, un mexicano que conoce los recovecos de las irregularidades en la ciudad de México y las consigue sortear, sabe de guinealogía; lo mismo se puede decir de un cubano capaz de aprovecharse de las inercias anacrónicas del comunismo ahí en La Habana. Lo que no entiendo, por una parte, y que me duele, por otra, es que asociemos el nombre de nuestro maravilloso y amado país a la apología de una ristra de vicios. Y la pena, que muchos de mis queridos compatriotas (incluso jóvenes!) creen, de verdad, que la guinealogía es todo lo que hay que saber y, en consecuencia, sus energías las enfocan sólo en controlarla.

Autor:
Eyi Nguema Mengue
Arquitecto Técnico
Vive y trabaja en Guinea Ecuatorial.

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