martes, 16 de noviembre de 2010

Una pequeña aclaración

Lamento decepcionar a algunos. Pero me veo en la obligación de advertir que estos artículos (y mi blog) no están concebidos sino para concienciarnos (a los guineoecuatorianos) de que formamos parte de un mundo globalizado y que, por tanto, hemos de adoptar unas cuantas actitudes: competitividad, concienciación de nuestra identidad, apertura al mundo, etc. Son artículos, en su mayoría, de crítica al yo colectivo de nuestra sociedad, y no de crítica a NADIE.
Con competitividad, me refiero a que hemos de plantearnos que nuestro país debe de ser mejor o, por lo menos, igual que cualquiera de los países más avanzados de del mundo; y no asumir (como hacemos ahora) que el nuestro es el peor de los países. Como decía mi bisabuela (de parte de mi madre) “e mo mbot k’ayem abo abaan”. Sucedía que en oyon (los meses correspondientes al verano en Europa) nos íbamos a pasar unos días con ella varios de sus bisnietos. Y resultaba que siempre había unos que recogían la casa después de comer o por las mañanitas, se bañaban todos los días, hacían incursiones en el bosque para ayudar a los mayores en sus tareas de apañar comida, etc. y había otros que no hacían nada de eso; tampoco se sentían humillados cuando los mayores alababan públicamente a los primeros y los criticaban. A esos indolentes, mi bisabuela se refería con aquello que está arriba en cursiva y entre comillas. En español podría traducirse directamente como “hijo de una persona, ¿cómo no sabes rivalizar?”. En efecto, lo que no concebía mi bisabuela era cómo una persona (en nuestro caso niños) no tenía el sentimiento de la rivalidad (o competitividad). Le rompía los esquemas que unos de sus bisnietos se mostraran indiferentes a las alabanzas que vertían los mayores sobre otros; que eso no les llevara a procurar hacer lo mismo que aquéllos.
Uno de los virus (u otra cara del virus) que nos fulmina aquí en esa preciosa tierra es ése: el de la no competitividad. Aquí pensamos que nuestro querido país se halla solitario en alguna galaxia perdida en el universo. No somos conscientes de que estamos integrados en un planeta en el que existen otros cientos de países. Y una cosa que me sorprende especialmente en este quiste que tenemos encallado en nuestros cerebros es que aquí lo traemos casi todo de otros países. Y uno se encuentra con situaciones estrafalarias de este tipo: un señor con un iphone al oído se salta la cola olímpicamente en las oficinas de un banco (como podría ser también un edificio de la Administración); si se le emplaza a respetar la cola, replica: esas cosas no funcionan en Guinea. En este caso (muy habitual, por cierto) se aprecia el surrealismo de este problema en toda su magnitud. Nuestro querido compatriota no repara en que del mismo modo que el iphone (fabricado y concebido en occidente para facilitar la comunicación) funciona en nuestro suelo patrio así también el guardar cola (otro invento occidental, para evitar el desorden) podría funcionar. Simplemente que él mismo, que libremente ha importado el iphone y lo ha puesto en línea, decide también libremente no respetar la cola. Yo creo que esta actitud se debe a que en el fondo de nuestros cerebros aún no aparece el concepto de competitividad internacional: no trabajamos con la idea de que nuestro país tiene figurar entre los mejores del mundo, entre los más apetecibles para vivir, invertir, trabajar, visitar, etc.
Somos como aquellos niños que seguían sin bañarse todos los días ni recoger la casa, a pesar de que disponían de la información de que aquello era lo correcto. Sabemos que en otros países se guarda cola, se atiende a los clientes con amabilidad y respeto; se cumple los horarios de trabajo, las televisiones emiten las 24 horas y con programa, existen diarios, editoriales, librerías, universidades, ligas de fútbol, baloncesto, voleibol, etc. Pero aquí, libremente no hacemos ni tenemos nada de eso. “E mo mbot k’ayem abo abaan”.
La concienciación de nuestra identidad es una cuestión a la que le confiero muchísima importancia. Como decía, estamos en un mundo globalizado. Lo cual significa que si uno se distrae se va a ver difuminado en la corriente global. En este sentido, me refiero a que hemos de poder identificarnos de alguna manera en este mundo. Es un ámbito en el que existen múltiples facetas, pero yo siempre insisto en cuatro: los nombres (y la manera de ponerlos), la cultura (cuentos, mitos, adivinanzas, refranes, música, etc.), el arte (pintura, escultura, artesanía), el folclore (danzas, cánticos, etc.). Lo que propongo es, por ejemplo, anteponer los nombres nuestros (fang, bubi, ndowe, bisio, annobonés) a los nombres occidentales (o cristianos), porque me parece más importante subrayar que se es fang o annobonés antes que, cristiano…
La apertura al mundo es otra cuestión que estimo merece especial atención. Cabe la posibilidad de que esa no sea la manera más reveladora de bautizar aquello que pretendo expresar. De todos modos, lo que quiero hacer entender es que aquí en Guinea Ecuatorial debemos de procurar una sociedad homologable a la de cualquiera de los países más avanzados, en el sentido de ofrecer la misma diversidad social. Lo que sucede es que aquí en estas latitudes tenemos una sociedad demasiado plana, es decir, no se aprecian muchos tipos de personas, y eso es un gran problema. Aquí, la inmensísima mayoría de la sociedad se inscribe en lo que en occidente se llama pueblo llano o ciudadanos de a pie. Es decir, gente cuyas preocupaciones se limitan a saciar los instintos básicos: sexo, comer y beber, ropa y calzado, coches, vivienda y alguna cosilla más que se me haya olvidado.
Tenemos la obligación de fomentar una sociedad con un abanico más amplio de preocupaciones. Del mismo modo que en cualquier país de los más avanzados nos encontramos con gente de todo tipo, aquí debemos de hacer lo mismo. Necesitamos gente preocupada por la evolución meteorológica, otros que se interesen por la diversidad de la fauna y la flora nacional, analistas sociales, articulistas, escritores, filósofos, inventores, investigadores de diversos temas, etc. Así, cuando un experto español sobre África (por ejemplo) expone sus teorías sobre nuestro continente o nuestro país, siempre podremos recurrir al homólogo nuestro de aquí para contrastar. Lo mismo cuando los laboratorios occidentales hablan de los nuevos materiales de construcción y las nuevas tendencias, nosotros también presentaríamos los resultados de nuestros investigadores… En definitiva, ofrecer al mundo nuestras aportaciones en todos y cada uno de los ámbitos del quehacer humano.

EYI Nguema Mengue
10 de noviembre de 2010
Ensenada de Riazor, está autorizada por el autor

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