jueves, 16 de diciembre de 2010

La huelga de los inquilinos, 1907

La Huelga de inquilinos de 1907 fue un movimiento popular contra la suba de los alquileres en las casas de inquilinato de Buenos Aires y otras ciudades argentinas, popularmente denominadas conventillos. La huelga se inició en agosto de 1907 y duró aproximadamente 3 meses. Tuvo una importante presencia de activistas anarquistas y socialistas.
Entre fines del siglo pasado y comienzos del presente, gran cantidad de inmigrantes llegaron a nuestro país buscando mejores condiciones de vida. Buenos Aires pasó de 180.000 habitantes en 1869 a 1.500.000 en 1914. Trabajadores provenientes de Europa, en especial de España e Italia, poblaron la ciudad con la esperanza de encontrar en este país posibilidades de ascenso social. Sin embargo, una buena parte de ellos se encontraron con una realidad muy distinta. El alto costo de los alquileres los obligó a vivir hacinados en conventillos. Actualmente en la zona sur perduran algunas de estas construcciones, otras fueron recicladas y se transformaron en viviendas particulares amplias.

En algunos conventillos de San Telmo y la zona Sur en general, que hoy encontramos a veces ocupados, en ocasiones abandonados, en alquiler o en venta, se escondían historias tenebrosas, realidades oscuras, muy distintas al ideal de auge y resplandor de la "república oligárquica". Según el Censo Municipal de 1904, más del 10% de la población total de la ciudad vivía en inquilinatos. En el siglo XIX el hacinamiento facilitó la propagación de pestes como la fiebre amarilla, que diezmaron a la población.

Las condiciones de los conventillos eran pésimas y los alquileres altísimos en comparación con los sueldos de los trabajadores. Las piezas tenían poca ventilación, -algunas no tenían ni siquiera ventanas- y en estas solían vivir hasta diez personas. Las autoridades municipales y nacionales, aunque reconocían el problema, hacían poco o nada por resolverlo. Para dar un ejemplo, en el Censo de 1904 se registraron 559 casas de inquilinato sin baños. La única ley que se ocupó de los conventillos, por iniciativa del diputado socialista Alfredo Palacios, fue la que prohibió el uso de medidores de agua.

Cada conventillo tenía un reglamento interno. En reiteradas oportunidades éstos imponían condiciones arbitrarias a los inquilinos. Por ejemplo prohibían lavar ropa, recibir huéspedes, tocar instrumentos musicales o mantener animales o niños en las habitaciones. El encargado se atribuía el derecho a inspeccionar las piezas a cualquier hora y cerrar la vivienda cuando se le ocurriera. Cualquier infracción servía como excusa para el desalojo. El propietario arrendaba la casa por una suma fija anual a otra persona, quedando ésta en libertad para disponer de los inquilinos, lo cual contribuía aun más al aumento de los precios. Pero esta situación no fue aceptada pasivamente. En este año se cumple el 90º Aniversario de la mayor huelga de inquilinos en la historia Argentina, la de1907. La Municipalidad había anunciado un aumento de los impuestos para el año siguiente. Los propietarios y arrendatarios trasladaron el problema a los inquilinos subiendo los alquileres. Los moradores de un conventillo de la zona Sur se declararon en huelga, rehusando pagar. Pronto el movimiento se extendió asumiendo proporciones inéditas. En las piezas humildes de los barrios, la negativa a pagar el aumento se extendió. Pese a los juicios de desalojo, casi mil "conventos", se adhirieron a la medida. La huelga fue un movimiento netamente popular que halló eco en todos los sectores sociales y políticos. Pese que en esa época no era frecuente la participación femenina, en este conflicto particular las mujeres fueron protagonistas. Amenazaron a los propietarios con tirarles agua hirviendo y cumplieron esta amenaza contra los militares y oficiales de justicia que iban a notificar de los desalojos por falta de pago. Enfrentaron a la policía con palos, escobas y otros objetos. Hubo manifestaciones de niños y niñas, portando escobas como símbolo, ya que se trataba de barrer la injusticia.

Entre los inquilinos hubo una notable solidaridad; casi el 80 % de los conventillos de la ciudad adhirieron al movimiento. Inclusive hasta se plegaron muchos policías que habitaban en "conventos". Buena parte de la prensa, apoyó a los huelguistas. Después de más de tres meses de conflicto, el movimiento perdió empuje. En algunos casos se aceptaron las demandas y los inquilinos festejaron sus victorias ruidosamente, unos firmaron arreglos en los que se le concedía parte de lo solicitado, mientras otros admitieron la derrota cansados del conflicto. El eco de la huelga fue tal que se extendió, aunque sin tanta dimensión, al Gran Buenos Aires, Rosario, Bahía Blanca, Mar del Plata, Rosario y La Plata, que reclamaron también rebajas de los alquileres. En Buenos Aires la victoria parcial de los inquilinos fue transitoria. Antes de fin de año los arrendatarios comenzaron a subir los alquileres al nivel anterior al conflicto. Las protestas de los inquilinos, confiados en el arbitraje de las autoridades, cayeron en el vacío. La actitud gubernamental fue un indicio de su estimación de las clases populares. Aunque reconocieron la justicia de los reclamos de los inquilinos durante la huelga, aplicaron la ley estrictamente en cuanto al orden y al cumplimiento de los derechos de los locadores y propietarios, actitud opuesta a la que tomaron en relación a la higiene de estas casas.

Pioneros de este conflicto social, uno de los más importantes de comienzos de la centuria, fueron los conventillos ubicados en la calle Ituzaingó 279, 235 y 255. Pronto se extendió de Barracas a San Telmo, a "La Cueva negra", ubicada en Bolívar entre Cochabamba y San Juan, y a las "Catorce Provincias", en Piedras entre Cochabamba y San Juan. Noventa años después en San Telmo persisten los problemas habitacionales, aunque en dimensiones y magnitudes completamente diferentes. Las idílicas imágenes de un pasado próspero en la Argentina de principios de siglo, se contrastan con lo que fue la vida real de la mayoría de sus habitantes. Con enormes sacrificios, muchos de estos inmigrantes que vivían en condiciones precarias, lograron que sus hijos puedan realizar estudios, lo que les permitió llegar en un futuro a integrar la clase media de nuestro país. Sin derechos por ser extranjeros, sin condiciones de trabajo dignas y extrañando a sus tierras, pero con una enorme voluntad, posibilitaron el progreso de sus descendientes.

En cada rincón de la zona sur nos encontramos con historias ocultas, olvidadas una y otra vez, marcadas por luchas en procura de dignidad, mejores condiciones de vida y apuestas al porvenir. Esas que hoy tanto nos hacen falta.

La Huelga de inquilinos. Escenas de la huelga.

"En la calle Defensa existe un conventillo cuyo encargado quiso sentar plaza de hombre guapo golpeando bárbaramente a un muchacho de tierna edad. Esta guapeza le valió una soberana paliza, paliza aplicada por las mujeres que habitan en la casa, quienes justamente indignadas ante la cobardía del casero bruto, acudieron a la defensa del menor para libertarlo de las garras del tigre.

Las valerosas mujeres, después de derribarlo al suelo impidiéndole todo movimiento, se les ocurrió la humorada de quitarle los calzones, largándolo en tal facha a la calle, provocando la risa de todos los espectadores de este curioso y divertido sainete. Fue necesario la intervención del vigilante de la esquina para que las inquilinas le devolviesen los pantalones."


Fuente: La Protesta Octubre 12 de 1907, Nº1161, pág.1.

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