sábado, 29 de enero de 2011

¡Que me hipotequen y que me prohíban construir!

En otras circunstancias, posiblemente hubiera dicho: ¡que nos hipotequen y que nos impidan construir! Porque sé que en la misma situación que yo se encuentra la inmensa mayoría de la población, sobre todo, los jóvenes que están empezando a trabajar (entre los que se encuentra el que abajo suscribe). Sin embargo, he optado por hacer esta exhortación en singular, sencillamente porque el grado de desorganización y de ausencia de perspectivas y del sentido de sociedad del que adolecemos invita a abstenerse de hablar en plural. Pero aquí dejo las puertas abiertas para que se sume todo aquel que se vea reflejado en este clamor (en el desierto?).
Aquí los jóvenes ganan unos salarios que oscilan entre los 100 000 y los 2 000 000 FCFA (152,44 € y 3 048,78 €) al mes, aproximadamente; siendo el salario medio (entiéndase el más frecuente) en torno a los 350 000 FCFA (533,54 €) al mes. Esta diferencia (calificable de abismal) es función, en buena medida, de la profesión y del sector en que se trabaja. El primer salario lo ganaría un operario sin cualificación que presta sus servicios en el sector comercio, mientras que el segundo correspondería a un licenciado (ingeniero, etc.) que trabaja en el sector del petróleo. Es sólo un ejemplo. Otro factor influyente en lo que se gana es el modo en que se ha conseguido el empleo. Los que acceden al puesto por recomendación de Tal, suelen ganar más, en la misma categoría, que los que lo hacen por otros medios (formación, méritos, suerte, etc.).
La costumbre aquí es que cada uno construya su casa. Insisto en lo de costumbre porque en países como el nuestro (estados de reciente creación; el nuestro tiene sólo 43 años) aún se funciona mucho por la costumbre, es decir, los estados no regulan la convivencia entre los ciudadanos ni de éstos con la naturaleza (y si lo hacen en forma de leyes, éstas no se aplican). Y la costumbre en estas latitudes marca lo siguiente: una vez que una persona empieza a trabajar, compra un terreno, que cuesta entre 3 000 y 10 000 FCFA/m2 (4,57 – 15,24€/m2), hace acopio de materiales y luego construye. En cuanto al terreno, destacar que los propietarios suelen ser particulares, que lo compraron previamente o que se lo apropiaron hace años. De este modo, uno adquiere el terreno donde puede. Semanas, meses o años después empieza a construir, sin necesidad de pasar por el ayuntamiento (no se presenta el proyecto ni se solicita licencia de ningún tipo). Esta es la principal razón por la que aquí más del 80% de las viviendas están emplazadas de tal forma que no tienen acceso rodado. Lo cual conlleva dos graves consecuencias: una, la inexistencia de direcciones (nadie puede decir: vivo en la calle X, nº Y, P N, C.P. Z), por eso ir a un sitio en el que no se ha estado antes es toda una odisea (se tiene que dar muchas vueltas y preguntar aquí y allá, a veces, no se puede llegar sino acompañado por alguien que haya estado previamente); y la otra, la imposibilidad de los bomberos a intervenir en mucho incendios, porque no hay acceso rodado hasta la vivienda en llamas.
Construir una vivienda digna; con digna, me refiero a una casa con proyecto previo donde se contemplen aspectos como condiciones de habitabilidad, seguridad estructural, etc.; en cuya ejecución se realicen correctamente las instalaciones (electricidad, fontanería, saneamiento) y con unos acabados aceptables supone tener que desembolsar a partir de unos 300 000 FCFA/m2 construido (457,32 €/m2). También huelga añadir que el concepto de vivienda digna abarca los servicios básicos necesarios durante su uso: electricidad, agua corriente y evacuación de aguas residuales.
De modo que para una vivienda de 70 m2 útiles habría que invertir unos 22 500 000 FCFA (34 298,80 €). Si comparamos estas cifras con lo que se gana, inexorablemente tenemos que concluir que el sector de la población aludido vive en casas indignas. Pues, tomando como referencia el salario medio de 350 000 FCFA (533,54 €) al mes, resulta que el sujeto que lo percibe necesitaría 5,36 años para construir una vivienda de estas dimensiones (sin imputar el coste del terreno). 5, 36 años en los que no comería, ni bebería, ni compraría ropa, etc. y además estaría viviendo gratis en casa de alguien. En efecto, lo que sucede es que, para no vivir en la intemperie, se compra cuatro tablas y cuatro pies derechos de madera (o bloques de mortero de cemento y arena), más chapas de hojalata y se levanta un cobertizo; a un lado se excava el pozo para el agua que se va beber y a otro, el que albergará las aguas residuales (fecales incluidas) y listo. Aquí cuando se habla de viviendas, en un 80% o más, se habla de construcciones de este tipo.
Sin embargo, si al señor del salario medio se le hipotecara a 100 000 FCFA/mes (152,44 €/mes), necesitaría 18,75 años para pagar la casa (cosa que no es ninguna barbaridad. En España ya hay hipotecas a 30 años). En este tiempo, habitaría en una vivienda digna y podría comer, beber, comprar ropa, etc.; en definitiva, podría vivir como un ser humano.
Por otra parte, si se implantara el sistema hipotecario y se prohibiera a la gente construir a su bola, habría otra gran repercusión positiva: el trazado urbano. Porque si sólo construyen las empresas, a petición de las promotoras, de la Administración o de propietarios particulares con gran poder adquisitivo, todas las viviendas resultantes tendrán acceso rodado. Y los bomberos podrán intervenir en todos los incendios y todos podremos disfrutar de las facilidades de tener direcciones.
Porque necesito vivir en una vivienda digna (y tengo derecho a ello) y porque soy consciente de que con mi poder adquisitivo no puedo construir una (a menos que un banco me financie el coste íntegro de la misma), por eso clamo: ¡QUE ME HIPOTEQUEN Y QUE ME PROHÍBAN CONSTRUIR!
Pos data: el banco nacional habla de hipotecas a 20 años. Ya pasé por sus oficinas para recabar información. Primero: los precios de las viviendas están muy por encima de lo que he señalado aquí, es decir, casi sólo para los del grupo del segundo salario (que son la minoría). Segundo: se trata algo así como de comprar sobre plano (lo cual no infunde mucha confianza). Tercero: es una campaña que no va acompañada de lo más importante, que es prohibir que la gente siga construyendo por su cuenta: como quiere, donde quiere y cuando quiere.
28 de enero de 2011

EYI Nguema Mengue
Arquitecto Técnico

Vive y trabaja en Guinea Ecuatorial.

Ensenada de Riazor, está autorizada por el autor







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