viernes, 11 de febrero de 2011

¿Cómo puede una mujer india violada acabar en la cárcel como culpable?

Una adolescente pobre en el norte de la India, de la casta más baja, acaba en la cárcel después de huir de sus supuestos violadores. Los supuestos violadores son hombres poderosos.

¿Cuál es la probabilidad de que esta historia vaya a mejor? Pocas, por decir algo.

Aquí el número de bodas de niñas es exagerado, el abuso de menores es desenfrenado, las desapariciones son muy frecuentes”, asegura Tapas Kumar Chakraborty, voluntario social y periodista en Uttar Pradesh, donde vive la joven víctima. “Los hombres poderosos y los mafiosos hacen lo que les da la gana”.

Y aún así, la historia de esta muchacha parece ser una excepción... al menos hasta ahora.

Pocos meses después de perder a su madre, esta joven de Banda, provincia de Uttar Pradesh, desapareció. Su padre, un campesino, rogó a un diputado estatal que le ayudara a encontrarla. El político le ayudó a rescatarla, y una vez encontrada le ofreció vivir en su casa y trabajar en su servicio doméstico. El padre aceptó.  “Pensó que allí estaría segura”, dice Chakraborty. “Pero lamentablemente no fue así”.

El diputado, Purshottam Naresh Dwivedi, y otros tres hombres supuestamente violaron y golpearon a la joven de 17 años repetidas veces. Ella intentó huir, pero la atraparon, pegaron y acusaron de robo ante la policía. La menor pasó un mes en la cárcel.

En la India no resulta extraño que hombres poderosos que abusan sexualmente de mujeres o las explotan utilicen su dinero o conexiones políticas para protegerse de las consecuencias legales.

“Este es uno de los casos de los que nos enteramos. Pero hay tantos, tantos, tantos casos que no se denuncian”, asegura Amitabh Kumbar, del Centro de Investigaciones Sociales. “La explotación de las mujeres pobres por parte de los políticos es algo común, no sólo en Uttar Pradesh, sino en todo el país”.

Pero gracias a una combinación de factores relacionados con su propia personalidad, a una activa sociedad civil y a las batallas políticas en su estado natal, la muchacha no sólo ha salido de la cárcel, sino que el diputado y otros hombres han sido detenidos. Incluso Raúl Gandhi, secretario general del Partido del Congreso y aparente candidato a suceder a su madre como primer ministro del país, viajó el pasado lunes a Uttar Pradesh y se reunió con la niña en su pueblo.

En un lugar como Banda hay pocas probabilidades de que una niña pobre se las arregle para salir de la cárcel y que las autoridades detengan a hombres poderosos. ¿Por qué en este caso las cosas son diferentes?

Para empezar, la joven en cuestión (una dalit, la casta hindú antes conocida como “intocables”) es una criatura de coraje excepcional.

En un país donde existe un enorme estigma social asociado a la violación, la mayor parte de las mujeres y niñas no denuncian los abusos sexuales, según Pouruchisti Wadia, del grupo de defensa de los derechos de las mujeres de Lawyer’s Collective. Las niñas y las mujeres temen que los demás no las crean o les echen la culpa a ellas por incitar sexualmente a los hombres. Si dicen algo, se enfrentan a la humillación pública y se les hará difícil encontrar marido.

“Si dices en tu barrio que has sido violada, te apartarán socialmente, no tendrás ningún sitio a donde ir, y tus padres no te podrán acoger en casa de nuevo”, explica Chakraborty. “Una niña de 17 años... ¡no sé de dónde sacó todo ese coraje!”, admite.

Si las niñas denuncian los abusos, lo más probable es que las asusten y las acosen, y al final acaben retractándose en la acusación. El caso de Banda es excepcional porque, como explica Ranjana Kumari, una destacada defensora de los derechos de las mujeres y presidenta de Women’s Power Connect, la joven no sólo denunció lo ocurrido, sino que se mantuvo fuerte frente a la presión.

Además de la fuerza demostrada por la víctima, el caso es diferente porque ha logrado reunir un enorme apoyo por parte de grupos de activistas y una potente cobertura mediática.
Tras la detención de la niña en Banda, su padre alertó a un grupo de activistas locales que defienden a las mujeres víctimas de abusos. La organización, llamada Gulabi Gang  (las mujeres del sari rosa), intenta mediar con maridos maltratadores en el distrito de Bundelkhand. Según cuenta su fundadora, Sampat Pal Devi, si hablando no consiguen que entren en razón, las activistas utilizan palos de bambú para humillar públicamente a los hombres hasta que dejan de pegar a sus mujeres.

Devi visitó a la joven en la cárcel y se hizo cargo de su caso. Gulabi Gang se manifestó entonces en el exterior de la cárcel de Banda y atrajo la atención de los medios locales y nacionales, así como de los políticos del partido de la oposición en Banda. Eventualmente, la presión popular logró que la menor saliese de la cárcel.

India tiene una robusta sociedad civil que ya ha reaccionado en alguna ocasión para evitar abusos por parte del sistema. Una fuerte atención de los medios y la indignación de la opinión pública obligaron a los tribunales a juzgar el caso de una niña de 14 años, Ruchika Girotra, violada por un alto cargo de la policía.

Y una película india actualmente en cartel en la India titulada “Nadie mató a Jessica” relata la historia del asesinato en Delhi en 1999 de una joven mujer a manos del hijo de un político. El asesino al principio se libró de una condena, pero debido a la fuerte presión pública la fiscalía recurrió la sentencia y finalmente fue declarado culpable y sentenciado a pena de cárcel.

“Para funcionar moderadamente bien una democracia necesita tres sectores que cumplan con su parte: el estado, la empresa privada y la sociedad civil”, escribía hace unos días el destacado autor Ramachandra Guha en la revista Outlook. “En 2011 parece que la sociedad civil es el que lo está haciendo mejor”.

La menor de Banda también se ha visto beneficiada porque tanto la oposición como el gobernante partido Bahujan Samaj han intentado sacar rédito político de su caso. Además, la ministra principal de Uttar Pradesh, Mayawati, es la primera mujer dalit que ocupa ese cargo en la India, y pese a las acusaciones de corrupción que pesan sobre ella ha conseguido hacerse una buena reputación por apoyar a los de su casta.

Si bien estos factores hay contribuido hasta ahora a ayudar a la joven víctima, algunos expertos legales dicen que todavía es muy temprano para dar por supuesto que tendrá un juicio justo.

“No confío en que por todo esto que ocurre la joven vaya a tener más oportunidades de ser tratada con justicia”, dice Wadia. Cuando el juicio sea visto ante un tribunal, lo más probable es que la muchacha tenga que soportar de nuevo una “terrible tortura” y afrontar preguntas degradantes sobre su moralidad, castidad y honor.

Factores relacionados con la mentalidad de los jueces, la formación de los profesionales sanitarios, la protección de los testigos y el tratamiento hacia las víctimas hace que los casos de abusos sexuales que llegan a los tribunales en la India sean de los más difíciles de terminar en una sentencia condenatoria, según el abogado de Bombay Vijay Hiremath.

Como ejemplo señala un caso de 2009, en el que el Alto Tribunal de Bombay anuló una condena por violación (a la víctima le rompieron la mandíbula y había tres testigos de lo ocurrido) porque el juez asumió que el testimonio de la mujer era inconsistente y que mentía. La mujer estaba casada, y si decía que se había producido “una penetración completa” tenía que saber también que el hombre eyacularía, según el razonamiento del magistrado. “Toda esta historia parece un camelo”, escribió en el auto.

El caso de Banda “debería de suponer el inicio de una aproximación más sistemática hacia los abusos sexuales”, afirma Aruna Kashyap, investigadora sobre derechos de la mujer de Human Rights Watch. Asegura que la India necesita revisar cómo se trata a las víctimas de los abusos, y eso incluye apoyo institucional.

La líder de Gulabi Gang asegura que en los últimos años se han empezado a producir lentamente cambios en su distrito, y que cada vez hay más mujeres que denuncian los abusos. Para asegurarse de que no haya más niñas violadas, dice, tiene que haber cambios en las costumbres sociales

“Los hombres deben de mostrar más respeto. Pero también creo que debería de haber más educación para las mujeres y más grupos como el mío, dispuestos a luchar en la calle por las víctimas de violaciones, para que los hombres aprendan la lección”, señala Devi.

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