sábado, 12 de febrero de 2011

El Pacto de Precarización de las Pensiones Públicas (PPPP)

José Antonio PérezATTAC Madrid / Resulta harto difícil digerir racionalmente la expresión ‘Acuerdo Social’ aplicada a ese infumable engendro firmado entre Gobierno y los sindicatos CC.OO. y UGT cuya única finalidad consiste en precarizar el sistema público de pensiones español. La conjunción del alargamiento de la edad de jubilación y la extensión del período de cálculo de la cuantía reducirán considerablemente las pensiones a corto y medio plazo. Esto es lo que han pactado Gobierno y sindicatos: precarizar sin contrapartidas. Ni siquiera fijando pensiones mínimas. ¿Eso es un pacto social o un pacto contra la propia naturaleza del pacto social?
Lejos ya de la oscura época franquista en la que un social era un policía represor, los actuales usos y costumbres políticos han conferido una connotación positiva al adjetivo ‘social’ aplicable a medidas que benefician a la sociedad: acción social, protección social, etc. Desde la Ley Dato de 1919, que inició tímidos pasos en materia de pensiones públicas, hasta ayer mismo, todos los acuerdos tomados entre sindicatos, patronal y gobernantes en materia de pensiones han ido dirigidos a mejorar las prestaciones de la Seguridad Social. Y cuando la relación de fuerzas no ha permitido mejorar nada, nada se ha acordado.
Sin embargo, y por primera vez en la historia, unos sindicatos que apenas si representan al 10% de la clase trabajadora de este país, y desde luego no representan en absoluto a la población desempleada, ha firmado con el Gobierno unos acuerdos cuya única finalidad consiste en precarizar el sistema público de pensiones español.
La esencia del pacto social es conseguir la convivencia pacífica de los diversos sectores que tienen intereses contrapuestos. Para ello, las distintas partes ceden en alguna de sus pretensiones, logrando a cambio algún beneficio. En esta ocasión, a cambio de introducir serios perjuicios no se ha obtenido ningún beneficio.
Argumentan los sindicatos que, ante la escasa movilización de la sociedad, no tenían fuerza suficiente para oponerse a la voluntad del presidente del Gobierno y Secretario General del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) para introducir severísimos recortes en la protección social. El argumento es cierto: a diferencia de lo que sucede en otros países europeos, nuestros sindicatos no despiertan gran entusiasmo en el conjunto de la población trabajadora española. Y mucho me temo que, a partir de ahora, todavía van a contar con menor aprobación.
Y sabiendo que ni representan ni entusiasman a la población ¿por qué se han sentado a firmar con el Gobierno a sabiendas de que no podían conseguir un beneficio social? Es más, -permitiéndome usar de una interjección admitida en situaciones límite- muchos nos preguntamos ¿por qué coño el PSOE ha aceptado la reconversión al credo neoliberal de su líder permitiéndole promover y firmar el PPPP? Y si Rodríguez Zapatero estaba atrapado en las garras del mercado, ¿por qué coño los sindicatos, en lugar de ayudar al presidente a liberarse de la presión ejercida por la delincuencia financiera internacional, firmaron el Pacto de Precarización de las Pensiones Públicas (PPPP)? ¿Por qué coño, para más inri, rubricaron ese Pacto contra natura en una impresentable cena en Moncloa? Que ya sabemos que en todos los trabajos se fuma, pero hacer ostentación de cenas palaciegas cuando te estás cargando un elemento tan sensible de la protección social como las pensiones de los mayores resulta obsceno.
Desde luego, es harto difícil que los sindicatos obtengan fuerza negociadora si no tienen detrás una amplia base social que los sustente. Los trabajadores precarios no se afilian ante el temor de que, si ejercen la acción sindical en sus empresas, serán represaliados. Constitucionalmente no se le puede a nadie negar el derecho a la sindicación, pero tampoco el empresario está obligado a renovar el contrato temporal a un empleado reivindicativo.
¿Acaso han hecho algo los sindicatos para revertir esta situación con acciones valientes e imaginativas? En sus inicios, el movimiento obrero tampoco tenía reconocido el derecho a sindicarse, pero valerosos sindicalistas reforzaron el movimiento con su acción. Llegando a ser ahorcados por ello, como los mártires de Chicago. Henry Ford organizó en sus empresas una policía interior destinada a reprimir cualquier intento de sindicación.
Defender el carácter público de las pensiones de jubilación no significa ignorar la necesidad de introducir algunas reformas en el sistema. La mayoría de nosotros emprende reformas en su vivienda, por lo general harto engorrosas, con el propósito de reparar deterioros o introducir mejoras que hagan más confortable su habitabilidad.
Al igual que una vivienda, también nuestro sistema público de pensiones necesita cierta reestructuración. Por ejemplo, establecer unas reglas más equitativas entre los períodos exigibles de cotización y la cuantía de la pensión. Hay millares de personas que, tras cotizar 30 años, por ejemplo, pierden su empleo al cumplir los 50, corriendo el riesgo de quedarse sin pensión si no cotiza durante ese período o, en el mejor de los casos, que le calculen la pensión sobre la base mínima de los 15 últimos años que ha permanecido en el paro.
En el otro extremo tenemos esas prejubilaciones doradas a los 52 años, recibiendo el importe íntegro de la pensión, llevadas a cabo en empresas mantenidas con dinero público, caso de Radio Televisión Española. Lo que crea un agravio comparativo muchos trabajadores del sector privado afectados por las expulsiones del trabajo forzosas a través de los Expedientes de Regulación de Empleo. Expulsiones que conllevan pérdida de años de cotización, con la consiguiente merma de la cuantía final de la pensión.
¿Se han preocupado los firmantes del Acuerdo de compensar estas situaciones? En absoluto. No sólo no solucionan la precariedad del presente sino que admiten la precariedad futura, al estipular en el acuerdo que el aumento de 15 a 25 años del período de cálculo de la cuantía de la pensión en base a cotizaciones es para compensar a aquellos trabajadores que hayan perdido su trabajo en los últimos años de su vida laboral.
Nos vienen con el cuento de que hay que introducir una reforma en el sistema debido al envejecimiento de la pirámide poblacional. Pero en la práctica ¡admiten que habrá precariedad laboral de aquí a 2027!
El acuerdo es muy preciso al detallar las tablas de aumento progresivo de la edad de jubilación y período de cálculo de la pensión entre 2013 y 2027. Sin embargo, tanta precisión en las tablas reductoras no tiene su contrapartida en las pensiones mínimas. Este aspecto se despacha de un plumazo en el acuerdo con la siguiente mención:
Pensiones de unidades económicas unipersonales: Aunque los incrementos de las pensiones mínimas han situado buena parte de éstas por encima del umbral de pobreza relativa, todavía las situaciones de privación se concentran, especialmente, entre pensionistas que viven solos con una edad avanzada. Se considera necesario reforzar el esfuerzo del sistema, desde la vertiente no contributiva, en estas situaciones, sin hacer distinciones por razón de la contingencia protegida.
¿Por qué, en lugar de bonitas ambigüedades no han incluido una tabla especificando una secuencia detallada de aumentos para que todas las pensiones mínimas dejen de estar por debajo del umbral de la pobreza?
Entre otras ideas fuerza del Argumentario que la dirección de UGT ha distribuido entre sus delegados para que intenten vender la moto a los trabajadores, se afirma: “La reforma del sistema de pensiones que se ha acordado es la más importante y la de mayor calado de la democracia española”.
En efecto, tan profundo es el calado de la reforma que ha logrado abrir una vía de agua en la nave de la protección social de este país. Nave que podría naufragar del todo si la sociedad en su conjunto no se moviliza para detener lo que han acordado las cúpulas de unos sindicatos que cada día representan a menos trabajadores.

Fotografía: Attac
 

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