jueves, 17 de marzo de 2011

Un reportero a bordo, Vuelo supersónico y estratosférico Sukhoi 30MK"



Ser piloto de combate es, sin duda alguna, un trabajo riesgoso. Pero viajar a 2.550 km/h hasta la estratosfera está en otro nivel. Son los pilotos de la Aviación Militar Bolivariana (AMB) quienes desde la llegada en 2005 de los modernos cazas Sukhoi 30 (SU-30) han convertido hazañas como éstas en una rutina diaria de su entrenamiento.
Interesados en conocer su estilo de vida extremo, viajamos hasta la base aérea de Barcelona, donde se encuentra el cuartel general del Grupo de Caza Simón Bolívar. Allí fuimos recibidos por el coronel José Silva Aponte, uno de los pilotos más experimentados, quien acumula más de 3.000 horas de vuelo en este sistema. Nuestra misión era montar una cámara de televisión dentro de un SU-30 y grabar su ascenso a máxima velocidad y altura hasta la estratosfera.
Los riesgos de esa clase de vuelos son elevados y, de hecho, potencialmente desastrosos. Es por eso que recibimos una maratónica charla de seguridad sobre cómo activar la silla de eyección, manejar la radio o sobrevivir en caso de una emergencia.
Incluso, debimos firmar un documento conocido como “Eximente de Responsabilidad”, en el cual exoneramos a la FANB en caso de que resultáramos muertos o heridos. La razón de tantas previsiones se debe a que es extremadamente atípico que civiles, como mi camarógrafo y yo, aborden un caza de combate supersónico a máxima potencia. Sólo una élite de pocos pueden hacerlo: pilotos de gran experiencia y de alta graduación.
Para los vuelos estratosféricos debimos colocarnos un traje especial conocido como BKK. Es bastante grueso y caluroso. El técnico a cargo me explicó que el mismo protege contra las fuerzas de gravedad, el congelamiento o, incluso, el calor extremo.
Cuando estuvimos en la pista a punto de abordar el avión, nos habíamos dado cuenta de que la expresión en nuestras caras fue el motivo de risas entre pilotos y técnicos. Sin embargo, uno de ellos nos comentó que no había de qué preocuparse. En 5 años, el Grupo Simón Bolívar tiene un récord de operaciones perfecto, sin incidentes ni accidentes.
VELOCIDAD AL EXTREMO
Despegamos de la pista a las 10:30 am. El arranque fue impresionante: de 0 a 300 km/h en cuestión de segundos. Aunque se sube a la estratosfera sobre el mar Caribe, debimos iniciar el ascenso en el estado Bolívar, sobre el embalse del Guri. La razón es que el avión es tan rápido que podría salir de nuestro espacio aéreo al norte, si comienza su aceleración allí. Por eso comenzamos 400km al sur del país. Los pilotos lo llaman: “El corredor de vuelo supersónico”, y es una de las áreas de pruebas de los sukhois.
Para llegar a la estratosfera tuvimos que volar a velocidad supersónica y romper la barrera del sonido. Es un estruendo poderoso y estremecedor que se siente en tierra. Pero a bordo es lo contrario, muy poco se escucha. Sólo una sensación infinita de aceleración. Vía radio, el piloto me explicó que no escucharíamos el estruendo, pues íbamos más rápido que el sonido. Pasamos los 1.350km/h y, luego, estuvimos a match 1.
Continuábamos subiendo y, a pesar de que eran las 11 am, el cielo comenzó a oscurecerse como si fuera de noche. Se formó hielo en el vidrio del avión. El piloto incrementó la potencia, llegando por encima de los 2.000 km/h. La temperatura exterior era de -98 grados bajo cero y aunque el avión tenía calefacción, el frío fue extremo y la intensidad del sol también. Habíamos atravesado una parte de la capa de ozono y los rayos solares quemaban la piel como nunca lo harían a nivel del suelo. Rápidamente vuelvo a colocarme los guantes del traje.
El piloto me preguntaba, cada 5 minutos, cómo me encontraba. De pronto, pidió algo insólito: quería que saludara por la ventana. El otro avión, que estaba junto a nosotros, lo había solicitado. Era el camarógrafo que deseaba que lo filmara estando arriba. Nos encontrábamos allí para hacer un reportaje de televisión. Hice lo que pidió: tomé mi cámara y grabé. Nos hallábamos eufóricos por lo increíble del paisaje a esa altura. Ya no teníamos miedo; me di cuenta de que estábamos con los mejores pilotos. El viaje fue un éxito.


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