sábado, 30 de abril de 2011

Seis años de mi vida (1939-1945) libro de Federica Montseny


Vida y pasión, sufrimientos y dolor de una de las personas, entre millares, que en 1939, perseguidas y derrotadas, cruzarían la frontera francesa esperando encontrar una paz y un respeto que era imposible en su patria. Sin embargo, le tocó vivir unos años trágicos, un momento de la historia en que los valores mas grandes y mas excelsos del ser humano fueron sumergidos bajo una ola de barbarie jamás vista hasta la fecha. Que este testimonio sirva para que todo ese horror, esta ignominia no se repitan jamás y no la vivan nunca otras mujeres y otros hombres.

Título: Seis años de mi vida (1939-1945)
Idioma: Castellano
Galba Edicións 
Páginas: 236
Año: 1978
ISB: 84-7136-231-1

Otro libro de Federica Montseny: Éxodo, pasión y muerte de españoles en el exilio.




viernes, 29 de abril de 2011

Carta abierta al comandante Hugo Chávez Frías

Camarada Joaquín, muchos mensajes han llegado a nuestro correo electrónico para que te mantengas altivo y digno ante el tirano, un obrero venezolano nos ha pedido que te transmitamos este mensaje; “ningún aumento de salario nos hará olvidar que hoy duermes en las mazmorras del régimen fascista colombiano por la ceguera de la derecha endógena de nuestro gobierno”. De nuestra parte camarada, desde nuestra trinchera de ANNCOL nos preparamos para seguir el camino, no nos callarán!

“Los términos medios son la antesala de la traición”.
Che
 
Nos dirigimos al comandante de la Revolución venezolana, al ciudadano presidente de la hermana República Bolivariana de Venezuela y por su intermedio al glorioso pueblo venezolano.

Materializar el sueño de la Patria Grande es un imperativo ético para todos los herederos del pensamiento del Libertador, este proyecto para ser sólido y realista debe construirse sobre pilares fundamentales que consoliden su fortaleza moral y su ética revolucionaria, uno de esos pilares es el internacionalismo y la solidaridad. La solidaridad es la ternura de los pueblos, decía el Che.

Desde antes del inicio mismo del proceso revolucionario venezolano, muchos hombres y mujeres de diferentes países del mundo se han sumado codo a codo a este proceso, entre ellos cuadros políticos colombianos, muchos de ellos expulsados por el conflicto colombiano, quienes han hecho de este proceso, nuestro proceso y hoy los encontramos en diferentes instancias de la lucha en Venezuela desdoblando sus conocimientos y potencialidades, aportando su experiencia con perspectiva de Patria Grande y de socialismo. El proceso revolucionario venezolano lo encarnan hombres de carne y hueso, muchos de ellos anónimos, esos que luchan toda la vida, los imprescindibles y es por eso que, desde la base de este proceso, estos hombres exigen que sus dirigentes estén a la altura moral del compromiso adquirido con su pueblo, con todos los pueblos del mundo, especialmente con América Latina.

Nos preguntamos hoy si esos dirigentes son capaces de mirar a los ojos a la esposa de nuestro camarada Joaquín Pérez Becerra, si son capaces de mirar a los ojos a su pequeña hija y decirle que son revolucionarios y que son antiimperialistas, sobre todo después de enviar a un comunicador social alternativo a las mazmorras del régimen más criminal de América Latina. Hombres del País Vasco han sido extraditados, colombianos sindicados por el régimen de Santos de insurgentes han sido extraditados por orden del gobierno venezolano, ¿es qué esa acción es digna de dirigentes que pregonan a voz en cuello: “Patria, socialismo o muerte, venceremos”? No, mil veces no. Qué pena, pero ahí saltaron la talanquera.

El pueblo venezolano debe asumir la dirección colectiva del proceso revolucionario, no se puede permitir que la derecha endógena siga ahí, como quinta columna del imperialismo y de la derecha internacional. Hombres como Izarra y otros ineptos que hace parte de la burocracia del proceso revolucionario deben ser llamados a cuentas por las fuerzas vivas de este proceso. Izarra debe renunciar, porque su comportamiento no tiene nada de ética cuando anuncia “la captura de un terrorista como prueba fehaciente del compromiso del gobierno venezolano frente a la lucha contra el terrorismo”. No es ético que Izarra, teléfono en mano, llame a los periodistas de TELESUR y de otros medios para silenciarlos y callarlos, ordenando que ocultaran la nacionalidad sueca de nuestro camarada. Venezuela duró tres días con censura oficial, ahí tenemos que felicitar a los camaradas de los medios alternativos de comunicación que rompieron la censura para denunciar el secuestro de nuestro camarada y su extradición a Colombia.
Una dirección colectiva tiene menos posibilidades de equivocarse que un dirigente, rodeado de incapaces, áulicos ineptos, sin perspectiva-memoria histórica y sin conciencia de clase. Ciertos miembros del gobierno venezolano deben una explicación a los pueblos bolivarianos y a los pueblos del mundo por la entrega servil al régimen colombiano de nuestro camarada. Esos mismos dirigentes olvidaron que la oligarquía colombiana fue la primera en reconocer el golpe de Carmona el breve. Esta misma oligarquía ha secuestrado a revolucionarios en suelo venezolano, ha sobrevolado con aviones espías y ha enviado unidades especiales de las FFMM para infiltrarse en suelo venezolano y no podemos olvidar la invasión de fuerzas paramilitares promovida desde Bogotá. Esta misma oligarquía estimula el tráfico de drogas, el tráfico de productos básicos como la leche, el cemento, entre otros, para que el proyecto bolivariano fracase.

Más allá de las consideraciones internacionales, un gobierno como el venezolano que se presenta ante el mundo como la cabeza de un proyecto emancipador y revolucionario, no puede, bajo ninguna circunstancia, devenir en cómplice de la extradición de un ciudadano europeo a un régimen fascista y genocida como el régimen colombiano. Todo opositor al régimen colombiano es por antonomasia un “terrorista” según el léxico oficial del régimen colombiano y de la derecha internacional.

Recordemos que Mandela en su momento fue tildado de terrorista, Ilitch Ramírez (Carlos) ciudadano venezolano, internacionalista de la causa Palestina ha sido considerado terrorista. Frente al primero, los dirigentes mundiales han posado todos para la tomarse la foto, los mismos que antes le llamaron terrorista, frente a Carlos, la diplomacia venezolana ha sido mediocre para exigir su regreso a Venezuela. Todos los luchadores sociales y quienes osan oponerse al imperialismo son terroristas, y eso parece que lo olvidaron los burócratas que obedecieron a Bogotá para extraditar a un periodista alternativo, considerado por el régimen fascista de Bogotá como terrorista.

El gobierno venezolano, con el compañero comandante Hugo Chávez Frías a la cabeza, asume ante los pueblos del mundo la responsabilidad de todo lo que pueda sucederle al camarada Joaquín Pérez Becerra en manos del gobierno genocida de Juan Manuel Santos.

Quienes tomaron esta decisión, violando la carta magna venezolana y pasando por encima de los principios básicos que todo revolucionario debe preservar, deberán rendir cuentas al soberano.

Este hecho, la pérdida de libertad de un comunicador alternativo, debe servir para redefinir el rumbo del proceso venezolano, mil gracias desde ANNCOL a todos los revolucionarios del mundo que han tenido el coraje de oponerse a este acto indigno y bajo.

Terminamos diciendo como el Che: “Los términos medios son la antesala de la traición”

Comandante Chávez, usted tiene la palabra.

Camarada Joaquín, muchos mensajes han llegado a nuestro correo electrónico para que te mantengas altivo y digno ante el tirano, un obrero venezolano nos ha pedido que te transmitamos este mensaje; “ningún aumento de salario nos hará olvidar que hoy duermes en las mazmorras del régimen fascista colombiano por la ceguera de la derecha endógena de nuestro gobierno”. De nuestra parte camarada, desde nuestra trinchera de ANNCOL nos preparamos para seguir el camino, ¡no nos callarán!

Fuente: Rebelión
 

jueves, 28 de abril de 2011

Germinal, (Cultura Obreira na Coruña, 1902-1936)


En xuño de 1902 fúndase na Coruña o Centro de Estudios Sociais "Germinal" . Promovido por un grupo de obreiros fundamentalmente de ideoloxía libertaria, pero coa participación dalgúns republicanos. Germinal foi una das institucións máis coñecidas, activas e significativas da Coruña do primeiro tercio do século XX. Porque calquera coruñés da época sabía da existencia de Germinal, o Centro organizador de conferencias, mitins, excursións, clases nocturnas para obreiros… e que contaba coa mellor biblioteca privada da cidade, así como cun Orfeón durante un tempo e un Grupo de Declamación.
Germinal, xunto con La Antorcha Galaica del Libre Pensamiento, foron as institucións coruñesas de referencia para todo tipo de actos relacionados coa defensa da liberdade de pensamento, o anticlericalismo, as ideas libertarias e societarias. Ben como organizador, ben como como colaborador, o Centro estivo sempre presente nos acontecementos deste tipo que tiveron lugar na Coruña. As múltiples censuras que tivo que soportar non foron capaces de matar a institución que, dende o principio, nace con espíritu rebelde e disposta a soportar todas as dificultades que se presenten no seu camiñar.
Os máis destacados líderes obreiros coruñeses foron, nalgún momento da súa traxectoria, directivos de Germinal, de ai que non se poida entender o labor desta sociedade, de emancipación pola cultura sen situala no seu contexto histórico.
Con este libro, Carlos Pereira Martínez e Ana Romero Masiá contribúen a proporcionar un pouco máis de luz nese ámbito xeneralmente esquecido polos historiadores, o mundo obreiro, que se vi una necesidade de xerar una proposta cultural alternativa para a súa formación intelectual.

Autores:

Carlos Pereira Martínez:
Licenciado en Xeografía e Historia pola UNED, cursou estudios de doutorado en Historia Medieval na mesma. É Historiador do Concello de Culleredo. Especialista na Orde do Temple, ten publicados diversos libros e artigos de temática medieval como, Os Templarios.  Artigos e ensaios (2000), A Orde de Alcántara na Galiza Medieval (2001). Sobre historia contemporánea, publicou, Fábrica de Armas da Coruña 1998), Anxo Senra Fernández (1999), ou Asociacionismo e Movemento obreiro en Oleiros (2002).

Ana Romero Masiá:
Cursou estudios de Historia e Historia da Arte, doutorándose en Historia Contemporánea na Universidade da Coruña. É catedrática de Historia no Instituto “Monte das Moas” da Coruña. Como arqueóloga, dirixiu as escavacións  do castro de Borneiro (Cabana de Bergantiños). Ten publicados numerosos libros sobre arqueoloxía e prehistoria, sobre didáctica e pedagoxía da historia e sobre historia contemporánea, destacando entre estes últimos, A fábrica de Tabacos da Palloza (1997), Salgadeiras e conserveiras de pescado en Galicia (2000), Republicanismo coruñés (2001), e Severino Chacón. Líder sindical do mundo do tabaco (2003).

Título: Germinal, Centro de Estudios Sociais (Cultura Obreira na Coruña, 1902-1936)
Autores: Carlos Pereira Martínez e Ana Romero Masiá
Idioma: Galego
Briga Edicións 
Páginas: 180
ISB: 84-932734-2-2


miércoles, 27 de abril de 2011

Corrupción y poder

Vivir en el País Valenciano hoy y sobrevivir como ciudadana requiere de muchas dosis de autocontrol y sobre todo de sentido del humor. También ayuda a la supervivencia ciudadana la reflexión despojada de partidismos y de la ira que provoca que los gobernantes de nuestro territorio -con Francisco Camps a la cabeza- nos hayan sumido en la miseria política en la que nos encontramos y convertido, de paso, en hazmerreír de toda España. Esta reflexión me ha llevado a algunas conclusiones que en estos días agitados previos a las elecciones, me gusta compartir con la gente que acude a nuestros actos.
La corrupción es un síntoma. La causa es el abuso de poder. Y la paciente enferma es la democracia. Partamos de esta premisa para poder combatir eficazmente la enfermedad. Hace tiempo que el Partido Popular en nuestro territorio ha confundido la mayoría absoluta, con un ejercicio de poder ilimitado a la par que descontrolado. Todos los posibles filtros de control son anulados, entorpecidos o directamente eliminados. Hace tiempo que a los diputados de la oposición se les impide una de sus funciones constitucionales básicas, como es el ejercicio de control de gobierno, hasta el punto de que en poco menos de dos años el Tribunal Constitucional ha condenado por cinco veces a la Mesa del Parlamento Valenciano –dos veces a la Mesa de la anterior legislatura y tres a la de la presente legislatura- por vulnerar el derecho de los parlamentarios y conculcar el art. 23 de la Constitución. Un escándalo democrático sin precedentes que hubiera llenado portadas de diarios y telediarios si hubiese ocurrido en Madrid, Euskadi o Barcelona.
Opacidad, domesticación de los órganos de control, debilidad de los mecanismos de defensa de la democracia, unido a una política basada en el ladrillo, la economía recreativa de grandes eventos que derrochan mucho dinero público en muy poco tiempo, pero no generan riqueza distribuida, ni empleo, ni tienen componente estratégico alguno, son el caldo de cultivo idóneo para la corrupción. La borrachera de poder hace el resto, puesto que instala entre los gobernantes la sensación generalizada de la impunidad. ¡Las urnas me absolverán!
Las voces discordantes son unidas a la red clientelar, se las domestica o cuando son renuentes a la compra-venta de voluntades, directamente se las amedrenta, amenaza, persigue, difama, etc. todo vale en un juego en que se adultera el objetivo de la política –gestionar las políticas y dinero públicos, conforme al ideario y programa de cada uno- para dirigir cualquier acción institucional a la ambiciosa tarea de perpetuarse en el poder, en una confusión constante y consciente de partido e institución. Cada vez menos lugar para la política. Cada vez pesa menos la gente real y sus problemas reales. Solo importa estar en el poder, mantenerse ahí arriba. Cueste, lo que cueste. Caiga quien caiga. Prevarique quien prevarique o malverse quien malverse. A este tipo de fiesta siempre acaban uniéndose algunos corruptores a los que se las trae al pairo quien gobierne, porque su objetivo es llenar sus propios bolsillos. Pueden aliarse con cualquiera con tal de cumplir objetivos. Es en ese momento en el que la política la decide cada vez menos el que gobierna y cada vez más el que pretende extraer beneficios particulares de la cosa pública. En esa calculada estrategia de expolio de las arcas públicas está inmersa la política valenciana. De este latrocinio calculado somos víctimas los ciudadanos y ciudadanas valencianos, que hemos de ver cómo se deterioran nuestros servicios públicos, cómo se construyen infraestructuras inútiles y con sobrecostes insostenibles, que han mermado el erario y elevado exponencialmente nuestra deuda, cómo nuestro territorio ha sufrido el impacto de la especulación urbanística desaforada o cómo han sido depredados nuestros recursos naturales, por poner sólo algunos ejemplos de las terribles consecuencias de una manera obsoleta de entender el poder. El poder sobre las personas, frente al poder ciudadano para hacer, para crear, que es el que reivindicamos.
El problema es que el precio por estos desmanes lo pagamos todos, no sólo en la forma en que enumeraba con anterioridad, sino también con una profunda desafección democrática. Y si la falta de transparencia es la antesala de la corrupción, la desafección democrática unida a una crisis económica como la que estamos viviendo, siempre ha sido preludio de los peores momentos de nuestra historia reciente. Finlandia sólo es un aviso.
Es evidente que en la defensa democrática y la lucha contra la corrupción el componente de ética personal es importante. Pero desde nuestro punto de vista también es posible cambiar las políticas y revertir la situación de desprestigio de la política. Transparencia en la gestión; publicidad de los contratos y procesos de contratación accesible a los ciudadanos; introducción del sorteo en las adjudicaciones públicas como medio de elegir entre diversas opciones que cumplen unos requisitos previos; control de los pagos por caja fija; oficinas antifraude dedicadas a prevenir, disuadir y detectar las posibles irregularidades; elección de los órganos de control de manera que la oposición proponga a la mayoría de sus miembros; participación ciudadana para el establecimiento de prioridades presupuestarias o elección de obras de envergadura; requisitos de transparencia a las empresas con las que contrata la administración; elección de banca ética para colaborar con las administraciones públicas; limitación de mandatos de los cargos públicos; incompatibilidades más rigurosas, etc. son sólo algunas de las propuestas que defendemos y que sin duda mejorarían nuestra calidad democrática y fortalecerían nuestro estado de derecho. En definitiva se trata de algo bastante antiguo pero cuyas motivaciones son actuales: limitar al poder y someterlo a las reglas democráticas. Ni más, ni menos.

Mónica Oltra es diputada de Compromis y miembro del Consejo Asesor de Equo

Fuente: Equo
 

martes, 26 de abril de 2011

¿Por qué somos así? 2: Viaje en coche de línea.

Aquí llamamos coches de línea al transporte público. Aunque puede que no sea exactamente lo mismo (creemos que alguna vez ya dijimos que aquí casi todo es fraudulento; nombres vacíos), por lo que precisando un poco, diremos que los coches de línea son aquellos que transportan pasajeros y carga de una localidad grande (solemos hacer el esfuerzo de no decir ciudades, para no ahondar en la confusión) a otra, o de las localidades grandes a los poblados.
Estos vehículos pueden ser turismos, camionetas, furgonetas, autocares o autobuses. Sin no nos falla la memoria, hasta hace unas semanas, no había autobuses (al menos, en la Región Continental) prestando este servicio.
Aquí gustamos de la libertad, por eso, los vehículos que realizan este trabajo no están sujetos a ningún tipo de reglas. Los coches pueden ser nuevos o dignos de yacer en una chatarrería; pueden viajar un cerdo vivo al lado de un pasajero sentado sobre racimos de plátanos, da igual; lo único que importa es la voluntad del propietario del vehículo a prestar estos servicios y la del cliente a resignarse ante tales delicadezas.
Pues, hace unos días, las circunstancias nos condenaron a viajar en coche de línea. Aquella experiencia es la responsable de estas líneas. Para empezar, la estación, como decimos aquí, no constituye ningún tipo de construcción. Se trata de una zona aledaña al mercado (generalmente) donde se ha convenido que carguen y descarguen los coches de línea (en plena calle). Si bien es cierto que en una determinada localidad hay una especie de andén cubierto y al lado una fila de asientos en una especie de sala de espera. Como decíamos, lo de la estación se limita al nombre (de ahí, el fraude del que hablábamos), por lo que ahí no se ofrece ningún tipo de servicio: no existen horarios de salidas y llegadas, ni rutas, ni información de ningún tipo (al menos, escrita), ni establecimiento para hacer amena la espera; un lugar donde tomar un refresco o un helado (que aquí hace un calor de muerte).
¿Y cómo se funciona? Muy sencillo: uno se acerca a la “estación” y pregunta a cualquiera que encuentre por ahí si hay algún coche próximo a salir hacia su destino (el del que quiere viajar). Si lo hay, uno se acerca a donde se compra el billete. Hay “compañías” que entregan una especie de boleto, otras se limitan a apuntarte en la lista de pasajeros y, algunas, ni lo uno ni lo otro (supongo que lo anotan en su cabeza). Así, hasta que no esté lleno el coche o que el conductor desista de su intención de llenarlo, éste no sale. A veces, por falta de pasajeros, al final, el coche no parte y devuelven el dinero a los que ya habían pagado su plaza. Si hay muchos pasajeros, el conductor da gracias a Dios, pues, eso supone que ha tenido suerte, ya que podrá sobrecargar el vehículo: en una línea de cinco asientos, por ejemplo, mete siete pasajeros (o más); y cuando los asientos ya estén a rebosar, deja a unos cuantos pasajeros de pie en el pasillo; eso en viajes de hasta más de 220 km. Dicen que el dinero resultante de esta sobrecarga va directo al bolsillo del conductor (y un poco alde su ayudante), ya que al propietario del vehículo sólo le llevan lo correspondiente al aforo legal del aparato. Pero no es que el conductor le robe a su patrón a costa de los viajeros, no. Veamos, el conductor cobra un salario deficiente (que no le da para vivir), y resulta que su jefe se lo asigna porque sabe que él (el conductor) va a sobrecargar el vehículo y disponer de ingresos extra. Así cerramos el círculo vicioso: sobrecarga el coche porque le pagan poco y le pagan poco porque sobrecarga el coche. Y ¿qué dicen los viajeros o la autoridad? No les parece de su incumbencia.
Durante la trayectoria, el conductor se toma ciertas libertades, por ejemplo, parar a su capricho. Y luego, no sé si para recuperar el tiempo perdido, viajar a más de 160 km/h (en carreteras repletas de curvas y con una anchura poco generosa) y realizar adelantamientos peligrosos a todo lo que se le ponga por delante (camiones incluidos).
Para acabar definitivamente con la paciencia de los pasajeros están las barreras. Las barreras son unas especies de controles militares diseminadas por todo el suelo patrio. En trayectos de unos 220 km, existen por lo menos seis de éstas. En algunas se pasa “tranquilamente”, pero en otras, se tiene que apear del coche y responder a preguntas como: ¿guineano? ¡Nombre y apellidos! ¿Para dónde?
Echo de menos una estación de autobuses con sus andenes, su sala de espera, su cafetería; información sobre salidas y llegadas, horarios, rutas; ocupar un asiento solo durante todo el trayecto. También echo de menos las reglas sobre el estado de los vehículos que realizan el transporte y sobre las condiciones en que han de viajar los pasajeros, etc.

21 de abril de 2011

EYI Nguema Mengue
Arquitecto Técnico
Vive y trabaja en Guinea Ecuatorial.

 

lunes, 25 de abril de 2011

Keynes vs. Hayek

Por Sandra Russo / A propósito de la reunión en Buenos Aires de la Sociedad de Mont Pelerin, me puse a releer algunos párrafos de su fundador, el Premio Nobel de Economía 1974, Friedrich Hayek. Descubrí a la Sociedad de Mont Pelerin cuando estaba escribiendo Jallalla, mi libro sobre Milagro Sala. Paradojas. Buscando contexto para hablar de una organización social de excluidos que surgió en los ’90 en la provincia más pobre de un país salvajemente neoliberal, me topé con Hayek. Fue a través del libro Jujuy bajo el fuego neoliberal, editado en 2010 por la Universidad de Jujuy y compilado por el historiador Marcelo Lagos, que accedí al pensamiento de la Sociedad de Mont Pelerin. Era un acierto de ese libro incluir un capítulo introductorio sobre los postulados de ese economista austríaco, era necesario pasar por Hayek para entender la pobreza jujeña.
Se ha señalado en estos días que cuando Mario Vargas Llosa habla de la libertad, se refiere a la libertad de mercado, aunque hable de las libertades individuales, que son mucho más defendibles ante audiencias masivas. Después de todo, también la palabra “liberal” tiene sus yeites: en algún sentido, liberales somos todos los que no somos conservadores. El liberalismo inspiró a Whitman en su Canto a mí mismo. Pero la Sociedad de Mont Pelerin no habla exactamente de poesía.
Para Hayek, el mercado era una “fuerza natural”. Habla de él hasta con cierta lírica, y no importa qué es lo que haya que sacrificarle: el mercado es un dios pagano que exige víctimas propiciatorias. Lo extremo del pensamiento de Hayek fue creer a rajatabla en la sabiduría de los movimientos intestinales del mercado, casi se diría que los confundió con una coreografía celestial. Sin insistir demasiado en la fe democrática, Hayek sí insistió en la idea de mercado como una matemática con leyes propias a cuyo ritmo las sociedades deben abandonarse: éstas son, más específicamente, “las leyes de la desigualdad”.
Hayek defiende la desigualdad. Y cree que el Estado no tiene que hacer nada para remediarla. Ese es el paradigma neoliberal por excelencia, el que nunca se explicita, pero es la consecuencia, la experiencia, la memoria las que nos lo indican como certeza. Veámoslo a Macri.
Pero Hayek era un intelectual y en consecuencia defendió su teoría sin los eufemismos que sus seguidores usan como máscaras, ya que ahora, después de la verdadera experiencia neoliberal –después de todo, Hayek trabajó sólo teoría–, si hicieran campaña diciendo la verdad, nadie los votaría. Ese es el verdadero problema de esa ideología ante las democracias populares latinoamericanas. No los “populismos”. El pensamiento que nació al fragor histórico de los Estados nazi, comunista o fascista, necesita siempre tener enfrente un eje autoritario para erigirse en defensor de la libertad. Y, en rigor, cualquier Estado que defienda a los débiles es para ellos autoritario. El deber del buen Estado neoliberal es privatizar, no estatizar. Y su fortaleza es la impiedad.
“El rápido progreso económico parece ser en gran medida el resultado de la desigualdad, y resultaría imposible sin ella. El progreso a tan rápido índice no puede proseguir a base de un frente unificado sino que ha de tener lugar en forma de escalón, con algunos más adelantados que otros”, escribió Hayek.
Si el Estado interviene para remediar la desigualdad, a eso lo llama “usar la fuerza”, y eso “destruye la libertad”. Y no hay peor enemigo del mercado que la organización social de cualquier tipo. La gente no tiene por qué andar organizándose, y los políticos no sirven para mucho: Hayek decidió que sus seguidores serían intelectuales, economistas, escritores.
Una breve digresión: la prueba y efecto del Pensamiento Unico, y el dispositivo de transmisión de poder que puso en marcha Hayek, es el caso de Aznar y Rodríguez Zapatero, o los partidos a los que representan, el PP y el PSOE. Aznar forma parte de la Sociedad de Mont Pelerin. Zapatero no, pero aplica las recetas neoliberales y España parece tener un gobierno socialista, pero qué importa. Vargas Llosa ahora votará por Humala, que parece de izquierda, pero qué importa: la apuesta siempre será neutralizar a la política, infiltrarse en la realidad como “una fuerza natural” contra la que no se puede hacer nada. Hayek concibió un orden económico defendido por economistas e intelectuales para prescindir de la política. Ese es el espíritu de la Sociedad de Mont Pelerin, el nombre de la estación suiza en la que mantuvieron la primera reunión, en 1944. Entre los presentes estaba el joven Milton Fridman, a su vez Premio Nobel 1976, y quien se cargaría luego todos los dudosos laureles de la aplicación del neoliberalismo.
Aunque en su época existían realmente los enigmas de los regímenes totalitarios, Hayek demostró desde un principio que el suyo era un pensamiento tan radical que no podía virar el eje: pronto se convirtió en el principal detractor de las ideas de otro economista que buscaba respuesta para la Gran Depresión y cuyas ideas fueron las elegidas para dar vuelta la página histórica con el New Deal y luego con el Plan Marshall. El gran duelo económico y político de los años ’30 lo mantuvieron Friedrich Hayek y John Maynard Keynes.
Se me ocurrió googlear Hayek vs. Keynes, y lo que saltó fue un rap. Increíble. Lo produjo John Papola, un creativo ex MTV y Nickelodeon que ahora trabaja en Spike TV. Es un rap educativo, y con una letra que hace constar sus fuentes bibliográficas.
El estribillo es:
(Juntos) Hemos discutido al revés y al derecho por más de un siglo.
(Keynes) Yo quiero dirigir los mercados.
(Hayek) Yo quiero liberarlos.
(Juntos) Hay un ciclo de auge y contracción y buenas razones para temerlo.
(Hayek) Culpa a los bajos intereses.
(Keynes) No... Es el espíritu animal.
En 1974, Hayek compartió el Nobel de Economía con el sueco Gunar Myldar, un inspirador de Keynes. En los ’70, cuando el neoliberalismo ya era aplicado en varios países en democracia y en dictaduras, Myldar renunció a él, y pidió que se anulase el Nobel de Economía. En la ocasión, acusó a Hayek de “carecer por completo de conocimientos epistemológicos”.
En el fondo de esa objeción está el reproche por el fanatismo acrítico a las leyes del mercado, la sobreestimación de la economía y el desprecio por la política, especialmente por aquella que se piense como herramienta igualadora. Hayek no negó el “espíritu animal” del mercado, su salvajismo, la inercia en la que el grande se come al chico. Pero lo avaló, argumentando por ejemplo que muchas veces los países crecen gracias al desempleo, y que en consecuencia el Estado no debe hacer nada para evitarlo. Lo enmascaró con su idea de la libertad, de un modo que hoy suena brutal y pueril: “Cada hombre es libre de morirse de hambre”, aseguró.
El debate Keynes Vs. Hayek no está saldado. Lo demuestra la Sociedad de Mont Pelerin en Buenos Aires, y Vargas Llosa hablando de la libertad. Es bueno saber de qué habla Vargas Llosa cuando habla de libertad.

Fuente: Página 12 

Leer también: Aquelarre neoliberal de Walter Goobar 
Fuente: Miradas al Sur