sábado, 30 de julio de 2011

¡Socializar la medicina ya! Los desagradecidos

“no hay peor cuña que la del mismo palo”

Antiguo refrán que lo han convertido en axioma, los que han tenido la suerte de estudiar medicina en este nuestro país de manera gratuita. Donde el Estado venezolano se ha esmerado por tener sus facultades de medicina, al corriente, pero que los manejadores de los presupuestos asignados por el Estado venezolano, se encargan de dilapidar, escondiéndose en una mal llamada e interpretada “autonomía universitaria” y que dejaron a un lado la investigación científica. Parafraseando a un “señor feudal” mejicano, “échese a un lado”: así se comportan y pasan resoplando sus “narizotas”, junto a los que piensan que son tontos, que no es otro, que el pueblo.

Gratis, como lo lee usted, ¡GRATIS! ¿Por qué no existen escuelas de medicina en universidades privadas? Por la sencilla razón, de que son insostenibles para ellos, y, porque si tuvieran una, cobrarían, como mínimo, treinta o cuarenta mil bolívares fuertes por semestre. ¿Quién puede pagar esa suma? ¡Ni los ricos! o ¡Mal habidos! Aprovechan la bondad del Estado, para que sus vagos hijos, “estudien” esa carrera, porque “eso sí da billete”.

Se gradúan, muy pocos, con buenas notas; el resto, son “summa cum diez”, los que más se aferran a la explotación del dolor, de la necesidad de los enfermos, mintiéndole a los pendejos como uno, de enfermedades y complicaciones que resultaron después de un estudio “patológico”, del “uñero” del que se trataba, se complicó el “gastroenfroamoriñasis” de la cavidad “infratefliglosis” del “vasohemasagrifibrotemosis” izquierdo del “linfopierniculiteteo” coadyuvante de la “hemodinamia” hereditaria “cardioneuro-oseomusculiyú'o” y va para terapia “inventiva”, pero estamos haciendo todo lo posible que nos permite la ciencia, para salvarle del uñero a la señora. Y, el pendejo, impresionado con la labia del galeno o galena, con las “babas” quijada abajo, impresionado, sin entender, sólo le queda decir: ¡Sí! ¡Sí!, Sí doltol. Con lágrimas, no tanto por la enfermedad de su amada, o de su hija, hermano, padre o madre, sino por los “emolumentos” o chorrera de “churupos” que tiene que parir, para complacer el mercantilismo, va corriendo para una casa de empeños, vende el carro, hipoteca el apartamento, su casa, o se suicida, porque la póliza que paga el Estado se la comieron entre esa combinación letal de la oferta y la demanda: “médico-seguro-clínica”, y si no tienes otro seguro ni nada que vender, te quedarás solo con el dolor y la frustración familiar. Piensan los hipócratas, Hipócrates, que de “algún, tú sabes qué”, sale sangre. Estamos condenados a la angustia y al desespero, por complacer a esa cáfila de disparatados malandros. Se ha preguntado usted, ¿qué diferencia hay entre estos asaltantes “legales” y los ya famosos “pranes”?

Se gradúan gratis, no le retribuyen ni le agradecen a la República el haberlos socorrido, cuando eran imbéciles; salen de las universidades graduados de imbéciles acomplejados, sin una pizca de ciudadanía, de vocación, sin motivación por lo humano, por lo honesto, por la investigación, por el crecimiento de la patria, por el pueblo preterido, del mismo pueblo que ellos salieron y que ahora reniegan, porque asumen o se jerarquizan por encima de su mediocridad despreciando y burlándose de los que no sabemos de medicina y salen a robar al pueblo y al Estado, el que los puso a valer, el que les dio la oportunidad de ser médicos vocacionales, humanos, “cristianos”, salvadores de vidas, que los hay y para reconocerlos y respetarlos basta con recordar a una gran médico venezolano, y de otros tantos, que se llamó: GILBERTO RODRÍGUEZ OCHOA, (Q.E.P.D.), ejemplo de hombre, de médico sin ser santo, ni milagroso, ni ridículo, sin ser usurpador de estratos sociales, solo un luchador incondicional con un fin primordial: el bien colectivo, el bien nacional, el bien de un pueblo ávido de asistencia social.

El Estado venezolano, ese mismo que los graduó, que les tendió la mano, debe y tiene que frenar ese “maldito” concepto mercantilista de las profesiones que velan por lo humano, profesiones que son de interés colectivo, de ese derecho Constitucional, impostergable que es la salud y obligar, sin contemplaciones, así como Jesús de Nazareth, alias “el cristo”, sacó a patadas a los “mercachifles” del templo, en este caso, de los bolsillos del pueblo y del Estado, está obligado a hacerse valer y a imponer el respeto a la ley y a la lógica del soberano y acabar de una vez por todas, con la inminente amenaza inmoral de unos sátrapas corruptos que desde la cuarta república, se han guarecido en un tinglado que cogió pista y vuela sin tener alas que con presunción y pretensión se llama: “federación médica venezolana”.

¡SOCIALIZAR LA MEDICINA YA! Es una obligación del Estado venezolano. Es un clamor del pueblo que se siente asediado por una profesión que se ha tornado peor que vender drogas alucinógenas. Acabar con la avaricia médica. Y, al que no le guste que agarre sus “cachachás” y se vaya bien largo al carajo.

¡PATRIA SOCIALISTA Y VIDA, SIN MÉDICOS MERCANTILISTAS!

gtariba@pgr.gob.ve

Fuente: aporrea .org

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