martes, 30 de agosto de 2011

Yo acuso

Al Presidente del gobierno de España Y al resto de las señorías que portan la representatividad parlamentaria.
Señor presidente, permitame dirigirme a usted para comentarle mis más profundas inquietudes que, por mi honor y conciencia, me impiden quedarme al margen de los hechos relativos a nuestra Constitución amenazada por una vergonzosa e imborrable mancha.
Habéis realizado un gobierno durante sus dos legislaturas en las que muchos podemos estar en contra o a favor de su gestión frente del ejecutivo que preside. Habéis cometido aciertos y errores, estos últimos desgraciadamente más numerosos en su último periplo presidencial. Sus gestiones pueden ser criticadas o avaladas desde todos los frentes que los ciudadanos deseen pronunciarse.
¡Pero que mancha de cieno sobre vuestro nombre -iba a decir sobre vuestro reino- puede imprimir esta abominable reforma constitucional! Por lo pronto usted decide reformarla mediante una llamada telefónica al señor Mariano Rajoy, presidente del principal partido de la oposición, tomando ambos la representatividad parlamentaria como un absolutismo de dos dirigentes, dando bofetada suprema a toda justicia. Y no hay remedio, España conservará esa mancha sobre su carta magna y la historia consignará que semejante crimen social se cometió al amparo de vuestra presidencia.
Puesto que ha obrado tan sin razón, hablaré. Prometo decir toda la verdad y la diré si antes no lo hace el tribunal con toda claridad.
Es mi deber: no quiero ser cómplice. Todas las noches me desvelaría el espectro de la ciudadanía que expía a lo lejos cruelmente ultrajada, una reforma que no ha decidido.
Por eso me dirijo a vos gritando la verdad con toda la fuerza de mi rebelión de hombre honrado. Estoy convencido de que la ciudadanía no ignora lo que ocurre, entonces ¿a quién denunciar este afrenta malhechora de verdaderos culpables sino al primer soberano de la carta magna, al Pueblo?
Ante todo la verdad acerca de nuestra carta magna y su proceso de reformarla.
Nuestra Constitución, nacida en 1978, promulga en sus artículo primero del título preliminar:
“España se constituye en un Estado social y democrático de Derecho, que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político”.
Agentes externos a nuestro ámbito constitucional, la señora Merkel y el señor Sarkozy, han dictado los cambios que usted promulga, auspiciados aún si cabe por entidades externas y opacas a la ciudadanía, no sólo de nuestro Estado, sino del resto de los ciudadanos miembros de la Unión Europea.
Señor presidente del gobierno y señor presidente del principal partido de la oposición:
No recuerdo que en ninguna de las legislaturas, en las que ustedes han sido elegidos como representantes de los ciudadanos (ni anteriormente tampoco), hubiese en algún proceso electoral papeletas para proceder a legitimar a estas personas (la señora Merkel y el señor Sarkozy) sobre nuestro ordenamiento legal, jurídico y constitucional.
Igualmente me consta, en ninguno de sus respectivos programas electorales, ninguna intención de reformar la Constitución.
Ante este hecho y sus intenciones, ustedes han puesto la forma política dictada por la Constitución (representación parlamentaria) muy por encima de la soberanía establecida en la carta magna (el pueblo) documento que regula las normas y convivencia en nuestra nación.
Al ejercer su disciplina partidista, sr. Zapatero y sr. Rajoy, en la que los señores y señoras parlamentarias únicamente promulgan el deseo de sus líderes (en el presente caso ustedes), vuestras señorías son responsables y ejecutores del crimen que les expongo.
De forma sorpresiva, en periodo estival, con un Parlamento en funciones, donde las señorías preparan las maletas fuera del hemiciclo ante la próxima cita electoral, ustedes pretenden modificar la Constitución sin consultar a sus soberanos.
Ustedes sobrepasan con sus intenciones el artículo primero del título preliminar de nuestra constitución. Su reforma no es para un “Estado social” y sus formas no son, ni mucho menos, “democráticas de Derecho”.
Tal es la verdad, señores parlamentarios, verdad tan espantosa, que no dudo de que quede como una mancha en vuestra representatividad. Supongo que no tengáis ningún poder en este asunto, que seáis prisioneros de los mercados y de los poderes que os rodean; pero tenéis un deber de ciudadano en el cual meditaréis cumpliéndolo, aunque dudo que honorablemente. No creáis que desespero del triunfo; lo repito con una certeza que no permite la menor vacilación; la verdad avanza y nadie podrá contenerla.
Hasta hoy no perpetrabais el proceso, pues hasta hoy no han quedado deslindadas las posiciones de cada uno; a un lado los culpables, que no quieren la luz; al otro los justicieros que darán la vida porque la luz se haga. Cuanto más duramente se oprime la verdad, más fuerza toma, y la explosión será terrible. Veremos como se prepara el más ruidoso de los desastres.
Señor Presidente, concluyamos, que ya es tiempo.
Yo acuso al Banco Mundial, FMI, OCDE y demás organizaciones supranacionales y externas al gobierno europeo de ser los organizadores de este crimen. Ninguna de ellas elegidas en representatividad por el Pueblo de un Estado, el nuestro, sobre el que quieren reformar la Constitución.
Acuso a la UE y al BCE de ser garantes dentro del territorio europeo de este complot.
Acuso a Standard & Poor’s y a Moody’s como cómplices y beneficiarios de este acto.
Acuso al conjunto de la banca europea y nacional como lobby cómplice y beneficiarlo de esta infamia.
Acuso a la señora Merkel y al señor Sarkozy por inducir a perpetrar este vil atentado a nuestra soberanía.
Acuso a aquellas empresas que junto con la banca presionan a sus señorías para dejar de ejercer la representatividad de sus soberanos, ejerciéndola sobre sus intereses económicos.
Acuso a aquellos políticos cuyo máximo interés es mantenerse en el cargo que ejercen a cualquier precio, tan indignantes como el del crimen que nos ocupa.
Y por último: les acuso a ustedes por proponer esta modificación de espaldas a la ciudadanía. Ciudadanía que avala, es garante y soberana tanto del Estado español como de su carta magna. Ustedes que, mediante una simple llamada telefónica, ultrajan la inviolabilidad de una Constitución, inviolabilidad que defendieron cuando no se han atrevido a mantener su vigencia, adecuándola a las realidades sociales. Ustedes que juraron o prometieron sobre ella.
Se atreven a modificar el máximo documento del Estado en aras del “Mercado”. Mercado al que pretenden calmar mientras las voces del pueblo son ignoradas o silenciadas.
Puede que éste crimen ejerza el efecto que ustedes esperan, pero no ignoren las victimas consecuentes. Habrán convertido la Constitución en un simple panfleto al que poner a cotizar en los mercados de valores, habrán convertido el espíritu de la transición española no en un garante de paz y democracia social como fue en su día, sino en un mero informe de resultados macro-económicos. Y habrán convertido a la ciudadanía española en un pueblo sin su máximo referente de legalidad moral y convivencia al subvertir los valores representados en ella por cifras monetarias inducidas fuera del espíritu en el que se redactó.
Distinguidas señorías, en nuestro Estado, no sólo hay que ser demócrata, también hay que parecerlo y sus formas distan mucho de ello. Desde hace mucho tiempo no resuelven entre ustedes la composición del Tribunal Constitucional y resulta que sí resuelven en minutos modificar el texto sobre el que basar sus juicios. Lo dicho señorías, también hay que parecerlo.
Sólo la ciudadanía tiene el derecho, tiene el deber, de mantener vigente este documento, ustedes han de darles los medios. Ustedes, la clase política, que no sólo por activa ahora perpetran este crimen que nos ocupa, sino que por pasiva en las últimas décadas no han dado un paso para mantener su vigencia, y mucho menos aún, consultar al Pueblo al respecto.
No ignoro que, al formular estas acusaciones, arrojo sobre mí el peso y decisión del máximo soberano del Estado del cual ustedes se supone que representan. Y voluntariamente me pongo a disposición del Pueblo.
En cuanto a las personas a quienes acuso, debo decir que ni las conozco ni las he visto nunca, ni siento particularmente por ellas rencor ni odio. Las considero como entidades, como espíritus de maleficencia social. Y el acto que realizo aquí, no es más que un medio revolucionario de activar la explosión de la verdad y de la justicia.
Sólo un sentimiento me mueve, sólo deseo que la luz se haga, y lo imploro en nombre de la ciudadanía, que ha sufrido tanto y que tiene derecho a ser feliz. Mi ardiente protesta no es más que un grito de mi alma. Que se atrevan a llevarme a los ciudadanos y que me juzguen públicamente.

domingo, 28 de agosto de 2011

Hace 75 años, el 28 de agosto de 1936, la ciudad de Madrid sufrió el primer bombardeo de la aviación franquista.


La Guerra Civil Española fue el primer acontecimiento del Siglo XX seguido, día a día, por corresponsales llegados de todo el mundo. Entre ellos, numerosos fotógrafos que se encargaron de mantener, a través del clic de sus cámaras fotográficas, fragmentos de historia que, gracias al soporte visual, se han conservado hasta nuestros días. Los inolvidables Frank Capa y su compañera Gerda Taro (fallecida en la batalla de Brunete) cubrieron la mayor parte del conflicto.

Madrid fue una ciudad sitiada. La aviación fascista no paró en incursiones por los barrios de Madrid, causando víctimes inocentes y destruyendo hogares humildes. Las imágenes que se conservan muestran cuerpos destrozados por las bombas y la metralla.

El pueblo de Madrid sufrió por creer en el nacimiento de una nueva sociedad, más justa, un estado igualitario que buscaba ponerse al servicio de la sociedad. La República fue un soplo de libertad que se desvaneció a la mismo tiempo que los bombardeos, y el dictador lo que infringió fué un castigo desorbitado hacia las personas que continuaron fieles a ella.

En los primeros meses de la guerra el trágico balance de la aviación fascista, italiana y alemana, al servicio del ejército sublevado franquista, produjo, según un artículo de La Vanguardia, fechado el día 1 de septiembre de 1937, 768 muertos y 3567 heridos, en los primeros doce meses de guerra, y continua con el siguiente texto: “Madrid — Después de recoger cuantos datos oficiales existen y con ayuda de archivos particulares, se han hecho el siguiente relato y resumen de los ataques cruentos por aire y tierra (aviación y artillería) sufridos por Madrid, así como, el número aproximado de víctimas. No es posible hacer un estudio exacto, pues no existen datos de las víctimas de los más sangrientos bombardeos (Tetuán y Puente de Vallecas) y el enorme número de personas que no recibieron asistencia en centros sanitarios públicos. Igualmente sucede con el número de proyectiles que en el casco de Madrid han caído que, por no estallar o causar daños, no merecieron ser recogidos por las autoridades. Además, no se han contabilizado los que han caído en las denominadas zonas de guerra, barrios enclavados dentro de Madrid. Puede dar una idea sobre esto el hecho de que en un solo día entraron sesenta proyectiles en el Palacio Nacional, enclavado en una de estas zonas de guerra”.

El 6 de agosto de 1936, y a modo de ensayo, fueron apagadas por primera vez las luces de la ciudad. Al día siguiente el apagón se retraso media hora y a partir del 9 de agosto se anuló la medida por creerla en principio innecesario, pero durante el resto del mes de agosto se produjeron simulaciones de ataques aéreos sobre Madrid que produjeron gran nerviosismo en la población. Los enemigos del régimen trataron de reproducir la táctica de “paqueo” (disparar sobre los soldados) para sembrar la alarma.

El día 23, un aparato denominado el lechero arrojó su carga sobre el aeródromo de Getafe y las tres y quince minutos de la madrugada del 27 de agosto de 1936, Madrid conoció por primera vez lo que era un bombardeo real. Un avión enemigo sobrevoló a gran altura diferentes puntos de Madrid, pero en Cuatro Caminos y Tetuan, lo hizo tan sólo a doscientos metros.

El avión arrojó proclamas para que los milicianos entregaran sus armas en los cuarteles. Después se marchó a los aeródromo de Cuatro vientos y Getafe, y arrojó tres bombas en cada uno. Se produjo la primera muerte de un soldado por bombardeo en Madrid.

Debido a ello, se facilitaron unas normas que los ciudadanos debían seguir y estas eran que no podían salir a la calle si no era para buscar refugio y se prohibió el uso de los fusiles debido a su evidente ineficacia.

El día 28 de agosto, a las once horas cuarenta y cinco minutos de la noche se produjo otro ataque aéreo. El avión arrojó en la plaza del Castelar dos bengalas seguidas de dos bombas. Otras dos bombas cayeron sobre un local socialista, donde se destruyeron dos coches y el balance fue de 16 heridos.

En Madrid ya no volvieron a encenderse las farolas de gas y sólo contaron con luz las calles que tenían alumbrado eléctrico. Aunque una relativa tranquilidad reinó durante todo el mes de septiembre y en los primeros días del mes de octubre. A partir de entonces, el balance es escalofriante:

El 27 de octubre se bombardeó el barrio de Usera y el día 30 se registró la incursión más cruel. Al atardecer, un avión que pasó desapercibido atravesó Madrid y dejó caer doce bombas. El resultado: 180 muertos y 279 heridos.

En el mes de noviembre los trimotores que volaban ya en escuadrilla de tres -y que el buen humor madrileño los bautizó con el nombre de las tres viudas- y la artillería se repartieron el trabajo de destrozar Madrid. Los primeros proyectiles de cañón cayeron el día 6 y los 21 proyectiles arrojados por los cañones causaron un muerto y 21 heridos.

El día 10 regresó la aviación al barrio de Arguelles y destruyó la Editorial Hernández y la Estación de Goya.

El día 14 se bombardeó la Glorieta de Atocha, quedando en algunos puntos al descubierto el túnel del Metro. La artillería también lanzó algunos proyectiles en distintos barrios. Total en el día 62 muertos y 112heridos. Sólo en la Glorieta de Atocha hubo 50 fallecidos.

El día 17 los aviones de Hitler y Mussolini regaron de bombas el Museo del Prado y sus alrededores. El resto de la carga lo arrojaron en el Mercado de San Miguel. La artillería disparó unos 50 cañonazos. 11 muertos y 194 heridos.

La noche siguiente fue la más trágica de las sufridas por Madrid. Numerosos aviones dejaron caer sus cargas en el centro de Madrid y en diversos barrios de la capital. Se vio como gran número de bombas explosivas e incendiarias destruían los edificios y diezmaban a los ciudadanos de la capital, en la entrada al Metro de la calle del Carmen, Hotel Savoy, Diputación Provincial, Noviciado de las Hermanas de la Caridad, Calle de la Corredera, Ballesta, Valverde, Caballero de Gracia. Sólo en los sótanos de una imprenta del Marqués de Santa Ana, hundidos por una bomba, quedaron sepultadas 150 personas que en su mayoría perecieron.

El balance trágico de noviembre, fue aproximadamente, de más de 300 muertos y 1500 heridos.

El 2 de diciembre volvió la aviación. Catorce muertos y 53 heridos. Y el día 4 una bomba impactó en lo que fue domicilio del ex presidente Largo Caballero, y quedó destrozada una modesta vivienda en la calle de Santa Eugenia. Total 13 muertos y 53 heridos provocados por 50 bombas.

En el mismo mes, el día 16, se bombardeó Tetuán de las Victorias, y de forma sanguinaria, ya que se persiguió a las personas que se iban al campo con fuego de ametralladora. Sólo en el casco de la ciudad hubo 52 muertos y cerca de 300 heridos.

Nada más iniciarse el año 1937, y coincidiendo con las doce campanadas que marcan el paso de un año a otro, la aviación franquista regaló a la población de Madrid doce proyectiles, para celebrar la llegada del nuevo año.
El día 4 de enero se bombardeó de por segunda vez Tetuán de las Victorias, coincidiendo con el ataque alemán de Las Rozas. Hubo 171 heridos y 8 muertos.

Dos días después los objetivos fueron el Colegio de La Paloma. Cuatro muertos, 7 heridos y 2 desaparecidos.

El día 10, los artefactos del dictador cayeron en un edificio de la Embajada inglesa, en la Casa de Socorro del distrito del Hospicio. Cinco muertos y 37 heridos.

A falta de aviones y durante el resto del mes, fué la artillería la que se ocupó de destruir Madrid. Tan sólo el día 23 de enero cayeron en el edificio de la Compañía Telefónica diez proyectiles.

El mes de febrero fue relativamente tranquilo. Una incursión por aire el día 18, con 18 muertos y 60 heridos; y diversos bombardeos de artillería. Resumen: 22 muertos y 68 heridos.

En marzo la aviación intervino los días 6, 16 y 20, alejándose del casco de la población, por funcionar con eficacia las nuevas baterías antiaéreas.

El último bombardeo se efectuó sobre la Estación del Niño Jesús. El balance es el más benigno del año; veintiún muertos y 61 heridos.

En abril de 1937 la artillería aumentó sus descargas. Durante el mes se lanzaron 816 proyectiles, con un balance de 95 muertos y 695 heridos. El día más sangriento fue el día 23, con 20 muertos y 53 heridos.

El 1 de mayo se celebró con 32 disparos. Se recrudecieron los ataques y los días 22 y 30 cayeron trescientos proyectiles cada uno. El resultado total: 994 proyectiles, 33 muertos y 220 heridos.

El mes de junio tuvo las mismas características. Los disparos aumentaron pero las bajas disminuyeron, 1159 proyectiles, 25 muertos y 70 heridos.

El día 7 de julio, fue el día record con cuatrocientos disparos y sus consecuencias fueron 18 muertos y 10 heridos.

Del mes de agosto no existen datos más que del día 6: 269 cañonazos con un sólo muerto y 26 heridos.

El balance del año 1937 bajo la metralla fascista fue de 5000 proyectiles, 768 muertos y 3567 heridos.

Cifras estremecedoras. Barrios destruídos, familias sin hogar. mujeres embarazadas, ancianos, enfermos. Miles de vidas desaparecidas. Niños muertos. Cientos de mutilados, rescatados entre los escombros. Niños de apenas varios meses de vida sin identificar, que quedaron abandonados a las autoridades, quienes una vez atendidos procedió a evacuarlos.


Ellos eran el futuro de la República.

Esos niños eran nuestros padres, y ahora el futuro somos nosotros.

Texto: © María Torres