lunes, 26 de diciembre de 2011

Carta de Manuel Ponte Pedreira al embajador de Gran Bretaña en España, Míster Mallet.


Señor Embajador: Al conocer su viaje por Galicia, no pude resistir la tentación de dirigirme la Vd. Me gustó hacerlo personalmente, pero me doy cuenta del abismo social que separa a un humilde combatiente de la Resistencia, de un ilustre Embajador de S.M. Británica. Por la otra parte, encontró Vd. como anfitriones ideales, a los gobernadores y jerarcas falangistas, que lo consideran su huésped de honor. ¡Como cambian los tiempos, señor Embajador! A decir verdad, llegó Vd. dentro de un momento interesante. Ignoro si entre las visitas realizadas, se encuentran las cárceles de Galicia y la asistencia a los consejos de guerra, donde se condena a muerte como en los mejores días de Hitler. Desconozco, si entre los regalos que le brindaron, figuró la asistencia al acto de ahorcar el día 3 de septiembre, en Pontevedra, a Luís Blanco y Diego Valero; el día 20 en Lugo, a Manuel Álvarez y el 21 a Julio Nieto y Ramón Vivero. Tal vez extasiado por las bellezas del paisaje gallego y embriagado por la cariñosa acogida que le brindaron los ejecutores de esos crímenes, no le dejó tiempo para detenerse ante esos hechos, para Vd., triviales. Después de todo, ¿qué son cinco vidas de patriotas españoles para el Gobierno de S.M.? ¡Ah! Si fuera el hitleriano arzobispo de Zagreb... Pero, para un «gentleme» como Vd. esos cinco muertos carecen de valor. Los tres primeros eran guerrilleros, a los que Hitler llamaba bandoleros, y Franco, Churchill y Mr. Bevin califican de la misma manera. Los otros dos, eran comunistas, dirigentes de la Resistencia; eran militantes de ese partido, al cual Vds. juraron «meter en cintura», porque los comunistas tienen la peregrina obstinación de impedir que Franco consuma la destrucción de España, y que el Imperio Inglés, ejerza sus dotes «civilizadoras» en nuestra Patria, lo mismo que hacen con los hindúes, indonesios y palestinos. Para nosotros, señor embajador, son cinco vidas de hijos de este pueblo que jamás inclinó la cerviz ante tiranos y extranjeros. Eran cinco antifascistas gallegos, de los que, con el riesgo de su vida, impidieron que muchas toneladas de volframio fueran para la industria de guerra nazi. Eran cinco gallegos, de esos que a millares sirvieron de pasto los tiburones, para que los barcos ingleses y norteamericanos pudieran llevar soldados y armamento a las cinco partes del mundo. Y esos cinco mártires, fueron ahorcados por el cómplice de Hitler, mientras Vd. Mr. Mallet, estrechaba las manos ensangrentadas de los verdugos falangistas. El gobierno inglés, en tanto se preocupa por la suerte de los «pobrecitos» polacos, yugoslavos, búlgaros y albaneses, quien por primera vez saben el que es tener una Patria y disfrutar de una verdadera Democracia; su Gobierno, señor Embajador, no tuvo una palabra, un gesto, aunque sólo fuera por humanidad, para protestar por esta orgía de criminalidad falangista. Nosotros los guerrilleros, entendemos muy poco de sutilezas diplomáticas. Pero entendemos mucho de lealtades. Diez años de vicisitudes y lucha, forjaron en nudos, gentes de escasa cultura, sencillos y honestos y con un corazón abierto a todos los dolores y sufrimientos de nuestro pueblo, una clara visión de la decencia política y del honor. Me los aprendí de nuestros labradores a saber distinguir la paja del trigo y a juzgar a las gentes, por los hechos y no por las palabras. Y los hechos, estan demostrando que la tragedia del pueblo español no conmueve las fibras sensibles de los gobernantes ingleses. Y esto no debería extrañarnos. El hecho de que Franco añada su traición, eso no influye para nada en las cotizaciones de la City. La misión de un embajador de S.M. es más elevada. España en su conjunto, sus riquezas, su posición estratégica, son algo más fundamental. Y esta, sí que es causa de sus desvelos, porque una España semi colonial o una España Libre y Soberana, pueden aumentar o disminuir ceros en los dividendos de los muy dignos pilares del imperio Inglés. Esto, mucho más que el paisaje bucólico de Galicia, es lo que le trajo la Vd. a este peregrinar por la frontera con Portugal. Con todo respeto me permito preguntarle: ¿Recuerda los asaltos y pedradas a los consulados ingleses por la parte de los falangistas? ¿Recuerda Vd. la División Azul y los insultos de Franco a las «podridas democracias» ¿No llevaban los actuales gobernantes ingleses, como banderola de enganche electoral lo Votar ¡a Chúrchill es votar a Franco! ¿Por que titubea en contestar, Mr. Mallet? Dice el refrán que «no hay peor sordo que lo que no quiere oír». Y Vds. no quieren oír más que el sonido del oro, ni ver más allá de los sagrados intereses del imperio. Nosotros no pedimos cosas imposibles, señor Embajador. No pedimos que el ejército inglés venga a implantar en España una «democracia» al estilo de Grecia. No. No queremos las uñas extranjeras en nuestros asuntos, porque a España la queremos nuestra, para los españoles. Pobre o rica, pero nuestra, muy nuestra. Nosotros sólo pedimos lealtad y decencia. La política de su Gobierno en relación con España, en unos produce indignación, en otros asco. En medio de un mundo que clama por una actitud consecuente, xusticeira, contra el último baluarte fascista en Europa, el Gobierno inglés, aparece como la Brigada del franco-falanxismo. Sus delegados en la O.N.U. se encasquetaron la toga de abogados del palafrenero de Hitler. A cambio de nuestros alimentos, Vds. envían al verdugo español, armas para que este asesine a los labradores y ahogue en sangre nuestro anhelo de disfrutar de las Cuatro Libertades de la Carta del Atlántico. Pero Vds., como buenos fulleros, juegan con más de una baraja. Al mismo tiempo que se esfuerzan por apuntalar el trillado edificio falangista, sacan del puño otras cartas. Esas cartas, se llaman: Monarquía, solución transitoria, Gobierno Puente, y compromiso con Franco. Vds. se desvelan en poner zancadillas al Gobierno legítimo de la República que preside el gran patriota señor Giral. Vds. mueven y estimulan a los fantoches de Guiñol, quien utilizando su nacimiento en España, trabajan por una «paz honrosa» con Franco. Señor Embajador: Disculpe Vd. mi falta de expresión literaria. No son más que un guerrillero, un hombre que hace diez años se tiró al monte, porque las palabras rendición y capitulación ante el fascismo, no cabían en su cabeza. Quizás para Vd. sean también «bandoleros». Así llamaron los romanos a Viriato. Así llamó Napoleón a los que a golpes de patriotismo defendieron la Independencia de España. De cualquiera manera que Vd. nos juzgue, me permito darle un consejo: Repase Vd. nuestra Historia y verá como los españoles no tenemos alma de esclavos. Somos como esos robles centenarios de Galicia, que descuartizados por el rayo, esgazados y sin ramas, tarde o temprano retornan pujantes y frondosos, porque tienen las raíces clavadas en esta tierra tan viril. Y así es el roble de nuestra Resistencia. Así de indestructíble es nuestra fe en los destinos democráticos de nuestra Patria. Así de inquebrantable, es nuestra voluntad de luchar, hasta que España sea de joven libre y republicana; hasta que la bandera que sostiene en sus dignas manos el Gobierno del doctor Giral, esté ondeando al viento en la Asamblea de las Naciones Unidas.
5 de octubre de 1946


Manuel Ponte
Jefe de la IV Agrupación Guerrillera de Galicia

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