viernes, 15 de junio de 2012

Bankia, el «Titanic» del PP



Manuel Lago*.- Me temo que, por desgracia, el debate no está en si el Estado debe intervenir Bankia aportando 23.500 millones de euros (¡4 billones de pesetas!) al mismo tiempo que se nos recortan derechos. Una quiebra incontrolada de Bankia produciría tal destrozo que hasta es difícil imaginárselo. Por dar un dato, Bankia tiene un pasivo de más de 300.000 millones que en gran parte tendría que ser asumido por el Estado. Por ejemplo, los depósitos de clientes hasta 100.000 euros. O las deudas que tiene con el BCE garantizadas con deuda pública.

Dejar caer a Bankia provocaría un coste directo que multiplica por diez veces el coste de la intervención. Por no hablar de los más de 20.000 empleos, las decenas de miles de empresas que tienen sus cuentas y se financian en Bankia o de los cientos de miles de pequeños accionistas de la entidad.
No, por desgracia un banco del tamaño de Bankia no se puede dejar caer. Y de esta evidencia deberíamos sacar algunas lecciones. La primera es que no se debe permitir que existan entidades que por su tamaño pueden obligarnos a pagar el precio de su rescate. La segunda es que si en última instancia es el Estado el que garantiza el sistema cuando las cosas van mal, por qué no puede ser también banquero cuando las cosas van bien. Probablemente es en el sector financiero donde más necesaria, justificada y útil socialmente es la presencia de lo público.
Salvar Bankia sí, pero no a cualquier precio. Los ciudadanos no podemos aceptar otra socialización de pérdidas. Esto es, que ahora ponemos 23.500 millones de euros y mañana se la damos gratis a otra entidad, que por un euro se queda con el negocio. No es una ocurrencia, es lo que querían hacer con Novagalicia Banco.
El coste de la necesaria recapitalización debe ser soportado por el propio sector bancario y no por los impuestos de los ciudadanos, que no están para eso. El Estado solo debe adelantar los recursos para reconvertir el sector, pero tienen que ser las entidades financieras las que finalmente paguen el coste del rescate. Y aquí caben dos posibilidades. La primera es hacerse propietario con todas las consecuencias de las entidades y construir sobre ellas una banca pública, algo que la crisis ha demostrado no solo necesario sino casi imprescindible. La segunda, si se renuncia a lo anterior, es que el Estado debe recuperar en su totalidad los fondos aportados y para ello debe quedarse en las entidades intervenidas el tiempo que sea necesario.
Por último, el rescate de Bankia tiene que estar acompañado de la depuración de responsabilidades, políticas y judiciales, de los gestores, de los supervisores y de los responsables políticos que provocaron su crisis. Bankia es el Titanic del PP porque con su fracaso se hunde su prestigio de gestor económico. Porque Bankia es la unión de Caja Madrid y Bancaja, las cajas de la Comunidad de Madrid y de Valencia gobernadas por el PP desde hace dos décadas y que se ponían de ejemplo de su capacidad de gestión. Y porque han colocado en la dirección de las cajas a sus gestores estrella. Y por eso, por si el fiscal no los conoce, ahí van los nombres de los responsables del mayor fracaso financiero de la historia de España: Esperanza Aguirre, Eduardo Zaplana, Francisco Camps, Miguel Blesa, Rodrigo Rato, Juan Olivas?

Manuel Lago, é economista do S.N. das CC.OO. de Galicia.


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