domingo, 3 de junio de 2012

ORIANA FALLACI.


Periodista de prestigio y escritora conocida por sus provocadoras entrevistas y polémicos puntos de vista. Temida, alabada y odiada casi en partes iguales, se transformó en los últimos años en una crítica acérrima del Islam. Para muchos la mejor entrevistadora del siglo XX y la conciencia crítica de Occidente.

Oriana se definía a sí misma como una mujer que dormía mal, que no veía a nadie, no contestaba al teléfono, no iba a ninguna parte, ignoraba los domingos y las vacaciones, las navidades y los años nuevos, que se sentía infeliz y culpable si no escribía todo lo que debía. Deseaba morir un poco menos cuando muriera, dejar a los niños que no tuvo, hacer que la gente pensara un poco más, fuera de dogmas con los que esta sociedad ha sido alimentada a través de siglos.

Para algunos siempre será la valerosa mujer que, tras los atentados del 11-S y desafiando los esquemas de lo políticamente correcto, emprendió una cruzada contra el Islam y denunció sin medias tintas el peligro de que Occidente acabe sometido a los dictados del Corán.
 
Nació en Florencia, Italia, el 29 de junio de 1929, en una sencilla familia. Su infancia transcurrió en la Italia fascista de Mussolini, contra el que luchó su padre. Con catorce años ya tomaba parte en la Resistencia contra la ocupación nazi. Se unió al movimiento clandestino “Justicia y Libertad”, viviendo en primera persona los acontecimientos de la guerra. Durante la ocupación de Florencia, su padre fue hecho prisionero y torturado. Por su activismo, Oriana obtuvo un reconocimiento por parte del Ejército Italiano y las Fuerzas Aliadas en Italia y una pequeña indemnización económica que utilizó en comprar zapatos a sus hermanas pequeñas.
A los nueve años escribía lo que llamaba "relatos cortos inocentes" y a los dieciséis, tras mentir acerca de su edad, comenzó a cubrir temas policiales: “Me senté frente a la máquina de escribir por primera vez y me enamoré de las palabras que emergían como gotas, una a una, y permanecían sobre el folio blanco... cada gota se convertía en algo que de ser mencionado discurría alejándose, pero que como palabras sobre folios, solidificaban, ya fueran buenas o malas”. Reconoció que lo que realmente la movía a escribir era su obsesión con la muerte".

Una vez finalizada la guerra estudió Medicina en la Universidad de Florencia a base de becas, pero nunca terminó la carrera. Poco después inició una extensa carrera como periodista, trabajando para muchas publicaciones italianas, europeas y americanas, como el Corriere della Sera, Le Nouvel Observateur, Der Stern, Life, Look, el New York Times Magazine, el Washington Post o The New Republic como corresponsal de guerra en conflictos desde Vietnam, donde pasó siete años, a Oriente Medio, India, Pakistán y Latinoamérica. Cubrió la insurrección de Hungría, la guerra civil del Líbano y la Guerra de Kuwait. Informó acerca de las revoluciones en Brasil, Perú, Argentina, Bolivia, así como de la Masacre de Tlatelolco en el Ciudad de México en 1968, donde fue una de las dos únicas supervivientes.

Su inmenso talento la catapultó muy pronto al éxito. Su estilo directísimo y descarnado hizo el resto. En los años 70 y 80 se consagró como una de las entrevistadoras más osadas del mundo. Entre los líderes mundiales con los que habló estaban Yasir Arafat, Golda Meir, el ayatolá Jomeini, ante el cual se atrevió a cuestionar la obligación de las mujeres iraníes de llevar chador, y el secretario de Estado estadounidense Henry Kissinger, al que puso contra las cuerdas. Este llegó a escribir de ella que su entrevista había sido "la más desastrosa conversación individual jamás sostenida" que tuvo con un miembro de la prensa después de que Fallaci lo presionara hasta conseguir que el dirigente aceptara reconocer que la guerra de Vietnam fue "inútil".

Trabajó diversos géneros literarios, desde el ensayo hasta los reportajes o la entrevista. Entre su libros se encuentran “Los siete pecados de Hollywood”, “El sexo inútil viaje alrededor de la mujer”, “Penélope en guerra”, “Si el sol se pone”, “Los ególatras: 16 entrevistas sorprendentes”, “Nada, y que sea así, Una entrevista con la historia”, descrito como "uno de los clásicos del periodismo moderno, “Carta a un hijo no nato”, uno de los escritos feministas más refinados acerca del embarazo, el aborto y la tortura emocional, “Un hombre”, e “Inshaláh”. Tras un silencio de diez años, publicó “La rabia y el orgullo” en el 2001, una respuesta al desafío del Islam radical. Vendió un millón de ejemplares en Italia y medio millón en el resto de Europa. En 2004 escribió “La fuerza de la razón”, en el que argumenta que la caída de Occidente comenzó a causa del Islamismo radical y asegura que la democracia de corte occidental, con su libertad, sus derechos humanos, su libertad de expresión y fe, no puede coexistir con el Islam. El tercer libro de su trilogía islámica, “Fallaci” se entrevistó a sí misma y “El Apocalipsis”, donde transmite el desprecio por una Europa a la que sirvió con gran devoción y a la que en el momento de escribir el libro, contemplaba mientras se hundía.

En opinión de la escritora, existe un alarmante proceso de islamización de Occidente, al que denomina Eurabia, proceso que, en su opinión, habría contado con la complicidad de la izquierda europea. Esas polémicas tesis le acarrearon muchos problemas, incluidos procesos judiciales por difamación contra el Islam. Fue juzgada dos veces en Francia en el 2002 y procesada con cargos en Italia en mayo del 2005. El demandante era un fundamentalista musulmán de origen escocés llamado Adel Smith, también autor de un panfleto titulado "El Islam castiga a Oriana Fallaci" llamando a los musulmanes a "eliminarla”.

Oriana fue una de las primeras personas invitadas a una audiencia por el Papa Benedicto XVI, un encuentro significativo para ella que se declaró públicamente atea. Antes de su reunión dijo: “Me siento menos sola cuando leo los libros de Ratzinger. Soy atea, y si una atea y el Papa piensan lo mismo, es que tiene que haber algo cierto. ¡Es así de simple! Tiene que haber alguna verdad humana aquí más allá de la religión”.

Los últimos años de su vida los pasó en Nueva York, donde mantuvo una larga lucha contra un cáncer de mama al que elevó a categoría literaria y al que en sus últimas obras denominaba “El Otro”. Vivió de cerca, en su residencia de Manhattan, los atentados contra las Torres Gemelas y ello le hizo romper el silencio guardado durante años después de ejercer como periodista de guerra. El resultado fue un amplio y polémico artículo titulado 'La rabia y el orgullo', que se convirtió en libro en 2002. En él describía al Islam como opresivo y a los inmigrantes árabes en Europa como sucios e intolerantes. Desde entonces, Fallaci criticó a Occidente por ser demasiado "débil" ante el mundo musulmán.
 
Ante el agravamiento de su enfermedad regresó a Florencia en camilla. Era un esqueleto. En Nueva York se había sometido a terapias tremendas. Sufría muchísimo y pidió una inyección de morfina, sabiendo perfectamente que no volvería a despertarse. Falleció el 15 de septiembre de 2006.

Murió sin hijos y decidió legar toda su fortuna a uno de sus sobrinos, Edoardo Perazzi, quien ofreció un retrato bastante terrible de su tía, famosa por su espantoso temperamento. Esclavista, lianta, severa y tacaña son sólo algunos de los calificativos que le dedicó, asegurando que conocía al milímetro el apartamento que su tía tenía en Nueva York: "¡Qué remedio! Me hizo fregarlo y lustrarlo millones de veces. Ibas a visitarla y ella, que siempre solía estar sola, te esclavizaba”.

"Cada entrevista es un retrato de mí misma. Son una extraña mezcla de mis ideas, mi temperamento, mi paciencia y todo esto guía las preguntas".
Me desagrada morir, sí, porque la vida es bella, incluso cuando es fea".
"Nuestro primer enemigo no es Bin Laden ni Al Zarqaui, es el Corán, el libro que los ha intoxicado"

Texto: © María Torres

Fuentes:

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