miércoles, 6 de junio de 2012

Spain is different


Anxo Guerreiro / El País/ Galicia.- El pasado sábado la mayoría de los diarios de información general daban cuenta de una noticia que desbordaba ampliamente el ámbito de las páginas deportivas en las que aparecía publicada. Se trataba de la visita que la selección alemana de fútbol, encabezada por sus técnicos y dirigentes federativos, realizó al antiguo campo de exterminio de Auschwitz-Birkenau para rendir homenaje a las víctimas del nazismo, aprovechando su presencia en Polonia para participar en la Eurocopa de fútbol que comienza el próximo fin de semana en aquel país. De la dimensión política del acto dan buena cuenta las declaraciones que tras la visita realizaron Oliver Bierhoff, manager del equipo, y Fhilipp Lahm, capitán del seleccionado germano. El primero afirmó que “nunca debe olvidarse lo que pasó, para evitar que se repita ese capítulo oscuro de la historia alemana”. El segundo resaltó “con este acto simbólico queremos demostrar que conocemos nuestra historia y que asumimos responsabilidades, aunque no pertenezcamos a la generación de los culpables”. ¿Se imaginan ustedes a la selección española condenando el franquismo y rindiendo homenaje a sus víctimas? Desgraciadamente, España sigue siendo diferente.
El mismo principio —reparador y pedagógico— exhibido por los deportistas alemanes inspiró hace algunos años las declaraciones del Parlamento Europeo y del Consejo de Europa en las que se condenaba sin reservas la dictadura franquista y se rendía homenaje a los combatientes por la democracia en España. Como acertadamente recordaban las citadas instituciones europeas en aquellos pronunciamientos, y los futbolistas alemanes en Polonia, el conocimiento de la historia, además de jugar un importante papel en la formación cívica y mora de las nuevas generaciones, es una condición indispensable para evitar que se repitan los errores y catástrofes del pasado.
Así pues, no se trata, como sostiene en numerosas ocasiones el PP, de reabrir antiguas heridas ni de remover viejos rescoldos bajo los cuales puede haber todavía fuego, sino de cumplir con una exigencia de primer orden para configurar el futuro democrático de nuestro país. Sobre todo cuando un sector extremista de la derecha —la llamada Academia de la Historia incluida— está empeñado en un peligroso ejercicio de revisionismo histórico, edita y difunde profusamente determinados libelos en los cuales se presenta a la dictadura como un simple régimen paternalista y se imputa a los republicanos —especialmente a la izquierda— la responsabilidad de la terrible tragedia que asoló España a finales de los años treinta del pasado siglo.
En vez de proporcionar cobertura política a ese sector extremista, el PP debería tomar ejemplo de la derecha francesa que ha condenado al Gobierno colaboracionista de Vichy y, desde luego, de la alemana que asumió el concepto de patriotismo constitucional propuesto por Habermas, con el fin de dotar a Alemania de una nueva identidad democrática, antitética del “patriotismo nazi”, cuyas consecuencias para Alemania y la humanidad son bien conocidas. No resulta suficiente afirmar, como hace el PP, que no se siente heredero del franquismo y que su historia como partido político comienza en 1978, con la Constitución que garantiza la libertad de todos. Es preciso que comprenda que ese patriotismo constitucional es incompatible con aquel otro “patriotismo”, el de la vieja tradición del nacional catolicismo excluyente y liberticida.
Y eso es precisamente lo que el PP no deja claro nunca, o casi nunca. Esta misma semana el PP perdió una nueva oportunidad para expresar su rechazo al ominoso régimen de Franco, cuando el alcalde popular de A Coruña, Carlos Negreira, decidió retrasar indefinidamente la retirada de los honores que durante la dictadura había concedido el Ayuntamiento a Millán Astray, pese a que el Tribunal Superior de Xustiza había rechazado el recurso presentado por la familia del general golpista contra la decisión del anterior gobierno municipal que, con toda razón democrática, había retirado tales honores a tan siniestro personaje. Claro que la actitud de Negreira se comprende perfectamente si recordamos que en aquella ocasión el actual alcalde coruñés había calificado a Millán Astray como coruñés de pro. Mientras el PP siga prisionero del sector político y mediático de la extrema derecha, o repitiendo actitudes como las de Carlos Negreira, no debe extrañarse que una parte de la ciudadanía lo perciba como el heredero nostálgico de un régimen detestable.


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