miércoles, 23 de enero de 2013

Carta cariñosa (y sincera) al compañero Rubalcaba. (I) El olor a naftalina del socialismo español.

Por Carlos Carnicero. 

Querido Alfredo.
Tenemos vivencias compartidas. Muchos kilómetros recorridos en la vida política española. Tu como dirigente del PSOE; yo en mis viejos tiempos de clandestinidad en la política activa y después en la barricada del periodismo como compromiso intelectual con los valores de la izquierda democrática.
Nos estamos poniendo un poco mayores y la única ventaja que le encuentro a la posición que ocupamos respecto a nuestro propio reloj es la experiencia. El resto, son limitaciones. Pero eso no nos quita vigencia, sino todo lo contrario. No concibo la jubilación sino como el último acto de mi vida consciente y lúcida todavía lejano. Pero el tiempo nos va cambiando el lugar desde donde podemos ejercer nuestro compromiso.
He convertido mi oficio en una suerte de francotirador de mis propias convicciones. Me siento lleno de vida, esperando dirigir otra vez un medio de comunicación donde pueda ejercer con libertad.

Como contrapunto de tiempos tan complejos me expando en las redes sociales. De aquí, de mi Blog y de mi participación en el ciberespacio, no me pueden echar más que mis lectores. No quiero poder y aspiro a seguir teniendo influencia.
Estoy contento con mis altavoces porque no quiero ser organizador de nada y pretendo ser impulsor de mucho; para eso no hace falta organización ni mando en plaza. Basta con tener capacidad de establecer y expandir las convicciones.
Te digo todo esto atormentado por la situación del socialismo español. Sabes bien que nunca he tenido carné ni disciplina.Nunca trabajé para el estado cuando habéis ocupado el poder; menos aún con el PP en La Moncloa. El mérito, en todo caso, no es solo mío. Creo que acertasteis no ofreciéndome nunca nada porque mis servicios no hubieran sido satisfactorios para los intereses específicos de tu partido tal y como tenéis entendida la obediencia y la sumisión.
Tengo una imposibilidad de naturaleza metafísica para el acatamiento que se contradice con mis convicciones. Yo, en vuestro caso, nunca me hubiera contratado a mi mismo. Un acierto, el vuestro, incluso cuando coincidíamos en muchas cuestiones para tratar de mejorar la sociedad.
El desenlace con la Cadena Ser, mi casa durante diecisiete años, lo sabes tú mejor que nadie. Esa batalla la he ganado y es para mi fuente de enorme satisfacción moral.
Pero no te escribo para hablar de mí; me gustaría enviarte estas modestas reflexiones sobre la crisis de identidad del socialismo (no solo español) y sobre la catastrófica situación del PSOE.
Naturalmente, este es un correo que no exige respuesta porque no pretendo determinar ninguna conducta; son solo humildes reflexiones de un corazón que no está cansado y que sigue latiendo con fuerza en la parte izquierda de mi cuerpo.
Todo empezó con Felipe y tú ya estabas ahí. No quiero ser impertinente si te digo que pienso que no tienes memoria de cuando no tenías coche oficial. El metro y el autobús urbano son fuente de sabiduría porque el olor de la gente es imprescindible para conocer el alma de nuestro pueblo.
Ver los bostezos, en directo, de las siete de la mañana es una enseñanza permanente. Observar a los ciudadanos que todavía tienen trabajo en su entorno cotidiano es una lección para poder transformar el mundo. Sería un ejercicio magnífico que los numerosos secretarios generales del PSOE, esparcidos por la geografía española y organizados a modo de taifas, renunciaran al coche oficial; no solo por esa ejemplaridad tan necesaria, más en estos tiempos, sino para tener la información imprescindible para ser dirigente de un partido político que quiere ser de izquierdas.
La socialdemocracia europea se desnaturalizó a raíz de la caída del Muro de Berlín. El universo hegemónico del neoliberalismo os hizo mella. El PSOE no dejó de ser una excepción. José Luis Rodríguez Zapatero –y tu estabas con él- se dejó seducir por los cantos de sirena británicos de la “Tercera Vía”-. Quisisteis jugar en el campo de la derecha europea sin daros cuenta de que ellos tenían tacos de acero y vosotros jugabais descalzos o en el barro. ¡Que obsesión por lograr el cariño de los banqueros! Aquellas reuniones en La Moncloa con los empresarios más poderosos. La terrible declaración de que “bajar impuestos era de izquierdas”. Ese regalo de cuatrocientos euros a todos los votantes contribuyentes, huyendo del principio elemental de progresividad fiscal.
Vosotros avanzasteis mucho en el terreno de los derechos humanos pero olvidasteis el papel redistributivo de la socialdemocracia. Cuando abandonasteis el poder en España los ricos también eran más ricos y las desigualdades eran mayores que cuando llegasteis. Se os olvido que la primera obligación del socialismo democrático radica en políticas fiscales distintas de la derecha y en la lucha permanente por disminuir las desigualdades.
Tengo pasión por la política. Fui un hombre, como bien sabes, comprometido con la lucha contra la dictadura. Y cuando observé que los partidos ya triunfantes exigían incondicionalidad para poder aspirar al noble oficio de la dirección, me refugié en el laberinto de mis propias ideas.
No entiendas estas palabras como una crítica u ofensa a los miles de militantes socialistas que no han mudado sus convicciones ni en la época en la que el dinero y el éxito era motor de la existencia de muchos. Toda mi admiración para quienes mantienen intacto su compromiso político.
Mis observaciones me dicen que estáis perdiendo masa crítica en la militancia. Intuyo que la falta de mecanismos directos de participación y la pirámide de obediencia que habéis construido en base a que quien no es afín no tiene futuro, está deteriorando gravemente la adhesión de muchos militantes y simpatizantes a un proyecto que hace aguas.
El socialismo español tiene un terrible olor a naftalina. No ha entrado aire fresco en las casas del pueblo -¿todavía se llaman así?- y la cooptación de cuadros ha hecho un ejército de profesionales de la política totalmente predecibles. Quienes os seguimos con atención jamás esperamos una sorpresa. Ha habido apuestas para saber cuanto tiempo esperaría la todo poderosa ex vicepresidenta primera del Gobierno, Elena Salgado –compartiste muchos consejos de ministros con ella sin que llegaran ecos de alguna disconformidad importante – hasta que aceptara un puesto en el Consejo de Administración de Endesa. Ni siquiera me sorprendió que el presidente Zapatero indultara en el último consejo de ministros al brazo derecho de Emilio Botín. ¡Cuantas tardes en La Moncloa con el hombre poderoso de los tirantes rojos! ¡El indulto como maquinaria de agradecimientos! Estas prácticas os restan legitimidad para denunciar la colocación de dirigentes del PP en compañías multinacionales y para el indulto de kamikazes y “carromeros”. El pueblo español está desengañado, indignado y revuelto y ya no admite ninguna de estas faltas.
Estoy contento, lo digo con ironía, con todos los compañeros y compañeras ex ministros que pudisteis colocar en organismos internacionales.
Entiendo que talentos como el de Leire Pajín deben ser aprovechados. Son gente que no tiene otra práctica profesional que la política. Y la percepción de aprovechamiento del cargo es demoledora con la ejemplaridad que se os exige como partido de izquierdas.
Incluso me emociona que toda la experiencia de nuestro querido Felipe la pueda utilizar –me imagino que por cuestiones tecnológicas- una empresa tan querida como Gas Natural. No quiero ser perverso preguntándote si aceptarás ser consejero de alguna multinacional cuando decidas dejar la primera línea de la política. Pero entiendo, a la vista de muchas trayectorias, que el poder en vosotros es un estado natural al que no sois capaces de renunciar en ningún momento de la vida. Por eso no me sorprende que la derecha coloque siempre a los suyos. ¿Pero, que pasó en la izquierda para que sea tan complicado establecer una diferencia entre Elena Salgado y Rodrigo Rato?
A veces le quito el sonido al televisor porque ni siquiera me hace falta leer los labios para saber lo que vais a decir en cada intervención. Sin sorpresa no puede haber enamoramiento; y los españoles se han divorciado de vosotros. Ha sido, además, una ruptura traumática que os deja esquilmados en cada nuevo proceso electoral. Y seguimos descendiendo… Muchos responsables del partido están contentos con que mantener su puesto sea la prioridad por mucho que se encojan las bases sociológicas de quienes gobiernan en la organización. ¡Así, al abismo!
No quiero hacer un vademécum de quejas y lamentos por lo que debió ser y dejó de serlo. En próximos capítulos te dará mi modesta opinión sobre como se podría lograr resucitar el socialismo democrático y recuperar la confianza de tantos millones de ciudadanos honrados que se sienten huérfanos de referencias políticas.
Mañana te seguiré escribiendo, como una novela por entregas del siglo XIX.
Un abrazo cariñoso, como siempre, de este modesto periodista que siempre ha estado abierto a hablar contigo.
(Continuará)

Fuente: Bitácora para naufragos de la izquierda. (El Blog de Carlos Carnicero)


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