lunes, 28 de enero de 2013

DIAN FOSSEY, conservacionista.


Esta es la historia de una mujer luchadora y valiente, mártir del movimiento conservacionista en nuestro planeta tierra. Una rebelde que planto cara a los furtivos del Congo, Uganda y Rhuanda. Una mujer que sóla, con ayuda de unos pocos, consiguió mover el mundo.

Nació en San Francisco el 16 de enero de 1932, en una familia dominada por el alcoholismo del padre y un entorno difícil. Con tan solo 3 años, sus padres se separan, No tuvo una infancia feliz.

Se licenció en Terapia Ocupacional en el San Jose State College en 1954  y se especializó en el trabajo con discapacitados psíquicos, pasando varios años trabajando en un hospital de Kentucky.

En 1960 tiene la oportunidad de leer los trabajos de George Schaller, destacado zoólogo que venía realizando el censo de los gorilas de montaña en el Africa ecuatorial, una zona virgen pero también llena de conflictos bélicos, una zona jalonada por 8 majestuosos volcanes, cerca de los Grandes Lagos. En 1963, abandona su trabajo y viaja al continente africano (había ahorrado durante años y solicitado un préstamo para poder llegar a África). Se entrevistó con el famoso paleontólogo, antropólogo y arqueólogo británico de origen keniano Louis Leaky. Este pensaba que el estudio de los gorilas ayudaría a entender la evolución humana, necesitaba investigadores que pudieran quedarse una larga temporada en aquella zona tan difícil de frío intenso y guerras interminables. Y Dian se presentó ante él dispuesta a asumir ese reto y aunque tenía pocos conocimientos de zoología y ninguna experiencia él decidió darle una oportunidad.

Transcurrieron dos meses hasta que se encontró con la primera familia de gorilas. A partir de ese momento los observó cada día, y anotó y dibujó cada detalle. Es testigo de algo incógnito hasta entonces para el ser humano. Los gorilas empiezan a identificarla, las madres ya no se muestran nerviosas, el enorme macho ya siente “indiferencia” hacia ella. Y un día consigue el milagro. Dian, se valió de su profunda intuición y sensibilidad para entablar contacto con esta especie. Logra mezclarse entre el grupo de gorilas, la aceptan, se dejan acariciar y juegan con ella, excepto un receloso macho de lomos plateados que la observa a distancia.

Ese macho será el gorila más famoso de la historia, ya que fue con el que estableció la relación más cercana y cálida. Un día se aproximó a ella, le dio su mano y al contemplarla, Dian observó que su cuarto y quinto eran palmípedos y por eso lo llamó Digit. Fué aniquilado en una emboscada de cazadores furtivos mientras intentaba defender a su familia.

Fueron meses de intenso trabajo, y aquí, a Dian Fossey le vino muy bien su experiencia con niños “especiales”. Elaboró un lenguaje gestual y consiguió censar 220 gorilas de montaña, posiblemente los últimos. En 1966 logró el apoyo de la National Geographic Society  y la Fundación Wilkie para trabajar en Zaire, pero pronto la agitada situación política del país la forzaría a trasladarse a Ruanda para continuar sus investigaciones.

Su paciencia y su meticulosa observación de los gorilas le permitieron comprender e imitar su comportamiento, ganando paulatinamente la aceptación de varios grupos. Aprendió a reconocer las características únicas de cada individuo, llegando a tener con ellos una relación de confianza y afecto. Karisoke, su lugar de estudio, se convirtió en centro internacional de investigación sobre los gorilas cuando ella fundó el Centro de Investigación de Karisoke en 1967.

En 1974 recibió el grado de doctora en Zoología por la Universidad de Cambridge. En 1983 publica Gorilas en la niebla, libro que expone sus observaciones y su relación con los gorilas en todos sus años de estudios de campo.

En sus 22 años de estudio con los gorilas, Fossey enfrentó y combatió la tarea de los cazadores furtivos que estaban llevando la especie de los gorilas de la montaña a la extinción. Esta lucha le creó muchos enemigos, y se sospecha que fue el motivo de su asesinato el 26 de diciembre de 1985. Su muerte, a machetazos fue atribuida al jefe de los cazadores furtivos de gorilas contra los que luchó. En un principio se señaló a los furtivos, pero posteriormente fue acusado Wyne McGuire, un joven doctorando que se encontraba bajo la asesoría de Fossey y al que se le acusó de ‘celos profesionales’. McGuire huyó a Estados Unidos poco antes de que un Tribunal ruandeño le acusase del crimen y le condenase a morir fusilado en cuanto pisara territorio de Ruanda. Hoy en día sin embargo, la teoría más extendida es la del asesinato a manos de los furtivos con el apoyo de las autoridades ruandeñas. La realidad es que nunca se investigó.

Cuando Fossey murió, ya estaba retirada de la investigación y se dedicaba, al cuidado de sus gorilas, a luchar para salvarlos de los cazadores y de la extinción. Tan profundo era su amor por estos animales como su desconfianza al hombre, que en una entrevista que le hicieron en mayo de 1985 dijo: "No tengo amigos. Cuanto más aprendo sobre la dignidad de los gorilas, más quiero eludir a la gente".

Dian Fossey fue sepultada en su cementerio particular, en medio de 17 gorilas, un perro y un mono, dentro del perímetro del Centro de Investigación Karisoke. Diez años después, Karisoke estaba en ruinas; ni siquiera el augurio de Fossey sobre el destino del lugar se cumplió: “...cuando muera, no habrá nadie que salve a los gorilas, Karisoke será una atracción turística y cesará de existir como centro de investigación".

En 1988 la vida y obra de Fossey fue retratada en la película Gorilas en la niebla (Gorillas in the Mist), dirigida por Michael Apted y protagonizada por Sigourney Weaver. Su trabajo contribuyó a la recuperación de la población de gorilas y a la desmitificación de su comportamiento violento.

Hasta su llegada a Africa, la vida de los gorilas de montaña estaba seriamente comprometida por el furtivismo. Gracias a personas como Dian Fossey, se inició un movimiento de conservación hacia los  gorilas de montaña. Una de las especies más amenazadas del planeta. En el año 1960 se hizo un primer censo sobre los gorilas y la cifra era poco esperanzadora, había menos de 500.

En 1994, la organización Dian Fossey Gorilla Fund fue obligada a salir de Rwanda.



Gorilas en la Niebla, Dian Fossey, Salvat Editores, 1190

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Los comentarios serán publicados una vez moderados.