lunes, 8 de abril de 2013

El ingrediente que falta


Juan Torres.- Los economistas académicos disentimos en muchas cosas pero me atrevería a decir que casi todos estaríamos de acuerdo en algo fundamental: ninguna economía funciona si las instituciones no lo hacen bien, cuando son débiles o la gente no confía en ellas ni las respeta.
El Premio Nobel Douglas North las definió como “las reglas del juego” que posibilitan “la existencia, la eficiencia y la profundidad de mercados y organizaciones”. Sin ellas, las economías no progresan, y eso hace que cada día sea más claro que la profundidad de nuestra crisis ya no la refleja solo la economía y ni siquiera hechos tan graves como que en Andalucía haya ciudades con casi la mitad de su población activa en paro, o el cierre de miles de empresas que quizá ya no recobren nunca su actividad. Hay algo más.
Como demostró otra gran economista y también Nobel de Economía, Elinor Ostrom, los cambios en el capital físico no conllevan mejoras económicas si no se modifica el capital social, que ella entendía como “el conjunto de redes de confianza interpersonal en las sociedades humanas... que hace que los individuos cooperen”.
Y lo que yo creo que nos está sucediendo ahora es que los españoles hemos perdido la confianza en las instituciones porque han dejado de funcionar correctamente, y así no se pueden generar ni la cooperación ni la empatía suficientes para afrontar el presente y construir proyectos de futuro.
¿Cómo confiar en un país cuyo presidente del gobierno no da la cara y habla a los periodistas a través de una pantalla de plasma y sin admitir pregunta alguna? ¿Quién arriesga el dinero y con qué espíritu se pueden hacer inversiones en una sociedad en donde la profesión peor valorada en las encuestas es la encargada de impartir justicia, en donde hay más de 300 representantes públicos imputados por casos de corrupción y cuyos ciudadanos creen que esta última y el fraude son su principal problema, después del paro? ¿Cómo vamos a fomentar la creación de riqueza en España mientras se necesiten 28 días, según el Banco Mundial, para crear una empresa, más tiempo que en países como Albania (4) o Senegal (5)?¿Cómo se va a crear empleo en Andalucía con la incertidumbre diaria de un nuevo sobresalto por los ERE fraudulentos? ¿De dónde van a sacar la fuerza, el ánimo y los valores para crear, para emprender o arriesgar las personas o empresas normales y corrientes cuando hasta el Jefe del Estado y sus familiares directos están enredados en asuntos turbios o en una vida personal nada ejemplar?
Es que no hay ninguna institución limpia y en la que los ciudadanos puedan confiar abiertamente
Fallan las políticas económicas que se vienen realizando. Es evidente. Comunidades como la andaluza, y también el conjunto de la economía española, no pueden salir de la crisis con las restricciones de gasto que impone Europa o con un sector financiero cada vez más concentrado que no financia a empresas ni consumidores. Pero no es solo eso lo que nos impide salir adelante. Es que no hay ninguna institución limpia y en la que los ciudadanos puedan confiar abiertamente, y así ni puede funcionar la economía ni se sostiene con tranquilidad la sociedad.
Ya hemos pasado el Rubicón. Ahora, lo primero e imprescindible para salir de la crisis económica ya no es la economía, sino que los sujetos económicos, la ciudadanía, recobre la confianza, la seguridad en sí misma y la ilusión por la sociedad en la que vivimos y que necesita el concurso de todos, y no solo a banqueros y políticos, para solucionar sus problemas. Lo que solo se puede producir con una regeneración y un replanteamiento profundo de la democracia, de las instituciones y de los valores que nos mueven.
Ahora, la cuestión es si los partidos todavía mayoritarios tienen fuerza, ideas, liderazgo, autoridad política y moral para sacarnos por sí solos de donde estamos. O si los cambios institucionales que necesitamos son de tal naturaleza que requieren otra nueva y más amplia mayoría social y sujetos políticos distintos, limpios, democráticos y transparentes en los que la gente confíe.

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