martes, 30 de julio de 2013

Rajoy aprueba gastar 2,4 millones de euros al día en armamento

El Gobierno aumenta gasto militar mientras recorta en sanidad y educación

LibreRed

El Consejo de Ministros autorizó el viernes un crédito extraordinario de 877,33 millones de euros con cargo a Deuda Pública para el pago de la compra de aviones, helicópteros, barcos y carros de combate. El coste final previsto del plan es de 625 euros por cada habitante del Estado español. 

El Estado español se endeudará algo más de 2,4 millones de euros al día para pagar programas de armamento pesado que, probablemente, nunca llegue siquiera a utilizar. Últimos modelos de aviones de combate, helicópteros, navíos de guerra y tanques que componen un programa de modernización del Ejército que se esperaba finalizar en el año 2025 con un gasto que en 2009 se fijó en el techo máximo de 26.692 millones de euros, y que ahora -cuatro años más tarde- ya se sabe que su coste podría incrementarse hasta los 36.800 millones de euros. Sin embargo, el Gobierno sostiene que se van a hacer diversos ahorros y que el montante final será de 29.500 millones.

El Consejo de Ministros autorizó el viernes un crédito extraordinario de 877 millones de euros, a financiar con deuda pública, y cuyo destino es el pago de aviones como el Eurofighter 200, que se llevarán 371,5 millones de ese total. Hay, además, otros aviones, helicópteros, carros de combate, diversos tipos de fragatas y buques,además de misiles y obuses.

Utilidad en entredicho

La utilidad de la adquisición de este tipo armamento está en entredicho, no solo por grupos pacifistas o antimilitaristas, sino por partidos del status quo. El pasado 23 de mayo, en la comisión de Defensa del Congreso de los Diputados, el parlamentario de CiU Feliu-Joan Guillaumes i Ràfols dejó claro desde el inicio de su intervención que «nuestro grupo, y yo mismo en particular, no tenemos nada de pacifistas, somos absolutamente atlantistas y las utopías están muy bien, pero nos movemos en un absoluto plano de realismo en cuanto a las cuestiones de la defensa de Occidente». Pero, a continuación, se preguntó «¿Para qué hemos comprado el Eurofighter?», «¿contra quién vamos a usarlo? Porque como no sea para declarar la guerra a Estados Unidos»...

El diputado catalán considera el avión demasiado sofisticado e invencible y, por tanto, innecesario. Lo mismo ocurre con los carros de combate Leopard, y se preguntó si su compra es solo «para quedar bien con los alemanes», aunque ironizó sobre que «no hemos tenido demasiado éxito en ese sentido». En opinión de Feliu-Joan Guillaumes i Ràfols «hemos estirado más el brazo que la manga».

El secretario de Estado de Defensa, Pedro Argüelles, le respondió que «si un ejército no está preparado, no está equipado, pierde una cosa sustancial que es su capacidad de disuasión. Existe un desarrollo tecnológico y una búsqueda de la innovación en la tecnología militar porque es la manera de disuadir sin necesidad de tener que ir a la guerra».

Maquillaje del presupuesto

Medidas adicionales como la aprobada el viernes permiten maquillar los presupuestos militares y posibilitar que cuando las cuentas generales del Estado llegan a las Cortes, se puedan hacer titulares como que «Defensa rebaja su presupuesto un 6 %», reduciéndose de 6.316 millones a 5.937 millones de euros. En realidad, ni en 2012 fueron 6.316 ni este año son 5.937.

Para empezar, con este crédito extraordinario de 877,33 millones de euros, el presupuesto inicial de Defensa ya se ve incrementado un 14,77%.

Y a esto deben sumarse los gastos de las misiones militares en el exterior, cuyo coste el pasado año se cifró oficialmente en 753 millones de euros. Algunas fuentes señalan que el presupuesto final del Ejercito rondará los 8.000 millones de euros.

Como reconoció Argüelles el pasado mes de mayo en el Congreso, en 2012 a la dotación inicial de 6.316 millones de euros se le sumaron, del fondo de contingencia del Ministerio de Hacienda 753 millones de euros destinados a cubrir los gastos en las operaciones en el exterior. Más adelante, en setiembre, se añadirían los 1.782 millones de euros del crédito extraordinario destinado al pago de la deuda de los proveedores de defensa. Junto a esto y otras operaciones, al final los créditos disponibles para el Ministerio de Defensa fueron de 8.709 millones de euros oficialmente reconocidos. Luego hay operaciones a través de otros ministerios y de otros organismos que también acaban convirtiéndose en gasto militar.

Créditos de Industria

Al maquillaje del presupuesto de Defensa contribuyen también otras medidas, acordadas hace unos quince años por el Gobierno español y que pasan por financiar los programas de compra de armamento con préstamos del Ministerio de Industria.

Según expuso el secretario de Estado de Defensa en el Congreso de los Diputados, esa «prefinanciación» del Ministerio de Industria alcanza «aproximadamente 15.000 millones de euros». Son créditos sin interés que las empresas deben devolver a Industria cuando reciben el dinero de Defensa.

Se trata de una operación estética que hace parecer que se acaba pagando menos dinero. De hecho, Argüelles sostuvo que de los 29.500 millones de coste que tienen los programas especiales de armamento, unos 6.000 se han pagado, esos 15.000 son prefinanciación de Industria, por lo que «quedarían por financiar 8.000 millones a lo largo de los próximos años».

Para el pago de esas cantidades se aprobó el viernes el crédito de 877,33 millones de euros. Argüelles, ya dejó caer en el Parlamento que cada año harán falta entre 800 y 1.000 millones además del presupuesto para ir pagando la factura de un programa especial de armamento de alta tecnología. Una factura que, por cierto, costará unos 625 euros a cada habitante del Estado español.Construyen un submarino que se hunde pero que no puede volver a la superficie

Es cierto, los submarinos tiene como misión ir bajo el agua, por lo tanto, han de hundirse. Hasta ahí, perfecto. La cuestión es que deben poder hacer esa operación varias veces. Es decir, no basta con que un submarino se hunda, sino que ha de ser capaz de salir a flote. Lo dicho parece una tontería, pero no lo es. La empresa pública española Navantia está construyendo cuatro submarinos del programa S-80, y analizando el que va más avanzado de todos ellos, se han dado cuenta de que tiene sobrepeso. Exactamente 75 toneladas de sobrepeso que garantizan que va a poder sumergirse en cuanto quiera, pero que hacen dudar de que pueda volver a emerger cuando sea necesario.

En su comparecencia ante la comisión pertinente del Congreso, el secretario de Estado de Defensa, Pedro Argüelles, solventó la cuestión diciendo a sus señorías que en el programa S-80, ocho años después de iniciar su construcción, «Navantia, la empresa contratista (pública), ha identificado una serie de problemas técnicos relacionados con el sistema de propulsión y el balance de pesos, que originan un retraso adicional del programa. En la actualidad se está llevando a cabo una revisión del programa con la incorporación de una asistencia técnica que evalúa su desarrollo. En virtud de las conclusiones de este estudio, se tomará más adelante la decisión sobre la configuración final del programa».

Los «problemas técnicos», que la versión oficial pretende dar como normales en este tipo de construcciones, son que al irle introduciendo los diferentes elementos necesarios, resulta que el submarino pesa 75 toneladas de más.

La incorporación de una «asistencia técnica» para «revisar el programa» se traduce en la contratación de la empresa estadounidense Electric Boat, para ver si hay que poner a dieta al submarino o elevar su talla, para que el índice de masa corporal le permita nadar y no solo bucear. El coste de este asesoramiento técnico es de unos 14 millones de euros.

Y la solución que finalmente se ha planteado es alargar el submarino entre 5 y 7 metros, con respecto a los 71 de los planos originales. Esto, claro está, obliga a replantear toda la ingeniería del buque.

Pero hay otro detalle de peso, el primero de los submarinos está ya construido en un 70%. Así que, de momento, las innovaciones se irán introduciendo en el segundo, que solo va por la mitad. Todo esto provocará un retraso de dos años en el programa y un coste añadido de otros 800 millones. Pese a todo, Defensa insiste en que mantendrá el techo inicial de 2.135 millones de euros, aunque es evidente que también en este apartado habrá un sobrepeso final.


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