jueves, 16 de enero de 2014

Leopoldo Valido in memoriam. Reflexiones ante la tumba de un comunista.

 
Por Máximo Relti / Canarias Semanal.- La pasada semana murió Leopoldo Valido, al que en Canarias conocíamos por “Polo, el mecánico". Su nombre no apareció ni en la prensa, ni en la radio. Tampoco los tertulianos, tan elocuentes cuando algún poderoso la diña, comentaron nada acerca de él ni de su biografía. Y estas cosas suceden pese a que "Polo, el mecánico" había consagrado una buena parte de su vida en la defensa de los trabajadores, de los desgraciados, de los que nada tienen. Ni siquiera la organización a la que habia pertenecido, el PCE, se dignó a enviar un triste ramo de rosas rojas, un gesto que forma parte de la tradición que durante años han mantenido los militantes de ese Partido. 

La verdad es que los apellidos de "Polo, el mecánico" solo se habían asomado a los medios de comunicación hace la friolera de cuarenta y cinco años, cuando en 1968 un Consejo de Guerra sumarísimo lo condenó a dar con sus huesos en prisión por "rebelión militar". Todo parece indicar, desafortunadamente, que el nombre y los apellidos de Polo se borrarán, sin duda, de la memoria de la ciudad a la que entregó los mejores años de su vida 

UNA PERSECUCIÓN SIN TREGUA

Y es que la historia ha sido ingrata con los comunistas españoles. Cuando en el año 1939 concluyó la Guerra Civil con la derrota sin paliativos de la II República, simultáneamente se desencadenó una despiadada persecución sin precedentes históricos contra todos aquellos que por acción o pensamiento habían defendido el ideario de los comunistas. No es esta una afirmación gratuita. Enemigos tan furibundos del comunismo, como fueron el Ministro de Propaganda del gobierno de Hitler, Joseph Goebbels, o el titular de la Cartera de Exteriores de la dictadura fascista de Mussolini, Galeazzo Ciano, dejaron constancia en sus respectivos diarios personales la consternación que les había producido la crudeza que exhibía en el ejercicio de la represión el gobierno del general Franco.
La "caza del comunista" se convirtió en la obsesión de aquella máquina de matar que fue el aparato del estado fascista en España. Decenas de miles de ellos fueron liquidados en el curso de los primeros años de la postguerra. La "victoria" de las tropas insurrectas se trocó en un aviso de que contra los comunistas todo estaba permitido
El desenlace final de la II Guerra Mundial, con el decisivo papel que en el mismo jugó la Union Sovietica, disminuyó considerablemente el torrente de fusilamientos de militantes comunistas en España, pero no dio tregua a la persecucion y a las torturas de aquellos que pese haber sido derrotados durante el conflicto civil se empeñaron en dar continuidad a su combate. Durante dos décadas y media el PCE, contra viento y marea, fue curtiendo laboriosamente sus redes sociales a lo largo y ancho de todo el Estado. Entre 1945 y 1965 el PC era la única organización política capaz de suscitar la preocupación de la Dictadura de Franco. Su peso en la sociedad española creció de tal manera que para todos se convirtió en "el Partido". Para la mayoría estaba claro que cuando se hablaba de "el Partido" no se podía tratar de otro que del Partido Comunista, porque el PCE había quedado situado frente al aparato represivo del franquismo en la más absoluta de las soledades. En justicia hay que decir que durante aquellos años no existió otra organización política en la oposición antifranquista que fuera capaz de recoger las banderas abandonadas en los barrizales de la pavorosa derrota de Abril de 1939.

INGRESO EN EL PARTIDO

Fue en la primera parte de la década de los sesenta cuando Leopoldo Valido, al que conocíamos con el sobrenombre de "Polo", ingresó en las filas clandestinas del PCE. No era propiamente un asalariado, sino que se ganaba la vida con la propiedad de un modesto taller de mecánica de automóviles, ubicado en las inmediaciones del barrio de Arenales de la capital grancanaria. Arenales había sido históricamente un barrio convulso. A principios del siglo XX la sangre de once trabajadores corrió por sus calles cuando la Guardia Civil disparó a quemarropa contra una protesta popular motivada por un descarado fraude electoral. Fue precisamente en ese barrio también donde en los años de la postguerra se constituiría un importante núcleo de células del Partido que permitió que la vida de este no se apagara durante los periodos más obscuros de la represión. Allí comenzó "Polo, el mecánico", su militancia en el Partido en la década de los sesenta.
Pero la década de los sesenta había dejado ya muy atrás los años sombríos de la postguerra, aunque todavía en 1963 la dictadura de Franco se atreviera a arrastrar hasta el paredón a Julián Grimau García, un miembro destacado del Comité Central del PCE, que se encontraba en aquellas fechas en una misión partidaria en España. Las nuevas generaciones, desconocedoras de la tragedia de la guerra y de sus dramáticos efectos ulteriores, se incorporaban paulatinamente a la sociedad española, introduciendo cambios radicales en el panorama demográfico del país y en sus costumbres. Fue en ese contexto en el que "Polo" se incorpora a la actividad política clandestina, cuando ya había cumplido la treintena.

EL PCE SALE DE LAS CATACUMBAS. LATITUD 28

En esa época, en la organización del PCE en Canarias se produjo un enconado contencioso en torno a cuál debía ser la táctica a seguir en la lucha contra el franquismo. Por una parte, se encontraban los militantes más viejos de la organización, curtidos en una férrea disciplina de clandestinidad, resultado de experiencias propias de los años más duros de la represión. Por otra, las nuevas generaciones que se iban incorporando al PC, pugnaban por lo que ellos denominaban "la salida la superficie", consistente en el abandono de la clandestinidad de catacumbas, y la apertura del Partido a nuevas formas de vinculación con la sociedad. "Polo", aunque por entonces sobrepasaba con creces los treinta años, se incorporó a la lucha con esos sectores juveniles que encontraron su más representativa expresión en el movimiento cultural conocido con el nombre de "Latitud 28". Alrededor de esta iniciativa legal, cuyo principal promotor fue el escultor Tony Gallardo, se nuclearon una gran cantidad de jóvenes. 
Latitud 28, utilizando el pretexto - imprescindible entonces - de la cultura se fue filtrando en determinadas áreas de la sociedad canaria, alcanzando una influencia social y política que como organización clandestina no podía obtener. Leopoldo Valido jugó un papel importante en el curso de esta faceta del PCE en la isla de Gran Canaria.
Fue a finales de esa década, concretamente en septiembre de 1968, cuando de forma abrupta y dramática concluyó esta rica etapa del Partido Comunista en la isla, a través de la cual la organización había logrado un estimable asentamiento social del que hasta entonces había carecido.
 UNOS POCOS Y VIEJOS CAMARADAS EN EL ENTIERRO DE "POLO EL MECÁNICO"

LA CAÍDA DE SARDINA

En el tórrido verano de 1968, más de un centenar de personas se reunió el 15 de septiembre en la Caleta de Martorell, en la localidad de Sardina del Norte, con la finalidad de prestar su apoyo solidario a los trabajadores de una empresa con cuya dirección tenían disputas salariales. La organización del Partido solía encubrir su actividad tras coberturas que tuvieran apariencias de legalidad. En este caso la concentración se presentada como una mera "excursión". En el curso de estos eventos se producían intercambios de opinión e intervenciones públicas sobre el problema que los convocaba. Entre otros objetivos estos encuentros servían también para establecer relaciones más sólidas con los colectivos afectados que se pudieran proyectar en acciones futuras. 
Pero en esta ocasión la Guardia Civil estaba al corriente de lo que se escondía tras aquella "excursión". Pronto las negras siluetas de los tricornios acharolados se dibujaron a lo largo de todo el perfil de la cima que rodeaba la playa. Aquél fue un momento tenso, en el que una mezcla de rabia y miedo turbaban los pensamientos de los allí presentes. Todos comprendieron lo que había entrado en juego. Algunos, los que no pudieron o no supieron resistir el reto, huyeron a través del mar de un escenario que no auguraba un final pacífico. 
Pronto la Guardia Civil les planteó un ultimátum inaceptable. Tres de los allí concentrados, que ellos consideraban dirigentes, debían entregarse. La respuesta de los cincuenta que todavía permanecían en el lugar fue contundentemente solidaria: "¡O todos, o ninguno!”. Entre los insolentes que se negaban a aquella propuesta vejatoria se encontraban "Polo, el mecánico" y su compañera, José Montenegro Álamo, "Armandillo León, Jesús Redondo Abuin, José del Toro… y otros muchos. No solo se mantuvieron firmes ante los cuarteados mosquetones amenazantes de los civiles, sino que, además, pretendieron atravesar el cerco desfilando en manifestación hasta el pueblo más próximo. El comandante que dirigía el destacamento, eructando aún los restos del alcohol que había ingerido para poderse enfrentar con aquel grupo de hombres, mujeres y niños desarmados, no dudó un instante: disparó a diestro y siniestro contra aquella masa indomable que se negaba a obedecer sus órdenes. Uno de ellos cayó fulminado al suelo por un disparo en una pierna.
Luego vino todo lo demás. Veinte de los detenidos fueron condenados en un Consejo de Guerra sumarísimo a penas que iban de uno a once años de prisión. A “Polo, el mecánico” lo condenaron a dos años que cumplió en la prisión de Palencia.
Hay algunos que consideraron aquella acción como un error táctico de los comunistas canarios. Es cierto que la caída de cualificados dirigentes de la época y de no pocos militantes de base en aquella acción, permitió que la dirección del PCE en las Islas cayera posteriormente en manos de los sectores más derechistas de la organización. La aparición en el escenario político de las Islas de José Carlos Mauricio, que pasaría de ser Secretario General de la organización del PCE en el Archipiélago a diputado de la derecha caciquil canaria, está vinculada a alguno de los efectos letales de aquella acción. Pero ocurre también que en la lucha política las carambolas históricas no son predecibles. 

REFLEXIÓN FINAL

Difícilmente se puede decir que el balance provisional de la lucha de los comunistas españoles en general, y el de los canarios en particular, ha sido históricamente positivo. La historia ha sido ingrata con ellos. Pero antes de que la historia lo fuera, ya lo había sido la propia dirigencia del PCE que en momentos cruciales para su futuro se rindió y vendió el patrimonio histórico del Partido a cambio de un miserable plato de lentejas.
Los comunistas constituyeron la única fuerza política cuya acción cuarteó definitivamente a la dictadura franquista. También es verdad que el sacrificio de decenas de miles de militantes de ese Partido a lo largo de los 40 años de Dictadura no se ha visto compensado por el establecimiento de la sociedad más justa que perseguían, donde se dieran las condiciones para impedir que el hombre continuara siendo un lobo para el hombre. Pero a la luz del calamitoso desarrollo de la sociedad capitalista actual ¿quién se atrevería hoy a asegurar que el balance de la lucha de los comunistas por una sociedad diferente es el definitivo?.

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