sábado, 11 de enero de 2014

Una victoria de todos/as

Beatriz Gimeno.-La paralización por ahora de la privatización de la sanidad pública en Madrid es una muy buena noticia. Es buena porque permite ganar tiempo, un tiempo precioso hasta que se celebren elecciones y podamos echar a los ineptos que nos gobiernan. La enorme y efectiva contestación social que se ha producido contra esta privatización ha sido útil no sólo para paralizar ésta por ahora, sino también para reforzar el discurso público en contra de la misma; es sobre todo, una victoria ideológica. Al luchar de manera organizada y efectiva contra los planes del gobierno de la Comunidad de Madrid, la Marea Blanca ha conseguido no sólo su objetivo más evidente e inmediato, paralizar el proceso, sino que ha abierto una grieta ideológica que esperemos poder continuar abriendo. Una de las consecuencias de esta lucha ha sido que el PSOE ha tenido que elegir bando y, además, en el caso de Madrid y Tomás Gómez lo ha hecho de manera muy decidida. Esta postura de ahora tendrá que mantenerla si llega a gobernar, solo o en coalición.

No olvidemos que si bien el PP es adalid ideológico de las privatizaciones (“externalizaciones” las llaman) lo cierto es que éstas se están extendiendo por toda España de manera más o menos evidente como bien demuestra la Coordinadora de Organizaciones por la Sanidad Pública. Sabemos que la sanidad es uno de los sistemas de protección social que se está desmantelando de manera sistemática desde hace muchos años y no sólo en España sino en toda Europa. Las cuestiones/problemas que la sanidad pública les plantea a los gobiernos son fundamentalmente dos: la primera es que la sanidad pública, gratuita y de la máxima calidad no parece ser compatible con las políticas de austeridad. Es un servicio público muy caro y que no da beneficios directos, por tanto es un enemigo a batir por las políticas que se imponen ahora y que los partidos de gobierno aceptan con importantes diferencias sí, pero aceptan. La segunda cuestión es que la sanidad es un nicho de negocio casi ilimitado y ahí están los neoliberales puros del Partido Popular para despiezarla, malvenderla y ayudar a las empresas que después van a contratarles a ellos.

Por ahora la marea blanca ha detenido lo que significaba un paso irreversible dada la cantidad y calidad de los servicios sanitarios que pretendían privatizarse; como bien dijeron los jueces hubiera sido imposible revertir políticamente el proceso. La Marea Blanca, trabajadores y usuarios de la sanidad pública, ha mandado un mensaje claro: la ciudadanía, sin importar su adscripción ideológica, queremos que la sanidad siga siendo un servicio público. Es más, como también manifiestan las encuestas la gente prefiere incluso pagar más impuestos a tener que pagar un seguro sanitario, siempre más caro, de peor calidad y, sobre todo, que normaliza algo que afortunadamente parece que aún nos resulta insoportable: que la salud, es decir, la vida dependa exclusivamente del dinero que tengas o te puedas gastar en mantenerla. Esta es una idea escandalosa en sí misma a la que están intentando que nos acostumbremos; de ahí la importancia práctica, pero también simbólica, que tiene esta victoria.

Quiero recordar que los trabajadores/as de la lavandería central hospitalaria siguen en una huelga indefinida contra unos salarios auténticamente de miseria que son producto directo de estas privatizaciones. Me gustaría que la Marea Blanca se extendiese a todos estos trabajadores y trabajadoras que prestan servicios imprescindibles aunque no directamente sanitarios.

Recomiendo leer este folleto para entender lo que está pasando con nuestra sanidad y en qué punto estamos.

Beatriz Gimeno es escritora y expresidenta de la FELGT (Federación Española de Lesbianas, Gays y Transexuales)


Ver todos los artículos de Beatriz Gimeno.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Los comentarios serán publicados una vez moderados.