viernes, 28 de febrero de 2014

Venezuela: La batalla de las redes.

Iroel Sánchez.- En una entrevista que realicé a Silvio Rodríguez hace algún tiempo, este hizo una de las definiciones más completas y sintéticas que he visto sobre las redes sociales e Internet:

“Las redes sociales y la Internet, como todo lo que fabrica el hombre, se puedeconvertir en un arma y también en un escudo, incluso en un fin en sí mismo. Todo depende de quién lo use y para qué. Pero más allá de la ideologización, lo cierto es que la Internet, como la televisión o las ondas de radio, nos enlazan con el mundo distante. No se borran fronteras, pero se trasgreden. La Internet es la más reciente prueba de lo rápido que puede viajar cualquier idea, lo mismo sea verdad que mentira. Es otro espacio humano más, donde lo único objetivo es la tecnología.”

Los días que transcurren alrededor de la situación en Venezuela dan razón a estadefinición. Las redes sociales han sido la plataforma para que los amantes de la libertad de prensa entendida como libertad de empresa difundieran imágenes de sucesos ocurridos en Chile, Cataluña, Grecia, Ucrania, Egipto y Siria como provenientes de las calles caraqueñas pero también para que estas fueran inmediatamente denunciadas como falsas del otro lado.

Desde Twitter y Facebook grandes medios de comunicación han tomado sin dudar los testimonios fabricados y los han brindado a sus audiencias. Algunos de ellos -como el diario madrileño El País y CNN en Español- han llegado a convocar directamente las manifestaciones opositoras contra el gobierno de Nicolás Maduro.

Celebridades de la industria cultural asentada en Miami y Hollywood, han probado su falta de independencia y la incapacidad de distanciarse de sus empleadores y han salido -cuando la realidad ha ido apareciendo y la calma retornando- a trasgredir fronteras y mantener el patrón que los medios desean imponer. Si el cantante de Calle 13 René Pérez, la folclorista Cecilia Tood, el propio Silvio Rodríguez, o el mismísimo Diego Armando Maradona, tienen una posición diferente, para sus argumentos hay silencio mediático e insultos desde el sector que en la redes sociales dice pretender la democracia. Sin embargo, son los perfiles en Twitter de usuarios chavistas, sus blogs o los espacios en la web de medios como Russia Today y TeleSUR los que nos han permitido saberlo.

Han sido las inversiones de la empresa pública CANTV y las políticas sociales del gobierno chavista las que han posibilitado que sea Venezuela el país con más alto uso de Internet en Latinoamérica, lo que unido a la eliminación del analfabetismo y el acceso gratuito a todos los niveles de la educación permite que las bases de la Revolución bolivariana disputen la hegemonía en la Red de redes en circunstancias como las presentes.

No son los humildes los que más tiempo y dinero tienen para gastar en redes sociales e Internet. Pero si en 18 elecciones el chavismo ha impuesto su popularidad real, la última de las cuales ganó con casi el 60% de los votos el pasado diciembre, ahora está -minuto a minuto- luchando porque la verdad alcance a la mentira en la Red de redes. (Publicado enCubAhora)

Artículos relacionados:

jueves, 27 de febrero de 2014

La Técnica del Golpe de Estado

Umberto Mazzei.- “La locura individual es cosa rara, pero en grupos, partidos, naciones y épocas, es la norma”. Friedrich Nietzsche. La Técnica del Golpe de Estado es el título de un libro de Curzio Malaparte, escrito en 1931, que, según dicen, Ernesto “Che” Guevara leía con avidez. Su idea fundamental es que el golpe de Estado es un problema técnico y no político. Malaparte pasa revista a los golpes de estado más famosos, algunos exitosos y otros fracasados. El golpe de Bonaparte, el “18 brumario”, sería el primer Golpe de Estado moderno. Entre los golpes de la primera mitad del siglo XX, menciona el de Primo de Rivera en España, el de Pilsudsky en Polonia y otros más, pero resalta los golpes en que el objetivo golpista fue anunciado antes. El de Trotsky en Rusia y el de Mussolini en Italia. El libro, publicado en Paris, fue prohibido en países con muy distinto tipo de gobierno: en Alemania, Austria, Bulgaria, España, Grecia, Hungría, Portugal, Polonia, Yugoslavia y otros. Los totalitarios lo prohibían por ser un manual para revoltosos; los democráticos, por lo mismo. Según el autor, el propósito era mostrar cómo se conquista un Estado moderno y cómo se le defiende, porque “la historia de los últimos años es […] de la lucha entre los defensores del principio de la libertad y la democracia, esto es, del estado parlamentario, contra sus adversarios”. Malaparte afirma que es posible, en cualquier país democrático, dar un golpe de Estado, aún sin una situación crítica y sin el apoyo de masas. Basta un grupo que frene la maquinaria estatal y tome el poder sin confrontar la fuerza adversaria. En Rusia, el gobierno Kerensky protegió los órganos políticos, pero Trotsky ocupó los órganos técnicos. Luego intentó lo mismo, en 1920, contra Stalin, pero Stalin uso cuerpos especiales de defensa que obraban sobre el mismo plano técnico. En Italia, al gobierno lo defendían los sindicatos de Giolitti y la policía; los grupos fascistas neutralizaron ambos, tomaron el sistema ferroviario y fueron en trenes a Roma a sacar al gobierno de Luigi Facta. El rey, Victor Emmanuel III, con Roma en camisa negra, encargó a Benito Mussolini, la formación del gobierno y legalizó el golpe. La estrategia es la de siempre: concentrar las fuerzas en el punto más sensible del adversario, que en un Estado moderno son los servicios públicos y los medios de comunicación. Las debilidades del Estado moderno El problema central del Estado moderno es la representación de la voluntad popular. Con los sistemas actuales de sufragio periódico, el elector delega su voluntad política con el voto y la soberanía popular se desplaza a sus representantes. En realidad, se desplaza a los partidos políticos, que suelen ser poco democráticos y por eso vemos perpetuarse las camarillas de los mismos en el poder, jugando a las sillas ministeriales. Esa perversión existe por la pérdida del sentido comunitario, que es la base implícita de la representación; en su lugar ahora se consulta a masas desconectadas, amorfas, fáciles de manipular, como dice José Ortega y Gasset en La Rebelión de las Masas. La representación y la base social amorfa, promueven una clase de políticos profesionales que se constituye en una oligarquía que defiende por igual intereses propios o de particulares, en un clima de confusión irresponsable, como dice Alain de Benoit. Son gobiernos elegidos que no trabajan por los intereses de la gente y del país; son gobiernos de Partidocracia, como ya decían en los 60 Giuseppe Maranini, Georges Burdeau, Maurice Duverger y otros sociólogos políticos. La partidocracia siempre servirá intereses propios y no de esa mayoría que engatusa con cuentos ideológicos, slogans, promesas mentirosas y onerosos espectáculos de movilización. En el Estado moderno, las telecomunicaciones son el principal instrumento para orientar esa opinión pública informe y llevarla hacía los objetivos que se desean, al punto de que se convirtieron en importante arma de guerra. Arma para la guerra cultural y psicológica, la de desinformación y propaganda; cuyo último frente operativo son Internet y las redes sociales. Los golpes de Estado desde la Segunda Guerra Mundial Antes de la Primera Guerra Mundial, la política imperialista de Gran Bretaña y Francia solía cambiar los gobiernos hostiles mediante intervención militar. Los Estados Unidos cultivaron siempre, sobre todo en América Latina, el golpe de Estado militar. A partir de la Segunda Guerra Mundial la técnica cambió y se comenzó a derrocar gobiernos elegidos por sufragio, organizando turbas que le dan al golpe un aspecto de rebelión popular. También se comienza a llamar al Golpe de Estado con el más aséptico término de Cambio de Régimen, porque se usa decir régimen a un gobierno que se eterniza en el poder sin celebrar elecciones. Un golpe de Estado bien documentado, que muestra la evolución del progreso técnico es el de Irán, en agosto de 1952. Los datos los tomo del agudo y delicioso libro de Kart Meyer y Shareen Blair Brysac, titulado “Kingmakers, the invention of the modern Middle East”. El fondo del asunto era, como ahora, el petróleo. El 15 de marzo, 1951, ante la negativa británica de aumentar la participación de Irán en la renta petrolera, el parlamento iraní (Majlis) nacionalizó la Anglo-Iranian Oil Company. El Shah Reza Pahlevi nombró primer ministro a Mohammad Mossadeq, promotor de la nacionalización y jefe del Frente Nacional. Los británicos amenazaron, movieron barcos de guerra, cerraron la refinería de Abadan, impusieron sanciones económicas, congelaron fondos iraníes en el exterior y decretaron un bloqueo petrolero. Como hace Estados Unidos ahora. Los americanos no apoyaron a los ingleses y mandaron un agente, Kermit Roosevelt, a preparar el propio golpe, bajo el nombre de Operación AJAX. Los ingleses le dejaron una red de anglófilos y enemigos de Mossadeq, dirigida por los hermanos Rashidian, importadores de productos ingleses, que demostraron habilidad en organizar turbas callejeras. Bajo presión, el Shah intentó sin éxito destituir a Mossadeq, en julio de 1952. Para entonces ya existía una alianza entre la CIA y el M16 y la operación AJAX había sido aprobada en junio. La CIA envió caricaturas de Mossadeq y afiches a Theran y empezó la campaña para desacreditar el gobierno de Mossadeq. Artículos sobre el peligro comunista en Irán fueron plantados en la prensa local e internacional. Se orquestó redes de inteligencia, se contrató agentes provocadores y especialistas en violencias que pudieran atribuirse a los comunistas. Se distribuyeron armas a las tribus. Se torturó y mató al Jefe de la Policía de Teherán. El Gran Ayatollah lanzo fatwhas (condenas) contra los comunistas. El 25 de julio, Kermitt Roosevelt, bajo el nombre de James F. Lochridge, llegó a Teherán con $100.000 en billetes iraníes de baja denominación. Los americanos escogieron al General Fazlollah Zahedi para remplazar a Mossadeq. En parte por su conocida poca simpatía por los ingleses y su anticomunismo. Su hijo, Ardeshir había estudiado en EE UU y sirvió de enlace. El paso siguiente fue convencer a un Shah tembloroso –su alias en código era Boy Scout- de firmar un decreto nombrando a Zahedi primer ministro. Mossadeq sabía que se preparaba un golpe y disolvió el Mahlis para impedir que la CIA obtuviera su destitución con sobornos. El Shah firmó los decretos nombrando a Zahedi y los envió a Mossadeq, pero Mossadeq, rodeado de tropas leales rehusó reconocer su autenticidad, mandó arrestar a Zahedi y radio Teherán denunció el intento de golpe. El Shah huyó a Roma. Zahedi esperaba en las montañas. Roosevelt diseminó en la prensa internacional noticias de la sustitución de Mossadeq por Zahedi. La Embajada de EE UU imprimió millares de copias de los decretos y pagó agentes para su distribución. Turbas mercenarias ayudaban a militantes del partido comunista Tudeh a demoler estatuas del Shah. El 18 de agosto regreso de Suiza el Embajador norteamericano Loy Henderson y pidió a Mossadeq que enviase a casa a los partidarios suyos que manifestaban en las calles, porque de lo contrario evacuaría todos los residentes norteamericanos. Mossadeq cayó en la trampa y sacó a su gente de las calles. El 19 de agosto los periódicos iraníes publicaron los decretos del Shah con el nombramiento de Zahedi. Tropas leales al Shah escoltaron a una turba organizada por los hermanos Rashidian. El modo era singular: armaron un espectáculo ambulante de circo que atraía gente, mientras tanto los actores gritaban consignas a favor del Shah y regalaban billetes de diez riales. En otros lugares grupos mercenarios armados de garrotes destrozaban las sedes del Frente Nacional y agentes de la CIA pegaban retratos del Shah en automóviles y muros. En la tarde las turbas ocuparon el Ministerio de Relaciones Exteriores y la central de policía. Lo más importante fue la toma de la estación de radio y de la central de telégrafos –doctrina Malaparte- desde donde se vitoreaba el alzamiento y se exaltaba al Shah. Tanques Sherman rodearon la sede del gobierno de Mossadeq, que escapó por los techos. Al otro día Zahedi se presentó a bordo de un tanque en Radio Teherán y allí se proclamó Primer Ministro. El golpe costó la vida a cerca de trescientas personas, según el New York Times. Las turbas aclamaban a Zahedi, al Shah y gritaban “America Zindabad!” (Viva América). Entre un trago y otro En la segunda postguerra, las conspiraciones norteamericanas en el Cercano Oriente se tejían desde el Bar del Hotel Saint George, en Beirut; según memorias de agentes famosos, como Miles Copeland (The Game Player). El hilo conductor era el oleoducto transarábico (Tapline) que debía unir los pozos de la Aramco en Arabia Saudita con el Mediterráneo. Eso resultó en epidemia de golpes militares. En Siria, en 1949, hubo tres y otros en 1954 y 1970; en Egipto en 1952 y en 1956; en Irak en 1958. Con la crisis del Canal de Suez en 1956, Gran Bretaña quedó fuera del mundo árabe. Estados Unidos creó la Doctrina Eisenhower, que asistía a los árabes que resistieran la amistad del Egipto de Gamal Abdel Nasser o de la Unión Soviética. Se brindó por golpes de Estado también en otras partes. En América Latina, los casos más notorios son: Arbenz en Guatemala, Perón en Argentina, Vargas en Brasil, Arosemena en Ecuador, Goulart en Brasil, Rojas Pinilla en Colombia, Bosch en Dominicana, Estenssoro en Bolivia, Allende en Chile, Bordaberry en Uruguay. En Asia, África y Europa también hubo víctimas: Congo, Corea del Sur, Vietnam del Sur, Grecia, Ghana, Indonesia, la lista es muy larga. El modelo de masas y prensa: la “revolución de color” La implosión de la Unión Soviética y el descrédito del marxismo leninismo, coincidieron con la revolución mundial de la informática y de Internet. La nueva tecnología ayuda a la creación rápida de textos e imágenes y su comunicación inmediata; es como hecha a la medida para difundir propaganda y el eje de la capacidad técnica y la difusión está en Estados Unidos. En esencia, se trata de movilizar masas, identificadas con un color, en la capital, para hacer huir a un gobierno débil. Si es un gobierno sólido, se crean pretextos ante la opinión pública mundial para una intervención militar, local o extranjera. Otro elemento complementario son las ONG y otros agentes, como Nacional Endowment for Democracy, Freedom House, Open Society Institute o USAID, que preparan ideológica y técnicamente cuadros que llevan a cabo el golpe y luego gobiernan para sus mandantes. El primer golpe de masas y prensa se dio en Moscú, en 1993. Una campaña internacional de prensa convirtió al alcohólico de Boris Yeltsin, en un héroe que seguido de una turba y una compañía de tanques, bombardeó el parlamento ruso, recién elegido. Yeltsin nombró luego a Anatoly Chubais como Presidente de la Comisión de Propiedad Estatal, para vender, por centavos, las industrias del Estado a correligionarios y amigos, como la petrolera Yukos, que valía $70 millardos y la compró Mikhail Khodorkovsky, por $360 millones. En 2002 se dio, en Venezuela, un efímero golpe de Estado cívico-militar, contra el Presidente Hugo Chávez. La oposición, demolida en las últimas elecciones, convocó a protestar. La multitud fue infiltrada por agentes provocadores para incitar una represión violenta. Ante la falta de represión, unos francotiradores mataron varios manifestantes. Fue el pretexto para que un grupo de militares arrestase al Presidente. Se formó un gobierno provisional, que cayó en dos días porque las guarniciones del interior no apoyaron y una multitud enardecida recorría el centro de Caracas, reclamando el regreso del Presidente Chávez. En 2003, se dio la primera revolución de color, en Georgia, para sacar a Eduard Shevardnaze, último Canciller Soviético y Presidente de Georgia. Hubo elecciones el 2 de noviembre. El 22 los partidos derrotados convocaron a protestar frente al edificio donde el 23 debía reunirse el nuevo parlamento. Antes, el día 20, una emisora transmitió varias veces un documental sobre las protestas en Belgrado, en 2000, organizadas por Otpor, un grupo estudiantil, que sacaron a Slobodan Milosevic del poder. Días antes, gentes de Otpor dieron clases durante tres días sobre como tumbar un gobierno a más de mil estudiantes en Tibilisi. Los gastos fueron por cuenta del Open Society Institute, de George Soros. El 23, la policía custodiaba el Parlamento y grupos de activistas repartían miles de rosas a los manifestantes, un indicio de organización previa(1). Fue cuando Mihail Saakashvili, abogado georgiano de New York, entró sin oposición y tomó el Parlamento con un grupo de activistas. Hubo complicidad: Tedo Japaridze, jefe del Consejo Nacional de Seguridad con Shevardnadze, fue su Ministro de Relaciones Exteriores. En noviembre del 2004 Viktor Yanukovysh ganó las elecciones en Ucrania. Su rival, Víctor Yushchenko, tenía el apoyo de los medios ucranianos. Después de su derrota, se repitió la operación de Georgia. Se acusó de fraude y una turba desfiló por las calles de Kiev, con banderas anaranjadas, regalando rosas: la revolución naranja. Los medios amplificaron el desorden y bajo presión internacional, la Corte Suprema anuló la elección anterior. La Primavera Árabe En 2011, las noticias sobre rebeliones en los países árabes tenían algo de hollywoodiano. La narrativa de la prensa era la misma. Gente joven se comunica por Internet, protestan en las plazas, combaten la policía, el tirano huye, la tiranía colapsa y se llama a elecciones. El villano era un personaje con décadas de poder y pocos meses de vida, que ya era hora de remplazar. Era la “revolución de jazmines”; versión árabe de las revoluciones coloreadas. Hubo un par de villanos que no conocían su guion: los de Libia y Siria. Se inventaron hechos para narrar sobre manifestaciones pacíficas, que, agredidas, se convertían en rebelión armada que merecía apoyo humanitario, con bombas y misiles. La “obligación de proteger”, como dijo la Secretaria de Estado, Hillary Clinton. En Libia, en Benghazi, la rebelión fue armada desde el inicio y apadrinada por el francés Bernard-Henry Levy. En Siria, con elecciones poco antes, hubo una protesta en que manifestantes y policías fueron muertos por francotiradores. Ambos países fueron atacados por mercenarios salafistas financiados y armados por Qatar y Arabia Saudita y apoyados por la OTAN: una intervención extranjera disfrazada de guerra civil. En Libia, después de 6 meses de bombardeos, la OTAN triunfó y entregó el gobierno a Al-Qaeda & Cº y ahora rige el caos. Siria se salvó de las bombas de la OTAN gracias al desgano de Gran Bretaña, al veto ruso y chino en el Consejo de Seguridad y a 13 barcos de guerra de esos dos países protegiendo su costa. Las revueltas actuales en Ucrania y Venezuela Ucrania: Viktor Yanukovysh, el despojado en 2004, ganó las elecciones de 2010, sobre Yushchenko, que sacó 10% de los votos. La condena de Julia Timoshenko, que fuera Primer Ministro, por apropiación indebida, causó inquietud social. Ahora hay de nuevo protestas en Kiev. La narrativa de la prensa internacional sobre esas protestas dice que son por el rechazo del gobierno ucraniano a una oferta de asociación de la Unión Europea. Pero el texto del acuerdo no es público y además sería difícil leer y entender sus densas páginas legales. Por el nombre, Acuerdo de Asociación Económica, es el mismo acuerdo tipo que la UE firmó con América Central y ofrece a los países suramericanos y africanos. En Ucrania, como en el Cercano Oriente, se busca exasperar y aprovechar las divisiones religiosas y culturales para cambiar gobiernos e imponer políticos propios: divide et impera. La fractura en Ucrania existe desde la Segunda Guerra Mundial. Stalin desplazó Polonia hacía el oeste, en tierras alemanas, pero expulsó la población alemana. Ucrania recibió tierras polacas al oeste, pero sin expulsar a los polacos. Por esa razón existe en Ucrania una minoría que habla polaco y es católica. Mientras la mayoría es ortodoxa y habla ruso. No olvidemos que Ucrania es el origen de Rusia. El pueblo vikingo de los Russ creó primero el Reino de Kiev y desde allí se expandió hacia el este y el sur, en lo que ahora es Rusia. En Ucrania se quiere repetir la revolución naranja, pero con armas. En cualquier país sería inaceptable la activa y pública intervención de funcionarios europeos y norteamericanos azuzando las protestas. El objetivo de la intromisión es “cambio de régimen”, como dijo la Secretaria de Estado adjunta, Victoria Nuland, cuando admitió, en un encuentro del Nacional Press Club, patrocinado por Chevron, que los Estados Unidos han invertido 5 millardos fomentando la agitación en Ucrania. El nombre del títere que quiere imponer, Arseni Iatseniouk, afloró en una conversación suya con el embajador en Kiev, Geoffrey Pyatt, que fue interceptada. En este momento las protestas ya son insurrección armada, contra una policía desarmada, por lo que ya van 105 policías heridos de bala y 35 muertos. Eso obligó al gobierno a equipar con armas la policía para que pueda defenderse. El gobierno ucraniano calcula que en el centro de Kiev hay unos 5 mil activistas extranjeros entrenados en desatar violencia. Muchos vienen desde Moldavia, según la prensa del Transdniester, otros de Polonia. Rusia debe apoyar con firmeza a Ucrania contra la ingerencia de países de la OTAN en los asuntos ucranianos. Venezuela: El pasado 8 de diciembre tuvieron lugar en Venezuela elecciones para consejos municipales, de las que la oposición quiso hacer un referéndum sobre la contestada legitimidad del presidente Nicolás Maduro. La oposición (MUD) sacó un decepcionante 42,2% de los votos. Es inesperado que después de una elección desfavorable tan reciente, la oposición salga a las calles a pedir la renuncia del presidente. Es cierto que en Venezuela hay muy graves problemas de seguridad, abastecimiento y solvencia fiscal que siguen sin resolverse. Es cierto que la permanencia en el gobierno de las mismas personas que no supieron resolverlos es mal augurio para una pronta y eficaz solución. Pero es cierto también que el gobierno tuvo una reciente confirmación de su respaldo electoral y su fuerza callejera. Las protestas y movilizaciones de la oposición tienen un objetivo confesado por sus propios dirigentes: cambio de régimen. La constitución venezolana ofrece la posibilidad de hacer un referéndum revocatorio a mitad del ejercicio presidencial y se puede cambiar de régimen con impecable legalidad democrática. Se trata de un impaciente berrinche de los opositores -o de sus mandantes- que no quieren esperar la ocasión de hacerlo por la vía legal. Es siempre ilegal derrocar al gobierno elegido y el riesgo es ser acusado de causar muertes con disturbios fuera de lugar, amén de causar agotadoras pérdidas de tiempo y dinero. La técnica utilizada es la de otros golpes recientes: una campaña de prensa con exageraciones, alimentada con mensajes sin verificar; siembra de mentiras en redes sociales; entrevistas selectivas en la prensa internacional; condena a la supuesta violencia por ciertos gobiernos; fotografías retocadas de protestas masivas, para efectos de propaganda. Todo dirigido a crear ante la opinión internacional un clima propicio para una intervención “humanitaria”. Por fortuna hasta ahora sólo hay nueve muertos, entre oposición, policía, chavistas y transeúntes. Con esa cifra, lamentable, pero baja, de víctimas, no es creíble la denuncia de represión salvaje, por quienes invocan la protección de los marines. Hay una indicativa inversión de estereotipos durante la tentativa de golpe. En las alcaldías socialistas hay normalidad y calma; en las de oposición liberal, reinan la agitación y el odio. Conclusiones y precauciones Las técnicas para golpes de Estado o cambio de régimen evolucionan. La informática y los medios de comunicación son hoy armas de guerra muy efectivas. Los países que quieran mantener su independencia deben crear y mantener alianzas con dominio técnico en ambos, para defender eficazmente la soberanía y los intereses nacionales o regionales. Hay también que crear equipos de gente con la capacidad cultural para captar los hechos importantes, entender su sentido y anticipar, capaz de analizar información en los principales idiomas, y transmitir en ellos mensajes convincentes. Se debe entrenar a periodistas, analistas y diplomáticos para que sean competentes, mundanos e interesantes. No todos los países independientes tienen la misma capacidad, por ello conviene aliarse y abrir los rangos a quienes pueden aportar mejoras a la eficiencia de la gestión. Para evitar golpes de Estado por obra de minorías entrenadas, los gobiernos deben: a) tener respaldo de masas organizadas para neutralizar turbas mercenarias; b) mantener seguridad en los servicios públicos (electricidad, transporte, TV, radio, teléfonos, agua, etc.); c) tener medios para difundir la versión verdadera de la noticia; d) vigilar las actividades en el país de asociaciones extranjeras; f) vigilar el ingreso de fondos del exterior para grupos nacionales. Vis pacem, para bellum. Ginebra, 22/02/2014




Umberto Mazzei es doctor en Ciencias Políticas de la Universidad de Florencia. Es Director del Instituto de Relaciones Económicas Internacionales en Ginebra. 




Fuente: ALAi AMLATINA, 24/02/2014.- 



martes, 25 de febrero de 2014

La mentira en la historia de Estados Unidos

Pedro Salmerón Sanguinés 

Utilizar la historia o el mito para justificar las peores barbaridades, inventar esencias o necesidades y construir ideas de raza o nación, ha sido práctica común desde que existe la organización social basada en la opresión. Los imperios que se consolidaron en la época moderna, cuyas élites siguen dominando la economía mundial, no hicieron otra cosa para legitimar sus conquistas y genocidios. Un ejemplo muy claro de la manipulación de la historia lo presenta la construcción ideológica de Estados Unidos y su excepcionalidad.

Según esa idea, Estados Unidos tiene el derecho, sea por sanción divina o por obligación moral, de brindar civilización, democracia o libertad al resto del mundo, mediante la violencia si es necesario. Complementa esa idea otra, según la cual Estados Unidos tiene el destino manifiesto de expandirse por todo el continente y, posteriormente, llevar al mundo nuestro gran cometido de libertad y autogobierno (Howard Zinn, La Jornada, 27 y 28/7/05).

Esas ideas, que en sí no son muy distintas de las justificaciones divinas, raciales o ideológicas que otros imperios o estados totalitarios han usado para legitimarse, están en la base de un gigantesco proceso de falsificación de la historia.

La derecha estadunidense combate a quien cuestione esos mitos convertidos en dogmas: En los años treinta, los libros de texto que no fuesen de un patrioterismo conservador eran denunciados, prohibidos o quemados. Durante la guerra fría la persecución ideológica arreció. En las universidades se combinó la represión selectiva con la corrupción generalizada, es decir, la investigación a sueldo para justificar las políticas de guerra, agresión y contrainsurgencia:

Así se construyó una visión del pasado de los Estados Unidos como una historia de consenso, basada en las doctrinas del excepcionalismo norteamericano y del Destino Manifiesto, y en el mito de la conquista triunfante del oeste, que omitía cualquier mención sobre la raza, esclavitud, conquista de los pueblos nativos y restricciones opresoras sobre muchos grupos marginalizados incluyendo las mujeres (Josep Fontana, Historia: análisis del pasado y proyecto social [edición de 1999], pp. 264-266).

Al mismo tiempo, la teoría de la modernización sostenía que el milagro estadunidense, donde los planteamientos del marxismo no es que fueran equivocados, sino totalmente irrelevantes, podía repetirse en los países subdesarrollados, si seguían las mismas reglas que habían observado los norteamericanos.

Dichas reglas, impuestas por la combinación del poder económico y militar, se resumen en dos: libre mercado y sujeción a la economía estadunidense. Hannah Arendt lo explica con claridad prístina:

“Cuando se nos decía que la libertad era para nosotros la libre empresa, fue muy poco lo que hicimos para destruir tan enorme falsedad [...] Hemos afirmado que en los Estados Unidos la riqueza y el bienestar económico son los frutos de la libertad, pese a que debiéramos haber sido los primeros en saber que ese tipo de felicidad constituía la bendición de América con anterioridad a la Revolución y que su razón de ser era la abundancia natural bajo un gobierno moderado y no la libertad política ni la iniciativa privada, libre y sin freno, del capitalismo, el cual ha conducido en todos los países donde no existían riquezas naturales a la infelicidad y a la pobreza de las masas. En otras palabras, la libre empresa sólo ha sido una bendición para Estados Unidos” (Arendt, Sobre la revolución, p. 357).

La historia oficial en Estados Unidos tiene ese sentido. Dice Howard Zinn: Se puede mentir como un bellaco sobre el pasado. O se pueden omitir datos que pudieran llevar a conclusiones inaceptables.

Los manuales escolares omiten las diferencias de clases, la esclavitud, las guerras de conquista; omiten también las razones económicas, geográficas y demográficas que permitieron que Estados Unidos se convirtiera en imperio. Es una historia que, reduce el pasado a los encuentros y desencuentros, heroísmos e infamias de un grupo de elegidos, que por regla general son blancos, machos, militares y ricos, dice Eduardo Galeano sobre el libro de Zinn (La otra historia de los Estados Unidos, p. 17. La cita de Galeano en cuarta de forros).

Frente a esto, las historias oficiales de los totalitarismos parecen burdas e ineficaces. El nazismo se apoyó en una de las mayores mentiras ideológicas de la modernidad: la diferencia de raza; y apoyado en ella, perpetró uno de los más atroces crímenes colectivos de la historia. Pero su mentira duró 12 años como política de Estado. El estalinismo falseó la historia de manera sistemática. Pero su dictadura historiográfica se derrumbó al cabo de un cuarto de siglo.

La mentira sistemática con la que Estados Unidos justifica sus guerras de agresión y la imposición de sus modelos económicos al mundo, lleva más de dos siglos vigente.

Twitter: @salme_villista





lunes, 24 de febrero de 2014

Para presentar 50 años de operaciones encubiertas en EE.UU

Elier Ramírez Cañedo.- El libro que hoy presentamos de la editorial Pathfinder, bajo el título: 50 años de operaciones encubiertas en EE.UU, fue publicado por primera vez en inglés en la revista marxista New International, y al año siguiente en español en una especie de breve folleto. Esta nueva edición mantiene como principal trabajo el escrito por Larry Seigle, con el mismo título del volumen, pero incorpora un prefacio de Steve Clark, uno de los principales líderes actuales del Partido Socialista de los Trabajadores en los EE.UU. y el artículo “La guerra imperialista y la clase trabajadora”, que no es más que las palabras introductorias que Farell Dobbs escribió en 1949 a la tercera edición de otra importante obra: El socialismo en el banquillo de los acusados, de James P. Cannon. De esta manera, el libro termina incitando a la lectura imprescindible de otro.

Cannon y Dobbs, fueron dos dirigentes del Partido Socialista de los Trabajadores que, junto a otros 16 compañeros de lucha, resultaron acusados, condenados y llevados a prisión en 1941, bajo cargos federales de “conspiración”, en lo que se conoció como “caso fabricado de Minneapolis”. Fue la primera vez que se aplicó la Ley Smith, conocida popularmente como “Ley Mordaza”, promulgada por el presidente Franklin D. Roosevelt en 1940, con el objetivo de silenciar a la vanguardia sindical y el movimiento obrero que se oponía a la entrada de los EE.UU. en la Segunda Guerra Mundial. El socialismo en el banquillo de los acusados es el testimonio completo que James P. Cannon —en ese momento como secretario nacional del Partido Socialista de los Trabajadores— dio desde el estrado de un tribunal federal en Minneapolis en el transcurso de tres días de noviembre de 1941. Testimonio que se convirtió en una denuncia política y en programa comunista para la vanguardia combativa de la clase trabajadora.

Como bien señala Clark en su introducción a 50 años de operaciones encubiertas en EE.UU, los hechos que se describen y analizan en este libro constituyen un hito histórico: “Una organización comunista estaba entablando una demanda contra el gobierno capitalista, en vez de verse obligada a defenderse y a defender a sus miembros contra un caso fabricado por policías y fiscales. Los trabajadores comunistas —junto con otros sindicalistas, agricultores y partidarios de los derechos civiles— eran los demandantes, y las agencias y funcionarios del gobierno eran los acusados. Y no al revés”.[1]

Asimismo, en el artículo de Larry Seigle se reconstruye todo el proceso que condujo a que en 1973, el Partido Socialista de los Trabajadores (PST) y la Alianza de la Juventud Socialista (AJS), dos organizaciones comunistas en los EE.UU. llevaran a corte al Buró Federal de Investigaciones (FBI), al Servicio de Inmigración y Naturalización (SIN) y a otras agencias policiacas, por los años de espionaje, hostigamiento, y las campañas guiadas a desorganizar e interrumpir sus actividades. Después de muchos años de lucha legal y, sobre todo, de lucha política, el 25 de agosto de 1986, el juez federal Thomas Griesa emitió su fallo contra el FBI y a favor del PST. El fallo incluyó la decisión de prohibir el acceso a las agencias gubernamentales a usar cualquier información en los 10 millones de páginas que el FBI acumuló ilegalmente para hostigar a los miembros del PST y de la AJS.

Si bien constituyó algo muy inusual en la historia de los EE.UU., el hecho de que estas organizaciones comunistas hubiesen logrado sentar en el banquillo de los acusados al gobierno, más aun lo fue que resultaran vencedoras después de muchos años de intenso bregar. Los que piensen que la razón de esta victoria estuvo en la lucha legal, se equivocan, pues el triunfo fue el resultado de una aguda lucha política entre las clases en conflicto.

Una mayor comprensión de este desenlace, lo brinda el trabajo de Seigle, al remontarse a los orígenes de la guerra del FBI y otras agencias gubernamentales contra los derechos democráticos de los ciudadanos estadounidenses, en los años del gobierno de Franklin D. Roosevelt. Nos explica cómo ese tipo de prácticas comenzaron en vísperas de la Segunda Guerra Mundial y no como sostienen algunos autores durante el auge del macarthismo en los años 50 o cuando la lucha por los derechos civiles alcanzó su mayor madurez en los 60.

Se describe cómo la administración Roosvelt aprovechó el marco de la segunda guerra mundial y la lucha contra el fascismo para darle rienda suelta al FBI —encarnado en la figura de Edgar Hoover— y arremeter contra los derechos democráticos y constitucionales de sus propios ciudadanos. Los grupos sindicalistas, los afronorteamericanos, los activistas que luchaban contra la guerra y por la emancipación de la mujer y las organizaciones comunistas como el PST y la AJS, fueron los primeros y principales objetivos.

Bajo el precepto de “seguridad nacional”, todo era permisible, el mismo recurso lingüístico que empleaban en política exterior para agredir, invadir y subvertir procesos revolucionarios en otros países. Al discurso de la necesaria unidad nacional para enfrentar el avance del fascismo, se sumó el Partido Comunista de los Estados Unidos. El mismo que luego, cuando la URSS firmó con Alemania el conocido pacto de no agresión, rompería su alianza con la administración Roosevelt. La única explicación para entender esta posición es que su brújula estaba orientada hacia y por la URSS, mal del que padecieron también otros de los partidos comunistas en América Latina después de la muerte de Lenin y el ascenso de Stalin al poder en la Unión Soviética.

Las organizaciones e individuos que entendían que EE.UU. tenía que luchar contra el fascismo exterior, pero también contra el interior que segregaba, discriminaba y vejaba a los negros, chicanos y japoneses, eran acusados de divisionistas, encarcelados y reprimidos, pues según el gobierno todos los esfuerzos debían concentrarse en ese momento en ganar la guerra y en mantener la unidad nacional. Los independentistas puertorriqueños, como también nos muestra el libro que presentamos, sufrieron una intensa persecución del FBI en esos años.

El artículo de Seigle se detiene en el período macarthista, en los años 50, cuando los miembros y simpatizantes del partido comunista se convirtieron en las principales víctimas de la cacería de brujas del gobierno estadounidense.

Queda enjuiciado el programa secreto de contrainteligencia y contrainsurgencia del FBI conocido comoCointelpro, abreviatura de Counterrintelligence Program, aprobado en 1956 por el presidente Eisenhower en una reunión del Consejo de Seguridad Nacional. Este programa estuvo dirigido a socavar y destruir cualquier tipo de disenso a lo interno de la sociedad estadounidense, utilizando métodos sucios y anticonstitucionales, como falsas pruebas, trampas y la infiltración de agentes y provocadores. No solo se trató de espiar y obtener información sobre los grupos pro derechos civiles y antibelicistas y sus principales líderes, sino de desacreditarlos, desmoralizarlos, ponerlos a enfrentarse entre sí, e incluso, en algunos casos, eliminarlos físicamente. Los principales objetivos de este programa fueron nuevamente los miembros del Partido Comunista, del Partido Socialista de los Trabajadores, del Partido Panteras Negras, otros grupos y partidos defensores de los derechos civiles, antibelicistas y religiosos, así como líderes de la talla de Angela Davis, Marthin Luther King, Malcom X, Mumia Abu Jamal, entre otros. Este programa estuvo aplicándose durante toda la década del 60 e inicios de los 70.

Hoy se conoce sobre este programa secreto gracias a los que podemos llamar los antecesores de Edward Snowden en los años 70: un grupo de ocho jóvenes pacifistas que penetraron las oficinas del FBI en Media, Pensilvania, el 8 de marzo de 1971, sustrajeron de manera clandestina cientos de documentos y comenzaron a enviarlos a varios periódicos estadounidenses identificándose como “Comisión Ciudadana para Investigar al FBI”. Entre la lista de documentos revelados había una carta con la que los agentes del FBI habían querido chantajear al reverendo Martin Luther King Jr, al que amenazaban con denunciar sus aventuras extramatrimoniales si no se suicidaba. [2]

Aunque por medios oficiales se afirma que el programa Cointelpro fue descontinuado después de todos los escándalos salidos a raíz de Watergate y las audiencias del Church Committe en 1975,[3] según el investigador cubano Eliades Acosta: “existen numerosas evidencias y documentadas denuncias que indican su permanencia y expansión bajo otra cobertura, otras denominaciones, y quizás, con técnicas y procedimientos mucho más sofisticados”.[4]

Luego, los atentados del 11 de septiembre del 2001, brindaron un pretexto ideal a la administración Busch para un nuevo impulso y expansión de este tipo de técnicas y procedimientos, a través del Acta Patriótica, la legalización de la tortura, los golpes preventivos y asesinatos selectivos.

Muchas personas hoy en el mundo se muestran totalmente sorprendidas con la revelaciones hechas por el ex contratista de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) Edward Snowden sobre el sistema de vigilancia y espionaje mundial practicado por el gobierno de los EE.UU. no solo contra lo que consideran sus enemigos, sino también contra algunos de sus aliados y sus propios ciudadanos, violando tanto las leyes internacionales, como la constitución del país. Sin embargo, el Comandante en Jefe, Fidel Castro, había estado denunciando durante 20 años este proceder[5] y libros tan necesarios como el que hoy presentamos, demuestran que la vigilancia ilegal y sistemática para obtener información —aunque no tan sofisticada como la de hoy— en función de propósitos oscuros, no constituye un fenómeno nuevo, sino que ha sido una práctica constante de los gobiernos norteamericanos.

50 años de operaciones encubiertas en EE.UU., aporta también —especialmente a los lectores cubanos— una importante experiencia a tener en cuenta en la lucha de nuestro pueblo por la liberación de los antiterroristas cubanos que aún cumplen injustas condenas en los EE.UU. La disputa del PSP y de la AJS contra el gobierno estadounidense y sus fuerzas policíacas solo fue posible ganarla a través de una intensa movilización política. Los Cinco son presos políticos, por lo tanto, si bien la batalla legal es indispensable, lo que sacará definitivamente a nuestros héroes de prisión será la campaña política que sepamos llevar adelante, y conquistar, en ese caso, el sentimiento, la solidaridad y el acompañamiento del pueblo norteamericano. El próximo 27 de febrero, saldrá Fernando González de prisión, pero aún permanecerán en las mazmorras: Antonio Guerrero, Ramón Labañino y Gerardo Hernández. Este último corre incluso peligro de morir en cautiverio si no logramos vencer en esta causa.

El caso de Los Cinco, al igual que el de Minneapolis en 1941, fue un caso fabricado por el gobierno norteamericano, con participación sobresaliente del FBI. Fueron acusados de espionaje y además, en el caso de Gerardo Hernández, de conspiración para cometer asesinato. Sin embargo, en mayo del 2001 la propia Fiscalía solicitó que se retirara la acusación formulada contra Gerardo, reconociendo que no podía sustentarla y en el 2009 la Corte de Apelaciones decidió revocar las sentencias impuestas por el cargo de “conspiración para cometer espionaje”, porque 14 jueces habían determinado por unanimidad que, en este caso, no había nada que afectase la seguridad nacional de los EE.UU., ni prueba alguna de espionaje.[6] Pero el gobierno estadounidense evitó nuevamente que se hiciera justicia y que estos acontecimientos se convirtieran en noticia.

Lo más perverso de toda esta historia es el hecho de que el gobierno norteamericano trató de vender una imagen de los Cinco como la de unos criminales que querían destruir esa nación, y al mismo tiempo, protegió a los verdaderos terroristas que actuaban en su territorio, de cuyos movimientos y planes tenían toda la información, buena parte de ella ofrecida por el propio gobierno cubano, poniendo en riesgo así no solo la vida de los cubanos, sino la de los propios ciudadanos estadounidenses.

El único “delito” de los Cinco consistió en haber penetrado las organizaciones que desdelos EE.UU. practicaban el terrorismo contra Cuba. Terrorismo que ha costado al pueblo cubano 3478 fallecidos y 2099 incapacitados.

Algo que se divulga insuficientemente es que ese terrorismo contra la mayor de las Antillas también ha provocado dolor y daños materiales más allá de nuestras fronteras. No pocas son las vidas que se han perdido de ciudadanos de otros países, como los seis marinos franceses que murieron cuando el brutal sabotaje al vapor La Coubre en marzo de 1960, los 11 guyaneses y cinco norcoreanos fallecidos cuando la voladura en pleno vuelo del avión de Cubana en Barbados, en octubre de 1976, o Fabio Di Celmo, el joven turista italiano víctima de un acto terrorista contra Cuba, al explotar una bomba que ordenó poner Luis Posada Carriles en el Hotel Copacabana, en La Habana. La lista es mucho más amplia y las secuelas de dolor y sufrimiento de los seres queridos, incalculables. También por investigaciones realizadas se conoce que el territorio estadounidense fue el más afectado por el terrorismo de origen cubano en los años 70, como parte de lo que se denominó la “guerra por los caminos del mundo”.

Por estas razones sostengo que los cinco cubanos no solo son héroes de Cuba, son héroes del mundo, pues no solo hicieron grandes sacrificios por proteger la vida de los ciudadanos cubanos, sino de personas de cualquier nacionalidad, incluyendo a los estadounidenses. Mientras más personas conozcan esta verdad irrebatible, los barrotes de esas prisiones serán definitivamente destrozados. Como ha dicho Gerardo Hernández: solo “un jurado de “millones” les hará justicia.

Los Cinco, fueron acusados de “conspiración”, cuando la verdadera conspiración vino del gobierno estadounidense para someterlos a los más crueles e inhumanos castigos. La corte de Apelaciones de Atlanta en agosto de 2005, había decidido anular el juicio amañado que tuvo lugar en Miami, considerando el realizado como una crasa violación a los principios constitucionales de los EE.UU., pero las presiones del gobierno lograron a la larga una retractación. Ahora además sabemos, aunque los consorcios mediáticos que dominan la información se han encargado de silenciarlo, que parte de esta conspiración gubernamental consistió en el pago a la prensa local miamense y a otros periodistas reclutados, utilizando ilegalmente fondos del presupuesto federal, para desatar contra los cubanos toda una campaña sensacionalista, que influyera en la decisión del jurado.

Quisiera terminar mis palabras agradeciendo a la editorial Pathfinder, por toda la labor que han hecho de divulgación de la causa de los Cinco, rompiendo poco a poco los muros de silencio que se han levantado en torno al caso y abriéndole paso a la verdad en todo el mundo, pero en especial en el seno de la sociedad estadounidense. (Tomado de Dialogar, dialogar)

[1] Larry Seigle, Farrell Dobbs y Steve Clark, 50 años de operaciones encubiertas en los Estados Unidos, Editorial Pathfinder, Canadá, 2014, p.8

[2] Mark Mazzetti, “Emergen de las sombras los Snowden de los años 70 que denunciaron al FBI”, 8 de enero de 2014, Cubadebate. (Internet)

[3] El Comité Church es el término común en referencia a Comité Selecto del Senado de los Estados Unidos para el Estudio de las Operaciones Gubernamentales Respecto a las Actividades de Inteligencia, un comité de Senado de EE.UU. presidido por el senador Frank Church en 1975.

[4] Eliades Acosta Matos, Imperialismo del siglo XXI: Las Guerras Culturales, Casa Editora Abril, Ciudad de La Habana, 2009, p.261.

[5] Iroel Sánchez, “Fidel Castro denunció espionaje de EE.UU. mucho antes que Snowden”, 4 de noviembre de 2013, blog La pupila Insomne. (Internet)

[6] Ricardo Alarcón de Quesada, “La disciplina mediática y el caso de los Cinco”, La Jiribilla, no 630, 1ro al 7 de junio de 2013.

Artículos relacionados:

sábado, 22 de febrero de 2014

GUERRA ECONÓMICA Y GUERRA SOCIAL. LA CLAVE PARAMILITAR Y MAFIOSA TRAS LA VIOLENCIA FASCISTA.


El pasado 05 de febrero el presidente de la Asamblea Nacional Diosdado Cabello anuncia desde San Cristóbal estado Táchira el decomiso de 939 toneladas de alimentos acaparados en varios galpones ubicados en las riberas del rio Torbe, cuyo destino era el contrabando de extracción hacia Colombia. Al día siguiente, los gobiernos de Colombia y Venezuela llevan a cabo en el estado Zulia en la llamada “cumbre contra el contrabando”, cuyo fin manifiesto es combatir ese flagelo. Y justo ese mismo día, sin que mediaran razones ni explicaciones, supuesto “estudiantes” encapuchados de la UCAB y la ULA ligados al partido Voluntad Popular atacan la sede de la gobernación del estado. A partir de ese día comienza la escalada violencia que alcanzó su clímax el 12 de febrero.

El 11 de febrero en la noche, un día antes de los acontecimientos del día de la juventud, es difundido un audio donde se escucha al ex-jefe de la Casa Militar de Carlos Andrés Pérez, Ivan Carratú Molina, conversar con el ex-embajador de Carlos Andrés Pérez en Colombia Fernando Gerbasi. A la sazón y para lo que nos importa, Gerbasi no solamente fue embajador de CAP en Colombia, sino además presidente de una de las instituciones más corruptas de la historia venezolana: el Fondo de Inversiones de Venezuela, a través del cual buena parte de los sectores económicos ligados a CAP y FEDECAMARAS multiplicaron sus fortunas dándose créditos preferenciales que nunca retornaron. En dicho audio, uno le dice al otro exactamente lo que acontecerá el día siguiente siguiendo el mismo plan del 11 de abril de 2002. Le aconseja no colocarse al frente de la manifestación sino al costado. Según, la información se la había dado la misma persona que se la dio el 11 de abril.

Como es por todos y todas conocido, quien llama y encabeza los hechos de violencia es el líder del partido de ultraderecha Voluntad Popular Leopoldo López. A ese mismo partido pertenece el alcalde de la ciudad de San Cristóbal Daniel Ceballos, quien se hizo famoso en la reunión con alcaldes electos convocada por el presidente Maduro al acusar al gobierno nacional de promover la xenofobia hacia los colombianos como consecuencia de su lucha contra el contrabando de extracción. También pertenece a ese partido Alberto Maldonado, alcalde del municipio Torbes (es decir, donde se hicieron los grandes decomisos de contrabando de alimentos) y nada más y nada menos que Alberto “tato” García, alcalde del municipio Ureña quien hizo campaña justamente victimizando a sectores del municipio afectados por la lucha contra el contrabando que desde su llegada a la gobernación ha emprendido Vielma Mora. Ureña es el municipio venezolano que colinda con Cúcuta, que es a su vez el principal destino del contrabando de extracción de alimentos y productos venezolanos (como la gasolina), pero también una de las principales sedes del mercado ilegal de dólares que se fugan del país.

Y es que Cúcuta, que en la actualidad es un santuario paramilitar, funge también de paraíso fiscal informal para venezolanos contrabandistas. Varias empresas venezolanas se han mudado para ese lado aprovechando la mano de obra más barata, pero también para montarse en las bicicleta cambiaria con los dólares CADIVI y las remesas. A su vez, dichas empresas se dedican al contrabando de extracción, vendiendo en Colombia varias veces más caro los productos que comprar infinitamente más barato de nuestro lado. Toda la red mafiosa es manejada por los paramilitares, lo que incluye comercios y casas de cambio pero sobre todo a las propias autoridades de la ciudad. De allí que éstas últimas no hagan ningún esfuerzo por combatir el contrabando que llega de Venezuela (por el contrario, los productos son vendidos libremente por toda la ciudad tanto en comercios formales como informales, tal y como quedó muy bien expuesto en el documental de Jorge Amorín) y también que una parte importante del mercado ilegal de dólares se maneje bajo las reglas del “dólar Cúcuta“, que es el tipo de cambio impuesto por las casas de cambio cucuteñas contra el bolívar.

Así las cosas, como todo el mundo sabe, el principal “socio” y padrino político de Leopoldo López (y de Capriles Radosnky) es el ex-presidente colombiano Álvaro Uribe Vélez, no solo un reconocido narcotraficante acusado de tal por la propia NSA de los Estados Unidos sino jefe máximo de las bandas paramilitares de Colombia tras la desaparición de Carlos Castaño, fundador de la AUC. Tras una serie de violentas masacres perpetradas contra la población, los paramilitares lograron hacerse con el control de toda la frontera y por ende de toda su actividad comercial lícita e ilícita. Tal es el recuerdo de muerte y destrucción que el paramilitarsmo de Uribe dejó en Cúcuta que el 26 de enero pasado durante una visita a la ciudad fue abucheado y tomateado por pobladores de la zona que le reclamaban su papel en elgenocidio. 

Tras los hechos violentos de estos días, Uribe a salido a manifestar su apoyo a Leopoldo López y ha llamado abiertamente a derrocar al gobierno del presidente Maduro. Nunca, que yo recuerde, se han dado casos como los de Uribe transformado en una especie de cruzado de la derecha latinoamericana metiéndose en los asuntos de todos los países de la región pero sobre todo Venezuela. Pero dado todo lo antes dicho, no podía ser de otra manera: y es que más allá de alguna consideración de orden político o ideológico, lo que defiende Uribe son sus intereses mafiosos ligados al contrabando y narcotráfico paramilitarizado, del cual su contraparte venezolana es sobre todo -que no exclusivamente- personajes ligados a Voluntad Popular, que se sirven del contrabando y la especulación cambiaria para conspirar pero también como medio de financiamiento para sus campañas políticas y terroristas además de lucrase individualmente.

Es por este motivo que en las pasadas elecciones municipales Voluntad Popular buscó por todos los medios de hacerse fuerte en la frontera o cerca (además de los ya señalados, cuenta con alcaldes en el municipio Páez de Apure -donde también fueron decomisadas varias toneladas de alimentos-, en Socopó de Barinas, que no es exactamente fronterizos pero que ha sido desde hace rato una vía de penetración paramilitar y de extracción ilegal de madera, en Guásimo de Táchira y otros tres entre Mérida y Trujillo). La guinda de esta conexión paraca la remata David Smolansky en El Hatillo, quien viene de las filas del movimiento extremista de estudiantes de la UCAB. Debemos recordar que El Hatillo no solo es el municipio donde quedaba la célebre finca Daktari donde se alojaron los paramilitares descubiertos en 2004, sino además donde todavía se señala por parte de vecinos de las zonas rurales que la presencia paramilitar no ha disminuido sino que se ha difuminado por varios sectores que llegan hasta las vecinas zona norte y rural del municipio Sucre del estado Miranda, donde gobierna Primero Justicia tanto a nivel municipal como regional.

¿Dónde entran Carratú Molina y Gerbasi en toda esta historia? Pues que al igual que Antonio Ledezma (el otro activo promotor de los eventos del 12-f) su vinculación con Carlos Andrés Pérez, los hizo participes desde hace años de redes de narcotráfico tejidas desde Colombia y que atraviesan Venezuela aprovechando tanto la posición geográfica como el hiperdesarrollado y ultraconcentrado sector financiero bancario, históricamente integrado a los mercados financieros globales como consecuencia del mecanismo de extracción de renta petrolera. Para más detalle sobre este tema se puede leer aquí y aquí. Simplemente, en ánimos de hacer memoria, recordemos los casos de Orlando Castro, Ramiro Helmayer, Tinoco y el banco Latino, la yegua “porcelana” regalada por el patriarca del clan Ochoa al expresidente así como el funesto capítulo de la liberación de Larry Tovar Acuña, ya en tiempos de Ramón J. Velazquez.

Volviendo al tema de los hechos violentos de estos días y su vinculación con el contrabando y Uribe, debe tomarse en cuenta que ante la evidente colaboración de las autoridades cucuteñas con el contrabando de extracción que se padece en el país (colaboración que viene dada por el origen paramilitar de dichas autoridades), tras la mencionada reunión de los gobierno de Venezuela y Colombia para coordinar la lucha contra las mafias se ha escenificado de aquel lado de la frontera fuertes protestas muy parecidas a las aquí desatadas por grupos que también se ven afectados en sus intereses. Debe tomarse en cuenta a éste respecto lo siguiente: más allá de los temas diplomáticos, al gobierno de Santos le interesa este tema porque los empresarios colombianos también se ven afectados por el contrabando de productos venezolanos, pues el mismo se suma a la avalancha de productos que están entrando a dicho país por la vía del TLC con los Estados Unidos y que están tirando a muchos productores a la quiebra.

Así pues, queda en evidencia lo que se ha venido diciendo desde hace rato: que la lucha contra la guerra económica, la inseguridad y la corrupción es la misma, y que los principales instigadores de la guerra económica, la inseguridad y la corrupción lo son también de la guerra social y el fascismo.

Fuente: SUR-VERSION