sábado, 8 de febrero de 2014

Certeza de la corrupción

Beatriz  Gimeno.- Aunque el paro es la primera preocupación de los españoles (y es normal, tiene que ver con poder comer) la corrupción se ha convertido en su principal certeza, muy por delante de cualquier otra fe compartida. El 95% de los españoles cree que la corrupción es generalizada. Y que el 95% lo crea significa que lo creen los hombres y las mujeres, las amas de casa y los parados, las adolescentes y los disc-jockeys, los médicos y los empresarios, las funcionarias y los albañiles. Creemos en la generalización de la corrupción mucho más que en dios, en la patria o en la familia, entes difusos o invisibles. La corrupción no se imagina, se ve, se palpa, la leemos en los periódicos bien como asuntos judiciales o bien cómo loterías que siempre tocan a los mismos; o bien en forma de mansiones que se compran o se edifican alcaldes de pueblo, ex políticos o empresarios que dejan de pagar los salarios a sus trabajadores. La corrupción la vemos –o la olemos- en cada recalificación, en cada presupuesto, en cada prejubilación fastuosa, en todas las pensiones millonarias; la corrupción la imaginamos en todos los consejos de administración, en el deporte y en la política, en las empresas y en las obras públicas y privadas.

No hay español ni española que no sepa a estas alturas que donde se construye algo (viviendas, equipamientos, carreteras o trenes) hay gente que se hace inmensamente rica y mucha otra gente que se hace más pobre (nosotros y nosotras). No hay nadie que no sepa que donde el constructor dice que aquello va a costar mil termina costando un millón y que donde dicen que se trata de un equipamiento muy útil y que traerá riqueza lo que trae es despilfarro, bolsillos llenos de algunos, destrucción del medio ambiente y, finalmente, desastre.

Ese 95% de creyentes españoles en la corrupción, por la misma razón, no creen en ninguna otra cosa. Si se cree que la corrupción está generalizada no se puede creer en la democracia, el sistema, los partidos, la honradez de los políticos, no se cree en nada, sólo en la corrupción. Porque la corrupción es como una marea de alquitrán que se va extendiendo y manchando cualquier cosa que toca. No sólo mancha, sino que ocluye, impide respirar y ahoga. Y eso está ocurriendo con esta democracia. Si la tierra está contaminada, todo lo que crezca sobre ella lo estará. A estas alturas es casi superfluo insistir en que hay políticos honrados. Los hay, y hay muchos. Pero lo cierto es que por muy honrados que sean muchos políticos, aquí todos son culpables de no haberse preocupado lo suficiente en detener o en poner barreras a esta inmensa podredumbre que nos inunda.

Aquí nadie se ha plantado y se lo ha tomado en serio. Esta semana la publicación de estas cifras no ha provocado ningún revuelo en el mundo político, no ha generado declaraciones, y mucho menos acciones, que nos demuestren que de verdad le dan a este asunto alguna importancia. Ellos siguen a lo suyo. La corrupción puede ser solo un problema ético en tiempos de abundancia; cuando a la gente no le importa que el empresario/alcalde/político de turno se enriquezca porque se tiene la impresión de que hay para todos. Pero cuando ya hay gente pasando hambre, cuando las vidas de la mayoría de las personas se estrechan hasta límites insoportables, la corrupción es una bomba en el vientre del sistema y una bomba contra ellos mismos.

La rabia está creciendo hasta límites insospechados. Cuando el otro día mis compañeros de oficina, personas sociológicamente conservadoras, votantes del PP/PSOE en su mayoría, me llamaron la atención porque, sin darme cuenta, saqué una lata de Coca Cola de la máquina, olvidando que los trabajadores de la planta de Fuenlabrada están en huelga, me di cuenta de que las cosas han cambiado de una manera muy significativa. Una certeza del 95% de que la corrupción está generalizada, significa la misma cifra de personas que tienen la certeza de que nos roban y engañan. Significa un 95% de personas que no creen nada de lo que los partidos les dicen, que no confían en los políticos y eso al final siempre estalla, para bien o para mal, pero estalla.

Beatriz Gimeno es escritora y expresidenta de la FELGT (Federación Española de Lesbianas, Gays y Transexuales)


En Twitter es @BeatrizGimeno1

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