jueves, 27 de marzo de 2014

La violencia en las manifestaciones y en las Marchas de la Dignidad.

Por Juan Torres López.- Cualquiera que se haya informado bien de lo ocurrido en los momentos finales de la Marcha de la Dignidad que llegó a Madrid el sábado pasado ha podido comprobar que hubo lamentables momentos de violencia que desgraciadamente han provocado que varias personas (manifestantes y policías) hayan resultado heridas, algunas de consideración.

Al respecto creo que lo primero que hay que manifestar es que resulta lamentable que haya ocurrido eso y que es deseable que todas esas personas se recuperen bien y cuanto antes. Ya he dicho en muchas ocasiones en esta web que me parece que la paz debe ser el lenguaje y la práctica continua de los seres humanos, no la excepcional. La violencia, venga de donde venga, la genere quien la genere y sea cuál sea su causa, es un fracaso de la humanidad. La paz, por el contrario y por muy imperfecta que sea, es el camino y no un instrumento que utilicemos de vez en cuando, solo cuando no tenemos problemas con los demás o cuando son irrelevantes o de pequeña factura.

Por tanto, creo que debemos condenar sin ningún reparo la violencia que se ejerció al final de la Marcha.

Dicho eso, creo que también hay que ser coherentes y afrontar los hechos con objetividad pues las cosas no siempre ocurren como nos dicen que han ocurrido.

Lo primero que hay que señalar es que todas las organizaciones y personas que convocaron la Marcha hicieron siempre una llamada permanente a la acción pacífica. Nunca llamaron a la violencia sino que advirtieron para que nadie cayese en provocaciones.

Es cierto, sin embargo, que en la órbita ideológica de las izquierdas más radicales hay personas o grupos que no tienen otro modo de expresar sus reivindicaciones que no sea por medio de la violencia. Negar eso es una hipocresía. Incluso en esta web hemos comprobado a veces la violencia verbal con que muchas de estas personas se expresan, algo que no puede llevar sino a más violencia y más peligrosa cuando ese tipo de personas se encuentran en situaciones de tensión.

También es bien sabido que en ese tipo de manifestaciones hay grupos provocadores de extrema derecha que se infiltran justamente para generar el efecto contrario al que buscan los promotores pacíficos de las movilizaciones. De ahí que en muchas ocasiones se produzca una desgraciada combinación de extremismo de derechas e izquierdas que a mi juicio tiene más que ver con la barbarie y la marginación que con otra cosa y, desde luego, muy poco o nada con la actividad política.

Finalmente, no podemos olvidar que desde hace años (y mucho más justo cuando ha habido mayor número de manifestaciones con motivo de la crisis y de los recortes tan injustos que se vienen haciendo) es la propia policía la que infiltra a sus agentes como si fueran manifestantes normales y corrientes para provocar los incidentes que justifican la intervención policial. Las pruebas de ello son abundantes e indiscutibles, pues hay multitud de fotos y videos que muestran que efectivamente los provocadores más violentos son muchas veces policías que hacen todo lo posible para que una manifestación pacífica se convierta en violenta y así puedan quedar justificadas las cargas policiales. Negarlo también es una hipocresía lamentable.

Estos últimos días han circulado por la red fotos de encapuchados que ayudan a la policía uniformada a poner esposas a detenidos o de otros mostrando sus pulseras distintivas cuando van a ser golpeados por la policía, precisamente porque los habían detectado siendo especialmente violentos.

Y, por último, creo que tampoco es una simple casualidad que las cargas policiales y los hechos más violentos se produzcan siempre unos minutos antes de las noticias televisivas de la noche, lo que permite que los telediarios abran con escenas siempre impactantes y que crean un inevitable rechazo hacia las manifestaciones y hacia quienes las convocan.

Comprendo que la policía debe hacer su trabajo y que su misión es procurar que no se den disturbios innecesarios pero lo que está ocurriendo es que los mandos al servicio de un gobierno a su vez cómplice y servidor de los grandes grupos financieros y de poder utilizan a los policías para hacer un servicio de represión vergonzosa. No para prevenir, sino para crear altercados, a veces, como ha ocurrido en esta última ocasión, incluso poniendo en peligro la integridad física de los propios policías.

Hay videos que ponen de manifiesto que la policía irrumpió en el acto final del sábado pasado antes de que hubiera concluido y cuando se trataba de un acción perfectamente legal y pacífica, lo que es natural que provocase indignación y rechazo.

No voy a justificar ningún acto de violencia. No me voy a rendir. Quiero que la paz sea siempre mi única expresión, mi único modo de entenderme con los demás seres humanos. Pero no voy a caer en el error de dejarme llevar por la sinvergonzonería de unos dirigentes políticos que usan a otros seres humanos para evitar que la gran mayoría de la sociedad disfrute de derechos elementales que les están quitando en beneficio de unos pocos.

Lamento sin ningún tipo de reserva la violencia y condeno los altercados y la lesiones y el daño que se han producido, tanto a manifestantes como a policías, y a ambos en la misma medida. Pero condeno sobre todo a quienes han provocado todo ello y ahora quieren hacer pasar por violentos a cientos de miles de personas pacíficas que reclaman con dignidad justicia y las libertades que nos están quitando.


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