lunes, 12 de mayo de 2014

Violencia machista y “Perspectiva de familia”

Hace un par de semanas un maltratador habitual degolló a sus dos hijos, uno de los cuales murió. Aún recordamos el caso Bretón y otros casos en los que los niños han sido víctimas de la violencia desatada por un maltratador machista. No estoy totalmente de acuerdo con Miguel Lorente (aunque sí con su argumento fundamental) cuando al defender la vigente ley contra la Violencia de Género asegura que ésta contiene ya suficientes medidas para proteger a los menores y los define como víctimas colaterales de la violencia machista. Es verdad que los maltratadores atacan a los menores para hacer daño a la madre, pero también es verdad que, a diferencia de otros adultos que sí pueden ser víctimas colaterales, los niños y niñas que viven en familias en las que existe un maltratador son siempre víctimas de ese maltrato; es decir, no hay manera de que no lo sean, incluso aunque el maltratador no les toque un pelo; aunque no les quiera usar para hacer daño a la madre. Eso introduce una diferencia muy importante respecto a otras posibles víctimas.
Estos niños van a ser víctimas siempre que su madre sea maltratada porque pocas cosas son tan horribles y desestabilizadoras para un niño o niña como ver a su madre sufrir maltrato. Esa situación no sólo les hace sufrir, sino que les va a dejar marcados de por vida, lo que puede que no les ocurra a otros adultos que convivan en la casa familiar; eso sin contar con los recursos que tienen los adultos  -incluido el marcharse de esa casa-  y de los que carecen absolutamente los niños. Así que cuando se da una situación de maltrato, los niños y las niñas tienen que ser protegidos de oficio y alejados del maltratador. Nunca basta con proteger solo a la mujer que es víctima del mismo; dicha protección debe extenderse siempre a sus hijos e hijas.
Un padre maltratador no es nunca un buen padre, y eso es lo que la ley actual no contempla en toda su radicalidad. Un padre maltratador tiene, por principio, que ser privado de la custodia de sus hijos. No hay circunstancias que valgan, el maltrato es la única circunstancia a considerar en este caso y la custodia debería retirarse de oficio. Si un hombre maltrata a la madre de sus hijos, no debería tener opción a educar a esos niños. No sólo por una cuestión punitiva o de protección directa de los niños, sino como medida de responsabilidad social. Un maltratador sólo puede educar maltratadores y, como sociedad, no queremos que estos se reproduzcan, sino que desparezcan. La ley actual dice que los jueces “pueden” retirar la custodia y restringir las visitas en caso de malos tratos. La realidad es que los jueces y las juezas separan completamente el maltrato a las mujeres de las responsabilidades con los hijos y en 2013 sólo se retiraron visitas a un 3% de los maltratadores. Una cifra irrisoria que demuestra que se sigue considerando que la violencia machista es una violencia que sólo afecta a la mujer que la sufre y no a la sociedad en su conjunto; algo particular y no social.
Estoy completamente de acuerdo con Lorente cuando denuncia que las medidas anunciadas por el PP no pretenden proteger más a los hijos e hijas, sino desnaturalizar la violencia machista para poder así separarla de las causas estructurales que la motivan. Desde el principio de su mandato el PP se empeñó en meter a otras personas en el estatuto de víctimas de la ley: desde parejas del mismo sexo, a hijos e hijas, padres y madres que convivan en el domicilio familiar.  El objetivo es hacer que esta violencia sea comparable a cualquier otra y que así se difumine. Además, esta violencia no puede combatirse si junto con las medidas punitivas y de protección no se proponen e implantan medidas destinadas a la educación en igualdad;  y ahí también el PP hace justo lo contrario de lo que debería hacerse si se tuviera la intención real de combatir el machismo. La derecha prefiere una familia unida a cualquier precio que mujeres y hombres libres. Por eso ahora la ley que prepara no combate la violencia ni protege a las mujeres o los niños de la violencia machista, sino que es una ley de protección de la familia en la que entre otras barbaridades, pretende prestar “atención especial y prioritaria a aquellas (familias) en situaciones de conflicto, o en riesgo de que este se produzca, con el objetivo de evitar rupturas familiares (…)”. ¿Evitar rupturas familiares? ¿A qué precio? ¿Qué le importa a la ley si se producen rupturas familiares?.  Toda la ley está redactada desde lo que el PP llama “perspectiva de familia” y que supongo que es eso que viene a sustituir a la perspectiva de género que hemos introducido las feministas.
Esta ley, en caso de que salga, es un torpedo en la línea de flotación de la igualdad y de la libertad de las mujeres. A las mujeres no les hacen falta más impedimentos para poder romper con una pareja conflictiva o maltratadora. Lo que las mujeres y sus hijos necesitan en estos casos es toda la ayuda y protección posible para romper, no para quedarse en casa con el maltratador o atrapadas en un matrimonio que ya no desean. A las mujeres tampoco les hace falta incentivos fiscales para que se desanimen de buscar trabajo, lo único que puede ayudarlas a ser libres e independientes. Las mujeres necesitan salarios iguales que les permitan plantearse una vida independiente de cualquier presión y de cualquier relación no deseada. Cualquier legislación que pretenda proteger a la familia para que ésta no se rompa en caso de conflicto sólo puede hacerse a costa de la salud, la vida y la libertad de las mujeres (y de sus hijos).

Beatriz Gimeno es escritora y expresidenta de la FELGT (Federación Española de Lesbianas, Gays y Transexuales)

En Twitter es @BeatrizGimeno1

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