miércoles, 23 de julio de 2014

Por un Frente Popular, ¿porque no?.

La Europa de los años treinta del siglo pasado, se caracterizó por la irrupción en los gobiernos de fórmulas totalitarias, unas veces asaltando por las bravas el poder (caso de Italia), o bien manipulando las elecciones para conseguir el mismo objetivo (caso de Alemania, Austria, Rumanía, Croacia, Serbia, Bulgaria, Hungría, etc.)

En España, tras el advenimiento de la II República en 1931, una coalición de derechas ultracatólicas (la CEDA), entró en el gobierno conservador de Lerroux, y en poco menos de dos años, procedió a desmontar todo el andamiaje progresista, que se había conseguido poner en marcha; desde la reforma educativa, hasta la laboral, económica, agraria y militar. La CEDA acabó con el llamado “bienio reformista”, instalando de nuevo al país en el mismo orden caciquil y de explotación, existente durante la última etapa de la desastrosa monarquía de Alfonso XIII. Sin pegar un tiro (¡bueno, si no contamos los que se dispararon contra los obreros asturianos en 1934!) la derecha española se sumó a las corrientes ultraconservadoras europeas, convirtiendo en papel mojado los esfuerzos de millones de españoles a favor del régimen democrático republicano, realizados durante la etapa anterior republicana, el “bienio reformista” 1931-1933.

Escarmentados por el juego sucio de la caverna nacional, convocadas las elecciones generales de febrero de 1936, la mayoría de los españoles votaron al Frente Popular, una coalición de partidos republicanos de izquierdas, que superando sus mutuos recelos y viejas diferencias, convencieron a la mayoría de los españoles, de que solo a través de una única candidatura, podían hacer frente a los poderosos partidos de la oligarquía española, representantes de los intereses de la banca, los empresarios, los terratenientes y de la jerarquía eclesiástica.

Y así fue. El 12 de febrero de 1936, el triunfo del Frente Popular fue clamoroso. De nuevo la ilusión recaló entre los ciudadanos, dándose la oportunidad de apostar por un régimen de libertades públicas e individuales, que habría de acabar con las ancestrales injusticias que ataban al medioevo, el desarrollo económico y social de España.

Fue el espíritu del Frente Popular, el que concentrando el voto disperso de las opciones de izquierdas, devolvió a la República su espíritu reformista de progreso, y cuando tuvo lugar el levantamiento militar-fascista cinco meses después, el 18 de julio siguiendo los pasos de la asonada de Mussolini en Italia, fue el Frente Popular, el que organizó la sociedad civil, para defender a la República con las armas en la mano. No fue, como los sublevados dijeron, y el franquismo sostuvo durante cuarenta años, una asociación de malhechores atávicos, si no las energías más rotundamente ciudadanas, puestas al servicio de recuperar los derechos y libertades, que las fuerzas conservadores de entonces (como las de ahora) quisieron arrebatarles.

Desde 1936 y hasta ahora mismo –solo hay que escuchar a los dirigentes del PP y a sus medios afines de prensa radio y TV- se ha demonizado hasta el esperpento, los mitos y los tópicos que asocian al Frente Popular con la guerra, el caos y la violencia. Tergiversan la historia, olvidando que fue la derecha la que se lanzó a aquella locura aventurera, que desencadenó la guerra civil, con el fin –precisamente- de que no salieran adelante los puntos programáticos del Frente Popular, que eran el eje que permitiría recuperar la senda del progreso para la sociedad española, terminando con los privilegios de los sectores tradicionales dominantes, causa directa del atraso crónico de España.

Fue el fascismo, fueron las políticas que hoy denominaríamos “neoiliberales”, las que promovieron la guerra civil, y no el Frente Popular que repudiaba la guerra como forma de confrontación política.

Con este breve acercamiento a los hechos históricos, estamos en condiciones de comprender el miedo actual de la derecha política y social, del ala conservadora parlamentaria española, del PP y PSOE hasta formaciones como CiU, PNV, UPyD, UPN o Coalición Canaria, al observar el crecimiento de IU, y en particular, el experimentado por PODEMOS, así como la imparable capacidad del descontento social para organizarse, y para tomar la calle.

La derecha sabe muy bien, que mientras IU recoge el voto tradicional y resignado, aunque creciente, de una izquierda muy plural, PODEMOS ha sabido polarizar en torno a un proyecto rupturista, alcanzando un éxito que por los indicadores que se han pulsado, pudiera ser la señal de un auténtico vuelco electoral, en torno a sus propuestas de inequívoco matiz democrático, participativo y republicano.

IU y PODEMOS, son proyectos políticos con diferencias de fondo y forma, pero que mantienen identidades ilusionantes compartibles capaz de movilizar el voto colectivo de la izquierda social, la que está y la que no está en los partidos, la de los pequeños partidos políticos republicanos, comunistas o socialdemócratas, los socialistas desencantados, la gente del 15-M, la de la PAH, la de las Marchas de Mareas y de la Dignidad, los jóvenes y veteranos en paro y sin futuro, los pensionistas, los preferentistas, los expulsados de la dependencia, y todo ese magma humano de indignados contra la corrupción, el nepotismo y la desvergüenza, es decir, la mayoría de los españoles.

La izquierda social, espera que ante las próximas citas electorales en el 2015, todos los partidos democráticos, sean capaces de superar sus diferentes, fundiéndose en una CANDIDATURA ÚNICA DE IZQUIERDAS, para que ni un solo voto progresista se pierda por desencanto, por desorientación, o para castigar tal o cual comportamiento de tal o cual partido.

La ley D’Hont, esta vez sí que estaría de parte de esa candidatura unitaria, sumando votos, en lugar de sumar concejales o diputados, lo que arrojaría un éxito de dimensiones exponenciales. Hablamos desde el campo de las hipótesis de éxito razonadas, y no de quimeras imposibles.

No se podría comprender que formaciones políticas de izquierdas como las citadas, renunciasen a consolidar una alianza preelectoral, anteponiendo sus intereses partidistas, privando de esta oportunidad a sus propias bases y al resto de los votantes demócratas, ávidos de acabar de una vez con las políticas que tienen por objeto la voladura definitiva del estado del bienestar.
En la Región de Murcia, se vienen realizando contactos y reuniones entre representantes de partidos y organizaciones políticas y sindicales -el último el pasado sábado, en Murcia-, así como diversos colectivos y plataformas sociales reivindicativas, con el objeto de crear un foro unitario de acción, para plantar cara de forma organizada y unitaria, a la ofensiva de la derecha política y económica. El objetivo final que se plantea es una alianza electoral, como única forma eficaz de cambiar las cosas en el territorio murciano.



LA CITA ES EN SEPTIEMBRE DE 2014, EN  SANTOMERA (MURCIA)



Por una candidatura única de izquierdas, se llame como se llame.

 

Calabardina, 22 de julio 2014

  

Floren Dimas



Investigador histórico

Os pido que leáis esta cosa que he escrito, y si la compartís, os agradecería que lo difundieseis entre vuestros contactos. El alcance territorial del llamamiento es para la Región de Murcia, pero podría (debería) extrapolarse al resto de España.


Muchas gracias.

Floren Dimas


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