viernes, 29 de agosto de 2014

Carta de Seoane y Gayoso a la IV AGRUPACIÓN “PASIONARIA” antes de ser ejecutados en 1948



Camaradas! Desde una mazmorra franquista, donde con la serenidad y el orgullo del que cumplió con su deber, esperamos la hora de nuestra eliminación, os dirigimos este último mensaje.

Caemos en la lucha, en esa trinchera en la cual antes que nosotros cayeron cientos de camaradas. No es hora de lamentaciones, camaradas. La lucha exige sacrificios, porque sin ellos no se conquista la libertad.

Para nuestros enemigos, para las hienas de Franco, nuestra detención se consideraba como el mayor éxito político desde hace muchos años. Creyeron que atrapados nosotros o, como ellos decían, “cogidas las cabezas dirigentes” la liquidación del Partido Comunista y el exterminio de los guerrilleros era cosa de días. Se reían, se deleitaban por anticipado y ya tenían preparada la gasolina con la que pensaban quemar los cadáveres de los guerrilleros. Que ilusos y cobardes! Que engañados están! Que poco conocen a los comunistas!

No vale la pena relataros las atrocidades que con nosotros cometieron. Para qué? Que se podía esperar de esos bandidos de la brigadilla que impune y cobardemente asesinan a hombres y mujeres, de los que saquean e incendian los hogares de los labradores, de esas fieras sin entrañas que manifiestan un goce sádico torturando hasta la agonía un ser humano? Mucho se dijo y escribió sobre la barbarie franquista y, entretanto, sólo es posible comprenderlo cuando se pasó por eso. Tenía mil veces razón Vilaboy, cuando decía que estos no son seres humanos, que son fieras.

A pesar de todas las torturas y de cincuenta días de calabozo, que consiguieron? Bien poco. Cobrarse en nuestros cuerpos y enseguida en nuestras vidas todo el odio que sienten por el pueblo, este pueblo que los execra; descargar sobre un puñado de hombres toda la rabia que les produce ver que el glorioso Partido Comunista y los guerrilleros, lejos de desanimarse, prosiguen el combate con reduplicado coraje, y al comprobar que aún sin nosotros el Partido y los guerrilleros marchan adelante firmes y valientes por el camino de la lucha hacia la meta victoriosa de la República. Esto, camaradas, es lo que llena de gozo y entusiasmo nuestros corazones en los últimos días de nuestra existencia. La muerte no nos preocupa. Lo que hoy, igual que ayer y siempre, domina nuestro pensamiento, es la lucha, la continuación del combate por nosotros y por todo el pueblo.

Porque os conocemos, porque habéis dado sobradas pruebas de vuestra entereza y firmeza, de vuestra fidelidad al Partido y a la República, estamos seguros de que nuestra desaparición no tiene que influir en sentido desfavorable en nuestra voluntad combativa.

Recordad, camaradas, la última reunión de toda la Agrupación. Ya en ella preveníamos sobre la posibilidad de que surgiese una situación como la actual. Formulamos, y todos vosotros comprendisteis, la necesidad de capacitarse, de superarse continuamente para ser más útiles a la causa y para que, si un día caíamos y quedabais momentáneamente aislados de la Dirección, estuvieseis en condiciones de marchas solos, sin que por eso decreciese la lucha. Llegó ese momento, camaradas. Y las noticias que nos llegan de vuestras heroicas acciones nos llenan de alegría a todos los presos antifranquistas. Así se responde, queridos camaradas! Sean cuales fueren las circunstancias, los obstáculos y las dificultades, no olvidéis jamás vuestra condición de guerrilleros comunistas. La lucha un puede, no debe amainar un solo momento. Por el contrario. Porque es un deber ineludible, porque si queréis rendirnos el último tributo de amistad y de camaradería: Luchad camaradas! Golpead sin cesar a esa canalla sangrienta! Nuestra amargura no es morir, sino por no poder ya dar más, mucho más de lo que dimos, la lucha con vosotros. Esto se va compensando al saber que la Agrupación Pasionaria es digna del glorioso nombre que ostenta.

Suponemos el sentimiento que en vosotros producirá nuestra desaparición. Fuera sentimentalismos, camaradas! Somos dos más, dos comunistas, ni mejores, ni más valiosos que los que incesantemente caen peleando en todos los rincones de la patria, por liberarla de la tiranía franquista, del hambre, del vasallaje al extranjero. Sobre todos vosotros, jefes y guerrilleros, sobre ti, camarada Moncho, pesa ahora una mayor responsabilidad. Ese título mil veces glorioso de Agrupación Pasionaria tiene que brillar en la
s tinieblas del franquismo como una antorcha de combate inextinguible, como una firme esperanza de una pronta victoria popular. Como ella, cono nuestro jefe amado*  Pasionaria, sed inflexibles con los enemigos del pueblo y traidores que venden nuestra patria a los imperialistas ingleses y norteamericanos; haced justicia implacable con los asesinos, forajidos y torturadores. Como nuestra camarada Dolores, sed firmes e incansables en la lucha por hacer de España la Patria libre, soberana  y progresiva por la que cayeron Cristino y Ramón Vía, Zoroa e Isasa, Ponte y Manolito Bello.

Trabajad entre el pueblo, orientad, organizad y defended a nuestros bravos labradores, extended la lucha guerrillera a todos los rincones de nuestra amada Galicia. Que como dijo nuestra Pasionaria “las lágrimas se conviertan en odio y el odio en ardor combativo”.

Este es nuestro último ruego a vosotros, camaradas, hermanos guerrilleros. Por nuestra suerte no os preocupéis. Marchad adelante sin vacilar! El enemigo jamás podrá acabar con los guerrilleros ni con el Partido Comunista. Para conseguirlo, tendrían que acabar con todo el pueblo.

Adelante camaradas de la Agrupación Pasionaria! El triunfo de nuestra causa es seguro y la hora de la victoria se aproxima. Más para alcanzarla hay que librar aún batallas muy duras. Los facinerosos que tantos crímenes y atrocidades cometen no se resignan a desaparecer. De que están perdidos, están ellos bien seguros. Por eso la rabia y cobardía del que se ve perdido, la desahogan en los que caen en sus garras. Mas fracasaron y fracasarán mil veces; morderán el polvo de la derrota muy pronto y Galicia, esta tierra mártir y heroica en la que nacemos y por la que gustosos damos la vida, verá brillar el sol de libertad y de la verdadera justicia, de monte a monte y de mar a mar Cuando ese día llegue, que llegará pronto, sólo os pedimos que no os domine el espíritu de venganza; más haced justicia, no olvidéis, ni perdonéis a los verdugos de nuestro pueblo.

Y por último, nuestro ruego final. El día en que España recobre la libertad, cuando la bandera tricolor, que en estos años de bárbara tiranía fascista era hasteada en montes y aldeas por los guerrilleros, ese día, camaradas, os pedimos que sobre nuestras tumbas depositéis la vuestra, la bandera de la gloriosa Agrupación Pasionaria.

Al combate, camaradas! A luchar y a vencer!

Os abrazan fuerte, muy fuerte.

José Gómez Gayoso (Juan)

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