lunes, 22 de septiembre de 2014

Una habitación propia

Beatriz Gimeno.- No es que venga de una familia sin dinero o que en mi casa viviéramos todos apelotonados, pero nunca tuve una mesa propia. Ni de niña, ni para estudiar. Mi hermano, en cambio, sí que la tuvo; mesa y habitación para que estudiara, leyera, escribiera…para lo que fuera. Pero mi hermano, la verdad, nunca estudió mucho. Prefería oir música… hoy es músico. Tener una habitación propia le permitía escuchar la música que quería en cada momento que deseaba. Las niñas, en cambio, dormíamos juntas, la habitación no daba para poner una mesa con tanto armario, cómoda y las dos camas. Las niñas éramos mucho mejor estudiantes que el niño pero estudiábamos en la cocina, a veces en el comedor.
Sólo que la mesa de la cocina se usaba para cocinar y la del comedor para comer, asi que había que estar recogiendo cada dos por tres y nuestros libros tenían manchas de tomate y olían a cebolla. Así hice el colegio y la carrera. Sin mesa. Luego empecé a escribir y lo hacía también en cualquier sitio: en el sillón sobre mis rodillas, en el suelo sentada con las piernas cruzadas, en los bares, en cualquier sitio. Lo importante era el cuaderno y el bolígrafo, lo de menos era la mesa.
Terminada la carrera me emparejé y compramos una casa que tenía incluso un pequeño despacho. Al fin tendría un espacio para escribir, leer, estar sola,  pensé. Pero no lo tuve. Yo escribía y estudiaba y él no, pero el despacho se lo quedó él, por si lo necesitaba,  me dijo. Yo era joven, no quería broncas, pensaba que escribir no era importante, que lo que hacía él era más importante porque ganaba más dinero. Así que volví a la mesa de la cocina.  Y pasaron mucho años y comencé a publicar algunas cosas que iban saliendo desde la mesa de mi cocina.
Luego, mi vida cambió mucho pero nunca tuve una habitación propia y ni siquiera una mesa, aunque lo deseaba intensamente. Tuve muchas vidas, muchas parejas, muchas casas, pero, no sé muy bien por qué, nunca había sitio para mí. Las casas eran pequeñas, la habitación del despacho la terminó utilizando el niño, mis parejas necesitaban siempre ese espacio más que yo…La vida fue pasando y hoy, con 52 años, diez libros y cientos de artículos después, no he tenido jamás una mesa que pueda decir que es mía, que es el lugar al que me siento para escribir.  Ni una habitación donde consultar mis libros, donde aislarme, donde sentarme a estudiar o leer. En los últimos años he alternado entre escribir en el comedor, con la televisión puesta y la gente hablando a mi alrededor,  o en un pequeñísimo espacio en el dormitorio.
Pero este año por fin he podido comprarme una casa que tiene las habitaciones suficientes como para poder poner en una de ellas una mesa  que considerar mía. Mía sola. Una habitación con una puerta que poder cerrar y aislarme del ruido y para poder concentrarme en lo que hago y en lo que me gusta hacer. Más de media vida sin habitación propia y al fin ha llegado. Quizá sea un poco tarde, tengo sentimientos contradictorios al respecto. Sólo espero  tener todavía algo que decir o algo que escribir.

Beatriz Gimeno es escritora y expresidenta de la FELGT (Federación Española de Lesbianas, Gays y Transexuales)

Fuente: beatrizgimeno.es

2 comentarios:

  1. !que triste! y a pesar de eso ha escrito diez libros,y a saber cuantos articulos,tan o mas interesantes que este..Simplemente gracias..

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  2. En este blog puedes disfrutar leyendo muchos de sus artículos.

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