sábado, 24 de enero de 2015

Cinco millones de parados y el Gobierno contento



Manuel Lago.- Resulta difícil de entender la celebración del Gobierno con los datos de la EPA de ayer. España cierra el año con 5.457.700 desempleados y una tasa de paro del 24 %, lo que hace del 2014 el tercer peor año de nuestra historia en número de parados. A pesar del triunfalismo gubernamental, hay más personas en las colas de las oficinas del INEM que cuando gobernaba Zapatero. Más aún, los tres peores años de nuestra historia son, precisamente, en los que Rajoy es presidente y Báñez ministra.
La reducción del desempleo -que es cierto que se ha producido- tiene que ver solo en parte con el aumento del empleo porque también se debe a que mucha gente deja de buscar trabajo. O al menos, de hacerlo en España. La población activa ha vuelto a caer y acumula ya una pérdida de 413.500 personas desde el 2011. La vuelta a sus países de origen de muchos inmigrantes, la salida de jóvenes españoles en busca de un empleo que aquí no encuentran o el desánimo de los parados mayores después de años de desesperación están detrás de esta reducción del número de personas que participan de forma activa en el mercado de trabajo.
Más de cinco millones de personas sin empleo es una cifra insólita, desconocida no solo en España, sino en la historia de la Europa posterior a 1945. En el año que el Gobierno decretó el final de la crisis, una de cada cuatro personas que buscan empleo no lo encuentra. Una tasa de paro que duplica la media de la UE, que multiplica por cinco la de Alemania y que nos convierte en el país europeo con un mayor número de personas sin empleo en cifras absolutas, a pesar de las diferencias de tamaño en términos de población.
España es un país que se encoge, que hoy tiene un problema terrible con la falta de empleo, pero que mañana se enfrentará a uno aún más dramático con su demografía, como reflejan ya los datos del padrón de habitantes, que registra una pérdida de 358.000 habitantes en el último año y de casi 500.000 en comparación con el 2012. El drama del desempleo en España se agrava cuando se conocen algunas de sus características: ya es mayoritariamente paro de larga duración; la mitad de los jóvenes que buscan empleo no lo encuentran; hay millones de hogares con alguien en paro y, entre ellos, hay casi dos millones que tienen a todos sus miembros desempleados.
En el 2014, más de 3,4 millones de personas en paro, el 62 % del total, son desempleadas de larga duración, porque llevan más de un año buscando empleo. Y de ellos, más de 2,4 millones son parados de muy larga duración porque llevan más de dos años en esa situación, algo muy preocupante para los afectados y para todo el país, porque se agotan las prestaciones por desempleo y las posibilidades de volver a encontrar un empleo se reducen exponencialmente.
Lo peor es que la escasa reducción del paro ha supuesto un enorme coste en la calidad del empleo, porque la precariedad ha sido la vía elegida por el Gobierno para intentar salir de la crisis: empleo temporal con menores salarios, menos derechos y baja productividad, que puede ser una salida de emergencia, pero sobre ella no se puede sostener el futuro de la economía y la sociedad española.

Manuel Lago, e economista do S.N. das CC.OO. de Galicia


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