domingo, 18 de enero de 2015

La muerte del guerrillero Manuel Ponte



Fue el 21 de abril de 1947 cuando el guerrillero Manuel Ponte Pedreira y dos miembros más de su agrupación, el coruñés Manuel Díez Páez y el asturiano Manuel Rodríguez, fueron muertos en Fontao por la Guardia Civil, tras tomar los días anteriores posiciones en las localidades limítrofes. La prensa gallega sólo incluyó en sus ejemplares del día siguiente una pequeña nota de nueve líneas, redactada por la autoridad militar. Parecía con ello que quería quitar importancia al hecho y considerarlo como una acción armada más conrea la guerrilla –el bandolerismo en su lenguaje-. Sin embargo, la muerte de Ponte se convertiría en un hecho de gran resonancia en la moderna historia de Galicia y afamados poetas, como Lorenzo Varela, y pintores como Luis Seoane, le dedicarían sus trabajos. He aquí una reunión de aquellos hechos y de la personalidad de tan famoso guerrillero.

Manuel Ponte Pedreira había nacido en 1911 en Fontao, parroquia de Abellá, del municipio de Frades, hijo de un sastre ambulante, muy querido en la comarca. Nunca fue a la escuela, aunque siempre tuvo una gran inteligencia natural y desde los diez años acompañó a su padre en el oficio. Antes de la guerra trabajó en Órdenes en una sastrería.

Cuando se produce el alzamiento militar contra la República, Ponte –que se encuentra en Ordenes- lucha contra las fuerzas sublevadas, siendo hecho prisionero. Es llevado a la cárcel de Santiago y participa en un intento de fuga dirigido por un vecino de Parada (que luego sería fusilado), fracasando. Condenado a treinta años por un Consejo de Guerra Sumarísimo, sería encarcelado en La Coruña, permaneciendo en prisión hasta finales de 1943, saliendo en libertad condicional. Durante su estancia en la cárcel intimó con varios militantes socialistas y simpatizó su causa. Su introversión fue creciendo y la mayor parte del tiempo lo aprovechaba para estudiar.

Tras la salida de prisión trabaja dos años en su antiguo oficio, regentando una sastrería de Ordenes, donde era muy apreciado, y en octubre de 1945 se echa al monte, combatiendo al frente de su partida, la IV Agrupación, llamada “Pasionaria” y que era la de más prestigio en la guerrilla gallega. Se dice que uno de los motivos de echarse al monte fue la humillación que tenía que sufrir cada semana al tener que presentarse en el cuartelillo de la Guardia Civil, dada su situación de preso en libertad condicional.


La carta al embajador inglés

Al comienzo del otoño de 1946, el embajador inglés en España, míster Mallet, hizo un viaje por Galicia, lo cual aprovechó Ponte para dirigirle una “carta abierta” que alcanzaría gran repercusión internacional, pues fue difundida por importantes medios de comunicación, ingleses incluidos.

Dice la carta:

“En verdad ha llegado usted en un momento interesante. Ignoro si entre las visitas realizadas se encuentran las cárceles de Galicia y la asistencia a los consejos de guerra en los que se condena a muerte como en los mejores días de Hitler. Desconozco si en los agasajos que le brindaron figuró la asistencia al acto de ahorcar el 3 de septiembre en Pontevedra a Luis Blanco y a Diego Valero; el día 20 en Lugo a Manuel Álvarez y el 21 a Julio Nieto y a Ramón Vivero. Tal vez extasiado por las bellezas del paisaje gallego y embriagado por la cariñosa acogida que le brindaron los ejecutores de los crímenes, no le haya dado tiempo para detenerse ante estos hechos”.

“Eran cinco antifascistas gallegos los que, con riesgo de sus vidas, impidieron que muchas toneladas de wólfram fueran para la industria nazi. Eran cinco gallegos de esos que a millares sirvieron de pasto a los tiburones para que los barcos ingleses y norteamericanos pudieran llevar soldados y armamento a las cinco partes del mundo. Y esos cinco patriotas fueron ahorcados por el cómplice de Hitler, mientras usted, míster Mallet, estrechaba las manos ensangrentadas de los verdugos falangistas”.

“Con todo respeto me permito preguntarle: ¿Recuerda los asaltos y apedreamientos a sus consulados ingleses por parte de los falangistas? ¿Recuerda usted la División Azul y los insultos de Franco a las “podridas democracias”? ¿Por qué titubea en contestar, míster Mallet? Dice el refrán que no hay peor sordo que el que no quiere oír.

“Nosotros no pedimos imposibles, señor embajador. No pedimos que el Ejército inglés venga a implantar a España la democracia. Sus delegados en la ONU se encasquetaron la toga de abogados del palafrenero de Hitler. A cambio de nuestros alimentos ustedes envían al verdugo español armas para que este asesine a los labradores y ahogue en sangre nuestro anhelo de disfrutar las libertades de la Carta Atlántica.

“No somos más que guerrilleros, hombres que hace diez años se tiraron al monte porque las palabras rendición y capitulación ante el fascismo no cabían en sus cabezas. Quizás para usted somos también “bandoleros”.

(La carta lleva fecha de 5 de octubre de 1946)


La muerte de un guerrillero


De la muerte de Ponte y varios miembros de su agrupación puede decirse que es la crónica de una muerte anunciada. Días antes del 21 de abril de 1947, ya sabía la Guardia Civil que el guerrillero andaba por Fontao y poco a poco fue sitiándole, colocando a sus efectivos, armados hasta los dientes, por todas las localidades próximas. Ponte estaba recaudando fondos para la Agrupación y alguien había informado a los guardias.

Sabiéndose cercado, el guerrillero que era muy meticuloso, desenterró varios documentos comprometedores y comenzó a quemarlos. Pudo huir amparado en la oscuridad de la noche, pero, quizás confiado en sí mismo, prefirió esperar y seguir quemando documentos.

Poco antes de amanecer dio orden a sus compañeros de salir y dispersarse y él se quedó para cubrirles. Pero sólo dos lograron atravesar el cerco de la Guardia Civil: Emilio, de Ordenes, y un asturiano, Tino, pues los otros fueron localizados y tras un intercambio de disparos resultaron muertos Ponte, Díaz Páez (un muchacho de San Pedro de Nós) y el asturiano Rodríguez.

Las versiones más fidedignas de la muerte indican que fueron rodeados en una casa y que, tras un breve tiroteo, Ponte salió por la puerta disparando una metralleta y fue a esconderse tras un caballo, quedando entre dos fuegos. Allí fue rematado por los disparos de los guardias que venían de todas direcciones.

Llevaba Ponte, también, una pistola y varias granadas de mano. De los otros dos compañeros, uno fue muerto antes que Ponte y el otro después, cuando intentaba saltar un pequeño muro de separación entre dos parcelas.

Posteriormente se diría que en los papeles encontrados a Manuel Ponte estaba una lista con los nombres de varios “paseadores” de la provincia coruñesa durante la represión de la guerra civil, entre ellos unos conocidos hermanos de La Coruña. Otras versiones dirán que esos papeles estaban enterrados en Fontao y fueron encontrados más tarde por los compañeros del guerrillero.

Sea lo que fuere, el caso es que a partir de la muerte de Ponte, algunos de dichos “paseadores” redoblaron sus precauciones cambiando sus hábitos cotidianos, no dando datos de sus desplazamientos y llevando siempre un arma a mano. Uno de ellos, que vivía cerca de la Ciudad Jardín, llamó un día a la policía al ver que un joven llevaba media hora esperando delante de la puerta de su casa. Presentados los agentes e identificado el individuo resultó ser el novio de la nueva criada.

Dijo la prensa coruñesa sobre la muerte de Ponte:

“Tres atracadores han resultado muertos ayer en la comarca de Ordenes. Uno es el tristemente célebre Manuel Ponte. Estaban armados con un subfusil, un mosquetón, tres pistolas, varias bombas de mano y en su poder se encontraron abundante documentación” (L Voz, 22.4.47).

“En una batida dada por la Guardia Civil de esta Comandancia fueron muertos en el lugar de Fontao (Frades), los bandoleros Manuel Ponte Pedreira, que se titulaba jefe del “grupo”, y dos atracadores más que hasta el momento no han sido identificados.

Fueron recogidos un subfusil, un mosquetón, tres pistolas del nueve largo, una bomba de mano, municiones, sellos del expresado grupo y documentación. La Guardia Civil, por su parte no ha tenido que lamentar ninguna baja” (El Ideal Gallego, 23.4.47).


La leyenda


Con el paso de los años, Ponte entró en la leyenda. En el libro “Galicia hoy”, que editado por Ruedo Ibérico publicaron desde el exilio Santiago Fernández (Díaz Pardo) y Maximino Brocos (Luis Seoane), se dice sobre Ponte: “Fue prácticamente el alma de los guerrilleros. Imprimió a la guerrilla un sentido orgánico, con secciones de información, servicios auxiliares y hasta una especie de tribunal político militar”.


Tras reproducir su carta al embajador inglés en 1946, inserta un poema de Lorenzo Varela, que dice:


Berraron os osos brancos do luar,

os eixos da terra viranos berrar.

Pol-a túa norte, pol-o pulo teu,

Camino dun novo, limpo, eterno ceu.

Choraron as sevias,

Choraron os toxos e chorou o pau.

Mais houbo, Manuel, nos albres, na iauga,

Na luz das mañás,

Na fauce do raio tras de lostregar,

Como un xuramento de homes a xurar:

¡Pol-a túa norte a loitar, a loitar!

¡Ti fuche a ponte do rio de Deus,

A ponte do pobo dos teus e dos meus!

E por iso estaba como estaba un cantar

A espada das verbas ardentes do lar:

¡Pol-a túa norte a loitar, a loitar!



Heriberto Bens (Xosé L. Méndez Ferrín) le dedicaría un poema “Na memoria de Ponte”. Dice en sus principales estrofas:

Llevabais a cuestas un arca de silencio y bajo los ojos la cicatriz de la esperanza

condensados, azules, territorios del odio os cercaban

Entonces subisteis a las sierras.

Desde la noche de piedra que cantó Celso Emilio

Desde la cárcel, desde la sotana y la tralla

Reclamamos que vuelvas, compañero del alba

Comandante caído, Ponte, rebeco, valle del corazón

Que vuelva a reinar en las cumbres

La esperanza guerrillera, la rebelión armada.



Luis Seoane le dedicaría uno de sus mejores dibujos. En Francia se editaría, años después de la muerte del guerrillero, un relato novelado titulado “Como un roble”, en el que se hace alusión a una frase comparativa entre dicho árbol y el pueblo gallego en la carta abierta del guerrillero al embajador inglés míster Mallet.

Ponte dejó viuda, María Rivas (sobrina del conocido abogado Manuel Astray Rivas), y una hija, María del Carmen (Maruxa), que es funcionaria del ayuntamiento de Ordenes y vive hoy en dicha villa casada con el señor Ruiz, siendo ambos muy apreciados por el vecindario (finales de los 70).

Maruxa, que lógicamente guarda un grato recuerdo de su padre, tanto por lo poco que vivió con él como por lo que oyó contar, no quiere tratar este tema, especialmente el de su vida guerrillera, y los intentos de algún historiador buscando un testimonio han resultado baldíos.

Juan Couto Sanjurjo, “Simeón”, compañero de la Agrupación de Ponte, condenado a muerte en julio de 1956 y posteriormente indultado, hoy vecino de La Coruña, recuerda del guerrillero caído:

“Ponte era la antítesis de “Foucellas”, Ponte era despierto, de inteligencia natural, metódico, confiado quizás en sí mismo, y de ahí su seguridad de que iba a eludir el cerco de la Guardia Civil el día de su muerte. Había veces que hacía una retirada a caballo, pasando incluso delante de la Guardia Civil. Era lo que hoy se llama un “líder” y tenía una idea política y la defendía. Toda la gente de la comarca le apreciaba mucho y le respetaba. Conseguía la ayuda de quien fuese, alcaldes franquistas incluidos. “Foucellas”, en cambio, era una víctima, un escapado, no tenía una ideología política concreta, sólo buscaba sobrevivir. No se sabía nunca cómo iba a reaccionar. Había veces que se iba a La Coruña a ver un partido de fútbol del Deportivo, o perseguía a una chica por donde fuese. Siempre estaba alegre. 


Isabel Ríos, esposa del médico Calvelo, fusilado durante la guerra civil y gran amiga de “Foucellas”, autora de un reciente libro sobre la guerra civil en Galicia, recuerda sobre Ponte:

“Era un hombre muy serio, preparado políticamente, que inspiraba a la gente una gran simpatía y respeto. “Foucellas”, que hasta entonces (años 43-44) se había manejado casi en solitario, accedió a entrar en la guerrilla gracias a Ponte, que le inspiró desde el primer momento una gran confianza y admiración. Debo decir que si bien la persecución de las guerrillas de la zona de Curtis se centró especialmente en “Foucellas”, lo cierto es que a quien realmente buscaban y consideraban como a un enemigo peligroso era a Ponte. El día que lo mataron, yo estaba detenida en la comisaría y puedo decir que fue para la policía un día de triunfo (y para nosotros de luto).

Fuente: "El franquismo en Galicia".
 

El poeta Xosé Neira Vilas le dedico un poema


“Manuel Ponte, in memoriam – 1996”

Era xastre,

Coma Camilo Cienfuegos.

Era poeta,

Coma Javier Heraud.

Era austero, racional, temerario,

Coma Che Guevara.

¡Era un guerrilleiro!



No seu fardelo

Había máis libros que patacas

Máis balas que moedas,

Máis ideas ca resesos dogmas.



Caeu loitando.

Caeu en lei de guerra.

Regou coa súa sangue

A terra onde nacera.



Tras cincuenta anos

Siguen doéndose da súa ausencia

As xentes e os camiños de Frades,

Os que o viron irse

E os que nunca o viron.

Todos saben

Que ha voltar co sol dunha maña

Ou no ruxir do vento.






1 comentario:

  1. hola soy patricia perez ponte, vivo en la ciudad de La Plata, Manuel Ponte Pedreira era mi tio abuelo, su hermano Antonio Ponte Pedreira vino a la Argentina en el año 1949 huyendo de Galicia por miedo a que lo mataran, estoy buscando información sobre el resto de la familia, bisabuelos, etc mi casilla de e-mail es psperezponte@yahoo.com.ar agradezco si alguien me comenta como seguir en la búsqueda, bendiciones y muchas gracias

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