jueves, 19 de febrero de 2015

Un Partido de Indignados arrasa en las elecciones regionales en la capital de la India; obtuvo 67 escaños de 70



 Insurgente 11-02-2015
El nivel de insatisfacción frente a la crisis económica, la pobreza, la falta de oportunidades y la corrupción no es un fenómeno exclusivo de Europa. Se trata, según expertos, de una ola provocada por el creciente empobrecimiento que afecta cada vez más a los jóvenes de clases medias. El fenómeno de Syriza, en Grecia, o Podemos, en España, parece haber llegado también a India, en donde el Partido del Hombre Común (AAP) arrasó en las elecciones de Nueva Delhi, ganando casi la totalidad de los 70 escaños de la Asamblea de la capital del país.
Esta victoria del AAP, movimiento nacido de un movimiento de protestas que agitó la política india en 2012, fue celebrada por miles de “indignados” que hace dos años salieron a las calles para exigir límites a la corrupción de la clase política. AAP surgió, al igual que Podemos, del movimiento de los indignados que se despertó en varios países y que hoy parece estar recogiendo los resultados: logró 67 de los 70 escaños de la Asamblea de Nueva Delhi, lo que lo convierte en la principal fuerza política de la capital. Está liderado por el activista anticorrupción Arvind Kejriwal, exfuncionario de Hacienda que se convirtió en el líder de las manifestaciones antipolíticas en 2012.
Luego se convirtió en político y logró el apoyo del electorado tras abandonar el gobierno en 2014, gobernó durante 49 días, pero renunció cuando la Asamblea se negó a pasar su proyecto anticorrupción. Desde entonces se dedicó a promover su movimiento en todo el país y desde hace nueve meses ha ganado todas las elecciones regionales. Ahora vuelve al gobierno de Delhi pero con la mayoría en la Asamblea lo que le despeja el camino para aprobar las reformas y proyectos que quiera.
Todavía están frescos los recuerdos de su fugaz gobierno en Nueva Delhi: Kejriwal regaló agua, rechazo la seguridad oficial, llegó a su posesión en metro y nunca usó corbata. Su renacimiento político llega ahora de la mano de una rara actitud en la política del país asiático: pedir perdón. "Me disculpo por lo que ocurrió. No los decepcionaré en esta ocasión", repitió Kejriwal en referencia a su dimisión en numerosas entrevistas y mítines durante la campaña. "La última vez dijimos que dimitiríamos si no cumplíamos con nuestras promesas. Esta vez lucharemos dentro del Gobierno. Esto es lo que la gente nos ha pedido", dijo el político en una reciente entrevista con el diario The Times of India.
Tanto su breve paso por el poder en Delhi como la derrota en las generales parecen haber cambiado a Kejriwal, un hombre que procede de una modesta pero culta familia del pueblo de Siwani, en el estado de Haryana, a unos 200 kilómetros de Nueva Delhi, cuyo único medio de transporte era un ciclomotor. Es casado, tiene dos hijas, se licenció en Ingeniería Mecánica y en 1995 consiguió una plaza de funcionario en la Hacienda india, donde se empapó de los mecanismos del sistema, pero pronto comenzaría a centrarse en el activismo social.
En 2006 recibió el premio Ramón Magsaysay, considerado el Nobel asiático, por "su activismo en el movimiento por la ley de la información y por empoderar a los ciudadanos más pobres de Delhi para luchar contra la corrupción".
El AAP logró 67 de las 70 circunscripciones del estado de Delhi, que abarca a la capital india y los municipios aledaños, en unos comicios tradicionalmente considerados un termómetro de la política nacional. El partido ganador logró 4.879.127 votos, para un 54,3% de los alrededor de 8,9 millones de votos emitidos (de un censo de 13,3 millones) mientras que el Bharatiya Janata Party (BJP) del primer ministro, Narendra Modi, obtuvo 2.891.510 sufragios. Un triunfo que no tiene precedentes. Menos si viene de un hombre común. “Es un triunfo "del hombre común" y de "toda la India", dijeron sus seguidores frente a la sede del partido vencedor. "Esta es la victoria de la verdad y la honestidad", dijo Kejriwal.
Explican analistas que el caso del AAP en India, es muy parecido a lo que ocurre en Europa y lo que podría pasar en otros continentes, aclaran, “bajo otros contextos”. En qué coinciden: en que los ciudadanos se unen para buscar alternativas a un sistema que no les están ayudando a salir del pantano en el que están, cada vez con menos posibilidades. Quieren una salida por la vía política, no por los caminos violentos. Lo que quiere un hombre común.


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