sábado, 7 de marzo de 2015

Andalucía como experimento


Manuel Lago.-Las elecciones andaluzas, pero especialmente lo que ocurra a partir del día siguiente, será el banco de pruebas para la reformulación política de España cuando en noviembre acabe el largo proceso de elecciones múltiples que ahora comienza.
Aceptemos como hipótesis verosímil los resultados de las últimas encuestas para Andalucía. El PSOE sería el primer partido, pero perdiendo votos y diputados, muy lejos por lo tanto de la mayoría absoluta. El PP se descalabra; Podemos es tercera fuerza, por encima del 15 % de los votos; Ciudadanos avanza de forma considerable hasta el 10%; Izquierda Unida sufre, pero aguanta, mientras que UPyD prácticamente desaparece.
Con este resultado ¿cómo se podría formar un Gobierno estable en Andalucía? La única combinación que le da un papel al PP es la «gran coalición», pero este acuerdo PP-PSOE parece prácticamente imposible: sería visto como un amarrarse al poder de los protagonistas del bipartidismo, lo que no haría más que agrandar las vías de agua por las que ya se les están escapando millones de votantes hacia las opciones emergentes.
Descartado el PP, el partido que estaría en el centro de las combinaciones sería el PSOE, pero tampoco lo tiene nada fácil, porque necesitaría llegar a un acuerdo con dos de las tres fuerza políticas del Parlamento andaluz. Y ninguna de ellas parece dispuesta.
En el caso de Podemos, un acuerdo con un partido de lo que ellos descalifican como «casta» es un anatema que haría saltar por los aires su discurso, provocando un terremoto tanto en su interior como en sus expectativas electorales. Este partido tiene como objetivo único las elecciones generales y no se va a complicar la vida por apoyar un Gobierno en el que no tienen mayor interés.
Los motivos de Ciudadanos son otros, pero igual de contundentes. El objetivo de Albert Rivera, como el Pablo Iglesias, son las generales del otoño y sabe que una parte de su creciente apoyo electoral viene del centro derecha, personas que están dejando de votar al PP para hacerlo por ellos. Apoyar a un Gobierno socialista en Andalucía les daría un perfil ideológico incompatible con su estrategia de atraer a ese tipo de votantes.
Izquierda Unida, que siempre ha mostrado más responsabilidad, aún tiene que digerir el sentimiento de traición por el adelanto electoral y además, sin otra fuerza, sus votos no serían suficientes.
En este panorama de fragmentación y falta de hegemonía, la opción más probable es un Gobierno en minoría del PSOE, al menos hasta que necesite apoyos para aprobar el presupuesto del 2016. Es un escenario que suscita al menos dos reflexiones. Primero la de Susana Díaz, que cerró de forma abrupta la legislatura con el argumento falaz de tener un Gobierno estable para acabar creando una situación de ingobernabilidad.
La segunda, la indisimulada satisfacción del PP, que no tiene problemas en inmolar a un tal Moreno Bonilla, porque va a utilizar el ejemplo de Andalucía como la prueba del nueve de su discurso de «yo o el caos». Un Parlamento andaluz con una amplia mayoría de fuerzas de izquierda, pero incapaz de formar un Gobierno estable será su mejor argumento en la campaña de las municipales/autonómicas de mayo y, sobre todo, de las generales de otoño.


Manuel Lago, es economista del S.N. das CC.OO. de Galicia.

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