jueves, 30 de abril de 2015

MOUSELAND (TIERRA DE RATONES)


Thomas C Douglas



Es la historia de un lugar llamado Mouseland. Mouseland era una lugar donde todos los ratoncitos vivían y jugaban, nacían y morían; y ellos vivían de la misma manera que tú y yo lo hacemos.
Incluso tenían Parlamento y cada cuatro años tenían una elección. Caminaban rumbo a las urnas y votaban. Algunos incluso obtenían un aventón a las casillas; un aventón que recibían cada cuatro años realmente... Tal como tú y como yo
Y cada día de elecciones, todos los ratoncitos acostumbraban ir a las urnas y elegían un gobierno; un gobierno formado por enormes y gordos gatos negros
Ahora, si piensas que es extraño, que ratones elijan un gobierno de gatos, sólo mira la historia de Canadá por los últimos 90 años y verás que ellos no son más estúpidos que nosotros
No estoy diciendo nada en contra de los gatos. Ellos eran buenos compañeros. Conducían el gobierno con dignidad; pasaban buenas leyes; es decir, leyes que eran buenas para los gatos. Pero estas leyes que eran buenas para los gatos, no eran muy buenas para los ratones. Una de las leyes decía que la entrada de las ratoneras tenía que ser lo suficientemente grande, para que un gato pudiera meter su pata en ella. Otra ley decía que los ratones sólo podían moverse a ciertas velocidades, para que el gato consiguiera el desayuno sin mucho esfuerzo físico. Todas estas leyes eran buenas leyes para los gatos, pero eran bien duras para los ratones
Y cuando los ratones lo tuvieron más y más difícil; cuando los ratones no pudieran más, decidieron que había que hacer algo al respecto. Entonces fueron en masa a las urnas, votaron contra los gatos negros... Y eligieron gatos blancos
Los gatos blancos habían hecho una genial campaña; dijeron: "todo lo Mouseland necesita, es más visión"; dijeron "el problema con Mouseland, son las entradas redondas a las ratoneras; si ustedes nos elijen, estableceremos entradas cuadradas"  ... Y lo hicieron; y las entradas cuadradas fueron el doble de las redondas; y ahora el gato podía meter sus dos patas; y la vida era más dura que nunca antes; y cuando no pudieron soportarlo más, votaron contra los gatos blancos y pusieron a los negros de nuevo; para luego regresar a los gatos blancos y de ahí de nuevo a los negros.
Incluso probaron con gatos mitad blancos y mitad negros... y los llamaron "coalición". Incluso intentaron un gobierno hecho con gatos con manchas; eran gatos que intentaban sonar como ratones, pero comían como gatos.
Verán amigos míos: el problema no estaba en el color de los gatos. El problema estaba en que eran GATOS.. y porque eran gatos, ellos naturalmente velaban por los intereses de los gatos y no por los de los ratones
Finalmente, llegó desde lejos un ratoncito, quien tuvo una idea
Amigos míos, estén atentos al humilde compañero con una idea. Él le dijo a los ratones: "Miren compañeros ¿Por qué seguimos eligiendo un gobierno hecho por gatos? ¿Por qué no elegimos un gobierno hecho por ratones?"
"Oh" -dijeron-, "es un comunista" .. así que lo metieron en la cárcel....
Pero quiero recordarles, que podrán encerrar a un ratón o a un hombre, pero no podrán encerrar una idea.

La sociedad civil y la contrarrevolución


Esteban Morelas
Esteban Morales


Siempre recuerdo el asombro con que me abordo un compañero muy querido, cuando leyó mi artículo, donde digo que la contrarrevolución cubana no existe, ni nunca existió. ¿COMO ENTENDER ESO, SI SIEMPRE HEMOS HABLADO DE CONTRARREVOLUCION CUBANA?

La contrarrevolución también puede ser legítima. En la misma medida en que una clase desplazada del poder, por una revolución, se propone recuperarlo. Organiza sus fuerzas, las dota de un programa, un discurso propio, define y genera liderazgo y como parte de un movimiento político de recuperación del poder, los pone a trabajar.

Pero en el caso de Cuba la situación histórica ha sido diferente.

En primer lugar, la que pudo ser clase burguesa nacional se suicidó en varias ocasiones. La primera vez, cuando como ricos hacendados criollos del occidente, nunca apoyaron la lucha independentista y solo comenzaron a hacerlo, cuando viendo que España perdía la guerra frente a las topas del Ejercito Libertador, comenzaron a enviar sus representantes bien vestidos y afeitados, que por demás aparecían enseguida ostentando grados militares, sin haber tirado un machetazo. Lo cual siempre provocó la ira de Máximo Gómez en más de una ocasión.

La parte más patriótica y revolucionaria de esos hacendados, los orientales, con Carlos Manuel de Céspedes a la cabeza, secundado por Ignacio Agramonte, eran demasiado pobres para aspirar a tener la primacía en esa lucha. Se alzaron contra el poder español, peleaban como leones, formaron gobierno de la República en Armas. Pero sus ingenios eran los más pequeños, sus producciones azucareras también y la lejanía de la capital los situaba en desventaja. Luego la que pudo ser burguesía nacional no logró alcanzar tal categoría. Y la que tenía el poder económico nacional para serlo, prefirió esperar con una actitud reformista y después ponerse en manos de Estados Unidos.

Predominaron finalmente desde el punto de vista económico e ideológico los que no querían ver terminada la esclavitud, no apoyaban que la lucha independentista llegara al occidente y que solo aspiraban a expulsar a España de Cuba, para quedarse liderando, amparados bajo la sombrilla de la intervención norteamericana, como finalmente ocurrió.

No fueron entonces nuestros verdaderos patriotas, en su inmensa mayoría, los que llegaron a la república y disfrutaron del poder o de la fracción de poder que el Ejército norteamericano les dejó. Fueron los filoanexionistas, los esclavistas a ultranza y los ex autonomistas, los cubanos de siete meses, como Martí calificaba a muchos de ellos. Resulta muy interesante que el primer gabinete de Estrada Palma estuvo integrado por figuras provenientes del autonomismo.

El segundo suicidio tiene lugar, cuando esa misma burguesía, ya dentro de la república, controlada por los yanquis, llamémosle criolla, apoyó a la dictadura batistiana hasta sus últimas consecuencias y marchó de Cuba junto a Batista cuando las huestes del Ejército Rebelde comenzaron llegar a La Habana. Los mismos, según ellos, marchaban por poco tiempo, porque el ejército norteamericano les devolvería sus privilegios.

¿Cuál fue entonces la clase desplazada que quiso organizar la contrarrevolución en Cuba para retomar el poder? En realidad ninguna. Fue Estados Unidos quien organizó la contrarrevolución, la financió y la apoyó política y moralmente desde el principio; utilizando entonces como carne de cañón a todos aquellos, incluso desclasados, que estuvieran dispuestos a combatir contra la revolución.

Estados Unidos organizó a la contrarrevolución, ahogando en la cuna, las que pudieron haber sido sus aspiraciones legítimas. La contrarrevolución que emergió entonces no era cubana, se trataba más bien de un mercenarismo con camuflaje de contrarrevolución. Fíjense como cuando la Invasión de Girón, el supuesto gobierno que desplazaría al liderazgo revolucionario, estaba acuartelado en Miami, esperando que lo trajeran a la republiqueta que fundarían en la Ciénaga de Zapata. Entonces sí los hijos de muchos terratenientes, burgueses y oportunistas vinieron a pelear, porque se trataba de que el ejército norteamericano les garantizara el triunfo.

Contrarrevolución que quedó totalmente derrotada en 1965, cuando casi todos, incluidos los bandidos del Escambray, prefirieron marchar a Estados Unidos para allá vivir del cuento de lo que habían hecho en Cuba, supuestamente “jugándose la vida” para restaurar el viejo poder. Proceso que nunca lideraron, terminando todos como simples mercenarios pagados por Estados Unidos.

Ahora sus amos les han variado la táctica, tratando de moverlos en el frente de la llamada sociedad civil, lo cual evidencia lo que siempre ha sido el problema de esta contrarrevolución. Su problema, no es difícil de apreciar, siempre ha sido la falta de legitimidad. Recordemos, que hasta 1965, sobre todo, la política norteamericana hacía esfuerzos denodados por hacerlos aparecer como elementos de una guerra civil entre cubanos, tratando de dotarlos de legitimidad interna; ahora tratan de situarlos como oposición interna al régimen político cubano. Dándoles mascaras de sociedad civil, término manipulado por los ideólogos de Estados Unidos, como si en Cuba fuésemos a caer en la trampa de llamarnos como lo que no somos, ni necesitamos.

Nosotros no debemos tener ningún complejo al respecto, Cuba tiene una sociedad civil, que no necesita autocalificarse como tal, pues es más que eso, se trata de la sociedad revolucionaria, integrada por todas sus organizaciones de siempre, a las que ahora se suman todas las entidades y organizaciones sociales que han emergido para enriquecer la solidez y heterogeneidad del proyecto social de la revolución. No nos dejemos engañar por conceptos que son legítimos, pero dentro de una fraseología manipulada. Nosotros no tenemos por qué apelar a ello para ser legítimos. Si somos o no sociedad civil, eso no es lo más importante, pues somos una sociedad revolucionaria, surgida al calor de una revolución legitima.

De aquí la insistencia de la parte norteamericana, ahora, por discutir sobre democracia, libertades civiles y derechos humanos. Creyendo que con ello van a dotar a sus mercenarios contemporáneos de una plataforma ideológica que les permita participar en la política interna cubana como una fuerza opositora legitima.

Por eso la contrarrevolución cubana no existe .Nunca existió. La política norteamericana la ahogó al nacer. Los que durante todos estos años hasta hoy (variando ahora su táctica de lucha) han pretendido derrocar o subvertir el régimen político revolucionario en Cuba, han terminado siendo un grupo de facinerosos, que no pueden ser siquiera llamados contrarrevolucionarios, no merecen esa categoría política, que les dotaría de un espacio dentro de la sociedad civil cubana; no, pues terminaron simplemente siendo desde temprano, lo que aún son hoy, mercenarios liderados por la política norteamericana, a los cuales Estados Unidos les paga para que apliquen un algoritmo destructor al régimen revolucionario en Cuba. No son contrarrevolucionarios, porque en realidad no son representantes de ninguna clase desplazada del poder en Cuba. No tienen nada que recuperar que les pertenezca, en realidad no perdieron nada; lo perdieron otros, que no tuvieron la valentía ni la inteligencia política para recuperarlo.

Obama enfrenta un gran reto político en las negociaciones que se llevan a cabo, si pretende continuar “engordando “a sus representantes en Cuba, para que arrebaten al liderazgo cubano la conducción de los cambios que hay que hacer internamente en la Isla. No podrán imponer condiciones para ello y quien pretenda hacerlo continuará cosechando el fracaso de una política, por demás ya fracasada y continuaran sufriendo el cerco del aislamiento que ya se crearon.

Estos de ahora, están simplemente ganándose el sueldo como mercenarios, viven de eso, esa es su remuneración por lo que hacen, que no es ninguna tarea política digna que les otorgue un espacio dentro de Cuba, como parte de la sociedad cubana. En realidad, no son parte de ella, de ahí que retornaran a Miami, su cuartel general, una vez concluidas sus poco inteligentes provocaciones pagadas en la reciente VII Cumbre de las Américas.

La Habana, Abril 23 del 2015 (Publicado en Moncada, lectores en el mundo)

Ver además:


Sobre lo ocurrido en Panamá, además de los escritos de Elier Ramírez (“Una respuesta Ravsberg”y de Yoerky Sánchez (¿Ravsberg se va con la primera bola?) se pueden leer los textos publicados en este blog: 

Fuente: La pupila insomne



¿Ha patrocinado Cuba el terrorismo? (II y final)


Ángel Guerra Cabrera

Hasta aquí expuse sintéticamente cómo Cuba cumplió su deber internacionalista con los pueblos en su lucha armada anticolonial o antidictatorial en situaciones en que ese método era legítimo. En su momento, declaró que no brindaría más ayuda militar a movimientos de liberación y hasta el día de hoy ha continuado ininterrumpidamente su labor solidaria en educación, salud y otras actividades civiles. Muchas veces sin retorno económico y siempre tomando como divisa el pensamiento martiano de que “Patria es humanidad”. 
Al decidir excluir a Cuba de la lista de patrocinadores del terrorismo, Obama rectifica una flagrante injusticia basada en el doble rasero de Washington. Como ocurre hoy con la masiva e impune brutalidad policiaca contra negros y latinos mientras acusa a Venezuela de no respetar los derechos humanos, por solo poner un ejemplo entre tantos. Obama ha tenido las más favorables condiciones de un mandatario estadunidense para iniciar el arreglo político con Cuba, pero es meritoria la valentía política de llevarlo a cabo y de admitir que la política de Washington hacia la isla ha fracasado.
De Cuba, la única amenaza para Estados Unidos ha sido la que pueda emanar de su ejemplo de dignidad, soberanía, patriotismo, justicia social, participación democrática y solidaridad.
La gran potencia, por su parte, tiene arraigada por lo menos desde 1800  en la cultura de su clase dominante el deseo de la anexión de  Cuba. De 1898 a 1902 intervino militarmente en la isla para “ayudar” a su independencia, pero lo que hizo fue impedirla al imponerle la Enmienda Platt, que la convirtió en protectorado. Nueva intervención de 1906 a 1909 y un sinnúmero de actos injerencistas a los que solo puso fin la alborada libertaria de 1959.
Washington apoyó militar y políticamente a la sangrienta dictadura de Batista(1952-58) hasta su último suspiro, y cuando vio desbordarse la gran rebelión encabezada por Fidel Castro  quiso troncharla con un golpe de Estado  que el pueblo de Cuba  liquidó mediante la huelga general revolucionaria que coronó la victoria del Ejército Rebelde.     
El gobierno estadunidense albergó a los personeros y criminales de guerra de la dictadura, que vaciaron de sus caudales las arcas nacionales, nunca devueltos. Con esa morralla y no pocos burgueses expropiados por la revolución, la CIA creó el ejército mercenario para lanzar en 1961, escoltada por naves y aviones de guerra estadunidenses, la  derrotada invasión por Bahía de Cochinos, y desde 1959 y hasta fechas recientes ejecutar una campaña terrorista que duró décadas.
En Miami principalmente, viven en total impunidad los terroristas cuyas acciones costaron al pueblo cubano 3 478 muertos y 2 099 discapacitados de por vida, así como el monstruo responsable de la destrucción en el aire de un avión de Cubana con 76 personas a bordo. Este, el más horrendo  entre muchos crímenes de lesa humanidad contra la isla de esos chacales, pero también contra revolucionarios latinoamericanos, africanos y vietnamitas.
Por eso Cuba tuvo que enviar a Florida para monitorearlos a algunos de sus mejores hombres. De allí surgieron los heroicos 5, hoy de regreso a la patria. Dos al cumplir su injusta condena y tres en virtud de los acuerdos anunciados por Cuba y Estados Unidos el 17 de diciembre.
Aquellos terroristas de Miami y sus sucesores son quienes tratan rabiosamente de dinamitar a Obama su política de restablecer relaciones diplomáticas con La Habana y abrir el debate en el Congreso para levantar el bloqueo, que ha infligido a la isla pérdidas por más de 116 mil millones de dólares e impide su desarrollo económico.
En la guerra contra Cuba fueron cotidianos la extracción e introducción ilegal de terroristas ya entrenados, el ingreso de miles de armas y explosivos por aire y mar para las bandas de la CIA asesinas de alfabetizadores, maestros y campesinos, que operaban en todas las provincias. Escuelas públicas, cines y comercios atacados; cientos de miles de hectáreas de cañaverales quemadas y fábricas, ciudades y pueblos bombardeados o ametrallados desde aire, mar y y tierra. Aviones y embarcaciones cubanas secuestrados a costa de la vida de pasajeros y tripulantes. Cientos de planes para atentar contra Fidel. Guerra biológica que mató aproximadamente 100 niños por dengue hemorrágico y exigió el sacrificio del rebaño entero para erradicar el cólera porcino. Plagas que arrasaron plantaciones completas. ¿Cuba terrorista?

Twitter: @aguerraguerra