viernes, 21 de agosto de 2015

No es economía, es ideología

*Manuel Lago.- Desde el año 2009 hasta el 2013 el gasto público, ­­excluido el pago de intereses de la deuda, se redujo en 50.000 millones de euros. Un recorte enorme en el conjunto de las Administraciones públicas (central, autonómica y local) que ha sido especialmente intenso en la sanidad, con una caída del gasto del 23 % en términos reales, y en la educación, con el 24 %. Por lo tanto, los años de la gran recesión han sido también los del deterioro de las prestaciones sociales y de los servicios públicos fundamentales. Dejada atrás la recesión, llegó la hora de restañar las heridas en nuestro nivel de protección social.
El nuevo ciclo expansivo de la economía en el sistema europeo no solo permite financiarlo sino que lo hace necesario para el bienestar y el propio crecimiento, iniciando así el necesario proceso de recuperación de los niveles previos a la crisis, devolviéndoles a los ciudadanos el nivel de calidad que tenían antes de los recortes. Pero esta no es la intención del Partido Popular, sino todo lo contrario, ya que de forma explícita apuesta por la reducción sostenida y permanente del gasto público.
El presupuesto para el año 2016 es, otra vez, un presupuesto de ajuste y de recorte, no justificado por las previsiones económicas del Gobierno y que solo se puede entender desde el fundamentalismo neoliberal del PP, de su estrategia a medio y largo plazo, tal y como se refleja en el Programa de Estabilidad 2015-2018 presentado por el Gobierno a las autoridades europeas. En este texto, de enorme relevancia, la reducción de lo público se expresa con total claridad: si el Partido Popular sigue con la responsabilidad de gobierno, su plan es reducir el gasto en más de 5 puntos del PIB. España ya es uno de los países de la Unión Europea en los que el estado gestiona una parte menor de la riqueza y, a pesar de ello, el PP quiere seguir reduciéndolo: si en el año 2014 las Administraciones públicas gestionaron el 44 % del PIB, el Programa de Estabilidad se propone llevarlo a tan solo el 38 % para el año 2018.
Reducir el gasto es la fórmula elegida para la consolidación fiscal, porque el Gobierno renuncia de forma explícita a subir los ingresos públicos, al menos en términos comparados con el PIB. Nada importa que España recaude 8 puntos de PIB, equivalentes a 83.000 millones de euros, menos que la media europea. El fundamentalismo neoliberal del PP le lleva a aceptar como normal esta situación y se plantea como objetivo mantener la recaudación en el 38 % del PIB.
El Gobierno, siguiendo la lógica de clase del neoliberalismo, renuncia a aumentar los ingresos que le permitirían financiar un mayor gasto y prefiere en cambio bajar el IRPF a los tramos más altos de renta, o el impuesto de sociedades a las grandes empresas. Y esto, además de injusto, es económicamente ineficiente.
Un informe reciente del Fondo Monetario Internacional ha demostrado que si se incrementan los ingresos del decil con menos renta, el impulso al crecimiento es muy superior a un incremento en el decil de mayor renta, que incluso puede llegar a ser negativa. Y otra investigación del mismo organismo conservador afirma que las políticas de gasto público tienen efectos multiplicadores sobre la economía superiores a las rebajas fiscales.
La economía ya no es excusa para los recortes. No es economía, es política, es ideología, lo que está detrás de las decisiones del Gobierno.

*Manuel Lago.- Economista especializado en mercado de trabajo, economía pública y política industrial, trabaja en el gabinete confederal de CC.OO. y es profesor asociado de Estructura Económica y Social de Galicia en la Escuela de Relaciones Laborales de la UDc. Es miembro del Foro Económico de Galicia y del Consello Económico y Social. Participó en varios libros colectivos sobre la economía de Galicia y es colaborador de V Televisión y La Voz de Galicia, donde escribe una columna semanal desde el año 2009.
  

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