domingo, 29 de noviembre de 2015

La fechoría de Abengoa

Ernesto Pombo.- La joya de la corona, la empresa ejemplar, la referencia mundial de renovables, una de las imágenes de la marca España se nos ha venido abajo de la noche a la mañana. Y mientras nos preguntamos cómo es posible que los grandes gurús de nuestra economía y los avezados políticos de su consejo de administración no advirtieran que se avecinaba la mayor quiebra de la historia de España, nos cuentan que la deuda se aproxima a los 34.000 millones y que casi 29.000 trabajadores de todo el mundo se pueden ir los lunes al sol.
Abengoa es otro ejemplo más del oscurantismo empresarial español. Halagada por Obama y por toda nuestra clase política, estaba instalada en una huida hacia adelante que, por lo visto, nadie advirtió. Y por eso se llega a esta situación de destrozo a la que se le busca una urgente salida; salida que pasa, según algunas propuestas, por un rescate a imagen y semejanza del que ya hicimos con la banca y que tan buenos resultados aportó. Sobre todo a los banqueros.
El país se echa a temblar cada vez que se pronuncia la palabra rescate. Y no es para menos, porque las experiencias recientes nos indican que siempre son los bolsillos de los mismos los que apechugan con los desmanes. Por eso ¿qué quiere decir rescatar Abengoa con dinero público? Pues que vamos a tener que ir otra vez a la hucha de los ahorros. ¿Y qué vamos a recibir a cambio? Pues lo mismo que con las cajas. Nada.
Y, por último, ¿por qué vamos a rescatar Abengoa y no la empresiña de la esquina del señor Antonio? Pues porque el señor Antonio no tiene consejo de administración y en el de Abengoa están los Benjumea, Terceiro, Aza, Borrell, Rupérez y Solana; o lo que es lo mismo, los grandes sabios de la gestión empresarial y la economía del mundo mundial.
Al final puede que tengamos que echar una mano. Ya nos están adoctrinando en esta posibilidad, pero si lo hacemos, al menos que alguien se pase por Teixeiro. Aunque solo sea por lavar la cara de tamaña fechoría.

sábado, 28 de noviembre de 2015

Balbino, Eladia e un pouco de Revolución

*Xesús Alonso Montero.-Sabido é que a obra literaria de Neira Vilas é tan inxente como polifacética, pero nese extraordinario corpus hai un título que está na memoria e no corazón de miles e miles de lectores galegos. Refírome a Memorias dun neno labrego, editado na cidade de Bos Aires, onde saíu do prelo o 5 de xaneiro de 1961. O éxito maiúsculo deste gran relato comeza en 1968, cando Ediciós do Castro publica a segunda edición, con ilustracións de Isaac Díaz Pardo. Non hai texto narrativo nas Letras Galegas tan afortunado en edicións, traducións, estudos, imitacións? Por algo será.

Eu asistín, na década dos sesenta, á fascinación que o singular relato exerceu nos letrados, pero, dun xeito moi especial, nos pouco letrados. Xentes que nunca leran prosa en galego, non só leron este libro con fruición, senón que se comprometeron, mercé a ese incitante encontro, a leren outros textos, outras páxinas na nosa lingua. Oficinistas ou universitarios, labradores curiosos ou obreiros lidos da Bazán, estudantes de instituto ou secretarias administrativas co verme da lectura, atoparon nas páxinas das Memorias un universo literario tan conmovedor como inagardado: o protagonizado por Balbino, un rapaz da aldea lúcido e preguntón, que cavilaba desde unha perspectiva que confortaba ou aguilloaba os universitarios máis progresistas da época.

Na vida de Balbino, Eladia, a súa mestra, é un acontecemento determinante que vai máis alá da pedagoxía. Ante ela, xa Balbino un mozote (ou case), sentiu a primeira chamada do amor, que se manifestou como «un agurgullar no peito». A amada non é unha rapaza da súa andaina nin do seu igual: trátase de Eladia, mestra nacional, a súa mestra, por tanto, alguén doutra condición intelectual e profesional. Tamén aquí o feito universal do amor ten compoñentes de clase, de clase social. Aquel rapaz da aldea, intelectual ao seu modo, está fascinado por Eladia porque é profesora, porque é muller que ten libros e tamén está engaiolado porque posúe os atributos da «clase alta»: na súa habitación había «cadros, xerriñas, flores? roupas de seda». Balbino viu toda esta fartura e magnificencia un día que, algo doente ela, visitou a súa casa.
Naquel ambiente, Balbino confesou sentir «vergoña dos meus zocos e remendos». Xa aquí, cómpre reparar na reacción de Balbino, que tendo, sempre, conciencia de clase, agora carece da necesaria lucidez para non avergonzarse dos signos externos da súa condición social. Foi un amor tan grande que, cando Balbino viu pasear de ganchete a Eladia co seu verdadeiro mozo -un home da súa idade e da súa clase social- ao día seguinte non se puido erguer da febre que tiña. Así amaba Balbino, en boa parte, porque era «un rapaz da aldea, un ninguén» asoballado polo ouro e o ouropel de Eladia, a profesora.

Ao longo da novela só nesta ocasión Balbino deixa de ser un militante da súa clase social. Mágoa que haxa esta mácula na biografía dun rapaz sempre tan fiel á súa clase e orgulloso dela. Na hora en que Balbino sentiu «vergoña» dos seus «zocos e remendos», retrasou -como diría un discípulo de Gramsci- medio minuto a Revolución.

Pero esta é unha observación que ninguén de nós fixo nos sesenta, nin sequera no emblemático 1968. O noso Balbino era o Balbino que veu ao mundo «cunha alforxa de preguntas», que se «arrepoñía» á mentira e á inxustiza e que logrou que o seu amigo Lelo aprendese a cavilar, tanto como para estaren de acordo «en que no mundo hai pobres e ricos e non debería ser así». Con estes materiais, o autor fixo un relato literario, como quen non quere a a cousa, nun galego honrado e apetitoso e cun xeito narrativo que o tempo non cuestiona.

Autor: Xesús Alonso Montero (Vigo 1938) Catedrático de Literatura na Universidade de Santiago de Compostela e Presidente da Real Academia Galega, é filólogo, tradutor, conferenciante e autor de numerosos libros, estudos e traballos. Tamén é director do Centro de Estudios Rosalinianos e da Revista de Estudios Rosalinianos.

viernes, 27 de noviembre de 2015

¿Puede presumir el Gobierno de gestión económica?

Manuel Lago
*Manuel Lago.-El Gobierno de Mariano Rajoy coloca como ejemplo de su buena gestión económica el control de las cuentas públicas. Sin embargo, una lectura atenta de las cifras demuestra exactamente todo lo contrario. Es cierto que el déficit del conjunto de las Administraciones públicas pasó del 9 % del PIB en el 2011 al 6 % en el 2014, pero lo que no dice el Gobierno es que esa reducción se debe a las comunidades autónomas y -sobre todo- a los ayuntamientos, y no a gracias a su gestión. El déficit de la Administración central -incluida la Seguridad Social- no solo no se redujo, sino que empeoró en 15.100 millones de euros, mientras que el de las comunidades autónomas mejoró en 36.700 millones de euros y el de los ayuntamientos en 14.500 millones.
Hay, por lo tanto, una reducción del déficit -explicada por el recorte en el gasto y la mejor coyuntura económica- de la que el Gobierno central no puede presumir, sino todo lo contrario, porque el desequilibrio de las cuentas de la Administración central aumentó el 46 % en comparación con el último año de la legislatura anterior. Este desequilibrio es una de las razones -aunque no la única- que están detrás del preocupante aumento de la deuda pública. Con Rajoy de presidente, la deuda aumentó casi el 50 %, un ritmo frenético que duplica el de Zapatero el despilfarrador: si en sus dos legislaturas la deuda pública creció en 300.000 millones, Rajoy solo necesitó cuatro años para endeudarnos en 293.000 millones.
Pero hay más: ¿cómo se puede presumir de reducir el déficit cuando se hace recortando gravemente el gasto social y la inversión y subiendo impuestos como el IVA? Porque eso es lo que ha hecho Rajoy: el gasto en prestaciones por desempleo lo ha recortado en 11.000 millones de euros, el gasto en sanidad en 9.000 millones de euros, el gasto en educación en 7.000 millones, la inversión en 30.000 millones... Y además ha subido los tipos del IVA, un impuesto indirecto que no diferencia a los contribuyentes por su nivel de renta.
Un Gobierno podría presumir si logra equilibrar las cuentas públicas gracias a una mayor recaudación generada por un aumento de la actividad económica, pero no si lo hace recortando el Estado de bienestar y con un aumento regresivo de los impuestos. Sobre todo si una parte de lo que recorta lo destina a pagar una mayor carga de intereses -18.000 millones cada año- a la gran banca, por la deuda pública creciente.
Pero el desequilibrio más grave en la gestión de las cuentas públicas del Gobierno Rajoy es el que está perpetrando contra la Seguridad Social. En el 2011 los ingresos por cotizaciones y el pago de pensiones estuvieron prácticamente en equilibrio. En el 2014 la Seguridad Social cerró con un déficit de 11.000 millones de euros, un desequilibrio que se ha producido en los tres años de la legislatura y que obligó a sacar 45.828 millones de euros del fondo de reserva para poder pagar las pensiones.
Menos empleo y sobre todo peor empleo, con salarios precarios y bases de cotización bajas que deterioran los ingresos -agravada por regalos como la tarifa plana- que están provocando un enorme agujero que pone en peligro la sostenibilidad del sistema público de pensiones.

*Manuel Lago,.
Economista especializado en mercado de trabajo, economía pública y política industrial, trabaja en el gabinete confederal de CC.OO. y es profesor asociado de Estructura Económica y Social de Galicia en la Escuela de Relaciones Laborales de la UDc. Es miembro del Foro Económico de Galicia y del Consello Económico y Social. Participó en varios libros colectivos sobre la economía de Galicia y es colaborador de V Televisión y La Voz de Galicia, donde escribe una columna semanal desde el año 2009.

Fuente: La Voz de Galicia

jueves, 26 de noviembre de 2015

La diplomacia de Hollande ha nacido muerta

Rafael Poch
, Barcelona.-
No es la coalición, sino la tensión entre potencias lo que tiene futuro en Siria

El Presidente francés, François Hollande, despliega estos días una enorme actividad encaminada a forjar esa “gran y única coalición” contra el Estado Islámico que los bárbaros atentados de París le han inspirado. El lunes recibió a David Cameron en París, el martes se encontró con Obama en Washington, ayer cenó con Merkel en el Elíseo y hoy recibe a Matteo Renzi antes de salir para Moscú a entrevistarse con Vladimir Putin. Esta actividad será inútil.
El motivo es que tal ofensiva no tiene la menor posibilidad ni intención de abordar el principal problema del momento: el sostén al enemigo declarado por parte de los Estados amigos del Golfo y de potencias de la OTAN, particularmente Arabia Saudita, Qatar, los Emiratos Árabes Unidos, Kuwait y Turquía. La propia OTAN, como tal, está mucho más preocupada por los “avances” rusos -los insólitos desafíos militares de Moscú, primero en Ucrania y ahora en Siria- que por el Estado Islámico que militarmente no es gran cosa.
El viernes, el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó por unanimidad la resolución francesa que llama a “redoblar y coordinar esfuerzos para prevenir y suprimir los actos terroristas cometidos por el Estado Islámico así como el Frente Al Nusra y los demás individuos, grupos, proyectos y entidades asociados con Al Qaeda y otros grupos terroristas”. Esa voluntad nace muerta mientras no se ponga orden en la coalición occidental. Y el problema es que eso no puede hacerse sin desestabilizar toda la geopolítica de occidente en la primera región energética del mundo.
En Siria hay tres fuerzas que combaten al espectro señalado por la resolución de la ONU: el régimen de Asad, dictatorial y sanguinario, los rebeldes kurdos y la aviación rusa. Las potencias occidentales y sus amigos del Golfo son hostiles a los tres; el cambio de régimen en Damasco ha sido hasta ahora la prioridad occidental, los rebeldes kurdos son bombardeados por Turquía, y el derribo del avión ruso y los apoyos que ha recibido en Bruselas y Washington, hablan por si solo. Y eso en la hipótesis más optimista de que no hubiera un acuerdo previo de Turquía con la OTAN respecto al derribo del avión.
Para quienes definen la estrategia belicista en Bruselas y Washington -que son los mismos- que Rusia se haya metido en el avispero sirio y que el ejercito de Asad avance posiciones gracias a ello, es mucho peor que el Estado Islámico. Respecto a Turquía y los amigos del Golfo, basta con echar un vistazo al documentado informe de Nafeez Ahmed, un conocido periodista británico de The Guardian, para comprender el alcance de la broma.
Turquía ha proporcionado miles de pasaportes falsos al Estado Islámico, incluido a sus brigadistas europeos que entran y salen de la UE como Pedro por su casa, como se ha demostrado trágicamente en París. Turquía ha permitido el tránsito de columnas islamistas por su territorio para atacar a los kurdos en la ciudad siria de Serekaniye, informó el año pasado Newsweek. “Comandantes del Estado islámico nos decían que no temiéramos nada porque había una plena cooperación con los turcos”, explicó un técnico de esa organización citado por el semanario. En los tribunales y diarios turcos, son abrumadoras las pruebas y testimonios de esa complicidad, tanto en tráfico de armas, como de personas y de petróleo a lo largo de la frontera. El periodista Ahu Ozyurt del diario Hurriyet ha explicado su “conmoción” al conocer los sentimientos pro Estado Islámico de los “pesos pesados del AKP -el partido de Erdogan- en Ankara. “Son como nosotros, luchando contra siete grandes potencias en la guerra de independencia”, señalaba uno de ellos. “Prefiero tener al Estado Islámico de vecino que no al PKK”, el partido kurdo, decía otro, citado en el mencionado informe de Nafeez Ahmed.
Mientras las modernas armas antitanque occidentales y la financiación llegan al Estado Islámico y otras franquicias integristas a través de los amigos del Golfo, y mientras el petróleo y las personas circulan a través de la frontera turca, en Occidente se asombran por la resistencia y la expansión del proclamado enemigo, cuya logística y economía cuenta con complicidades tan flagrantes como inconfesables. En el Bundestag la vicepresidenta Claudia Roth, una partidaria de las “intervenciones militares humanitarias” se asombra de que la OTAN haya consentido a Turquía el entrenamiento y la transferencia de armas para los guerrilleros integristas. Cuando en septiembre del año pasado, en la comisión militar del Senado de Estados Unidos se le preguntó al entonces militar número uno del país si algún Estado árabe “aceptaba” al Estado Islámico, la respuesta del General Martin Dempsey, presidente del Estado Mayor Conjunto, fue meridiana: “conozco a grandes Estados árabes que lo financian”.
El martes en Washington Hollande propuso a Barack Obama que se selle la frontera turco-siria, un propósito elemental dada la situación, pero el Presidente de Estados Unidos no estuvo nada receptivo al respecto. Su mensaje general, además de defender el derribo del avión ruso, fue que Rusia no puede ser un “socio fiable” mientras apoye a Bashar el Asad.
“Detrás de la idea de una “gran y única coalición” contra el Estado Islámico que Hollande abrazó en su marcial discurso de Versalles del día 16, “está la voluntad de los rusos de primar sobre los americanos en Europa y dividir a la OTAN”, advierte un experto americano en declaraciones a Le Figaro. La lógica de bloque, de hacer pagar caro a Moscú su desafío militar -en Ucrania y en Siria- pesa en Washington mucho más que cualquier veleidad de coalición. Ante estas señales el propio Hollande vacila. Su visita de hoy a Moscú, significativamente la última de la serie, no aportará nada.
Sin sus amigos, sus cómplices y sus flujos, en y desde Turquía, Arabia Saudita y Qatar, el Estado Islámico no tendría gran cosa que hacer. El problema de la OTAN es que no puede actuar de verdad contra el Estado Islámico sin fortalecer a Asad y a los rusos, lo que aún incrementa más la ambigüedad.
Un estudio de la Rand Corporation de Estados Unidos, institución estrechamente vinculada al complejo militar-industrial, evocaba en 2008 así el nudo de la aparente incongruencia: tras evocar la “fuerte dependencia” que las economías de los países industrializados tienen del petróleo de Oriente Medio, concluía que, “Estados Unidos tiene motivos para mantener la estabilidad y buenas relaciones” con esos países. Naturalmente, siempre y cuando estén en el cuadro de la geopolítica occidental.
No era el caso de Siria, que se alineó con un proyecto energético ruso-iraní, negándose a firmar en 2009 el proyecto de oleoducto para llevar crudo saudí hasta Turquía. En lugar de eso Asad firmó en 2011 un acuerdo de 10.000 millones para otro oleoducto desde Irán-Iraq hasta el Mediterráneo (es decir hasta la Unión Europea), vía Siria, con participación de Gazprom el gran consorcio energético ruso. Eso eran palabras mayores que invitaban a Europa hacia una mayor autonomía internacional, algo a evitar. Hoy el acuerdo nuclear de Occidente con Irán abre de par en par la puerta a ese proyecto.
Fue entonces, en 2011, cuando empezaron los problemas para Asad. 250.000 muertos después, todos bombardean un país que ya ha dejado de existir, generando ese tipo de desolación material que es el caldo de cultivo para nuevos y futuros monstruos.
Las  víctimas de París son inseparables del más de millón de muertos que se ha cobrado hasta ahora la desastrosa serie de guerras emprendidas después del 11-S neoyorkino.“Formamos parte del terrorismo porque en Oriente Medio vendemos armas y libramos guerras petroleras y gasísticas”, dice Oskar Lafontaine. “Hasta que los Obama, Merkel y Hollande no comprendan que las madres de Afganistán, Iraq, Siria, Yemen, y de todos los lugares en los que la “comunidad de valores Occidental” promueve guerras, lloran a sus hijos igual que las de París, no estaremos en situación de luchar contra el terrorismo”, dice Lafontaine.
“La causa del terrorismo está en las guerras entre potencias para controlar una zona del mundo en la que se produce una riqueza inmensa », dijo ayer Jean-Luc Mélenchon en el Parlamento Europeo.
Así que, de momento, no va a ser la coalición de Hollande contra el Estado Islámico, sino la tensión entre potencias animada por el Imperio del Caos, lo que tiene un buen futuro en Siria. Hasta el próximo desastre.

Fuente: La Vanguardia

miércoles, 25 de noviembre de 2015

Le llaman democracia (en España, incluyendo Catalunya) pero no lo es

Profesor Vicenç Navarro
Artículo publicado por Vicenç Navarro en la columna “Pensamiento Crítico” en el diario PÚBLICO, 18 de noviembre de 2015.
Este artículo critica el argumento utilizado por los partidos independentistas de que el resultado de las elecciones autonómicas significa un mandato para alcanzar la independencia. El artículo muestra cómo el sistema electoral español, así como el catalán, que es una mera réplica del primero, discriminan a las clases populares, y muy en especial a la clase trabajadora, respondiendo a un diseño que, aunque modificado, se ha respetado en su esencia durante la época bipartidista del régimen parlamentario actual. El artículo también muestra otras limitaciones del sistema democrático que explican la baja calidad de la democracia en España (incluyendo Catalunya).
En las últimas elecciones autonómicas en Catalunya, los partidos independentistas consiguieron una mayoría parlamentaria que presentan como prueba de que “tienen un mandato del pueblo catalán” para independizarse y separarse de España, y ello a pesar de que la mayoría del voto expresado en las urnas aquel día no fue para partidos independentistas, sino para partidos no independentistas. Ni que decir tiene que los primeros consiguieron un voto minoritario muy elevado, pero, a pesar de ser muy elevado, no fue la mayoría del pueblo catalán. Tenemos así una situación en la que las opciones políticas hoy mayoritarias en el Parlamento catalán no tienen el apoyo de la mayoría del electorado catalán para alcanzar su principal promesa programática –la independencia de Catalunya-. Su constante énfasis en que sí que tienen un mandato mayoritario no se apoya en lo que los catalanes votaron en aquellas elecciones. En realidad, consiguieron una mayoría parlamentaria como consecuencia de que la ley electoral catalana (que es prácticamente idéntica a la española) es de las menos proporcionales que existen en Europa, realidad que he estado denunciando desde hace tiempo. Tanto en España como en Catalunya, los gobiernos constantemente aplican leyes aduciendo un mandato popular que no se corresponde con los deseos de la mayoría de la población.
Uno de los muchos indicadores del enorme dominio que las fuerzas conservadoras tienen sobre el Estado es precisamente el sesgo antidemocrático de las leyes electorales, que discriminan claramente a favor de unos territorios y de unas clases sociales a costa de otros territorios y otras clases sociales, discriminando a las ciudades (a favor de las zonas rurales) y a la clase trabajadora (a favor de otras clases sociales). Y un ejemplo de ello son las últimas elecciones en Catalunya. La mayoría de los no independentistas reside en las grandes ciudades de Catalunya, y muy en especial en los barrios obreros. Y ahí están las bases del diferencial entre voto y escaños parlamentarios. El punto débil del independentismo es su limitado atractivo entre las clases trabajadoras en Catalunya debido, en parte, a la mayor identificación con España entre estos sectores de la población y también al hecho de que el movimiento independentista está liderado por un gobierno liberal que ha apoyado las medidas (como la reforma laboral y los recortes de gasto público) que han perjudicado con mayor intensidad a las clases populares.
El sesgo de la ley electoral española (y de la catalana) tenía y continúa teniendo el propósito de discriminar a la clase trabajadora
Este sesgo antidemocrático no es casualidad, pues el objetivo de dicha ley electoral fue precisamente este: el de frenar al Partido Comunista (cuya base electoral era mayoritariamente de clase trabajadora), condición que impuso la asamblea del Movimiento Nacional en las últimas etapas de la dictadura antes de disolverse. Tal condición era el establecimiento de una ley electoral que discriminara a las zonas urbanas a costa de favorecer a las zonas rurales, de claro cariz conservador. El hecho de que incluso hoy se requieran casi 49.000 votos para conseguir elegir a un parlamentario en Barcelona, y solo 21.000 votos en Lleida, se debe a esta decisión política. Otro tanto ocurre en el resto de España.
Esta motivación en el diseño de la ley electoral ha sido reconocido por dirigentes de la derecha española que jugaron un papel clave en la Transición, como el Sr. Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón, y el que fue presidente del mayor partido de derechas (que se definía como de centro, como las derechas siempre se han definido en España) durante aquel periodo, el Sr. Leopoldo Calvo Sotelo. Este último, el mismo año de su fallecimiento, subrayó que el diseño de la ley electoral (que se inició en las últimas fases de la dictadura) tuvo como objetivo la intención de frenar la presencia del Partido Comunista en las instituciones que llamaron representativas, forzando un sistema que tuvo poco de representativo.
Una consecuencia de ello es que, como he documentado en varias ocasiones (ver mi artículo “Cuestionando algunos de los análisis que se han hecho sobre las elecciones del 9 de marzo”, El Viejo Topo, julio-agosto 2008), en todas las elecciones generales durante el período democrático desde 1977 a 2008, la suma de votos a partidos de izquierdas en España había dado una cifra superior a los partidos de derechas (excepto en 1977, las primeras elecciones democráticas, en 1979, y en 2000, debido a la enorme abstención). Otros estudios más recientes confirman este análisis de la situación. En un excelente artículo de la ley electoral española aparecido en la revista El Siglo (“Una democracia por mejorar”, 09.11.15) se muestra que la ventaja de los votos de izquierda sobre los votos de derecha fue de más de dos millones y medio en 1982, de casi dos millones y medio en 1986, de menos de dos millones en 1989 y en 1992, de más de un millón en 1996, de menos de dos millones en 2004, y de casi un millón y medio en 2008. A pesar de ello, las izquierdas han gobernado con mayoría parlamentaria solo durante el periodo de 1982 a 1993 y el periodo de 2004 a 2008.
Muchas son las consecuencias de esta realidad, desde el enorme subdesarrollo y subfinanciación del Estado del Bienestar español (ver mi libro El subdesarrollo social de España. Causas y consecuencias, Anagrama, 2006), hasta el enorme fraude fiscal y las regresivas políticas tributarias. Añádase a esta situación de escasa calidad democrática, la escasísima diversidad ideológica de los medios de información que sistemáticamente discriminan a las izquierdas (ver mi artículo “El ‘New York Times’ lleva razón: no existe pluralidad en los medios”, Público, 19.11.15), siendo el gran apoyo de los mayores medios al nuevo partido de derechas Ciudadanos (la esperanza de las derechas) frente a la gran hostilidad hacia el nuevo partido Podemos y hacia IU, un indicador de ello.
Y la escasa proporcionalidad del sistema electoral se ha ido acentuando con añadidos y modificaciones a la ley electoral que hacen más difícil el ejercicio del voto. Un caso claro es la reforma del año 2011 de la Ley Orgánica del Régimen Electoral General (aprobada por el gobierno Zapatero con el apoyo del PP, de CiU y del PNV) que tuvo como consecuencia aumentar la dificultad para votar a los ciudadanos españoles que viven en el extranjero (1.875.272 ciudadanos españoles que viven o están fuera de España del total de 36,5 millones de personas que tienen derecho al voto en España). Es un ejemplo más de clara manipulación mediática del gobierno conservador-neoliberal de la Generalitat de Catalunya, que acusó al gobierno central del partido conservador-neoliberal español de dificultar las votaciones de los catalanes que vivían o estaban en el extranjero, cuando, en realidad, ambos partidos –el español y el catalán- habían dificultado, con la nueva ley, el ejercicio de tal derecho.
Las muy insuficientes reformas del supuesto sistema democrático
La gran mayoría de reformas que se están proponiendo por parte de los partidos políticos se basan en deseados cambios en la gestión de los partidos, lo cual es importante, pero muy insuficiente. Que los partidos políticos españoles (incluyendo los catalanes) son partidos con escasa vocación democrática, queda ilustrado en el estudio Ranking 2015 sobre la calidad democrática de los partidos políticos españoles, que muestra que solo dos partidos (ambos de izquierda), Podemos y el Bloque Nacionalista Gallego, pueden ser considerados como partidos -en términos comparativos con los existentes en el Reino Unido y Alemania- merecedores de ser considerados partidos con democracia interna. Ni que decir tiene que incluso estos dos partidos tienen todavía un largo recorrido para alcanzar los niveles de democracia que deberían exigirse. Pero están claramente en la dirección de alcanzarlo. No así en el resto de partidos.
Ahora bien, otro tema esencial para que el sistema electoral pudiera definirse como democrático, sería conseguir que todo ciudadano tuviera la misma potestad de configurar la gobernanza del país (es decir, conseguir la representatividad proporcional). Esta es una reforma urgente y necesaria y que tendría un enorme impacto en la vida política del país. Pero se requeriría otra reforma igualmente necesaria y urgente, que es el establecimiento de formas de democracia directa, como los referéndums, a todos los niveles del Estado, desde el central, al autonómico y municipal. Y ahí estamos en pañales. Existe una oposición antidemocrática por parte de los establishments político-mediáticos –lo que se define como la casta- hacia el ejercicio del derecho a decidir a todos los niveles. La oposición a que el pueblo catalán pueda ejercer tal derecho -que la mayoría de la población en Catalunya apoya- es un ejemplo de ello. La derecha española, PP y Ciudadanos, y la dirección del PSOE (de escasa vocación democrática), se oponen a dicho ejercicio. El PP y el PSOE, los máximos beneficiarios del sistema bipartidista, bases del Estado español, han sido los que se han opuesto más a la democratización del Estado. Ambos partidos de baja calidad democrática, se oponen al ejercicio de estas formas de democracia directa, que debilitarían su protagonismo. Y Ciudadanos se opone también, aunque por motivos diferentes. Su oposición al derecho a decidir es porque desea conseguir rentabilidad política de su supuesta defensa de la “unidad de España” (aunque el ejercicio de tal derecho resolvería precisamente las tensiones artificiales creadas por los dos partidos mayoritarios, PP y PSOE, y también por CDC en Catalunya, pues tal deseo mostraría que la voluntad de la mayoría de los catalanes es permanecer en España, desmontando así los argumentos independentistas). Son precisamente estos partidos (PP, PSOE y Ciudadanos) –que Pablo Iglesias ha definido correctamente como el búnquer- los que están incrementando el hastío y frustración en Catalunya hacia el Estado central, aumentando el independentismo.
Esta breve crítica del sistema llamado democrático aparece con plena evidencia en la nula diversidad ideológica que existe en los mayores medios de información (tanto públicos como privados) españoles, instrumentalizados por los poderes económicos y financieros y por los gobiernos, y que no ofrecen la pluralidad, veracidad y rigor que un sistema democrático exige. El artículo del New York Times que ha creado un gran revuelo en España no descubre nada que la mayoría de la población no conociera ya en España, pero que los medios continúan negando. Tanto los medios televisivos como la prensa en papel carecen de credibilidad en España, otro tema que he estado denunciando por mucho tiempo. En el último programa de Salvados, los dirigentes de los medios entrevistados atribuyeron el resultado de una encuesta realizada en Europa (que mostraba que la ciudadanía española era la que desconfiaba más de sus medios) a que los ciudadanos españoles tienen una vocación más crítica que los ciudadanos de otros países. No aceptaron –a pesar de la enorme evidencia de lo contrario- que el problema mayor era la abusiva instrumentalización de los medios por el poder financiero (la banca) con el cual están endeudados, y por los partidos gobernantes. Hoy, tales medios son un enorme obstáculo para el pleno desarrollo democrático de España. En realidad, el programa La Sexta Noche es un programa que –sin quererlo y sin ser su intención- muestra claramente el bajo nivel de democracia existente en España. Lo que se presenta como un debate, es una sarta de insultos, mezquindades, gritos y un largo etcétera (procedentes en su mayoría de los tertulianos de derechas) que muestra muy bien, por desgracia, la escasa calidad democrática existente en España. Así de claro.

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¿Quién triunfó en Argentina?

Iroel Sánchez
Por Iroel Sánchez.-  

Mirando el triunfo del candidato de “Cambiemos” en las elecciones argentinas, Mauricio Macri: globos que caen por millares, luces de espectáculo y sonrisas de vendedor de dentríficos, uno recuerda los show electorales estadounidenses y sus mimetismos latinoamericanos al estilo de la corrupta y prófuga Mireya Moscoso en Panamá, pero no seamos prejuiciosos, y evoquemos la Biblia: “Por sus actos los conoceréis”.

Y nada mejor que esa Biblia de los secretos estadounidenses que son los cables revelados por Wikileaks  para conocer a Macri. Según esos documentos, en 2009 el actual Presidente electo de Argentina dijo al embajador norteamericano en su país que EEUU era “demasiado suave” con los Kirchner y le pidió que Washington les pusiera límites a estos, al final del cable los propios estadounidenses hablan de la “visión maniquea del mundo” que tiene el entonces alcalde bonaerense y asiduo interlocutor de diplomáticos y visitantes estadounidenses en Argentina.

Pero esa visión maniquea, apenas convertido en Presidente electo, le ha ganado a Macri las primeras planas de la prensa global con su servicio a la estrategia estadounidense en la región: “Macri pedirá la suspensión de Venezuela de Mercosur” titula El País en España, Macri dice que invocará la cláusula democrática del Mercosur sobre Venezuela”, apunta CNN en español desde Miami, y La Nación en Argentina recoge que “En Brasil se hacen eco de la intención de Macri de pedir la suspensión de Venezuela en el Mercosur”. Por ahora no hay condiciones para ello pero el discurso del líder de “Cambiemos”, muchas veces ambiguo en otros temas, ha sido siempre diáfano en su proyección pronorteamericana y antichavista y ya se propone dividir al Mercosur. El País –órgano oficial de la Casa Blanca para hispanohablantes- lo elogia por ello  “como un nuevo líder regional que marca un cambio de rumbo en Latinoamérica”.

Conservando el rol del dinero en las campañas electorales y  la manipulación de la opinión pública a través del control de los medios de comunicación, la democracia liberal y sus límites están intactas en Argentina y en la mayoría de los países que han emprendido transformaciones antineoliberales. Si la llegada al poder político no es aprovechada para devaluar radicalmente  los poderes fácticos y educar a las mayorías en la defensa de un nuevo proyecto social, en medio de una aguda lucha de clases, las fuerzas populares están creando las condiciones para su salida del gobierno al no cambiar las reglas del juego y lo más probable es que, una vez aprendida la lección, las oligarquías no permitan una segunda oportunidad a las estirpes condenadas a cien años de soledad.

Como el bolivarianismo en Venezuela, los gobiernos del PT en Brasil, y otros procesos similares en Latinoamérica, el kirchnerismo rescató de la pobreza a grandes masas, una parte de las cuales son empujadas ahora contra esos proyectos haciéndoles creer que la oposición proestadounidense les dará más. Un cambio que no sea cultural terminará dejando de serlo. Los valores son más perdurables que las dádivas y quien no comprenda que si forma consumidores en vez de revolucionarios cava su propia tumba está condenado a la derrota.

Este noviembre en Argentina triunfaron Washington y su estrategia de recuperación de la hegemonía en el continente. El proyecto que encabezaron Néstor y Cristina no se perdió el 22 de noviembre sino cuando el kirchnerismo designó como candidato a Daniel Scioli, alguien incapaz de hablar convincentemente sobre lo que estaba en juego y movilizar a los sectores populares en función de hacer avanzar el proyecto iniciado hace doce años por Néstor Kirchner y a quien los propios diplomáticos estadounidenses en Buenos Aires califican en sus documentos como de “centro derecha”. 

Ahora EEUU va a por más en Venezuela y Brasil, pretende golpear así en el corazón a los procesos de integración y soberanía en el continente, decirlo con claridad es el primer paso para que los pueblos no se dejen arrebatar sus conquistas por Macris locales. Por suerte allí no dependerá de un Daniel Scioli el destino de los proyectos populares.


martes, 24 de noviembre de 2015

Algunos ejemplos de intolerancia

Adolfo Gil
Adolfo Gil.-Puede ser que ahora que nos enteremos de que hay bronca y bombas en Oriente Medio desde hace más de un año, porque han caído más cerca de nuestros cogotes y nos demos cuenta de con quién nos jugamos los cuartos y quién pesca en río revuelto.
Podríamos empezar con el inefable y nunca bien ponderado dirigente popular catalán, más de dos metros de ciudadano -el señor Albiol- que se arroga la representación de la civilización occidental multisecular y se lanza al placaje del multiculturalismo en Europa como si supiese qué es eso; para ese esfuerzo tendría que demostrar una cultura y aún le queda lejos desde la demagogia que predica. Su resumen no es más que todo aquel que no me guste y no comparta mis valores, que se vaya. Pues resultará que yo no comparto los suyos y no me iré.
Sorprende la coincidencia del ínclito diputado con la postura de los señores del petróleo en Arabia Saudita que han promulgado leyes que definen a los ateos como terroristas; en una campaña de medidas drásticas del rey saudí Abdullah contra todas las formas de disidencia política y las protestas que puedan "perjudicar el orden público", en particular "llamar al pensamiento ateo en cualquier forma, o poner en cuestión los fundamentos de la religión islámica en la que se basa este país". Sigo creyendo que sus aliados occidentales, ávidos de petróleo, tenemos que hacérnoslo mirar, más que nada por mantener algo de coherencia y menos cinismo descarado.
Claro que también por aquí cuecen más habas, sobre todo la gran cosecha que nos proporciona don José Ignacio Reig Pla, un señor a sueldo del estado, con empleo de obispo de Alcalá de Henares, que en un arrebato de lucidez, quizá influenciada por el islamismo radical y su tratamiento a las mujeres como seres inferiores, ha descansado a gusto dando doctrina con una máxima sin desperdicio, al parecer para su gusto las mujeres ya están pensando mucho por su cuenta y habría que quitarles el voto, ya que el feminismo es la deconstrucción de la persona, cual si fuese un plato de la moderna cocina. No solo son esas sus culpas, el feminismo ideológico es una desviación del derecho al sufragio, poder votar desde hace muy poquito, que desemboca en el derecho de cuota, es decir, que las mujeres han cruzado la línea roja para quedarse con la mitad de la tarta de los cargos? como si no tuviesen otra cosa que hacer, en resumen, el fin de la monogamia y el aborto generalizado contra la maternidad obligada.
Pero ya se sabe que la culpa de todo es que vamos demasiado a la universidad, según el ministro del ramo que lleva trazas de hacer bueno a su antecesor.
Fuente: La Opinión (Coruña)

lunes, 23 de noviembre de 2015

Las diputadas del Partido Popular y la Violencia de Género

Beatriz Gimeno
Escritora, activista y Diputada de PODEMOS en la Asamblea de Madrid
 
La manifestación del 7N, su organización, su celebración, ha ocurrido en mis primeros meses de diputada y portavoz de Podemos en la Comisión de Mujer. Tanto en la Comisión de Mujer, como cada vez que tienen oportunidad, las diputadas del PP expresan su repulsa absoluta por los asesinatos machistas y su decisión de luchar contra esa lacra. No sólo contra la violencia, las mujeres del PP están, decididamente del lado de la igualdad de género, contra la brecha salarial, contra cualquier muestra de machismo, contra la precariedad de las mujeres en el empleo, en la lucha contra la feminización de la pobreza, por una educación igualitaria etc. Algunas de ellas fueron incluso a la manifestación del 7N. Cualquier crítica que yo haga a las políticas de su partido respecto a la igualdad, las enerva muchísimo y levantan la voz para apabullarme y abroncarme por saltarme la cortesía parlamentaria y por atreverme a cuestionar su combate contra el machismo “como si la lucha por la igualdad y contra el machismo fuera únicamente cosa de la izquierda”, me dicen. ¿Cómo me atrevo a cuestionar que ellas también son feministas? ¿Cómo me atrevo a patrimonializar a las víctimas del machismo?
No es mi intención, desde luego, patrimonializar a ninguna víctima. Tampoco quiero poner en cuestión que el dolor de las diputadas del PP sea real y que su deseo de acabar con la violencia machista sea verdadero. Lo que sí pongo en duda es que el Partido Popular tenga una sola posibilidad de acabar con la violencia machista. Porque para acabar con esta violencia hacen falta dos cosas: recursos materiales y un cambio cultural profundo en el sistema de género. Y el Partido Popular no está por apoyar ninguna de las dos cosas.
En la Comisión de Mujer de la Asamblea de Madrid la estrategia del Partido Popular, tanto de las diputadas que forman parte de la misma, como de los altos cargos que comparecen para explicar cuestiones relativas a las políticas de Igualdad, es siempre la misma: despolitizar la desigualdad, tratar de romper los vínculos entre desigualdad de género y violencia machista. Porque “Igualdad” es un concepto ya hegemónico e indiscutible y más si se refiere a mujeres y hombres. Todo el mundo (incluso los mismos maltratadores hacen a veces proclamas igualitarias) dice estar a favor de que mujeres y hombres seamos iguales, de que no exista la violencia; todo el mundo entiende que está mal que ganemos menos dinero o que nos maten; que tengamos que trabajar 9 años más para cobrar las mismas pensiones. Pero no todo el mundo está de acuerdo, y en el PP mucha gente está en desacuerdo, en que los niños/as no son cosa de las mujeres en exclusiva, ni los trabajos domésticos tampoco; y que atribuir a las mujeres en exclusiva estas cuestiones y no combatirlas, es una de las causas de la violencia. No todo el mundo está de acuerdo en que las niñas y los niños deben educarse en los principios del feminismo para poder gobernar sus vidas con el horizonte de la igualdad. No todo el mundo está de acuerdo, y las diputadas del PP están claramente en desacuerdo, en que los recortes se han cebado en las mujeres y que estos recortes contribuyen a aumentar la desigualdad. El gobierno del Partido Popular afirma enfáticamente estar contra la violencia machista, pero reduce el presupuesto de lucha contra esta violencia a la mitad. Todo el mundo está por la igualdad, sí, pero no todo el mundo está de acuerdo en que la desigualdad actual es fruto de un sistema de poder económico, simbólico, cultural, sexual…ancestral que hay que combatir en todas sus manifestaciones: sexualidad, roles culturales, subjetividades, violencia, lenguaje…
Las diputadas del PP se indignan cuando cuestionas su compromiso con la igualdad pero cuestionan al mismo tiempo que el género sea una categoría válida de análisis; y cuestionan también que para combatir la violencia de género haya que educar en la igualdad, pero en la igualdad, oh sorpresa, de género. Ellas condenan, sí, los asesinatos pero los tratan como si fueran fenómenos climáticos, obra de locos, y no como resultado de un sistema de desigualdad que requiere, para su erradicación, un cambio social profundo; ya sabemos que los conservadores no son muy partidarios de cambios sociales profundos en ningún sentido.
Por eso, el objetivo de las mujeres del PP, que dicen sentir los asesinatos de mujeres tanto como nosotras, mujeres feministas, es despolitizarlos hasta que, efectivamente, la gente los condene unánimemente pero los contemple como desgracias aisladas, como quien tiene la mala suerte de enfrentarse a una inundación. Si hace unas décadas la violencia machista era considerada algo privado de lo que nadie más que la familia debía ocuparse, y se consideraba también que el marido había actuado movido por los celos, el amor o la maldad de la mujer, ahora parece que hay acuerdo en considerar al asesino no un loco, sino un machista; pero consideramos que el machismo es algo que adquieren algunas personas malvadas y no la manera normal en la que los niños (y las niñas) son socializados si no hay un esfuerzo en sentido contrario. Los asesinos son unos machistas, pero las políticas del Partido Popular dan por hecho que eso no tiene nada que ver la política. Que todos y todas estamos en el mismo lado y con la misma intensidad: las que dejan el presupuesto de lucha contra la violencia a la mitad y las que lo dotan suficientemente; los que se niegan a que el feminismo entre en la escuela y las que lo queremos introducirlo en los planes de estudio; las que exigimos que se haga política con perspectiva de género y los que no saben ni lo que es la perspectiva de género.
La igualdad real entre mujeres y hombres requiere un cambio profundo de valores, y un cambio obviamente también económico. El neoliberalismo es el mayor enemigo de la igualdad de género, como demuestra la feminización de la pobreza. Así que aunque no dudo en absoluto que el dolor que sienten las diputadas del PP por las mujeres asesinadas sea auténtico, seguiré defendiendo en la Comisión y en todas partes que no hay en su partido ningún compromiso real contra la violencia machista, por mucho que se enfaden. Porque la desigualdad de género es política y es con la política con la que la combatimos. Pero con políticas sociales y no neoliberales.

Fuente: EconoNuestra