jueves, 10 de diciembre de 2015

“En la cumbre del clima vamos a un acuerdo para más emisiones”


Rafael Poch.

Entrevista con Pablo Solón, ex embajador climático y Director de la Organización Focus on the Global South. 


Para hablar de la cumbre del clima de París, el boliviano Pablo Solón es un interlocutor excepcional. Fue embajador de Bolivia ante Naciones Unidas y negociador climático hasta 2011, pero está en París como activista y conoce los dos mundos. Ha residido en Bangkok con la organización Focus on the Global South, adelanta que el acuerdo al que se va a llegar en París va a incrementar las emisiones globales.

P-¿Qué espera usted de la COP21? 

 
R-El resultado del proceso oficial de negociación ya se conoce: un acuerdo para aumentar emisiones. Las contribuciones de los países no solo son insuficientes sino que van a ampliar la brecha. Para limitar a 2 grados el aumento de temperatura, en Cancún (2010) se tenía que haber garantizado la reducción de emisiones a 44 Gigatoneladas de CO2 para 2020, pero con los compromisos de Cancún en 2011 nos pusimos en 56 Gt de CO2 para 2020. Ahora para el 2030 no vamos a reducir esas 12 Gt. Vamos a estar en 60. El acuerdo es de aumento de emisiones. Por eso creo que es absolutamente perjudicial para la humanidad y la naturaleza.

P-¿Quién tiene la culpa? 

 
R- Sobre todo las grandes corporaciones. Para reducir emisiones hay que reducir la extracción de combustibles fósiles, responsable del 60% de la emisión, algo que el acuerdo ni siquiera menciona. Reducir extracción significa que las grandes empresas, tanto privadas como públicas, pierden varios billones de dólares, así que ellas son las que presionan para que no ocurra. Lo mismo pasa con el sector de la agroindustria en el tema de la deforestación, que es la otra gran fuente de emisiones de gases de efecto invernadero. Las grandes corporaciones han capturado no solo a los gobiernos sino al mismo proceso de negociación climática. Por el otro lado están los gobiernos que funcionan con la lógica del poder: buscan aplicar medidas que garanticen su próxima reelección y prefieren aplazar al futuro las medidas urgentes que habría que aplicar ahora y que podrían ser impopulares para ellos. El tercer elemento es la geopolítica: el acuerdo entre Estados Unidos y China en materia de reducciones (absolutas o por unidad de PIB) que son voluntarias, donde no va a haber ningún mecanismo de sanción por incumplimiento. Esto no es solo propuesta de Estados Unidos, sino también de China que todavía no es el principal emisor histórico, en emisiones acumuladas, pero lo va a ser bastante pronto… Así que están creando un régimen para ocultar la responsabilidad que van a tener en esta catástrofe planetaria que está en marcha.

P-¿Por qué es tan difícil centrar la discusión en la limitación de la extracción en lugar de la emisión?

R-No es difícil. El problema es que los intereses económicos que se tocan son muy poderosos. Solo en infraestructuras de extracción de combustibles fósiles ya construidas, gaseoductos, pozos, etc., se habla de unos 50 billones de dólares. Poner coto a la extracción afectaría a las inversiones que ya han realizado estos poderes económicos a nivel planetario. Un acuerdo que estableciera que hay que dejar en tierra el 75% o el 80% de las reservas conocidas, que es lo que dice que hay que hacer la ciencia y la Agencia Internacional de la Energía, significaría que al día siguiente Wall Street se derrumbaría. Así que para mantener ese negocio lo mejor es no hablar del asunto y sacarlo de la negociación.

P- ¿Cómo llegar entonces a un punto de equilibrio pragmático que permitiera entrar en una negociación realista sin romper esos aspectos insuperables? 

 
R- La única vía realista no va a venir de la negociación de Naciones Unidas en París. Habiendo sido negociador y conociendo el medio por dentro, constato que prevalece un lógica distinta. Me parece utópico pensar que con algún argumento cambiarán súbitamente la lógica de la negociación…

P-¿Entonces, será necesario que se produzca una catástrofe? 

 
R-Lo que se necesitan son acciones locales en los distintos países y regiones. Ahí es posible frenar proyectos contaminantes, oleoductos como hemos visto en Estados Unidos. En acciones concretas en lo local sí es posible, pero la acción global es muy complicada. Es confiar en un milagro que no va a venir. Sí, creo que este proceso vendrá determinado por catástrofes. No creo que la población vaya a reaccionar sin que se produzcan catástrofes que la induzcan a cambiar esa visión en la que gran parte de la humanidad está atrapada queriendo consumir más. No creo que vaya a haber un colapso, pero si varias cadenas de desastre en diferentes escalas y lugares.

P- Usted fue negociador climático hasta hace poco, ¿Cuándo cayó del caballo? ¿Cuándo dejó de creer en la negociación de las cumbres globales?

R-Después de la cumbre de Cancún, cuando se establecieron los términos de la actual negociación, es decir un esquema de pequeñas reducciones voluntarias en el que no se garantizaba para nada alcanzar una meta que permitiera controlar el incremento de la temperatura. Al principio pensaba que era una cuestión de argumentos, de mostrar la realidad con estudios y datos, y debo decir que la mayoría de los jefes negociadores conocen perfectamente esos datos y saben donde están las líneas rojas. Pueden coincidir completamente con uno, pero al final ellos no deciden. Son una suerte de mercenarios de la diplomacia: están de acuerdo pero reciben una llamada de su capital y tienen que defender la posición opuesta a la racional. El lobbysmo, la persuasión, puede funcionar en temas secundarios, pero para lo fundamental no sirve. Los intereses políticos y económicos son demasiado poderosos.

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