domingo, 31 de enero de 2016

La magdalena como síntoma

Beatriz Gimeno.- Debería aterrarnos a todos y todas lo que está ocurriendo con las residencias de ancianos ya semi públicas desde que gobierna el PP y ha entregado su gestión a empresas privadas. Entre otras cosas porque no estaría de más ser conscientes de que muchos y muchas de los que miramos esas noticias por encima, podemos acabar en una de ellas. La única manera que tiene el PP de entender la gestión de lo público, esto es, haciendo negocio con ello, les lleva a adjudicar cualquier servicio siempre a la oferta más barata.
 Si esto es malo en todos los casos, cuando se trata de servicios públicos que se dedican al cuidado de las personas, debería escandalizarnos. El Partido Popular considera que todo es una mercancía, incluso la vida humana y, además y según qué vidas, poco valiosa. ¿Cómo es posible que aceptemos como siquiera posible que a la hora de adjudicar una residencia de ancianos (o escuela de niños/as) el único criterio –o el más importante- sea que la oferta sea la más barata? Eso significa que a la hora de cuidar personas vulnerables no cuenta la experiencia, ni la valoración que hagan las propias personas puestas a su cuidado, ni la de sus familias, ni el buen trato, ni la cualificación profesional de los trabajadores/as o el bienestar de las personas cuidadas; nada importa que la oferta incluya la posibilidad de ofrecer a estas personas ancianas una buena vida lo que les queda de ella. Lo único que importa a la hora de adjudicar una oferta no es que se preste un buen servicio, sino que sea barata; es decir, que haya que pagar muy poco por los ancianos, lo que a su vez hará que la empresa, para hacer negocio, su único objetivo, ahorre en el cuidado de estas personas lo más posible.
Luego, sí, nos escandalizamos cuando se caen los techos, aparecen cucarachas o la comida que se les ofrece es un asco pero si lo único que se ha tenido en cuenta a la hora de adjudicar es que sea barato; si no se incluye en la valoración ninguna consideración acerca de la calidad, del buen trato ¿qué podríamos esperar? La residencia Moscatelares de San Sebastián de los Reyes acaba de saltar a los medios por algo que podría parecer una anécdota, pero es una anécdota que duele y que sabemos que es un síntoma. Allí, el desayuno que les ofrecían a los ancianos era de un café y dos magdalenas. Ahora alguien ha decidido que dos magdalenas significa mucho gasto y ha decidido dar una sola. Y yo me imagino a esas personas encontrándose con una sola magdalena en su desayuno y recuerdo cuando los hospitales también privatizados por Esperanza Aguirre decidieron prescindir de las galletas de la merienda. Está claro que la merienda o el desayuno son comidas que los gestores del Partido Popular consideran superfluas y prescindibles. Se puede seguir viviendo sin desayunos y meriendas. ¿Sin qué más? ¿Sin profesionales cualificados? ¿Sin profesionales suficientemente pagados? ¿Sin suficientes médicos? ¿Sin suficiente comida? ¿Cuánto bienestar es posible arrebatarles a los ancianos antes de alcanzar el límite del peligro?
La verdad es que no sé si quiero vivir para que llegue el día en el que yo misma esté anciana, muy débil y vulnerable, y un político/a de derechas decida que es más importante darle el negocio de mi cuidado a un amiguete y éste a su vez decida que para que el negocio sea aun más negocio me va a dar en el desayuno una magdalena en vez de dos; con lo que esto implica. Pensamos en las personas ancianas que viven en residencias como personas fuera de la sociedad, personas que están al margen de la vida. Están aquí, somos nosotros ya mismo o en el futuro; y desde luego son también nuestros padres, madres y abuelos. Son gente que ha trabajado muy duro y que merece en su vejez que la sociedad a la que han contribuido les trate algo mejor de lo que el PP les trata; que merecen no ser considerados mercancía de la que sacar beneficio. Quitarles una magdalena es un símbolo del trato que reciben en esas residencias pensadas únicamente para que alguien se enriquezca con la colaboración de un partido que está atenazado por la corrupción por todas partes y que ha hecho del negocio a costa de lo que sea su única política.
Las personas no somos mercancías y quien pretende gestionar todo lo que tiene que ver con el cuidado de las personas rigiéndose únicamente por criterios mercantiles debería quedar democráticamente proscrito de la vida política. A ellos, a ninguno de los que tanto nos han robado, nos los vamos a encontrar en ninguna de estas residencias ni en estos hospitales que compran y venden, pero a la inmensa mayoría de nosotros y nosotras y a nuestros familiares sí. La magdalena es un síntoma de todo aquello de lo que son capaces, y han sido capaces en estos años, los políticos del Partido Popular y sus negocios alrededor de la política.

Diputada de Podemos. Activista social y feminista por la diversidad sexual y por los derechos de las personas con discapacidad. Ha publicado dos libros de relatos, dos novelas, tres ensayos y dos poemarios. Escribe habitualmente en elplural.com, elciudadano.cl, pikaramagazine.com o eldiario.es, así como en otros periódicos y revistas. 


viernes, 29 de enero de 2016

Libro "La España del Maquis (1936-1965)"

Mercedes Yusta | El maquis, la guerrilla antifranquista que se desarrolló durante la posguerra en una buena parte de la España rural, es un fenómeno relativamente mal conocido por el gran público.

(Una obra de José Antonio Vidal Castaño) 

El maquis, la guerrilla antifranquista que se desarrolló durante la posguerra en una buena parte de la España rural (y en algunas ciudades como Granada y Barcelona), es un fenómeno relativamente mal conocido por el gran público, a pesar de haber sido objeto de un número creciente de trabajos en los últimos años. Entre sus muchos méritos, el libro de José Antonio Vidal Castaño tiene el muy principal de hacer accesible a un publico no necesariamente especialista un relato a la vez ameno y riguroso de la historia de los hombres, y algunas mujeres, que no se resignaron a la victoria final del Caudillo y a la represión en la que su dictadura sumió a buena parte de la población española. Vidal Castaño aborda el relato de esta lucha estableciendo, desde el primer momento, la filiación del movimiento guerrillero con el Ejército republicano y con el proceso mismo de la guerra civil. También tiene muy presente el marco europeo en el que se desarrolla la resistencia antifranquista durante la posguerra, un marco que en una medida muy importante explica el sentido que le dieron sus protagonistas y hace inteligible su oportunidad histórica. La resistencia española es así continuidad y prolongación no sólo de la guerra civil española, sino también de la batalla que se estaba librando en una buena parte de Europa entre fascismo y antifascismo: así lo entendieron numerosos militantes que, tras haber combatido en el Ejercito republicano, participaron en la Resistencia francesa para posteriormente volver a atravesar la frontera y participar en el maquis español. Vidal Castaño se detiene en la estrecha  relación entre los exiliados españoles en Francia y el inicio de la actividad resistente en el interior, pero también en el parentesco entre las historias cruzadas de la Resistencia francesa y la resistencia antifranquista española.
 
El relato nos conduce así hacia las “invasiones” guerrilleras de 1944 a través de los Pirineos que, si bien fracasaron en su objetivo de establecer una “cabeza de puente” en la España franquista para forzar una intervención aliada (pues no otro era el objetivo de una operación que de otra manera parecería suicida), marcaron el comienzo del auge de la actividad guerrillera en el interior de España. Pero el fracaso de las “invasiones” también supuso el inicio de la operación de toma de control del Partido Comunista de España sobre la actividad resistente en el interior. El autor se detiene en las tramas conspirativas y luchas por el poder, dignas de una novela, que agitaron a la dirección del PCE con respecto a la organización y control de la guerrilla y que tuvieron como epicentro la persona de Jesús Monzón. Como en otros momentos del libro, saber historiográfico e imaginación literaria o cinematográfica se combinan en la pluma de Vidal Castaño, que no sólo se emplea en recomponer un episodio central en la historia de la oposición antifranquista mediante las pruebas recopiladas por los historiadores, sino que se sirve del imaginario colectivo que de estos acontecimientos han transmitido la literatura y el cine para componer un relato ágil y eficaz, pero no por ello menos riguroso. 

En los capítulos siguientes, Vidal Castaño entra en el núcleo del sujeto y establece la naturaleza y la organización de los grupos guerrilleros, deteniéndose particularmente en dos ámbitos geográficos: Andalucía, escenario de la actuación de varias agrupaciones guerrilleras, y el amplio territorio controlado por la Agrupación Guerrillera de Levante y Aragón, con alguna incursión también, tan sugestiva como indispensable, por los territorios de la guerrilla anarquista catalana. Vidal Castaño conoce estos territorios guerrilleros de primera mano, en particular el territorio de la AGLA, al que dedicó su excelente libro La memoria reprimida: historias orales del maquis o, desde un enfoque literario, el reciente Asalto al tren pagador.  Si bien el libro no pierde en esta parte su carácter divulgativo, al que contribuye grandemente una escritura ágil y amena, Vidal Castaño también aporta elementos novedosos y hasta polémicos, como cuando aborda la desaparición, asesinado por sus propios compañeros, del guerrillero y ex comandante del XIV Cuerpo de Guerrilleros Juan Ramón Delicado, o la muerte nunca esclarecida del dirigente de la AGLA Pelegrin Pérez. En fin, Vidal Castaño reserva una parte de su relato a protagonistas que los relatos al uso de la guerrilla han dejado demasiado a menudo en la sombra: las mujeres que compartieron el espacio de lucha en el monte con los guerrilleros. Y, al cerrar su libro con un balance sobre la agónica lucha de los guerrilleros antifranquistas, no rehúye ni las preguntas incómodas, ni la evocación de la dureza de un tiempo en el que, años después de finalizada la guerra civil, la violencia armada volvió a manifestarse y a ser pretexto para una represión implacable y, demasiado a menudo, indiscriminada.

Con la misma inteligencia narrativa y sensibilidad histórica demostrada en anteriores trabajos, tanto ensayos como ficciones, José Antonio Vidal Castaño nos entrega un libro necesario, un libro que no existía todavía, a medio camino entre la rigurosa investigación historiográfica, tal vez demasiado árida en ocasiones, y la no menos rigurosa divulgación histórica. Un libro en el que el lector o la lectora tal vez no encuentre « un sistemático afán por la información pormenorizada —que también en algunos casos, y con ciertos ejemplos— pero si, un afán por el análisis y la reflexión, por la síntesis ». Y de ello andábamos bastante necesitados.

jueves, 28 de enero de 2016

De cómo conseguir un gobierno de izquierdas que no acabe en fracaso.


Eberhard Grosske

Eberhard Grosske | 27 Gener, 2016 21:25

¿Os habéis fijado en que la oferta de Podemos para constituir un gobierno de izquierdas ha tenido el efecto paradójico de  desencadenar un redoblado torrente de enfrentamientos verbales entre Podemos y el PSOE? Pues os hago un pronóstico: si ésta va a ser la dinámica del futuro gobierno, la cosa va a acabar como el rosario de la aurora  y este gobierno se convertirá en la mera antesala de un retorno triunfal del Partido Popular.

Yo soy de los muchos que quieren que lo que surja del 20D sea un gobierno progresista aunque sé que el que se vaya a formar necesariamente estará lejos de mis deseos y mis pretensiones. Estoy a favor y creo que, como bien explican Garzón y Cayo Lara, UP debe facilitarlo.

Sin embargo, no soy de los que impulsan este gobierno generando expectativas excesivas sobre lo que puede llegar a hacer y fingiendo ignorar que estas expectativas, por excesivas, van a ser necesariamente frustradas. Quienes así actúan lo hacen cayendo en la demagogia y con intenciones electoralistas bastante fáciles de descubrir. Purita vieja política.

En todo caso, la cruda realidad es que el voto emitido por la ciudadanía hace un mes es un voto complejo y ambiguo que sí puede permitir constituir un gobierno alternativo al PP pero que, por sus menguados apoyos parlamentarios y por sus propias discrepancias internas, en modo alguno estaría en condiciones de  llevar a cabo reformas constitucionales ni implementar un programa de reformas en profundidad que pudiera durar toda la legislatura.  
No es algo que sea fácil evocar porque es mucho más simpático intentar embriagar a la ciudadanía con una retórica hueca, pero lo cierto es que el PSOE no comparte las ansias de cambio  que caracterizan a UP, a una parte importante de Podemos y a una parte aún mayor de las candidaturas de confluencia en ámbitos  tan sensibles como la política europea, la exterior, la económica y la laboral. Estas diferencias se hacen aún mayores si tenemos en cuenta a otros grupos parlamentarios de derecha nacionalista cuya complicidad es necesaria para constituir el gobierno  y  mucho mayores aún  si incluimos temas como la convocatoria de referéndums de autodeterminación.

¿Quiere eso decir que haya que bajar los brazos y dejar gobernar al PP? En lo absoluto: quiere decir que hay que hacer un gobierno honesto, que no genere  más expectativas de las que pueda satisfacer y cuyo balance genere satisfacción en vez de generar frustración y un espectáculo de parálisis y de confrontación  permanente entre sus miembros.

¿Cómo conseguir la cuadratura del círculo en torno a esta cuestión? Pues, a falta de otras soluciones a las que me sumaría encantado, constituyendo un gobierno autolimitado a la inmediata adopción  de una serie de medidas básicas que tienen un respaldo social muy mayoritaria y relativas a calidad democrática, políticas sociales y laborales y profundización del autogobierno para, a continuación, y en el término de un año aproximadamente, disolver las cámaras y convocar nuevas elecciones.

Está muy lejos de ser una solución ideal y, por supuesto, está tan lejos de la dinámica partidista al uso que la considero prácticamente imposible, pero no por ello deja de parecerme la más sólida, la más transparente, la más viable, la  más adecuada al mensaje emitido por  la ciudadanía el 20 de diciembre y, sobre todo, la que mejor podría ser la antesala de gobiernos de cambio más ambiciosos en vez de ser, como decía al principio,  una etapa transitoria antes del regreso triunfal de la derecha

Las instituciones profundamente antidemocráticas de la supuestamente democrática Unión Europea



Este artículo denuncia la falta de democracia existente en las instituciones de gobernanza de la UE, incluyendo de la Eurozona, citando el escándalo de Volkswagen como prueba del enorme dominio que las grandes empresas industriales y financieras tienen sobre tales instituciones.

Uno de los movimientos más importantes que España ha visto en los últimos años ha sido el 15-M, que denunció la falsedad de las instituciones que se definen a sí mismas como democráticas, indicando que en lugar de representar los intereses de la ciudadanía tales instituciones representan los intereses de las grandes empresas financieras e industriales que dominan no solo la vida económica, sino también la política y mediática del país. La evidencia de que ello es así es abrumadora. De ahí el éxito de uno de los eslóganes que apareció con más frecuencia en sus manifestaciones, “Lo llaman democracia, pero no lo es”, un eslogan que resume muy bien el mayor problema de la llamada democracia española. Dicho eslogan fue y continúa siendo altamente popular a nivel de calle en España, como consecuencia de que la gran mayoría de su población está de acuerdo en que las instituciones llamadas representativas no la representan.
Tal falta de democracia, que aparece con toda claridad en España, también ocurre en gran medida en las instituciones igualmente llamadas democráticas que gobiernan la Unión Europea, y que incluyen no solo el Banco Central Europeo, sino también la Comisión Europea, el Consejo Europeo, el Eurogrupo e incluso también el Parlamento Europeo.
Un ejemplo de ello es lo que ha estado ocurriendo en los países de la Eurozona durante el periodo de la Gran Recesión, cuando las clases populares de tales países han estado sometidas a una serie de políticas públicas que han afectado muy negativamente su bienestar y su calidad de vida. Estas políticas públicas han sido impuestas por la mayoría de gobiernos de la Unión Europea (UE), altamente influenciados por los grupos financieros y económicos que dominan la vida económica. De ahí que las políticas públicas impuestas por tales grupos (como las reformas laborales) vayan encaminadas a mejorar los intereses empresariales a costa de los intereses del mundo del trabajo, con el consiguiente descenso de los salarios y de la calidad del empleo. Un tanto semejante ocurre con los recortes de las transferencias y los servicios públicos del Estado del Bienestar, que han reducido de una manera muy marcada la protección y la seguridad laboral y social de la población, significando un deterioro muy acentuado de la calidad de vida de la mayoría de la ciudadanía.
La coaptación de las instituciones llamadas representativas por parte de las grandes empresas financieras y las corporaciones transnacionales
Estas políticas públicas se han aplicado para beneficiar a las grandes empresas financieras y empresariales (representadas en España por el IBEX-35), cuyo poder político y mediático es enorme. Un ejemplo de ello es que en pocos días la Constitución Española se modificó para escribir en piedra en dicho documento que el Estado español debe tener como primera responsabilidad en su quehacer cotidiano el pagar su deuda con los acreedores, la mayoría de la cual está poseída y/o gestionada por las instituciones financieras dominantes en España y en la UE.
Otro ejemplo de esta excesiva influencia de los intereses financieros e industriales es lo que ha estado ocurriendo con la empresa automovilística alemana, Volkswagen. Desde hace décadas, la comunidad científica internacional que trabaja en salud pública ha alertado del enorme peligro que representa para la salud de la población su exposición al muy tóxico dióxido de nitrógeno que se desprende de la utilización del diesel, siendo los automóviles y camiones los mayores generadores de dicha contaminación.
En EEUU, donde la protesta frente a esta situación fue más acentuada que en Europa, el gobierno federal ha ido presionando para que la dependencia del transporte en el uso del diesel vaya disminuyendo. En Europa, sin embargo, la industria del diesel se sacó de la manga el “nuevo diesel”, promocionándolo como no contaminante cuando, en realidad, desde el punto de vista de la toxicidad es incluso peor, debido a que las partículas a través de las cuales tiene lugar la contaminación son más pequeñas que en el diesel anterior, con lo cual su entrada y penetración en el cuerpo humano (hígado, riñones, pulmones y otros órganos) es incluso mayor. La industria automovilística en general, y Volkswagen en particular, era plenamente consciente de ello. Y, por extraño que parezca, las agencias reguladoras de los Estados miembros de la UE también. No era desconocido que el diesel (incluido el nuevo) representaba una amenaza mayor para la salud que la gasolina. En realidad, el número de muertos debido a la exposición al diesel es mayor que el número de muertos debido a accidentes de tráfico como ha señalado Wolfgang Münchau, del Financial Times (09.11.15).
Como consecuencia de una mayor conciencia ecológica en EEUU que en Europa, la regulación ambiental es más estricta en aquel país que en el continente europeo. El máximo de emisiones permitidas en EEUU es de 40 microgramos de dióxido de nitrógeno por kilómetro. Los reguladores, sin embargo, han sido siempre mucho más laxos en Europa que en EEUU, permitiendo el doble, o sea, 80 microgramos. En realidad, el Parlamento Europeo y la Comisión Europea están trabajando (con la ayuda del lobby del automóvil) para que sea 128 microgramos por kilómetro, más del triple de la norma estadounidense. El gobierno español presidido por el Sr. Rajoy ha sido uno de los gobiernos que han apoyado con mayor intensidad esta medida.
La complicidad de las mal llamadas instituciones democráticas en el ataque a la salud de los ciudadanos
La evidencia del enorme poder de tales lobbies (los más importantes son, además de la banca, las empresas farmacéuticas, las químicas y las del automóvil) en las instituciones llamadas democráticas europeas es contundente. En Bruselas, donde está la sede de la Comisión Europea, la presión de estos lobbies es la que configura la mayoría de normas que rigen la regulación de tales grupos de interés. En otras palabras, son estos lobbies los que prácticamente escriben las leyes.
Pero, por si ello no fuera suficiente, la industria automovilística ha utilizado todos los métodos para saltarse las normas (ya en sí mucho más laxas de lo que deberían ser). Y una manera de hacerlo ha sido incluyendo un software que permite falsificar las pruebas que se realizan para medir el grado de contaminación en los coches. En el laboratorio estadounidense donde se descubrió este software (y dado a conocer el pasado 23 de septiembre) la tasa real era 40 veces superior a la permitida. La respuesta inmediata de la compañía Volkswagen, cogida in fraganti, fue que la instalación del software era desconocida por la dirección de dicha compañía (la caradura del mundo empresarial no tiene límites) y que solo afectaba a un número muy reducido de modelos de coche de Volkswagen. En realidad no eran unos pocos. Eran nada menos que 11 millones de vehículos, de los cuales 8,5 millones se habían vendido en la Unión Europea. El Presidente delegado de la compañía a nivel mundial nombró a un nuevo director que era el que dirigía la sección Porsche, que se consideraba limpia (hasta que se descubrió que los Porsche también tenían tal software).
Frente a esta realidad, uno esperaría que el gobierno español rápidamente hiciera un cambio de la Constitución, poniendo que la salud de la ciudadanía es el primer objetivo del Estado por encima de todo lo demás. Le aseguro que ello no pasará. No porque los gobiernos no sean capaces de aprobar documentos y leyes muy altisonantes que se leen muy bien y que no sirven para nada (la Constitución española está llena de normas que se ignoran constantemente, desde el derecho al trabajo a la obligación de aplicar las leyes que los propios políticos aprueban y que se saltan a la torera cuando les conviene). Pero usted no verá como el Presidente y el jefe de la oposición se reúnen con nocturnidad y alevosía para cambiar la Constitución, pues no se sienten presionados por la población que, en general, ha caído en una especie de fatalismo. La gente sabe lo que ocurre en el país, y de ahí la popularidad de los eslóganes del 15-M. Pero no creen que las cosas puedan cambiarse, sensación que reproducen los grandes medios de información y persuasión. Es cierto y es una nota de optimismo que las recientes elecciones municipales y las últimas legislativas han abierto nuevas vías y esperanzas que pueden cambiar el escenario. De ahí la importancia de cambiar urgentemente las instituciones políticas.
La necesidad de movilización popular a nivel europeo
En realidad, cómo resolver la falta de democracia en España es relativamente fácil de ver. Debería romperse la ligazón del poder financiero y económico por un lado, con el poder político por el otro, impidiendo a la vez la relación entre el primero y el segundo a través también del control de los medios de información y persuasión por parte del poder financiero y económico. La verdad de lo ocurrido, tanto en el caso de la crisis financiera (donde hemos visto el mayor caso de beneficencia pública a un colectivo –los bancos-) como en el caso de Volkswagen, ha sido difícil de conocer debido a que los mayores medios de información y persuasión (todos ellos, tanto los públicos como los privados) están financiados y/o influenciados por aquellos intereses. Hoy la primera reacción de los Estados y de las instituciones llamadas “democráticas” europeas ha sido el de proteger, no la salud de la ciudadanía, sino la salud de los equipos de dirección de la industria automovilística. Y un tanto parecido ha ocurrido en los mayores medios de comunicación. Y desde luego, le aseguro que nadie terminará en la cárcel. Y a esto lo llaman “democracia”.
Una última observación. Es sorprendente que en las elecciones del 20 de diciembre el partido más votado fuera el PP, un partido conservador-neoliberal perteneciente a las familias políticas europeas conservadoras-liberales, que son las familias más próximas y más defensoras del establishment económico-financiero (en España el IBEX-35) que han apoyado más a la banca y a la industria automovilística. Hoy el establishment político-mediático desea la continuación del gobierno del PP, con la ayuda de Ciudadanos, otro partido liberal, cuyo principal asesor económico es el más próximo al IBEX-35 de todos ellos. ¿Lo conseguirán? No hay que descartarlo, pues hay una enorme presión, desde la Casa Real a Wall Street, para que ello ocurra. Desean por todos los medios parar esta creciente demanda de separar el poder financiero y económico del poder mediático-político, que transforma los últimos en meras correas de transmisión de los primeros. Estas presiones están centrándose en el PSOE, dividiéndolo para impedir que se establezca una alianza de izquierda a favor del cambio.
Mientras, estamos viendo la mayor campaña de agresividad y hostilidad que haya existido en Europa (desde la II Guerra Mundial) por parte del establishment político-mediático europeo, en contra de los partidos como Podemos e Izquierda Unida, En Comú Podem, Las Mareas y Compromís-Podem, que representan una alternativa. Tal agresividad, nunca vista antes, muestra la inseguridad que la estructura de poder refleja promocionando la represión que siempre ha caracterizado a las fuerzas conservadoras y liberales frente a lo que perciben como una amenaza.
Esta avalancha requiere movilizaciones populares de todo tipo. Y es positivo que se creen plataformas que denuncien la falta de democracia en Europa, como la iniciada por el que fue en su día Ministro de Finanzas del gobierno Syriza en Grecia, el Sr. Varoufakis, plataforma y movimiento al cual he dado todo mi apoyo. Pero se necesita ir mucho más allá –como seguro los organizadores de tal campaña son conscientes- pues es urgente que se establezcan coaliciones con movimientos sociales, sindicatos y partidos políticos, a nivel europeo, para transformar profundamente las instituciones de gobernanza de Europa, hoy controladas por el mundo del capital, para ponerlo al servicio de las clases populares de todos los pueblos y naciones de este continente.


Artículo publicado por Vicenç Navarro en la columna “Dominio Público” en el diario PÚBLICO, 28 de enero de 2016.




lunes, 25 de enero de 2016

Venezuela o la polaridad enconada


Quizás la pregunta que todo ser progresista más se formule desde que, el pasado 6 de diciembre, la derecha triunfara en unas elecciones que le granjeó la mayoría en el Parlamento de Venezuela muy bien podría ser si el pueblo de esa nación sudamericana permitiría (permitirá), innúmeros brazos cruzados, ver caer, como lastre de un aeróstato, los avances sociales de los últimos 16 años. 

Sin ánimo justificativo –se sabe: tampoco las masas, por muy revolucionarias que devengan, resultan infalibles-, aceptemos aquí con el colega Hedelberto López Blanch (digital Rebelión) que, a pesar de los grandes logros desde la llegada al poder de Hugo Chávez, en 1999, y bajo la dirección de Nicolás Maduro, “la ofensiva económica desestabilizadora de las fuerzas de derecha nacional e internacional dirigidas desde Estados Unidos y Europa Occidental dio resultado y algunas capas populares dieron la espalda al Gobierno con la ingenua creencia de que esas fuerzas integradas en el Movimiento de la Unidad Democrática (MUD) le podrían resolver la actual pérdida de estabilidad alimentaria.”

Recordemos igualmente –complementada la cita con el ejemplo del Chile de Allende, y abstrayéndonos de posibles factores subjetivos adversos- que la Revolución Bolivariana ha sufrido desde el inicio numerosos ataques, que van desde intentos de golpes de Estado, atentados contra la producción petrolera, acaparamiento de alimentos y medicinas por la oligarquía -lo que argumenta como a gritos lo difícil –(¿imposible?) de una distribución de orientación socialista en medio de una base mayormente burguesa-, transitando por el contrabando hacia las fronteras, y llegando a las “ejemplares” campañas de desinformación por los grandes medios, “cuyo 90-95 por ciento está bajo el control de la ultraderecha, que desarrolla una constante guerra psicológica, bien organizada, contra las políticas gubernamentales.” Existe una disparidad informativa, subraya la fuente. Flagrante contradicción y reto para una izquierda universal que estaría procurando vertebrarse.

Por otra parte, coincidamos, asimismo, en que Venezuela se trocó en una candente amenaza para el ubicuo Washington, pues dispone de la mayor reserva petrolera del orbe, y, tras la nacionalización de esa industria las ganancias se destinaron a mejorar las condiciones de vida de los más, los eternamente marginados, y dejaron de “fugarse” del país, como desde siempre ocurría. No huelga seguir la expuesta línea sin reparar en que “el ejemplo de independencia y solidaridad que ofrece a todos los países del mundo es contradictorio con los intereses capitalistas, pues ayuda a impedir crisis económicas en naciones latinoamericanas, al ofrecerles combustibles a precios razonables, además de colaborar a fortalecer la integración y la unión de toda la región sin la intromisión del Norte.”

¿Con qué se ha topado la oligarquía criolla desde el principio del proceso? López es explícito al remarcar que en los 17 años transcurridos el Gobierno, salido de abajo, ha salvado gratuitamente la visión a miles de ciudadanos; ofrece servicios de salud a toda la población; alfabetizó a millones de habitantes, que pueden continuar estudios hasta la Universidad; ha entregado un millón de viviendas, con equipos electrónicos, entre otros, a miles de familias, sacándolas de condiciones infrahumanas. “Son políticas económicas y sociales a favor del pueblo y no de las pequeñas minorías” y eso difiere diametralmente del neoliberalismo y el sistema que campea en todo el globo. La interrogante del enemigo: ¿irse a las manos desembozadamente con los más? No, señor, lo inteligente sería, fue, es, reforzar el asedio económico, con la finalidad de crear condiciones de desabastecimiento y hambre en la población, y cargar con el entuerto al Ejecutivo. 

Pero –y estamos exentos de cinismo, por supuesto- podría tomarse de la misma manera como una señal, con moraleja, hacia el futuro. No en vano la situación ha despertado una tolvanera de discusiones. En nuestra función de meros observadores, mostremos en lo posible puntos de vista oreados hoy día. Para el sociólogo Emiliano Teran Mantovani (“Chavismo, crisis histórica y fin de ciclo: repensarnos desde el territorio), en Rebelión, por ejemplo, “Los resultados electorales del 6-D 2015 en Venezuela parecen ser el síntoma de un proceso de estancamiento y reajuste conservador que se ha estado desarrollando ante nuestros ojos. Lo que tenemos ahora es la oficialización de un nuevo escenario institucional en el cual dos de los sectores políticos más reaccionarios de los que disputan el poder en el país – neoliberales mutantes o edulcorados, y neoliberales uribistas–, y como bloque, en América Latina, se harán del control de mecanismos de decisión formal y de sectores del aparato estatal, buscando allanar el camino para la expansión de procesos de acumulación por desposesión”.

El camino 

Y aquí se repite una interrogación ya clásica, famosa en Lenin: ¿Qué hacer? A todas luces, una fracción de las bases sociales chavistas han sufrido la sensación de distanciamiento respecto a sus conductores. Nuestro articulista para mientes en que “si algo parece que siempre se le ha reclamado al proceso político venezolano reciente, ha sido su falta de organicidad en facetas claves: no ha habido suficiente gente deseando la comuna, no se ha logrado configurar un sólido entramado cultural e ideológico para salir del rentismo y ´construir el socialismo´, no se ha constituido un núcleo material productivo suficiente para darle sustento al proyecto y apuntar a la muy nombrada independencia. El proyecto ponía mucho énfasis desde arriba para lograr los grandes objetivos nacionales del socialismo. Pero tal vez convenga admitir que, en los momentos de mayor esplendor de los de abajo, sean en pequeñas o grandes expresiones (ej. 13/04/2002), la política general fue la de contención y administración de la potencia popular –que en los primeros años del proceso parecía decir ¡queremos todo!, ¡podemos con todo!”

Para el especialista, “Nuestra hipótesis es que, luego del ciclo histórico de luchas populares en Venezuela entre 1935-1970, se inició otro a partir de 1987/1989, el cual podría haber culminado entre 2005/2007. La hegemonía del Petroestado a partir de 2004/2005 comenzó a cambiar las formas de la producción política y las movilizaciones de calle del bloque contrahegemónico se fueron corporativizando, regulando y mermando. Entre 2008/2009 (crisis económica global), pasando por 2013 (año del fallecimiento del Presidente Chávez), hasta este caótico cuasi-trienio (marzo 2013/2015), el proceso ha evolucionado del estancamiento a la entropía (como caotización sistémica). Algo parece haberse quebrado y podrían generarse las condiciones para la configuración de un muy complejo nuevo ciclo de luchas populares.”

Ahora, lo más significativo quizás resulte, afirma Teran, que, tras casi 100 años de desarrollo del capitalismo petrolero en Venezuela, desde fines del siglo pasado se han producido las condiciones para la fertilización del proceso de producción de subjetividad contrahegemónica más potente y masivo tal vez de la historia republicana del país, y esto ha ocurrido alrededor de códigos comunes que han girado en torno a un complejo proceso identitario. 

“A pesar de los múltiples ataques y agresiones que ha sufrido, sea por la reaccionaria oligarquía tradicional, o bien por la élite burocrática que se ha hegemonizado en el Petroestado, el chavismo sigue siendo una fuerza viva. Y esto es así, no principalmente por sumarse más de cinco millones y medio de votos al Gran Polo Patriótico Simón Bolívar. El chavismo nunca ha sido una invención electoral, o una identidad vacía, inoculada de arriba hacia abajo, sino fundamentalmente el índice de un proceso histórico de producción de subjetividad.

“La ontología del chavismo, su base fundamental, se sostiene aún, sobre dos pilares: a) una base discursiva definida –un imaginario–, esencialmente antineoliberal, que enarbola un ideal nacionalista-popular, de reivindicación histórica de los sectores excluidos, de justicia social. Es una construcción política literalmente progresista; y b) una potencia material –una fuerza biopolítica colectiva–, desafiante, levantisca, turbulenta, ciertamente contradictoria, pero irresistible, movible, expansiva y niveladora, que se inscribe en lo que parece ser una especie de tradición histórica de lucha popular en Venezuela. ” 

Agrega que ambos pilares de la ontología del chavismo representan la base orgánica de un largo proceso histórico de producción de subjetividad contrahegemónica, de la cual no se puede anunciar ligeramente su muerte o su ´adiós´, como múltiples voceros, fundamentalmente reaccionarios y cercanos a la coalición de la MUD, lo han hecho principalmente después de la derrota electoral del 6D. “De ahí que, el chavismo popular, el contrahegemónico, el ´salvaje´, ha sido, es, y seguirá siendo el principal objetivo de la guerra permanente contra el proceso de transformaciones que se ha producido en Venezuela en las últimas dos décadas. Este es la clave en esta partida de ajedrez, porque es el elemento vivo que podría en realidad efectuar un ´golpe de timón´ o detener la ola restauradora. Por esta razón, el inicio de la crisis económica global (2008+) y de la burocratización del proceso allanan el camino para una estrategia conservadora de disolver la Revolución Bolivariana, carcomiéndola por dentro, como un cuerpo canceroso –en consonancia con lo que hemos llamado la metástasis de capitalismo rentístico –, en una disputa vital que se ha estado produciendo sobre el tejido social venezolano, impactando significativamente a esa comunidad política que llamamos chavismo.”

El “fin” no es el fin

Algo de lo principal para nuestro comentarista –y obviamente concordemos-: si destacamos que los procesos e identificaciones políticas no son en ningún modo estáticos y que numerosas transformaciones han ocurrido no sólo en el período 1989-2015, sino incluso en este caótico cuasi trienio 2013-2015, debemos remarcar dos ideas determinantes en estos tiempos de cambios e incertidumbre: “a) el agotamiento de un ciclo político histórico no supone necesariamente, o de manera lineal, el fin de un ciclo de luchas populares […] El agotamiento del ´ciclo progresista´, no representa el final de una historia de luchas, sino la continuación de la misma bajo nuevas condiciones, determinadas por complejos factores de carácter sistémico. Esto podría también abrir un nuevo carácter de pertinencia histórica de las mismas, con nuevas modalidades, narrativas y formatos. Por esto, un posible agotamiento del período de la ´Revolución Bolivariana´ –como tipo de gubernamentalidad, de modalidad de acumulación de capital, de marco de movilizaciones sociales– no necesariamente supone el agotamiento del chavismo como canal de conexión de múltiples luchas desde abajo. Más bien cabría evaluar si, ante un eventual avance restaurador abiertamente neoliberal en el país, la población en general comienza a resistirla a partir, en buena medida, de los principios de la ´cultura chavista´ desarrollada en los últimos años.”

En un enjundioso texto, el científico social nos advierte. “Una de las paradojas de la Revolución Bolivariana ha sido que, mientras se otorgaban a las luchas populares algunas banderas de reivindicación radicales, generalmente no se concretaba una territorialización del poder que posibilitara la constitución masiva del proyecto. Esto significa que las pulsiones y las energías se orientaron fundamentalmente a grandes ideales (el Socialismo del Siglo XXI), factores metafísicos y trascendentales, tiempos pasados y futuros, y a formas mediadas de poder, y muy poco a reproducir desde abajo, en el aquí y el ahora, esta radicalidad emancipatoria.”

Luego de hacer hincapié en que “No hay socialismo sin agua, no hay autonomía política ni resistencias sostenibles (resiliencia) a una restauración conservadora sin autonomía material, no hay proyecto emancipatorio sin las posibilidades de acercarnos a la gestión de la vida y el territorio [; ] esto es lo que hemos llamado la ecología política del chavismo contrahegemónico”, el sociólogo concluye que es necesario reconocer que “un proyecto de lo común en Venezuela tiene sus particularidades: no tiene, por ejemplo, los rasgos generales de las comunidades indígenas como en Bolivia, Ecuador o Guatemala, siendo en cambio fundamentalmente de perfil urbano. Son, pues, formas de comunidad muy movibles, diversas, volátiles y en permanente reformulación. Estas son las bases sobre las cuales debemos partir para pensarnos desde lo común.”

Dice más: las luchas “desde abajo” aisladas no revisten pertinencia histórica. En este sentido, apostilla, la proliferación de redes de organizaciones populares y plataformas de movimientos sociales es vital. Hay un interesante saldo de experiencias, saberes y organización que ha dejado la Revolución Bolivariana. “Tenemos demasiado para aprender unos de otros, de los de abajo, que conforman un tejido de saberes y haceres populares que representan la base material para un proyecto emancipatorio: redes de producción agrícola, producción cultural en barrios urbanos, formas de economía cooperativa y solidaria, gestiones territoriales comunitarias en las ciudades y en zonas rurales, y un largo etcétera. Esto está ahí. Ahora, ¿cómo lo convertimos en una amplia red?” 

No tarda en responderse. “Una agenda mínima popular compartida ¿hacia dónde podría enfocarse?: una auditoría social de todas las cuentas de la nación, incluyendo la deuda – el pueblo no tiene por qué pagar los desfalcos de unos pocos– y la canalización de mecanismos nacionales de contraloría social de las mismas ; la democratización de la ciudad y la ´revolución urbana´ es una de las claves; redes interregionales de producción agrícola popular vinculadas al consumo urbano; nuevas formas de gobernanza nacional-territorial –¿cómo fomentar la comuna en tiempos turbulentos?–; acceso y cuidado de los bienes comunes para la vida, con especial atención en el agua; sostenibilidad energética a partir de experiencias piloto (como en la propuesta de los TES en el Zulia); salarios dignos y protección a trabajadores y trabajadoras ante la precarización laboral; auditoria social de los proyectos extractivos –principalmente en la Faja del Orinoco– y moratoria de los proyectos mineros en el país; igualdad de género y respeto a la sexodiversidad en todas las instituciones sociales; redes sociales de promoción de saberes populares, comunes y tradicionales como plataforma de construcción de modos de vida alternativo; y redes sociales de seguridad y protección social territorial.”

Ellas, algunas de las tantas sugerencias para una situación asaz compleja; sí, porque para colegas tales Dilbert Reyes, enviado especial del diario Granma a Venezuela, la elección del ultraderechista Henry Ramos Allup, como propuesta de la bancada opositora, para presidir la nueva Asamblea Nacional presupone lo que hemos adjetivado hasta el momento: una confrontación política acérrima. Conocido enemigo del chavismo, el secretario general del tradicional Partido Acción Democrática (ADECO) ha sido el dirigente opositor que ha levantado más enconadas reacciones de disgusto en los sectores populares, entre otros factores por sus anuncios de posibles medidas para desmantelar los logros promovidos por el Gobierno, primero de Chávez y después de Maduro.

No en vano ha confirmado a la prensa que, supuestamente venciendo varios instrumentos jurídicos regulados por una Constitución revolucionaria que impide la regresión en materia social, además de someterse al examen popular mediante consultas plebiscitarias, intentará con sus acólitos en el Hemiciclo derrocar el Poder Ejecutivo en los tres primeros meses del año, a partir del dominio numérico en la nueva legislatura.

Así que tal nombramiento y el ejercicio de Nicolás Maduro en la presidencia significarían (significan) un incremento de la polaridad política en la nación que, como bien aclara Reyes, repercutiría de manera directa en la gobernabilidad, a partir de las tensiones que generaría el enfrentamiento abierto entre dos modelos radicalmente opuestos: el capitalista neoliberal y el socialista revolucionario de base popular… Pero, en definitiva, más allá de “especulaciones” sociológicas, queda en pie, como pilar del sentido común, la interrogante con que comenzamos: ¿Permitirían de brazos cruzados los venezolanos ver caer, como lastre de un aeróstato, todos los avances sociales de los últimos 16 años? Confiemos en las masas.

Fuente: Rebelión