domingo, 31 de enero de 2016

La magdalena como síntoma

Beatriz Gimeno.- Debería aterrarnos a todos y todas lo que está ocurriendo con las residencias de ancianos ya semi públicas desde que gobierna el PP y ha entregado su gestión a empresas privadas. Entre otras cosas porque no estaría de más ser conscientes de que muchos y muchas de los que miramos esas noticias por encima, podemos acabar en una de ellas. La única manera que tiene el PP de entender la gestión de lo público, esto es, haciendo negocio con ello, les lleva a adjudicar cualquier servicio siempre a la oferta más barata.
 Si esto es malo en todos los casos, cuando se trata de servicios públicos que se dedican al cuidado de las personas, debería escandalizarnos. El Partido Popular considera que todo es una mercancía, incluso la vida humana y, además y según qué vidas, poco valiosa. ¿Cómo es posible que aceptemos como siquiera posible que a la hora de adjudicar una residencia de ancianos (o escuela de niños/as) el único criterio –o el más importante- sea que la oferta sea la más barata? Eso significa que a la hora de cuidar personas vulnerables no cuenta la experiencia, ni la valoración que hagan las propias personas puestas a su cuidado, ni la de sus familias, ni el buen trato, ni la cualificación profesional de los trabajadores/as o el bienestar de las personas cuidadas; nada importa que la oferta incluya la posibilidad de ofrecer a estas personas ancianas una buena vida lo que les queda de ella. Lo único que importa a la hora de adjudicar una oferta no es que se preste un buen servicio, sino que sea barata; es decir, que haya que pagar muy poco por los ancianos, lo que a su vez hará que la empresa, para hacer negocio, su único objetivo, ahorre en el cuidado de estas personas lo más posible.
Luego, sí, nos escandalizamos cuando se caen los techos, aparecen cucarachas o la comida que se les ofrece es un asco pero si lo único que se ha tenido en cuenta a la hora de adjudicar es que sea barato; si no se incluye en la valoración ninguna consideración acerca de la calidad, del buen trato ¿qué podríamos esperar? La residencia Moscatelares de San Sebastián de los Reyes acaba de saltar a los medios por algo que podría parecer una anécdota, pero es una anécdota que duele y que sabemos que es un síntoma. Allí, el desayuno que les ofrecían a los ancianos era de un café y dos magdalenas. Ahora alguien ha decidido que dos magdalenas significa mucho gasto y ha decidido dar una sola. Y yo me imagino a esas personas encontrándose con una sola magdalena en su desayuno y recuerdo cuando los hospitales también privatizados por Esperanza Aguirre decidieron prescindir de las galletas de la merienda. Está claro que la merienda o el desayuno son comidas que los gestores del Partido Popular consideran superfluas y prescindibles. Se puede seguir viviendo sin desayunos y meriendas. ¿Sin qué más? ¿Sin profesionales cualificados? ¿Sin profesionales suficientemente pagados? ¿Sin suficientes médicos? ¿Sin suficiente comida? ¿Cuánto bienestar es posible arrebatarles a los ancianos antes de alcanzar el límite del peligro?
La verdad es que no sé si quiero vivir para que llegue el día en el que yo misma esté anciana, muy débil y vulnerable, y un político/a de derechas decida que es más importante darle el negocio de mi cuidado a un amiguete y éste a su vez decida que para que el negocio sea aun más negocio me va a dar en el desayuno una magdalena en vez de dos; con lo que esto implica. Pensamos en las personas ancianas que viven en residencias como personas fuera de la sociedad, personas que están al margen de la vida. Están aquí, somos nosotros ya mismo o en el futuro; y desde luego son también nuestros padres, madres y abuelos. Son gente que ha trabajado muy duro y que merece en su vejez que la sociedad a la que han contribuido les trate algo mejor de lo que el PP les trata; que merecen no ser considerados mercancía de la que sacar beneficio. Quitarles una magdalena es un símbolo del trato que reciben en esas residencias pensadas únicamente para que alguien se enriquezca con la colaboración de un partido que está atenazado por la corrupción por todas partes y que ha hecho del negocio a costa de lo que sea su única política.
Las personas no somos mercancías y quien pretende gestionar todo lo que tiene que ver con el cuidado de las personas rigiéndose únicamente por criterios mercantiles debería quedar democráticamente proscrito de la vida política. A ellos, a ninguno de los que tanto nos han robado, nos los vamos a encontrar en ninguna de estas residencias ni en estos hospitales que compran y venden, pero a la inmensa mayoría de nosotros y nosotras y a nuestros familiares sí. La magdalena es un síntoma de todo aquello de lo que son capaces, y han sido capaces en estos años, los políticos del Partido Popular y sus negocios alrededor de la política.

Diputada de Podemos. Activista social y feminista por la diversidad sexual y por los derechos de las personas con discapacidad. Ha publicado dos libros de relatos, dos novelas, tres ensayos y dos poemarios. Escribe habitualmente en elplural.com, elciudadano.cl, pikaramagazine.com o eldiario.es, así como en otros periódicos y revistas. 


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