domingo, 28 de febrero de 2016

Cómo Gorbachov traicionó a su país.

Por Oleg Nazárov
Todos coinciden hoy en que el encuentro entre George H. W. Bush y Mijaíl Gorbachov en diciembre de 1989 en Malta dejó una profunda huella en la historia. Pero lo valoran de maneras diferentes. Algunos creen que fue el punto final de la Guerra Fría. Otros lo califican como una traición sin precedentes. Gorbachov y su equipo se oponen categóricamente a esta última opinión. Para encontrar la verdad, hace falta un análisis científico.
Qué es una traición
La clave a la respuesta a esta ambigua pregunta la dio el gran filósofo ruso y patriota de su país, Alexander Zinóviev. Empleó la palabra "traición" en el sentido sociológico, moral y jurídico.
En su artículo ‘El factor de la traición' Zinóviev escribió: "Para calificar las acciones del supremo poder soviético como traición o para rechazar esta calificación hace falta, ante todo, partir del deber de las autoridades con respecto a su población. Este deber consiste en salvar y afianzar el régimen existente, proteger la integridad territorial, fortalecer y proteger la soberanía del país en todos los aspectos de su organización social (poder, derecho, economía, ideología, cultura), garantizar la seguridad personal de los ciudadanos, defender el sistema de formación y educación, los derechos sociales y civiles… En una palabra: todo lo que había sido conseguido en los años soviéticos y lo que constituye un modo de vida normal de la población. Las autoridades lo sabían. Y la población estaba segura de que su cúpula dirigente cumpliría su deber y confiaba en sus líderes. ¿Cumplieron las autoridades su deber? ¿Y por qué, si escogemos la respuesta negativa? En segundo lugar, hay que entender si las autoridades soviéticas actuaron por su propia voluntad o fueron manipuladas desde fuera; si fue un comportamiento planificado por alguien fuera del país o no, o si actuó el poder en intereses de esta fuerza externa".
Zinóviev fue el primero en intuir que Gorbachov era capaz de traicionar esta confianza: "Antes de asumir el cargo de secretario general del PCUS había estado en Reino Unido. Se negó a visitar la tumba de Karl Marx, y en vez de ello se dirigió a la recepción de la reina. Me pidieron comentar este caso. Contesté entonces que empezaba una traición histórica sin precedentes. No me equivoqué".
En Londres el futuro líder soviético se vio con la primera ministra de Gran Bretaña, Margaret Thatcher. Es interesante que justo después de este encuentro la Dama de Hierro se fuera a EEUU para verse con el entonces presidente, Ronald Reagan, para comunicarle que se podía hacer tratos con Gorbachov. En marzo de 1985 Thatcher vino a Moscú al entierro del Secretario General del PCUS y dirigente de la URSS, Konstantín Chernenko, y volvió a verse con Gorbachov, que poco antes había sido nombrado el líder de la URSS y del partido.
El primer paso
Pasado un mes, en el Pleno del Comité Central del PCUS fue anunciado el curso hacia la aceleración del desarrollo socio-económico del país. Suponía la aplicación de los logros de la ciencia y la técnica y el desarrollo de la construcción de maquinaria. Así se inició la llamada ‘Perestroika'. En febrero de 1986 fue aprobada en el ХХVII Congreso del PCUS.
El periodo de Brézhnev lo suelen denominar periodo de estancamiento. Zinóviev protestó categóricamente contra esta denominación. En su artículo ‘La contrarrevolución soviética' recordó: "¡En los años de postguerra la población de la Unión Soviética aumentó en cien millones de personas! Se elevó el nivel de vida. Crecieron las necesidades de la gente… En los años de postguerra (y sobre todo, en los del "estancamiento") creció decenas de veces el número de empresas, entidades, organizaciones, la sociedad se hizo más complicada y variada con tanta rapidez y en tal escala que nunca ha visto la historia de la humanidad uniones tan enormes como la URSS. Todos los aspectos de la vida se volvieron más complicados y variados: la educación, la cultura, las comunicaciones, las relaciones internacionales, etc. Por supuesto, aparecieron problemas y dificultades…".
Para superarlos, como afirmaba Zinóviev, "había que abogar por la vía del afianzamiento y perfeccionamiento de todo lo que criticaban y ponía en ridículo la propaganda y la ideología de Occidente: se trataba de algo que funcionaba de verdad y podría permitirle a la URSS superar aquellas dificultades. Pero los dirigentes soviéticos y sus lacayos ideológicos lo hicieron todo al revés. Se pusieron a montar la ‘Perestroika', cuyas consecuencias nefastas eran evidentes de antemano. La perestroika desencadenó una crisis que se hizo universal, abarcando también la esfera de la economía".
Ya ni Gorbachov ni los demás críticos del estancamiento mencionaban la antes anunciada aceleración. Sus palabras altisonantes nunca se materializaron. Los partidarios de la ‘Perestroika' no lograron superar los problemas, muchos de los cuales fueron fruto de su propia actividad. Gorbachov demostró ser un dirigente incapaz de construir nada, lo que primero originó en la sociedad una desilusión y luego una creciente irritación.
Cuanto peor fueron las cosas dentro del país, tanto más se esforzaba Gorbachov por conseguir reconocimiento en Occidente. Hasta estaba dispuesto a renunciar a las conquistas geopolíticas del periodo de la Segunda Guerra Mundial, pagadas con las vidas de decenas de millones de ciudadanos soviéticos. El ex jefe del Departamento Analítico de la KGB de la URSS, Nikolái Leónov, está seguro de que fue Gorbachov el que inició la ruina del imperio soviético al ir a la Asamblea General de la ONU en otoño de 1988 con la idea de alegrar a todo el mundo declarando desde la tribuna que la URSS no iba a impedir por la fuerza los cambios en otros países de Europa Oriental. Fue el primer paso, y después ya no hubo vuelta atrás.
La URSS no quiere ver a EEU como un adversario
Henry Kissinger en su libro ‘Diplomacia' recuerda como al declarar desde la tribuna de la ONU la reducción unilateral de las Fuerzas Armadas en 500.000 efectivos y 10.000 tanques, Gorbachov añadió con una voz bastante humilde: "Esperamos que EEUU y los europeos den algunos pasos también"…Una reducción unilateral de escala tan grande es una muestra o de una exclusiva seguridad de las propias fuerzas o de una debilidad exclusiva. En aquella etapa de desarrollo es dudoso que la URSS ostentase dicha seguridad de sus fuerzas.
En primer lugar, las palabras de Kissinger hacen referencia a Gorbachov quien manifestó también su debilidad en el curso de las negociaciones en Malta. Al describir el comportamiento del líder soviético, el embajador estadounidense en la URSS, Jack F. Matlock, dijo: "Necesitaba que todos vieran que estaba negociando con Bush de igual a igual y no como un adversario vencido".
Pero Gorbachov no logró convencer de ello a los políticos estadounidenses, que respetan la fuerza por encima de todo.
Por ahora sabemos muy poco del contenido de las negociaciones. Y por algo será. Los concisos comentarios de los medios contrastan con las estimaciones pomposas que dieron Gorbachov, Bush y sus círculos próximos. Todos insistieron en declarar que el principal resultado del encuentro fue el fin de la Guerra Fría. Aunque hoy es obvio que estas declaraciones no corresponden con la realidad.
El ex embajador soviético en EEUU, Anatoli Dobrinin, afirmaba que en Malta Gorbachov hizo caso omiso de la directiva del Buró Político del Comité Central del PCUS, según la cual la reunificación de Alemania era posible siempre y cuando los dos bloques, la OTAN y el Pacto de Varsovia, fueran disueltos y unidos por un acuerdo mutuo. Es más: Gorbachov no solo le alegró a Bush con la declaración de que la "URSS ya no quería ver como un adversario a EEUU", pasó a exhortar a los estadounidenses a ser mediadores en transformaciones pacíficas en Europa Oriental.
— Ya no le consideramos nuestro enemigo, —le dijo a Bush- Han cambiado muchas cosas. Queremos su presencia en Europa. EEUU debe quedarse en Europa. Su presencia allí es importante para el futuro de este continente. Por eso no deben pensar que busquemos que se vayan.
No sorprende que varias semanas después de la cumbre en Malta la Administración de Bush se mostrase dispuesta a desempeñar el papel de mediador no sólo entre Moscú y los Estados del Pacto de Varsovia, sino también entre Moscú y la capital de la República Socialista Soviética de Lituania, Vilna.
El historiador Matvéi Polínov dijo: "Las fuerzas separatistas de Letonia, Lituania y Estonia, al obtener el apoyo de EEUU a raíz de la cumbre de Malta, intensificaron considerablemente su actividad con vistas a salir de la URSS. Precisamente por eso, en buena medida, el destacado diplomático Anatoli Gromiko calificó la cumbre como "un Múnich soviético"… Gromiko vio claro que en Malta Gorbachov "había perdido cada partida".
Y es que ni intentó ganar. Me atreveré a decir más: a juzgar por los acontecimientos que se desencadenaron después de la cumbre (la reunificación alemana, la desintegración del Bloque Socialista, la disolución del Pacto de Varsovia, el empeoramiento de relaciones con Cuba, etc.), Gorbachov, actuando a su antojo, había firmado en Malta el acta de capitulación total e irreversible de la URSS.
La Navidad en junio de 1990
La respuesta a la pregunta si Gorbachov actuó según los intereses de EEUU o no es obvia. Los propios estadounidenses estaban asombrados por la rapidez con la cual el líder soviético le rendía a Occidente una posición tras otra. Como reconocieron el historiador de EEUU, Michael Richard Beschloss, y el analista de política exterior, Strobe Talbott, los estadounidenses estaban buscando la manera de agradecerle a Gorbachov que pactara la presencia de una Alemania unida en la OTAN. Y como para junio de 1990 estaba planificada la visita de Gorbachov a EEUU, Robert D. Blackwill propuso: "El encuentro debe convertirse para Gorbachov en una Navidad en junio".
El recién proclamado presidente de la URSS vino a EEUU el 30 de mayo. Beschloss y Talbott lo cuentan:
"Gorbachov estaba embriagado de su éxito, cuando la muchedumbre le acogía con aplausos. Exclamó, con ayuda de un intérprete: ‘¡Aquí me siento como en casa!' Fue una frase rara pero muy elocuente: ya que en su país su propio pueblo no le iba a aplaudir (…) Gorbachov tenía tantas ganas de sentir la benevolencia de la sociedad y ver las muestras de su importancia en Occidente que al día siguiente empleó cuatro horas para recoger, uno tras otro, cinco premios de diferentes organizaciones (…) Con una amplia sonrisa, recibía a los representantes de cada organización que entraban con toda solemnidad en la lujosa sala de recepciones de la embajada soviética: colgaban de la pared sus emblemas y pronunciaban palabras halagadoras sobre Gorbachov ante las cámaras de la televisión soviética y estadounidense"
En el mismo año, 1990, Gorbachov obtuvo el anhelado Premio Nobel de la paz.
Tuvo que esperar dos años para el siguiente regalo. En 1992, cuando la URSS ya estaba enterrada, Reagan invitó al ex presidente a su rancho y le regaló el sombrero de vaquero. Gorbachov lo describe en sus memorias. Comentándolo, el politólogo Serguéi Cherniajovski, dijo con ironía: "El ex césar de medio mundo sigue orgulloso de este hecho. También se sentían orgullosos los siervos cuando los zares les regalaban sus abrigos de pieles. Igual que ellos y Ricardo III de York, quien imploró en un momento de peligro "mi reino por un caballo", este laureado con el Premio Nobel se sentía orgulloso por su intercambio beneficioso: medio mundo por el sombrero del ex presidente estadounidense. Más tarde los invitados de Reagan pagaban 5.000 dólares por tener su foto del ex secretario general de la URSS con el sombrero de los vaqueros de Texas. Gorbachov lo describe con orgullo, sin entender que lo que les atraía tanto, era verle con un gorro de payaso".
Epílogo
En agosto de 1991, tres días después del llamado "golpe de agosto" en la Unión Soviética, Zinóviev escribió las siguientes palabras proféticas: "Ahora todo el mundo cree que la Guerra Fría ha acabado y que éste es el gran mérito de Gorbachov y su equipo. Pero no se suele explicar en qué consistió el papel de Gorbachov. Pasarán años y los descendientes valorarán este papel suyo como se debe: quiero decir, como una traición a los intereses nacionales del país y del pueblo propio. No conozco en la historia otro caso de traición comparable por su escala y consecuencias. La Gran Guerra Patria presentó varios ejemplos de una traición contra el pueblo, pero son una nimiedad en comparación con lo que hizo Gorbachov en tiempos pacíficos. Si los líderes de Occidente hubieran colocado en el puesto de líder del Estado a algún político propio, no hubiesen logrado hacer tanto daño como lo hizo Gorbachov. Actuó como un experimentado agente del aparato del Partido, empleando todas las capacidades del poder del que disponía el Estado comunista".
Alexander Zinóviev dio una respuesta a la pregunta que había planteado él mismo: "La realidad de la historia soviética después de 1985 es tal que un observador objetivo no puede dudar de calificar como una traición las acciones de las autoridades soviéticas con respecto a su población".

sábado, 27 de febrero de 2016

Y el PSOE lo hizo (otra vez)



"...es necesario insistir en la caracterización del PSOE como partido que – en mucha mayor medida que el PP – siempre ha sido la clave de bóveda para garantizar que para las clases dominantes todo siguiera atado y bien atado"
(Ángeles Maestro)

"Se podría decir, que el PSOE de Pedro Sánchez ha jugado su viejo papel, es decir, ser el verdadero partido del régimen y en cuanto tal, obstáculo insalvable a una política realmente de izquierdas"
(Manolo Monereo)

"Toda la crisis del PSOE, por cierto, tiene que ver con el hecho de que Podemos obliga hoy al partido a escoger entre la obediencia a su electorado socialdemócrata, fósil vivo de los primeros años 80, redespertado por el joven Pablo Iglesias, o su sumisión al señor de los pantanos y a los barones neoliberales de la dirección, zombis al servicio de las puertas giratorias, el Ibex35 y la banca alemana"
(Santiago Alba Rico)



Las ocultas intenciones se han cumplido. Como era de esperar. Todas las pistas apuntaban a ello. Pocas palabras bastan para buenos observadores, y no era normal que a un partido que se autodenomina "socialista" al que le proponen un Plan de Gobierno desde la izquierda, no sólo se niegue a ello, sino que además, como ha hecho el PSOE, lo entienda como un ataque, un chantaje, o una humillación. Ahora lo tenemos claro. Ahora todas las piezas del puzzle encajan en su sitio. Todo aquéllo no eran más que aspavientos, excusas y declaraciones grandilocuentes para esconder el auténtico sentimiento que le producía al PSOE la propuesta de PODEMOS, que no era otro que miedo. Sí, miedo a tener que retratarse, miedo a perder su hegemonía de la falsa izquierda que propugna, miedo a que se le viera el plumero, y sobre todo, miedo a que, si entraba en el cuerpo a cuerpo, en la letra pequeña de las medidas y propuestas de PODEMOS, iba a quedar a la altura del betún, porque iba a comprobarse fehacientemente lo que muchos hemos sostenido desde siempre, que el PSOE abandonó la izquierda política hace ya mucho tiempo, si es que alguna vez estuvo en ella.

Las opiniones vertidas por los pesos pesados del partido, tales como Felipe González, Alfonso Guerra, Pérez Rubalcaba, junto a las presiones del Comité Federal y de los líderes territoriales, el famoso almuerzo con patéticos personajes históricos del partido, así como las presiones al más alto nivel (la prensa del régimen, la Comisión Europea, la Casa Real, la CEOE, o la Fundación "España Constitucional"), y a todo ello sumado la tibieza y cobardía de un Secretario General como Pedro Sánchez, al final han dado sus frutos, y el PSOE no pactará con PODEMOS la formación de un gobierno de corte progresista y de izquierdas. Aliado para esta tarea con el PP y el partido de Albert Rivera, han ido vertiendo desde el 20D hasta acá todo tipo de declaraciones inaceptables sobre una fuerza política democrática como es PODEMOS, satanizando a su ideario y a sus líderes, demostrando muy poco respeto por sus votantes, y hablando, para este menester, el mismo lenguaje que los dinosaurios del PP, como José María Aznar o Esperanza Aguirre. Y es que con tal de impedir que esta formación política gobierne y cambie hacia mejor nuestro sistema económico y social, han vertido toda clase de mentiras, falacias y manipulaciones, con el objetivo de instalar el miedo, el desconcierto, la desconfianza y la incertidumbre en el conjunto de la población, y procurando denigrar, menospreciar y marginar a la formación política de Pablo Iglesias.

Hemos asistido durante estos más de dos meses a una operación de tal bajeza moral y política como nunca se había dado en nuestro país, al menos en su reciente etapa "democrática". Declaraba Susana Díaz, la lideresa andaluza, justo en el día del último Comité Federal de su partido, que estaba "cansada de que el señor Iglesias faltara el respeto a los dirigentes y a los militantes socialistas", y yo quiero decirle desde aquí a la señora Díaz que nosotros, los que pensamos y sentimos desde la izquierda, estamos hartos de soportar durante más de 35 años a este PSOE falaz y traicionero, a este partido del régimen, a esta pieza esencial del engranaje del sistema que lo alimenta permanentemente, y que reclamando para sí durante las campañas electorales el espacio de la izquierda, engaña permanentemente a su electorado, para después volver a las andadas. Estamos hartos de este PSOE, señora Díaz. Hartos de un partido de engañabobos, de pura apariencia, de cara a la galería, cuyos dirigentes históricos se sitúan en los planteamientos de la derecha más pura y dura. Ahí están los nombres de González, Bono, Leguina, Corcuera, Guerra, Ibarra, y tantos y tantos otros que llevan insultando al auténtico socialismo durante décadas. De hecho, las aberrantes descalificaciones que se han hecho a PODEMOS desde las filas "socialistas" son casi idénticas a las que se han hecho desde las filas del PP, y concretamente, las declaraciones de Felipe González, calcadas a las de José María Aznar (según ellos, esta fuerza política viene a "subvertir nuestro sistema democrático"). Muy fuerte.

Ellos, que llevan debilitando nuestra democracia, adelgazando nuestro Estado, desmontando nuestros servicios públicos, atacando las históricas conquistas sociales de la clase trabajadora, privatizando todo cuanto encuentran a su paso, y entregando el patrimonio público a las grandes empresas, justamente ellos, son los mismos que se atreven a acusar a PODEMOS de pretender subvertir el sistema democrático. No se puede ser más ruin y más despreciable. La sagrada palabra que es "socialismo" se denigra y se pervierte en las voces de estos dirigentes de pacotilla, de estos mediocres servidores del capital, se prostituye y se degrada hasta provocar la náusea. Sí, estamos hartos de este PSOE que utiliza y llama al voto de la clase trabajadora para después volver a jugar con ella, para lanzar medidas contra sus intereses, y para insultar a los partidos que de verdad defienden un sistema de mayor justicia social. Visto lo visto, lo mejor que puede hacer este PSOE es disolverse y desaparecer. Pero vamos a los hechos, para ilustrar al completo lo sucedido durante estos últimos días. Paralelamente a una reunión a cuatro con formaciones de izquierda (a la que hubo que "arrastrar" al PSOE, que se lo tuvo que pensar antes de acudir), el PSOE cerraba una negociación con la formación política de Albert Rivera (para lo cual no tuvo que pensárselo tanto), y a pesar de que CIUDADANOS, viendo cercano el acuerdo, impuso al PSOE cinco medidas cosméticas de "reforma de la Constitución", el PSOE las aceptó en menos de 24 horas, siendo muy significativo que no se haya hablado en esta ocasión de imposición, humillación o chantaje.

Dicho acuerdo no hace referencia a la derogación expresa del conjunto de leyes antisociales que el PP ha promulgado durante su legislatura, tales como la LOMCE (que se paraliza), la Ley Mordaza (que se deroga sólo parcialmente), o la Reforma Laboral, que no se deroga, y en su lugar se reforma parte de su articulado, en especial lo relativo a las indemnizaciones por despido (que se siguen abaratando) y a los tipos de contrato, presentando, por tanto, otra Reforma Laboral regresiva encubierta. Tampoco se deroga el copago sanitario, ni se sube el SMI un 5% como indicaba el programa electoral del PSOE (sólo un 1%), ni se hace referencia a la dación en pago para los casos de desahucio. Por su parte, el acuerdo contempla un conjunto de medidas lesivas para las clases populares, tales como el complemento salarial para trabajadores pobres, y asume el compromiso de una "modificación de la redacción" del artículo 135 de la Constitución (que no su derogación). Antes del acuerdo con CIUDADANOS, el PSOE había manifestado su discrepancia con PODEMOS en puntos tales como el referéndum en Cataluña (su mejor pretexto para no ir de la mano con Pablo Iglesias), el "control politico" de ciertos organismos (nada que no se haya asumido por las Vicepresidencias de gobiernos anteriores), o el incremento del gasto público en 24.000 millones de euros anuales. Tampoco estaban de acuerdo en retrasar 3 años la reducción del déficit público por debajo del 3% (argumentando que eso depende de la Unión Europea), o con la renegociación del pago de la deuda pública (un auténtico lastre para implementar medidas de justicia social), o con la derogación de la Ley Orgánica de Estabilidad Presupuestaria, entre otras cuestiones.

Son, por tanto, las propuestas de izquierda que tanto molestan al PSOE, como ha ocurrido a lo largo de toda su historia. El acuerdo con CIUDADANOS está pensado (como han expresado muchas veces los dirigentes del partido naranja) para esperar al PP, para ejecutar indirectamente sus políticas, para tener una gran coalición "en diferido" (en expresión de Pablo Iglesias), en una palabra, para continuar ejecutando, pero de manera más suave y disfrazada, las polìticas de la derecha. El acuerdo, por tanto, no es progresista, sus reformas van en la misma línea económica que prefieren los altos directivos del IBEX-35, y bajo la excusa del pactismo y de contentar a izquierda y derecha (cosa harto imposible), vuelven a maltratar a las clases populares y trabajadoras. El PSOE ha vuelto a demostrar, y ya van muchas veces, que no quiere poner en práctica auténticas políticas al servicio de la inmensa mayoría social, sino continuar atendiendo a los intereses de los más poderosos. No pueden empeñarse en mantener una negociación a dos bandas, a sabiendas de que los caminos de ambas formaciones son antagónicos. Ante esta situación, PODEMOS anunció su retirada de la mesa de negociación con el PSOE. Por supuesto, el espacio de negociación a cuatro (con IU-UP y Compromís) también se ha roto, ante la incompatibilidad de la situación creada.

El PSOE ha vuelto a frustrar, una vez más, una oportunidad histórica de un gobierno auténticamente progresista, que había despertado la ilusión de millones de personas, ante las auténticas barbaries legislativas del gobierno del PP. Está claro que lo seguirán pagando en próximas convocatorias electorales. La guinda de todo este pastel la pondrá una consulta a la militancia absolutamente ridícula, un intento patético de simular una democracia entre sus bases, porque se va a formular una pregunta muy genérica, sin referencia a acuerdos concretos, ni a formaciones políticas específicas. Y así, los militantes del PSOE tendrán que responder sí o no a una especie de cheque en blanco, que legitima o refrenda los posibles acuerdos que la dirección del partido pueda alcanzar. En fin, esperamos que después de todo este episodio (aún tendremos que asistir al proceso de investidura, donde todavía podemos tener sorpresas), ni siquiera los militantes y simpatizantes más fieles del partido tengan dudas de que el PSOE, en la práctica, es idéntico al PP, y que ambos forman ese búnker del bipartidismo (ahora tripartidismo, con la presencia de CIUDADANOS), empeñado en que en nuestro país no gobiernen fuerzas que representen de verdad a la izquierda transformadora. Pero quizá este panorama cambie dentro de poco tiempo. No se puede estar jugando con fuego siempre, sin quemarse.

Blog del autor: http://rafaelsilva.over-blog.es

Vender el alma para llegar al poder

*Manuel Lago.- El texto firmado por Sánchez y Rivera no es un acuerdo de investidura ni un pacto de Gobierno, porque eso solo lo da una mayoría de diputados que en este caso no existe. En realidad se trata de una declaración de principios, tanto en su contenido como en su intencionalidad.

Empezando por lo segundo, el pacto del PSOE con Ciudadanos -rompiendo con ello cualquier posibilidad de una alianza con las fuerzas a su izquierda- supone la constatación del poder del aparato del partido y de su vieja guardia para imponerle al candidato Sánchez una estrategia muy diferente a la que defendió en la campaña electoral y aun después de conocido el resultado. Aún no se ha destacado de forma suficiente pero lo más relevante del acuerdo es que, en una situación en la que el PSOE debe elegir, prefiere pactar con la derecha y no con la izquierda, situándose así en un ambiguo espacio ideológico de centroizquierda. No es la primera vez que sucede, pero en este caso la decisión le supone un enorme riesgo, porque nunca como ahora hubo más de 6 millones de votos a opciones electorales situadas a su izquierda.

Esta decisión de política de alianzas es, sin duda, una opción estratégica de largo recorrido porque en las próximas elecciones -que con gran probabilidad se celebrarán el 26J- el PSOE se va a presentar atado a esa alianza con la derecha emergente, renunciando a su discurso histórico de fuerza referencial de la izquierda en España. Que no se confunda nadie, ni la dirección del partido ni su militancia, que con su voto tiene que refrendar (o rechazar) el acuerdo: lo que se está decidiendo es un cambio trascendental en la naturaleza del PSOE, en su definición ideológica.

Y eso se pone de evidencia en el contenido del texto acordado. Es cierto que se trata de un texto genérico, amable, modernizador? pero también lo es que abandona la senda de transformación social y los valores de la izquierda sobre los que el PSOE ha construido siempre su discurso electoral, y de forma especial en las últimas elecciones. Hay muchas renuncias en las 66 páginas del acuerdo, perohay tres que van al fondo de su alma socialdemócrata. El acuerdo no habla de restaurar los destrozos causados al Estado del bienestar en los últimos cuatro años. Al contrario, la aceptación de la senda de consolidación fiscal y la renuncia explícita a una verdadera reforma fiscal impide recuperar, por ejemplo, los 25.000 millones de euros en los que se recortó la sanidad, la educación o las prestaciones por desempleo. 
 
Se renuncia también a derogar la reforma laboral del PP, una de las principales banderas del PSOE en la campaña electoral, uno de sus compromisos más firmes para pedir el voto de los trabajadores. Peor aún, se precariza aún más el empleo con una extraña formula de contratación temporal para dar cabida en el acuerdo al contrato único sobre el que tanta propaganda hizo Ciudadanos.

Y por último, el discurso de combatir la pobreza laboral y la desigualdad se cae por tierra cuando se habla de subir el salario mínimo el 1 %, mientras que en su programa electoral hablaba de subirlo un 50 % en dos legislaturas. ¿Qué dirá de todo esto la militancia del PSOE, que votará en su referendo interno? ¿Se atreverá a rectificar a su dirección?

*Manuel Lago.- Economista especializado en mercado de trabajo, economía pública y política industrial, trabaja en el gabinete confederal de CC.OO. y es profesor asociado de Estructura Económica y Social de Galicia en la Escuela de Relaciones Laborales de la UDc. Es miembro del Foro Económico de Galicia y del Consello Económico y Social. Participó en varios libros colectivos sobre la economía de Galicia y es colaborador de V Televisión y La Voz de Galicia, donde escribe una columna semanal desde el año 2009.

Fuente: La Voz de Galicia.
 



viernes, 26 de febrero de 2016

O futuro será rural

Pablo Vaamonde.- Estes días estiven relendo as dúas novelas publicadas por Manuel Iglesias Turnes. Na primeira, As rapazas de Xan, recrea con acerto e emoción o mundo dos seus avós, as penurias da aldea e a busca dun futuro mellor nas Américas. No segundo, Que non te aten (Xerais 2016), relata a vida do rural nos tempos de hoxe, protagonizada pola xeración que corresponde á dos seus fillos. Esta lectura fíxome cavilar no moito que cambiou este mundo, que eu coñecín de neno. A mudanza realizada en Galicia nas últimas décadas é abismal. A vida dos mozos de hoxe, para ben e para mal, non ten nada que ver coa dos seus avós.

En Galicia o 60 por cento da poboación vive nas áreas urbanas das sete cidades. Desde 1985 ata hoxe máis de 350.000 persoas abandonaron o campo (0 85% da poboación activa daquel tempo). Houbo moitos que marcharon á emigración; outros foron vivir aos barrios periféricos das cidades. Os seus fillos foron criados no desprezo e rexeitamento do agro; algúns fixeron estudos universitarios, outros traballaron na construción ata que o estoupido da burbulla inmobiliaria os deixou sen traballo e sen futuro.

Houbo sectores da economía rural que progresaron de xeito espectacular dedicando enormes esforzos a mellorar e modernizar a produción. O mundo do viño está hoxe á altura dos mellores, e a industria do leite tamén avanzou de forma impresionante. Se a mediados do século pasado había máis de 100.000 gandeiros agora quedan menos de 10.000, pero cunha capacidade de produción infinitamente superior e de gran calidade. Galicia produce leite para máis de quince millóns de persoas e sitúase entre as oito rexións produtoras máis importante de Europa. Este proceso, necesario e, se cadra, inevitable naquel tempo tamén provocou vítimas: xente que deixou as terras e a casa familiar, o abandono das leiras e dos montes que quedaron, en moitos casos, improdutivos. Os que puideron facer medrar nas súas explotacións hoxe, mesmo coas ameazas existentes, teñen unha vida mellor. Dos que deixaron todo atrás, moitos están agora sen nada: sen terra, sen traballo, sen futuro.

O territorio e a paisaxe sufriron unha transformación brutal. Foron os anos do feismo (o ladrillo á vista e o cemento por todas partes), da reforestación con piñeiros e eucaliptos, dos agros abandonados invadidos polas silvas e as xestas, da apertura de numerosas estradas e pistas que non levan a ningunha parte, do chaletismo rururbano. Mentres tanto o calendario foise enchendo de festas gastronómicas, as paredes das tabernas adórnanse cos apeiros da labranza e os hórreos convertéronse nun elemento decorativo nos xardíns dos chalés. É a arquitectura do desarraigo, a conversión de Galicia nun parque temático para distracción de turistas e camiñantes (Santiago Lamas, Galicia borrosa). 

Mais agora ese tempo de medrar sen límite rematou a hai voces autorizadas que alertan dos perigos do futuro. Algúns intelectuais defenden a teoría do decrecemento. Cómpre frear este crecemento sen fin, impulsado polo capitalismo, que xa non serve máis que para agrandar as desigualdades e degradar o planeta. Outros teóricos van un paso máis aló. Advirten da proximidade do fin do petróleo como fonte de enerxía e das severas consecuencias que iso terá se non estamos preparados. O economista Xoán R. Doldán pregunta: “Como cubriremos a demanda básica de alimentos onde se ten renunciado a producilos e onde se producen grazas á importación do petróleo e agroquímicos?”. Prognostica que o futuro será rural, non xa como unha opción, se non como algo inevitable.  Sen caer no catastrofismo o certo é que cómpre prepararse de forma colectiva para cando, tarde ou cedo, chegue ese momento. Do contrario sucederá o que Carlos Taibo chama darwinismo social militarizado, que consistiría en que certos grupos do poder económico e político tentarían acaparar os recursos escasos para fornecer ás elites, da man de proxectos apoiados na violencia.


Pablo Vaamonde.- Nado na Baña en 1956. É médico de familia no Centro de Saúde de Labañou (A Coruña). Foi fundador e director da revista médica Cadernos de Atención Primaria (1994-2005), presidente da Asociación Galega de Medicina Familiar e Comunitaria (AGAMFEC) de 1996 a 2005 e vicepresidente do Colexio Oficial de Médicos de A Coruña e responsable do Programa de Formación Continuada de 1998 a 2005. Foi director xeral de Asistencia Sanitaria do Sergas entre 2005 e 2006. Tamén foi membro da Comisión Sectorial de Sanidade que elaborou o Plan Xeral de Normalización da Lingua Galega, colaborador habitual dos medios e autor de tres libros de narrativa: O fillo do emigrante (2002), O mes de abril (2004), Luz Divina e outros retratos (2006). Recibiu o Premio Lois Peña Novo en 2005, polo seu compromiso na promoción e defensa da língua de Galicia e é colexiado de Honra con Emblema de Prata (2007) do Colexio Oficial de Médicos da provincia de A Coruña.