miércoles, 30 de noviembre de 2016

La situación escandalosa de Gas Natural Fenosa y su responsabilidad en la creación de pobreza energética

Vicenç Navarro
Catedrático de Ciencias Políticas y Políticas Públicas. Universidad Pompeu Fabra

El Sr. Bergoglio, de profesión Pontífice de la Iglesia Católica, dijo en una ocasión reciente, a raíz de una conferencia a empresarios de grandes compañías de localización multinacional, que el objetivo del mundo empresarial debe ser servir a las comunidades donde se ubican y de donde extraen sus beneficios las empresas, y no la mera acumulación de beneficios para beneficio propio. En la manera como el Pontífice lo señaló parecía transmitirse una percepción que, por lo visto, está ampliamente extendida en los círculos próximos al pontífice, de que el mundo de lo que se conoce erróneamente como multinacionales tiene como objetivo más lo segundo que lo primero. El mundo empresarial (y gran parte del conocimiento económico provisto por instituciones académicas próximas y/o financiadas por él) asume que la acumulación de beneficios beneficia no solo a tal mundo, sino a todos los demás. La evidencia existente, sin embargo, no avala este supuesto.
Pero antes de elaborar este punto, tema del artículo, siento la necesidad de aclarar que el hecho de que una empresa opere en varios países no implica que sea propiedad de todos ellos. Por regla general, la dirección y gestión de tales entidades están basadas en un país, con cuyo Estado tienen una relación preferencial e instrumental que configura en gran medida su comportamiento internacional. Son empresas transnacionales, más que multinacionales. Gas Natural Fenosa, por ejemplo, es española (con sede en Catalunya) y obtiene amplios beneficios (8.376 millones de euros durante el periodo 2010-2015) de su actividad no solo en España, sino también de muchos países de Latinoamérica, tales como Chile y Brasil, entre otros. Para entender tal expansión en América Latina hay que comprender su relación con el Estado español, con el cual tiene una complicidad bien definida. En realidad, el Estado español considera que es su deber ayudar a las transnacionales españolas, incluyendo Gas Natural Fenosa, asumiendo (también erróneamente) que los intereses de tales transnacionales coinciden con los intereses de la mayoría de los ciudadanos españoles.
Gas Natural Fenosa recibe ayudas financieras sustanciales del Estado, no solo directas, en forma de pagos y subsidios, sino también indirectas, permitiéndosele que no pague impuestos al Estado mediante el establecimiento de 15 filiales en paraísos fiscales que no tributan en el Estado español. En contra de lo que se asume, el Estado podría limitar significativamente la utilización de paraísos fiscales por parte de Gas Natural y otras compañías, que tienen amplias conexiones con dichos paraísos.

La complicidad de Gas Natural Fenosa con el mundo político

Este maridaje y complicidad se materializan de varias maneras. Una es mediante la incorporación en sus equipos de dirección de personajes políticos de gran peso e influencia, no solo en el Estado español, sino también en América Latina. El caso más conocido es el del Sr. Felipe González, buen conocedor del Estado español y de los Estados de aquel continente, como resultado de su amplia experiencia como presidente del gobierno español durante el periodo 1982-1996. El Sr. González recibió 566.000 euros como consecuencia de su servicio en el Consejo de Administración de Gas Natural, con unos emolumentos de 126.500 euros brutos al año (desde el año 2010 hasta principios de 2015, cuando indicó que abandonaba el consejo de administración de Gas Natural Fenosa como consecuencia de que “se aburría” en el puesto). Otros dirigentes políticos, tanto del PSOE como de otras formaciones políticas, han servido en esta transnacional.

Fente: PÚBLICO.ES

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