viernes, 6 de enero de 2017

Donald Trump y su guerra contra la comunidad de inteligencia

Por J. Jaime Hernández y David Brooks

La comunidad de inteligencia de Estados Unidos se enfrenta estos días a uno de los más insólitos episodios en su historia moderna: un enfrentamiento abierto con un presidente electo que no sólo se ha burlado de ellos, sino que desconfía abiertamente de todos sus informes y de sus profesionales.

Pero no por las buenas razones, sino por el peor de los motivos. El de su ego lastimado por aquellos que, desde esa comunidad de inteligencia, le ven como el “tonto útil” de Vladimir Putin tras una de las campañas de hackeo y desinformación con más éxito en la historia moderna.

Una que, en opinión de no pocos, habría allanado su victoria hacia la Casa Blanca.

El pecado de la CIA y de otras 15 agencias de inteligencia ha sido confirmar la intervención directa de Rusia en el hackeo de los correos electrónicos del partido demócrata y de John Podesta, el director de la campaña de Hillary Clinton.

Más allá de la veracidad o confiabilidad de estos reportes, que han convertido a Donald Trump en una pieza más del ajedrez de Vladimir Putin ante los ojos de millones, la gravedad de un encontronazo entre la poderosa comunidad de inteligencia con un presidente entrante resulta tan inquietante como perturbadora en sí misma.

Aunque James Clapper, el director de la Agencia Nacional de Inteligencia, ha asegurado que el robo de esta información y la puesta en marcha de una campaña de desinformación orquestada desde Moscú no afectó al sistema electoral, ni al ulterior resultado de las elecciones presidenciales, es evidente que el gran beneficiario de esta operación ha sido Donald Trump.

En el curso de las últimas horas, desde el equipo de transición de Trump se han empleado a fondo para tratar de evitar lo que, desde su punto de vista, es una campaña orquestada desde la comunidad de inteligencia para “deslegitimar” su victoria y la presidencia que asumirá el próximo 20 de enero.

A través de su cuenta de twitter, Trump no sólo se ha mostrado escéptico con las conclusiones de la comunidad de inteligencia, sino que se ha burlado abiertamente de un informe que ha prometido contrastar con “información secreta” que, según ha asegurado, sólo el conoce.

Al mismo tiempo, el popular presentador de la cadena Fox, Sean Hannity, uno de los grandes aliados y asesores de Donald Trump, viajó a Londres para realizar una entrevista exclusiva a Julian Assange, el fundador de Wikileaks, quien permanece refugiado en el consulado de Ecuador.

Las dos grandes conclusiones de esa entrevista fueron: 1) los rusos nunca estuvieron detrás de las filtraciones (como si el gobierno ruso fuera tan tonto como para dejar pistas) y 2) la operación de hackeo la pudo realizar un muchacho de 14 años.

Con estos dos elementos, Donald Trump volvió ayer a arremeter desde su cuenta de twitter contra las conclusiones de las 16 agencias de inteligencia que encabeza la CIA.

Tras estos ataques, la comunidad de inteligencia volvió hoy a la cargada.

Durante una audiencia ante el comité de servicios armados del Senado, Clapper se declaró hoy más resuelto que nunca a la hora de asegurar que el gobierno de Vladimir Putin estuvo detrás no sólo del hackeo contra el partido demócrata y John Podesta, sino también de la campaña de desinformación que causó un enorme daño a las aspiraciones presidenciales de Hillary Clinton.

El propio Clapper tendrá la oportunidad de reiterar su convencimiento cuando se reúna este viernes con el presidente electo, Donald Trump.

Pero quizá, lo más sorprendente de esta audiencia de los líderes de la comunidad de inteligencia, fue el testimonio de Michael Rogers, el líder del ciber comando que opera desde Fort Meade, en Maryland.

Según reveló Rogers, los rusos y los chinos (entre otros) han rebasado a Estados Unidos en operaciones de ciber espionaje, de hackeo y en campañas de desinformación.

“Mi gran preocupación es la falta de velocidad”, dijo Rogers al confesar que la excesiva burocracia y compartamentalización de las agencias de inteligencia y la falta de cooperación del sector privado, han beneficiado enormemente a la comunidad de inteligencia rusa que, a diferencia de Estados Unidos, tiene una estructura mucho más concentrada y piramidal.

Con más de 850 mil empleados y agentes y un presupuesto anual que supera los 75 mil millones de dólares (que no incluyen el financiamiento a operaciones encubiertas), la comunidad de inteligencia se ha convertido en un gigante con pies de barro que, además, opera desde las sombras con un considerable grado de discrecionalidad.

Tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, su crecimiento exponencial la ha convertido en una estructura tan redundante como disfuncional. Y lo más grave, su crecimiento en términos de personal y de presupuesto, no la han hecho más eficiente, sino en un elefante torpe y lento que hoy es objeto de las burlas de un presidente electo.

Pero, quizá lo peor de todo, es que hoy la comunidad de inteligencia se ha convertido en una amenaza real a las libertades civiles y el derecho a la privacidad de millones de ciudadanos dentro y fuera de Estados Unidos.

A manera de ejemplo, los programas masivos de espionaje desvelados en 2014 por el ex agente de la CIA, Edward Snowden, quien hoy paga ese pecado con su exilio en Rusia y sin posibilidades reales de ser perdonado por el presidente Obama cuando sólo le quedan dos semanas en la Casa Blanca.

¿Que quien ganará esta guerra abierta entre el presidente, Donald Trump y la comunidad de inteligencia?… Nadie lo sabe.

Pero, por el momento, una cosa es segura. Muchos antes que Trump fracasaron en sus intentos por someter a esta comunidad que opera desde las sombras y con un inquietante grado de autonomía.

Ese que siempre defienden en nombre de la seguridad nacional.

Por tanto, sospechamos que las cosas seguirán igual.

Fuente: La Jornada

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