miércoles, 8 de febrero de 2017

Pactos entre mujeres para sostener desde abajo el feminismo

Beatriz Gimeno
Candidata de Podemos en Movimiento

Las feministas sabemos mucho de desilusiones, de promesas incumplidas, de tener un poder delegado que alguien nos entrega y que alguien nos retira cuando hay problemas. Siempre pongo el caso del Ministerio de Igualdad de Zapatero. Muy poco dotado económicamente, era una vieja reivindicación del movimiento feminista que se nos “concedió” en tiempo de bonanza y que se “nos retiró” sin más en cuanto se exigieron recortes.  La manera en que aquel ministerio desapareció, sin protestas apenas y por un presidente que se decía feminista, da para mucha reflexión. ¿Dónde estuvieron ese día las bases feministas del PSOE protestando, las ministras, las diputadas? No estuvieron. La desaparición del Ministerio de Igualdad fue un trofeo, no era en ningún caso un recorte de gasto. Fue un trofeo porque las políticas neoliberales tienen su propia agenda para las mujeres. Una agenda semioculta que las mujeres vamos a parar.
Por parte del neofascismo que viene asomando la patita hay intentos evidentes de devolver a las mujeres a los lugares tradicionales del género: a sus hogares y a sus papeles de cuidadoras no remuneradas, de esposas y madres porque las políticas neoliberales se aplicaran mejor si las mujeres están para sostener la vida que la sociedad en su conjunto renuncia a sostener con políticas públicas que se hagan responsables de ese trabajo reproductivo. Si se acaba con las políticas de cuidado y con los derechos de las personas enfermas, dependientes, ancianas…alguien tendrá que hacerse cargo para que esto no explote. Se pretende que ese alguien sean, de nuevo, las mujeres. Además, en momentos de incertidumbre sobre el futuro, en momentos de dolor, desempleo, pobreza, desigualdad, una de las cuestiones que da siempre mejor resultado son los llamamientos a las subjetividades tradicionales que pueden llegar a servirnos como refugio frente a la dolorosa intemperie en que nos dejan. La identidad/subjetividad masculina tradicional, hegemónica, fragilizada en parte ante los avances del feminismo de las últimas décadas, es un refugio seguro para muchas personas que no son capaces de asumir el cambio en las relaciones con las mujeres, ni el papel que nosotras queremos jugar en el futuro: un papel de igualdad completa.
Llegan momentos duros en la lucha por el derecho al aborto y las libertades de las mujeres. Y la violencia que no cesa, que crece, que se ha convertido en una amenaza siempre pendiente sobre nosotras: violencia en casa, en la calle, en el trabajo; acoso sexual, violación, torturas, asesinatos, palizas… Y ya no hablamos sólo de violencia física: hablamos de pobreza femenina, de paro estructural, de pensiones miserables, de escuelas infantiles privatizadas, de ser las únicas cuidadoras, de un trabajo gratuito, inacabable y no valorado que corta nuestros proyectos vitales de raíz, aun siendo indispensable. El neoliberalismo nos presenta un futuro de profunda desigualdad y nosotras queremos un futuro igualitario en el que no demos ni un solo paso atrás respecto a lo ya conseguido.
El feminismo va a ser un muro de contención del fascismo que viene, ya lo está siendo. Porque nos jugamos la vida misma salimos a la calle ante los intentos de Gallardón de restringir el derecho al aborto y le ganamos. Ganamos a un ministro al que no le había ganado nadie, y le hicimos dimitir. Y hace unas semanas fueron las mujeres polacas las que consiguieron que el gobierno polaco diera marcha atrás en su intención de restringir la misma ley; y ayer la Marcha de las mujeres en Washington contra Trump fue la mayor protesta vivida en EE.UU desde Vietnam. El feminismo organizado es la respuesta a estos ataques, un feminismo enraizado en las vidas de todas las mujeres, en la autoorganización del movimiento feminista, como se organizaron las marchas contra Gallardón, las manifestaciones polacas o la marcha contra Trump.  Nosotras sabemos que nos jugamos mucho más que uno u otro programa político, con ser estos muy importantes. No nos basta con que nos entreguen parcelas de poder. No queremos un poder cedido, sino conquistado.  Y  eso sólo puede hacerse si lo peleamos entre todas y desde abajo. Si el feminismo no echa raíces no se sostiene. Si el feminismo consiste en ocupar cargos, por muy importantes que sean las mujeres que los ocupan, por muy altos que sean esos cargos, no podrán sostenerse solas, serán barridas cuando convenga. No importa que sean ministras, o presidentas, toda mujer que no se levante sobre la fuerza de muchas otras mujeres, será débil. Por eso los pactos entre mujeres son imprescindibles; para que nos sostengamos unas a otras.
En el proceso que ahora se abre en Podemos somos conscientes de que es ahora o nunca para construir un partido feminista. Cualquier partido puede mejorar en feminismo, pero lo que se construye con cimientos ya feministas es más difícil de derruir, sobre todo si se construye sobre el activismo de muchas mujeres que están empeñadas en que lo que estamos construyendo sea fuerte.  Los pactos entre mujeres tienen una gran tradición en el feminismo y han servido para construir lazos y políticas feministas de largo alcance. Por eso el equipo de Podemos En Movimiento ha decidido asumir casi íntegro del documento de las bases feministas de Podemos, junto a Podemos para Todas. Porque reconocemos ese trabajo y porque ese es el feminismo que queremos reconocer y construir. Eso significa pactar entre nosotras una base común para construir un partido feminista, despatriarcalizado, horizontal, paritario, democrático y en el que el poder feminista esté asentado sobre las mujeres organizadas, de abajo a arriba, y no al revés, porque al revés no funciona… Siempre cuesta, siempre duele renunciar a cuestiones que se creen imprescindibles; pactar es un proceso complejo en el que una de deja cosas detrás. Pactar es un camino lleno de renuncias, es un camino duro en el que no se puede ser complaciente, y en el que no siempre se ganan réditos inmediatos, pero en el que se va construyendo fuerza y poder feminista con cada mujer que se suma al pacto. Los pactos entre mujeres son pactos antipatriarcales, son pactos antifrentistas, son pactos en los que lo que se pone por delante es el feminismo, donde las que decidimos somos nosotras y las que construimos las bases de un futuro poder legítimo y nuestro somos nosotras. Entre nosotras construimos muros de contención frente al capitalismo depredador. Los pactos entre mujeres son duros de conseguir, requieren valor para plantarse ante los tuyos;  no son fáciles de mantener, requieren mucha generosidad en una política marcada siempre por la necesidad de la ganancia inmediata y  por la urgencia. Pero los pactos entre mujeres siempre construyen a futuro.
En Podemos hay mucho feminismo organizado, muchas bases feministas construyendo un feminismo impugnador y anticapitalista, capaz de combatir la crisis de representación, ecológica, de derechos, económica, de libertades…  y sabemos que si pactamos entre nosotras multiplicamos exponencialmente nuestra fuerza. Porque Podemos no será la herramienta que necesitamos si el poder no es compartido a partes iguales entre mujeres y hombres,  y si no conseguimos imponer políticas feministas que son las que llevan en sí el germen transformador que necesitamos. En Podemos en Movimiento lo tenemos claro.

Fuente: PÚBLICO

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