martes, 7 de febrero de 2017

Regreso de los torturadores

Vuelta de las escenas criminales del pasado


Traducido del inglés para Rebelión por J.M.

El Gobierno de Trump ha mostrado que está dispuesto a regresar a los atroces crímenes de las últimas dos décadas, incluyendo la tortura, el abuso, las prisiones secretas y las ejecuciones ilegales. El nombramiento de Gina Haspel como subdirectora de la Agencia Central de Inteligencia indica claramente que el uso de la tortura -incluido el submarino- respaldada por el Presidente, el asesor de seguridad nacional y el director de la CIA, podría volver a ser una parte importante de la campaña estadounidense contra el terrorismo internacional.
Haspel fue una figura central en el comportamiento criminal de la CIA durante la administración Bush. Dirigió la primera cárcel secreta de la CIA en Tailandia, donde ocurrieron los brutales interrogatorios de Abu Zubaydah y Abd al-Rahim al-Nashiri. No se obtuvo ninguna información de inteligencia con el uso de la tortura en esos interrogatorios. Cuando el jefe del Centro de Contraterrorismo José Rodríguez ordenó la destrucción de los videos de las torturas fue Haspel quien redactó el cable que ordenó la destrucción. Fue una prueba evidente de obstrucción a la justicia en vista de que ya había comenzado la investigación de la tortura y el abuso.
Cuando el exdirector de la CIA John Brennan trató de nombrar a Haspel como subdirectora de operaciones en 2013, la presidenta del comité de inteligencia del Senado, Dianne Feinstein, bloqueó su designación. Actualmente el comité de inteligencia del Senado está bajo la administración del senador Richard Burr, quien ha bloqueado todos los intentos de hacer circular el informe autorizado de Feinstein sobre el programa de tortura de la CIA. Y el actual director de la CIA, Mike Pompeo, ni siquiera cree que el submarino sea un acto de tortura y se ha referido a los que dirigieron esa tortura como "patriotas".
Haspel también fue la voz principal para las ejecuciones ilegales que implicaron la "captura" o el secuestro de individuos sospechosos de actos de terrorismo. Cuando la CIA concluyó que esas víctimas no tenían información importante que revelar las entregaron a los servicios de inteligencia extranjeros, como los de Siria y Jordania, que llevaban a cabo sus propios métodos de tortura y abuso.
Sin embargo el New York Times se refiere a la promoción de Haspel como un ejemplo de la "actitud ambivalente" de la CIA hacia la tortura y el abuso porque los exfuncionarios de inteligencia, como el zar de la inteligencia James Clapper y el director interino Michael Morell, han elogiado el nombramiento. Pero Clapper ha sabido mentir al comité de inteligencia del Senado sobre el programa de vigilancia masiva de la Agencia de Seguridad Nacional y Morell utilizó su propio libreto para mentir sobre la denominada "inteligencia" que se obtuvo de las mencionadas "técnicas extraordinarias de interrogación".
No hay ambivalencia aquí. Este es simplemente un ejemplo más de la CIA promoviendo a los oficiales que cometieron crímenes en nombre de la agencia. Los oficiales de inteligencia responsabilizados en el informe del Inspector General por el fracaso de la inteligencia en el 11-S finalmente recibieron promociones y recompensas de la agencia. Los oficiales de inteligencia que participaron en la politización de la inteligencia en los años 80 también recibieron promociones y recompensas. Y ahora tenemos otro ejemplo de lo "peor de lo peor": la CIA se convierte en el segundo funcionario más importante de nuestra principal agencia de inteligencia civil. No hay mejor manera de promover el cinismo dentro de la comunidad de inteligencia y de la comunidad política más grande que recompensar a las mismas personas que empañan la brújula moral de la CIA.
El personaje del título de John Le Carré de The Honorable Schoolboy nunca quiso ocuparse de los problemas de la ética y la moral. "Señaladme y me marcharé", le dijo al espía encubierto George Smiley. "Cuenta los disparos, los haré", agregó. Una vez más, la CIA está dirigida por funcionarios que nunca han aceptado o entendido la decisión de la Corte Suprema en Hamdan v. Rumsfeld, del año 2006, cuando declaró que el programa de tortura de la CIA era una violación de los Convenios de Ginebra. Esta decisión debería haber sometido a quienes cometieron la tortura a la Ley federal de crímenes de guerra. Tal vez si el expresidente Barack Obama hubiera investigado la responsabilidad de los crímenes de tortura no seríamos testigos del regreso de criminales de guerra a puestos de responsabilidad.
 Melvin A. Goodman es miembro del Center for International Policy y profesor de política en la Universidad Johns Hopkins. Exanalista de la CIA, Goodman es el autor de Failure of Intelligence: The Decline and Fall of the CIA”, “National Insecurity: The Cost of American Militarism”, " La inseguridad nacional: El costo del militarismo americano " y el siguiente “The Path to Dissent: A Whistleblower at CIA” (City Lights Publishers, 2015) .Además es columnista de seguridad nacional para counterpunch.org. 

Fuente: Rebelión

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