sábado, 8 de abril de 2017

Estados Unidos equivoca la lectura

Es evidente que Estados Unidos es nuestro aliado (o nosotros de ellos), y que así debe ser, pues, por fortuna, España lleva décadas incorporada al club de países basados en la democracia liberal y representativa, cuyo núcleo son los derechos fundamentales que la Constitución reconoce (la nuestra y la estadounidense, con las diferencias que la historia impuso en cada momento de aprobación). Sin embargo, ello es compatible con la crítica de su por momentos errática política exterior, solo entendible en función de intereses económicos. Su buscado papel de «gendarme del orden mundial» ha originado más inestabilidades que otra cosa.
En esta línea, EE. UU. atacó de forma directa, por primera vez, al Ejército gubernamental sirio, como respuesta a un ataque químico, que dicho país atribuye al Ejército de Siria. El ataque estadounidense es contrario al derecho internacional, lo que también es evidente, pero resulta igualmente inoportuno desde el punto de vista geoestratégico, que es la óptica a la que pasamos a referirnos.
Dicho ataque es criticable por un cúmulo de razones, al menos estas diez: 1) representa una traba adicional en las conversaciones de paz de Ginebra y Astana; 2) debilitar al Gobierno sirio ahora favorece a los terroristas (del Estado Islámico y los vinculados a Al Qaida); 3) se trata de una acción irreflexiva, pues aún no está claro cómo fue la agresión con sustancias químicas; 4) cualquier acción unilateral es mala en el avispero sirio y marca un peligroso precedente; 5) las consecuencias se tornan impredecibles, deteriorando aún más la situación; 6) fuerza a los aliados de EE. UU. a radicalizar las posturas por su habitual mimetismo (frente a la modulación de dichas posturas en los últimos meses en apoyo de las negociaciones de paz); 7) abre aún más la brecha con los chiíes; 8) dificulta la coordinación futura entre las aviaciones rusa y estadounidense; 9) radicaliza posturas en el escenario internacional (tan dado al maniqueísmo); y 10) muestra una total incapacidad para buscar soluciones no armamentísticas.
Lo que hay que hacer antes de cualquier otra cosa es derrotar al Estado Islámico, y después depurar a la oposición siria de los radicales suníes próximos a Al Qaida. El actual tablero de la política internacional necesita ser abordado por pasos escalonados y de diferente prioridad, con dosis de Realpolitik para ser eficaces. Conquistar el territorio al Estado Islámico y eliminar las filiales de Al Qaida en Siria serían los dos primeros pasos. Después habrá que detener la guerra civil, manteniendo inicialmente a Al Asad en el poder para tratar de abrir una transición que encaje las difíciles piezas del singular puzle. Y llegado ese momento es cuando habrá que dilucidar las responsabilidades por crímenes de guerra o de lesa humanidad del dictador. Todo con la involucración permanente de la sociedad internacional, que también integra a Rusia y a Irán. Está claro que no se puede tolerar el uso de armas químicas. Pero la exigencia de responsabilidad debe ser posterior a la investigación de lo realmente sucedido.
También semeja útil que los aliados de Estados Unidos esgrimiéramos posiciones críticas que ayuden a reconfigurar y replantear las actuaciones militares y unilaterales del gigante estadounidense. Poco contribuye, en este sentido, el seguidismo que de forma tan común hallamos entre dichos aliados.
Un último deseo por ahora: que el presidente Trump no tome decisiones por las fotos que ve, pues un estadista debe responder a la razón y al conocimiento, y no al sentimiento, que se puede manipular, como sabemos, en los medios y en las redes. El secretario de Estado Tillerson estará en Moscú la semana que viene, veamos si esta vez hay buenas noticias.


Director del Centro de Estudios de Seguridad de la Universidade de Santiago de Compostela 

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